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Estas son las principales trabas que México pone a los migrantes que buscan refugio en el país

Falta de infraestructura y de personal cualificado en la Comisión Mexicana de Ayuda al Refugiado (COMAR), que no se garantice el debido proceso a los solicitantes de asilo, o el desconocimiento por parte de las mismas autoridades de la Ley sobre Refugiados, son algunas de las barreras que los migrantes que buscan refugio en México deben enfrentar.
Por Manu Ureste
31 de octubre, 2014
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Carteles que avisan a los migrantes que tienen derecho a solicitar la condición de refugiados, en el albergue de Arriaga, Chiapas. //Foto: Manu Ureste (@ManuVpC)

Carteles que avisan a los migrantes que tienen derecho a solicitar la condición de refugiados, en el albergue de Arriaga, Chiapas. //Foto: Manu Ureste (@ManuVpC)

La segunda vez que Arlen José huyó de Honduras guardaba en el bolsillo lo equivalente a mil pesos mexicanos y la cicatriz fresca de un balazo en el gemelo de su pierna izquierda.

Al momento de salir con lo puesto de San Pedro Sula, su ciudad natal, el hondureño de 18 años llevaba al menos dos meses recluido en su casa. Tenía pánico a dejarse ver por el vecindario, narra en entrevista con Animal Político en el albergue Tochán, en el DF, porque tras ser deportado de Estados Unidos –a donde migró en un primer intento- los mareros a los que había conseguido evadir unos meses antes para evitar ser reclutado a la fuerza lo esperaban para darle sentencia.

“A la Mara vos no le podés decir no”, dice el joven con una sonrisa cansada mientras se acaricia la aparatosa marca de la pierna, como si aún recordara el tacto frío del plomo abrasándole la piel.

Ahora Arlen está en México. Después de que en Estados Unidos le negaran ayuda para solicitar ante un juez la condición de refugiado –el abogado de oficio se encogió de hombros cuando el hondureño le argumentó que no podía ser deportado porque su vida corría peligro si regresaba a su país-, Arlen consiguió, gracias a la ayuda de activistas religiosos y a organizaciones de la sociedad civil, que la Comisión Mexicana de Ayuda al Refugiado (COMAR) le concediera asilo tras meses de trámites burocráticos.

Cuestionado si conocía las dificultades que enfrentan miles de centroamericanos para conseguir refugio, Arlen admite que es consciente de que su historia con un final feliz es una rara excepción en México, país que a pesar de su histórica imagen de lugar de asilo para las personas que huyen por algún motivo, no está abriendo la puerta. Al contrario, según las estadísticas de la COMAR, de las 4 mil 589 solicitudes recibidas en 2013 –la cifra se cuadriplicó en comparación con 2012, cuando se recibieron mil 296- sólo se aprobaron mil 134. Es decir, que apenas un 24.7% de las peticiones de refugio fueron aceptadas. El resto recibió la orden de ser expulsados de México y devueltos a las colonias de las que salieron huyendo.

“México está muy lejos de ese otro México de los años 80, cuando se hablaba de un país muy solidario con los refugiados. Ahora estamos viviendo retos muy fuertes de violencia, y sin embargo México no está a la altura. No está adoptando un grado de solidaridad mayor en relación a la violencia que se vive en Centroamérica, ni está teniendo en cuenta las necesidades de protección internacional que tienen tanto centroamericanos, como los mexicanos que migran a Estados Unidos”, expone en entrevista Nancy Pérez, directora de Sin Fronteras, organización de la sociedad civil que, junto con otras 150 organizaciones de 14 países de las Américas, presentó el pasado lunes 27 de octubre en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) el documento ‘Iniciativa Cartagena +30’; un estudio en el que las organizaciones exponen los avances y desafíos en materia de protección internacional en toda la región latinoamericana.

Cuestionada al respecto sobre cuáles son las principales trabas que enfrentan los migrantes para conseguir la condición de refugiado en México, Nancy Pérez resumen las siguientes:

1.- No se garantiza el debido proceso en los casos de solicitantes de asilo.

La directora de Sin Fronteras hace referencia a que, en muchas ocasiones, los solicitantes no tienen acceso a una entrevista cualificada para determinar si, en efecto, califica para poder optar a la condición de refugiado en México. Además, Pérez resalta la falta de intérpretes cualificados y la ausencia de abogados disponibles para brindar ayuda a los migrantes que, en su mayoría, acuden a las organizaciones de la sociedad civil como única alternativa.

Otra dificultad es que no se da atención adecuada o acompañamiento a las personas con discapacidades, o que tienen necesidad de atención psicológica.

“La falta de este tipo de atención durante el proceso de solicitud de asilo afecta la habilidad y confianza de la persona para contar su historia, y también puede impedir un buen conocimiento de las circunstancias del caso. Esto también está relacionado con el tipo de preguntas que se plantean en la entrevista, que no siempre permiten que la persona exprese todo su relato o se omiten situaciones de trauma y se desconoce la información del país de origen”, apunta la defensora de derechos humanos.

2.- Plazos cortos para solicitar asilo que dejan fuera a gente merecedora de protección internacional.

Las personas que solicitan asilo después de los 30 días hábiles, refiere la directora de Sin Fronteras, es muy difícil que accedan al procedimiento de refugio, ya que la COMAR les exige que justifiquen por qué no lo hicieron a tiempo. Y el hecho de que la persona diga que por desconocimiento, no se toma en cuenta.

3.- Falta de personal y de infraestructura en la COMAR.

En México solo existen 3 oficinas de la COMAR: en Tapachula (Chiapas), Acayucan (Veracruz), y en el DF.  “Sin duda, el personal que tiene la COMAR es insuficiente para la atención a este grupo de población, y eso se ve reflejado en el bajo número de solicitudes admitidas”, indica Pérez, que señala que además de que la COMAR tiene poca infraestructura, ésta se concentra en el DF, lo que obliga a los migrantes que están en el interior de la República a desplazarse a la capital para resolver su situación.

4.- Los migrantes desconocen que tienen derecho a solicitar asilo en México.

Para Nancy Pérez, el bajo número de solicitudes de asilo aceptadas por México también tiene mucho que ver con el desconocimiento de los migrantes de este derecho que México reconoce en el Capítulo 1, artículo cuatro, del Reglamento de la Ley sobre Refugiados y Protección Complementaria.

“Hay que tener en cuenta que son muy pocas las personas que pueden acceder a este derecho, o que tiene contacto con alguna organización que le dice ‘mira, tú puedes solicitar asilo en el país’. El grueso de la población no lo conoce, porque las organizaciones tampoco pueden tener contacto con todos. Entonces, muchos se van con el flujo de tránsito sin saber que podían solicitar asilo en alguno de los países”, explica la activista.

5.- En el caso de menores migrantes no se garantiza el interés superior del niño, además hay agentes que no conocen la Ley sobre Refugiados y Protección Complementaria.

6.- No hay recursos de revisión efectivos, y se sigue deteniendo a las personas solicitantes en estaciones migratorias y eso desincentiva a la gente a permanecer en el trámite.

En cuanto a los recursos de revisión, Nancy Pérez señala la incongruencia de que sea la misma autoridad que niega el asilo -la COMAR- la que revise nuevamente el caso. Asimismo, recuerda que, de acuerdo con el artículo 111 de la Ley de Migración de México, la presentación de un recurso administrativo o judicial contra la decisión de deportación o en este caso, de negativa de la condición de refugiado en primera instancia, trae como consecuencia la posibilidad de una privación indefinida de la libertad.

“Esto hace que las personas detenidas puedan estar hasta casi un año privadas de su libertad y que, a causa del encierro, procedan a desistir de su proceso de reconocimiento de la condición de refugiado por el impacto físico y emocional que tiene el encierro”, señala Pérez.

Lee aquí el discurso íntegro que la directora de Sin Fronteras ofreció en la sede de la CIDH en Washington, con motivo del 30 aniversario de la Declaración de Cartagena, en el que presenta cuáles son los principales retos de México en materia de refugiados:

Palabras OSC Audiencia CIDH 2014 by http://www.animalpolitico.com

 

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Cómo sobrevivió una mujer transgénero a las terapias de conversión

Durante años, el sistema de sanidad británico llevó a cabo terapias agresivas con el fin de "curar" a homosexuales y transexuales. Carolyn Mercer, sobreviviente de estos tratamientos, cuenta su historia.
24 de agosto, 2019
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Otoño de 1964. Dos doctores atan a un joven de 17 años a una silla de madera en una habitación oscura, sin ventanas, y le cubren el cuerpo con electrodos.

Le electrocutan durante horas mientras le enseñan fotos de ropa de mujer.

Es parte de una terapia.

En un café en el Soho de Londres, Carolyn Mercer, ahora de 72 años, sonríe al ver las fotografías de ese niño. “Esa persona ha crecido y se ha desarrollado”, dice.

“Pero sigue siendo yo”.

Carolyn – quien prefiere no mencionar su nombre de niño – recuerda la primera vez que se dio cuenta de que era diferente.

Con 3 años, jugando en las calles de Preston, al noroeste de Inglaterra, persuadió a su hermana menor para intercambiar sus ropas.

Carolyn, vistiendo el uniforme de preescolar de su hermana, se situó frente a la tienda de su madre esperando que las personas vieran una niña pequeña ahí parada.

“Jamás se trató de la ropa… era algo dentro de mí”, cuenta.

Era un niño, y yo no quería serlo”.

Carolyn Mercer, a la izquierda, junto a su hermana pequeña en 1950.

Carolyn Mercer
Carolyn Mercer, a la izquierda, junto a su hermana pequeña en 1950.

La ropa de su hermana

Cuando Carolyn nació en 1947, la actitud de la sociedad hacia el colectivo homosexual y transgénero era muy poco tolerante.

Inglaterra y Gales se hallaban lejos de legalizar las relaciones homosexuales o de incluso usar la palabra “transgénero”.

Vestida con la falda de su hermana, Carolyn no tuvo palabras para describir sus sentimientos. Pero sabía que era una niña transexual con disforia de género.

Su sexo asignado al nacer no se correspondía con su identidad de género.

“Me fui a dormir con el deseo de que alguien inventara un trasplante para poner mi cerebro en un cuerpo más apropiado”, recuerda Carolyn.

Durante la infancia, su deseo secreto de vivir como mujer se transformó en un autodesprecio que le consumía.

Fotos de Carolyn como niño

Carolyn Mercer
“Sabía lo que quería ser, y ese pensamiento se consolidó desde los 3 años en adelante”

“Ese desprecio a mí misma se trataba de que yo quería algo muy absurdo”.

Carolyn se sentía “sucia” porque la sociedad veía a las personas transgénero como algo “incorrecto” y “malévolo”. “Si era incorrecto y malévolo, debía ser porque yo era mala y estaba equivocada”, dice que pensó entonces.

Creció en el cuerpo de un fuerte adolescente y se dedicó a ser “un buen tipo”, jugando deportes “masculinos” como rugby o boxeo. Aún así, no podía desplazar el profundo e incómodo sentimiento de pretender ser alguien que no era.

Descargas eléctricas

Carolyn comenzó a sentirse deprimida y suicida. Pensaba que “sería más fácil” para su familia y amigos si muriese antes que contarle a alguien cómo se sentía.

Pero los 17 años, compartió su secreto con un vicario. La llevó a ver a un médico en un hospital psiquiátrico y se organizaron “cinco o seis” sesiones de terapia de aversión en un hospital de Blackburn.

“Pedí eso porque quería curarme”, afirma.

Terapias de descargas eléctricas

Getty Images
Terapias de descargas eléctricas de diversos tipos se han utilizado en medicina desde la década de 1930.

Carolyn estaba atada a una silla de madera en una habitación oscura mientras los doctores le adherían electrodos previamente sumergidos en salmuera. A la vez, le proyectaban imágenes con ropa de mujer en la pared de enfrente.

A cada cambio de fotografía, un corrientazo a través de los electrodos le propinaba un doloroso shock eléctrico. Carolyn recuerda vívidamente el naciente shock desgarrando con dolor desde su mano hacia arriba mientras su brazo permanecía adherido a la silla.

A pesar de su agonía, los doctores siguieron presionando. Estaban convencidos de que si ella “aprendía” a asociar sus pensamientos con los recuerdos de dolor, dejaría de pensar que era una mujer.

Meses de tratamiento después, Carolyn decidió no recibir más. Para entonces el trauma era tan grande que la experiencia de los temblores y los recuerdos le atormentó por los siguientes 40 años.


¿Qué es una terapia de conversión?

La llamada terapia de conversión o “cura de gays” asegura ayudar al cambio de la sexualidad o identidad de género de una persona. Los métodos incluyen hipnotismo, exorcismo y tratamientos de aversión como choques eléctricos y fármacos para vomitar.

Este tipo de terapias estuvieron disponibles en el sistema nacional de sanidad británico (NHS, por sus siglas en inglés) hasta los años 70. El sistema y el gobierno sostienen que no hay archivos sobre el número de pacientes que fueron tratados o que murieron como consecuencia del tratamiento.

A pesar de que la evidencia científica indica que son dañinas e inefectivas, varias terapias continúan llevándose a cabo alrededor del mundo.

Organizaciones trabajan para poner fin a estos tratamientos, pero las complejas y arraigadas creencias que fomentaron su propagación dificultan su erradicación.


Durante un tiempo, Carolyn pensó que la terapia había funcionado.

Llevó la vida tan “masculinamente” como era posible. A los 19 años tenía esposa e hija, se había convertido en profesora de matemáticas y había sido promovida rápidamente, convirtiéndose pronto en una de las más jóvenes directoras en su provincia.

Pero su disforia no había sido sofocada.

Carolyn Mercer con 19 años

Carolyn Mercer
Carolyn, con 19 años, en su primer día como profesora, dos años después de la terapia.

Su depresión empeoró y le sacudían temblores incontrolables cada vez que pensaba en el tratamiento recibido.

“¿Funcionó la terapia con respecto a mi cuerpo? Sí”, dice Carolyn. “¿Funcionó con respecto a mi mente? Solo para odiarme más”.

Después de años lidiando con la disforia, Carolyn comenzó a tomar hormonas para que se le desarrollaron los senos a comienzos de los 90.

Fue el inicio de un proceso descrito por muchos en la comunidad transgénero como “transición” o, como Carolyn prefiere, “alinear mi expresión de género con mi identidad de género”. Es “un poco pretencioso, pero se ajusta a mi realidad”.

Su familia no apoyó su decisión de forma activa. “Les gustaba la persona que veían, una diferente a la que yo me reflejaba“, reconoce.

Mastectomía doble

En el trabajo, Carolyn se vendaba sus senos en desarrollo para ocultar los efectos de su tratamiento.

Pero, en 1994, un periodista se enteró de que estaba tomando hormonas y la vida personal de Carolyn se reprodujo en los tabloides alegando que era de “interés público” informar del secreto de una maestra de alto perfil.

El episodio hizo que Carolyn se replanteara su consumo de hormonas y, al verano siguiente, le extirparon sus senos en una cirugía normalmente reservada a pacientes con cáncer.

Una vez más, un vacío infranqueable se había alojado entre quién era Carolyn y quién quería ser.

Pero varios años difíciles después, y a pesar del apoyo de amigos, alumnos, familiares y colegas, Carolyn se jubiló para someterse a la operación que soñó durante décadas.

Tenía entonces 55 años.

Carolyn Mercer

Carolyn Mercer
Carolyn, a los 67 años, disfrutó en Estados Unidos de unas vacaciones donde finalmente era quien siempre soñó ser.

Ahora la vida es mucho mejor. Ya no tengo ese secreto oculto todo el tiempo”.

Algunos miembros del colectivo transexual afirman que la persona antes de la cirugía ya está muerta. Pero para Carolyn, el niño pequeño vistiendo la ropa de su hermana menor sigue vivo.

“Sigo siendo la misma persona con las mismas experiencias”.

Sin embargo, sigue con dificultades para ser feliz. Siguiendo su terapia de conversión, se acostumbró tanto a enterrar sus más profundos deseos que ahora le cuesta abrirse a la felicidad.

“Cuando me enseñan el menú de un restaurante y preguntan qué prefiero, no sé qué responder”.

“Muchos lo encuentran triste, pero es algo que he asimilado… ya no tengo esa luz o ese tipo de emociones por haberme reprimido durante tanto tiempo”, concluye.


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