Human Rights Watch pone en duda la explicación oficial sobre el caso Tlatlaya
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Human Rights Watch pone en duda la explicación oficial sobre el caso Tlatlaya

José Miguel Vivanco, director para las Américas de HRW, considera que "la credibilidad de Peña Nieto en materia de derechos humanos dependen de si llama a cuentas a todos los responsables, tanto por la masacre como por el encubrimiento".
2 de octubre, 2014
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En esta imagen del 15 de septiembre de 2014 se ve una foto de Erika Gómez González (izquierda) colgada en una pared de la casa de su madre en Arcelia, México. La madre de Gómez, quien se negó a dar su nombre porque teme por su vida, dice que presenció la muerte de su hija cuando soldados del ejército dispararon contra un grupo armado el 30 de junio en el poblado de San Pedro Limón. La mujer dijo que un hombre murió inicialmente en el enfrentamiento, cuando el resto del grupo se rindió con la promesa de que no les harían daño. La mujer recordó que su hija estaba boca abajo en el suelo con una herida en una pierna, cuando los soldados la hicieron voltearse y le dispararon más de seis veces en el pecho. (Foto AP/Eduardo Castillo)

En esta imagen del 15 de septiembre de 2014 se ve una foto de Erika Gómez González (izquierda) colgada en una pared de la casa de su madre en Arcelia, México. La madre de Gómez, quien se negó a dar su nombre porque teme por su vida, dice que presenció la muerte de su hija cuando soldados del ejército dispararon contra un grupo armado el 30 de junio en el poblado de San Pedro Limón. La mujer dijo que un hombre murió inicialmente en el enfrentamiento, cuando el resto del grupo se rindió con la promesa de que no les harían daño. La mujer recordó que su hija estaba boca abajo en el suelo con una herida en una pierna, cuando los soldados la hicieron voltearse y le dispararon más de seis veces en el pecho. (Foto AP/Eduardo Castillo)

Por más de dos meses el gobierno de México hizo poco para explicar cómo es que los miembros de una patrulla militar salieron prácticamente ilesos de un enfrentamiento que dejó a 22 presuntos criminales muertos en una bodega.

Pero esta semana, las autoridades no sólo salieron en público a tratar de explicar qué sucedió, sino que cambiaron la versión inicial de que los 22 murieron en el enfrentamiento y dijeron que soldados podrían haber cometido un asesinato, en un anuncio que generó más preguntas que certezas.

¿Por qué fiscales estatales y el ejército se apresuraron a decir que los soldados actuaron adecuadamente al matar a los sospechosos el 30 de junio en la municipalidad de Tlatlaya? ¿Por qué la Procuraduría General de la República esperó hasta septiembre para investigar en la escena de los hechos? ¿Por qué los investigadores no han entrevistado a la mujer que atestiguó las muertes? ¿Algún oficial de alto rango supo del caso o incluso ordenó matarlos?

Las muertes en San Pedro Limón, una comunidad montañosa de la municipalidad de Tlatlaya, Estado de México, han atraído la atención de organismos internacionales de derechos humanos, las Naciones Unidas y de los mexicanos a quienes el caso les recuerda de otras muertes y desapariciones sospechosas que las autoridades han intentado justificar.

Lee: “Ejército asesinó a 21 jóvenes en el Edomex”, dice testigo a Esquire México.

Dudas sobre la versión oficial de los hechos ganaron fuerza después de una investigación realizada por The Associated Press.

La semana pasada, la Secretaría de la Defensa Nacional informó que un oficial y siete soldados enfrentarían acusaciones por faltas a la disciplina militar por su participación en las muertes. Luego, este martes 30 de septiembre, la Procuradurí­a General de la República dijo que tres soldados serán acusados de homicidio por abrir fuego sin justificación alguna.

Los cuestionamientos surgieron de inmediato sobre cómo es que tres soldados podrían haber matado a todos los sospechosos sin que ninguno de ellos intentara huir o resistirse. Las paredes de la bodega tienen varias marcas de lo que parecen disparos a la altura del pecho de una persona. No hay signos de balas perdidas o ráfagas que se pensaría habría si los tres soldados hubieran entrado a acribillarlos.

En tanto, el presidente Enrique Peña Nieto buscó el miércoles 1 de octubre mandar el mensaje de que la investigación no ha concluido.

“Actualmente la Secretaría de la Defensa Nacional y la Procuradurí­a General de la República realizan una investigación conjunta y exhaustiva para determinar las responsabilidades individuales correspondientes”, dijo el mandatario. “Confío en que las investigaciones permitirán conocer la verdad de los hechos”.

Lee: Peña confirma que Sedena colabora en investigación de militares involucrados en asesinatos en Tlatlaya.

José Miguel Vivanco, director para las Américas de la organización Human Rights Watch, dijo que la explicación genera dudas.

Es muy difí­cil creer que tres soldados que actúan por su cuenta pudieron haber asesinado a 22 personas y luego convencieron a todo el gobierno mexicano que fue un tiroteo“, señala.

Vivanco consideró que “la credibilidad de Peña Nieto en materia de derechos humanos dependen de si llama a cuentas a todos los responsables, tanto por la masacre como por el encubrimiento”.

Lee: “De confirmarse que militares mataron a 21 jóvenes, sería una de las masacres más graves en México”: HRW

El caso de Tlatlaya se da mientras México se mantiene atento a la desaparición de más de 40 estudiantes universitarios en Iguala, Guerrero.

La explicación del procurador general Jesús Murillo sobre Tlatlaya es que los tres soldados entraron a la bodega donde los presuntos delincuentes se habí­an refugiado después de un breve enfrentamiento a tiros, en el cual uno de ellos murió. Mientras el teniente a cargo y cuatro soldados más esperaban afuera, los tres volvieron a entrar a la bodega y abrieron fuego.

La versión de Murillo sugiere que los sospechosos se quedaron quietos, aguardando su turno, mientras sus compañeros eran ejecutados.

¿No te parece extraño que ocho militares se enfrentaran a 22 civiles y todos los muertos están del lado con superioridad numérica?“, cuestiona el experto en seguridad Alejandro Hope. “¿Era una unidad de Rambos? ¿O los civiles (presuntos delincuentes) estaban desarmados? De cualquier modo, no huele bien este asunto“.

Autoridades federales parecen haber esperado hasta mediados de septiembre para hacer pruebas periciales en la bodega, la que estuvo sin cuidado y cualquier persona podía pasar y alterar la escena. El análisis del lugar se hizo semanas después de que periodistas de la AP visitaran el lugar el 3 de julio y encontraran marcas de balas a la altura del pecho y rodeadas de manchas de sangre, lo que sugería que los sospechosos murieron mientras se encontraban de pie o cerca de la pared y que recibieron tiros precisos, no característicos a si hubieran estado en medio de una batalla.

Una testigo de las muertes lo ha descrito como una masacre. Ella dijo a The Associated Press que la mayoría de los soldados presentes participaron, no sólo tres. Y, añadió, 21 sospechosos, incluida su hija de 15 años, fueron asesinados después de que se habían rendido.

La testigo, que ha pedido no ser identificada por temor a represalias, aseguró a la AP que no ha sido entrevistada por la Procuraduría General de la República.

Dijo que hasta ahora sólo personal de la Comisión Nacional de Derechos Humanos ha buscado contactarla, pero aseguró que se comportaron de manera “exigente” e intentaron forzarla para que regresara a la bodega donde su hija murió.

Según la testigo, los soldados acomodaron los cuerpos para hacer creer que había sido un enfrentamiento. Su testimonio es coincidente con varias fotos de la escena del lugar de los hechos aparentemente tomadas poco después de la balacera, que fueron divulgadas la semana pasada y que fueron enviadas de manera anónima a una agencia de noticias local.

Ve: Filtran fotos del caso Tlatlaya (fotogalería).

Las autoridades han rechazado el pedido de dar a conocer los reportes de las autopsias, bajo el argumento de que son reservadas e, incluso, la Procuraduría del Estado de México, donde se localiza San Pedro Limón, anunció que las mantendrá en secreto por nueve años.

Otras dos mujeres que también habrían testificado las muertes permanecen en prisión acusadas de acopio de armas y sin acceso a la prensa.

Lee: PGR usa a dos testigos clave de caso Tlatlaya que hace un mes acusó de ser delincuentes.

Murillo no ha explicado por qué al principio las autoridades estatales dijeron que los soldados actuaron de manera adecuada ese día.

*AP.

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'El núcleo del demonio': cómo era la tercera bomba atómica que EU alistaba para lanzar sobre Japón

Si Little Boy y Fat Man no lograban la rendición de Japón, EU ya tenía prácticamente listo a Rufus, un núcleo de plutonio que nunca explotó, pero sí causó muertes.
6 de agosto, 2021
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El 6 y 9 de agosto de 1945 Estados Unidos lanzó sobre Hiroshima y Nagasaki las dos únicas bombas nucleares que se hayan utilizado en una guerra.

Juntas fueron los ataques más letales que jamás hayan ocurrido, en los que se estima que murieron alrededor de 200.000 personas.

Desde la perspectiva de EE.UU., tenían el objetivo de presionar la rendición de Japón y poner fin a la Segunda Guerra Mundial.

Y en caso de que no fueran suficientes, Washington tenía prácticamente lista una tercera bomba atómica.

Su apodo era Rufus, y consistía en un núcleo de plutonio, similar al que se utilizó en la bomba Fat Man, que detonó sobre Nagasaki.

Rufus nunca llegó a convertirse en una bomba funcional, pero sí causó dos accidentes letales, por lo que quedó grabado en la historia como “el núcleo del demonio”.

Hiroshima

Getty
La bomba Little Boy causó devastación en Hiroshima.

“Era esencialmente igual al núcleo de Fat Man”, le dice a BBC Mundo Alex Wellerstein, historiador especialista en armas nucleares y autor del blog Nuclear Secrecy.

Eso quiere decir que podría haberse convertido en una bomba con capacidad de generar una explosión de unos 20 kilotones, como ocurrió en Nagasaki.

Según comunicaciones oficiales de EE.UU. citadas en un artículo de Wellerstein, una bomba fabricada a partir de Rufus tendría que haber estado lista para ser lanzada a partir del 17 o 18 de agosto de 1945.

En los primeros días de agosto de 1945, no estaba claro si dos bombas atómicas bastarían para doblegar a Japón, explica Wellerstein.

Solo después de su rendición el 15 de agosto “quedó claro que dos bombas habían sido ‘suficientes’, sino demasiado“, dice el experto.

Así que finalmente no fue necesario utilizar a Rufus.

“¿Qué ocurrió entre el 15 y el 21 de agosto? No lo sé”, escribe Wellerstein, pero lo que sí está documentado es que a partir del 21 de agosto, los investigadores del Laboratorio Los Álamos en Nuevo México, donde se diseñaron las bombas atómicas, comenzaron a utilizar este núcleo de plutonio para experimentos extremadamente peligrosos.

víctima de radiación.

Getty
Los efectos de la radiación pueden resultar letales para los humanos.

Cosquillas a un dragón

En 1945, los únicos núcleos de plutonio que se habían fabricado eran Rufus, Fat Man y el que se colocó en la bomba Gadget, que se utilizó en la prueba Trinity, el primer ensayo de una explosión nuclear que realizó EE.UU.

En Los Álamos, los investigadores querían averiguar cuál era el límite en que el plutonio se volvía supercrítico, es decir, querían saber cuál era el punto en que una reacción en cadena del plutonio desataría una explosión de radiación mortal.

Los Álamos

Getty
Los experimentos con Rufus se realizaron en el Laboratorio Los Álamos.

La idea era encontrar maneras más eficaces de lograr que un núcleo llegara al estado supercrítico y optimizar la carga de la bomba.

Manipular un núcleo de plutonio es una maniobra extremadamente delicada. Por eso los investigadores se referían a esos ejercicios como “hacerle cosquillas a la cola de un dragón”.

“Sabían que si tenían la desgracia de despertar a la bestia furiosa, terminarían quemados”, escribió el periodista Peter Dockrill en un artículo del portal Science Alert.

Según explica Wellerstein, quienes participaban en estos experimentos eran conscientes del riesgo, pero lo hacían porque era una forma de obtener datos valiosos.

Instantes letales

La primera víctima de Rufus fue el físico estadounidense Harry Daghlian, que para entonces tenía 24 años.

Fat Boy

Getty
Rufus serviría para usarse en una bomba de implosión como Fat Man.

Daghlian había trabajado en el Proyecto Manhattan, con el que EE.UU. fabricó sus primeras bombas nucleares.

El 21 de agosto de 1945 Daghlian se dio a la tarea de construir una pila de bloques de carburo de tungsteno alrededor de Rufus.

Su idea era ver si lograba crear un “reflector de neutrones” en los que rebotaran los neutrones lanzados por el núcleo y de esa manera llevarlo de manera más eficiente al punto crítico.

Era de noche y Daghlian estaba trabajando solo, violando los protocolos de seguridad, según lo documenta el portal Atomic Heritage Foundation.

El joven científico ya había apilado varios bloques, pero cuando estaba terminando de colocar el último, su dispositivo de monitoreo le indicó que si lo hacía, el núcleo podría volverse supercrítico.

Era como jugarse la vida en un jenga extremo.

Maniobró para retirar el bloque, pero infortunadamente lo dejó caer sobre el núcleo, que entró en estado supercrítico y generó una ráfaga de neutrones.

Núcleo de plutonio

Los Álamos National Laboratory
Esta es una reproducción del experimento en el que Daghlian apilaba bloques alrededor del núcleo de plutonio.

Además, su reacción fue desbaratar la torre de bloques, así que quedó expuesto a una dosis adicional de radiación gamma.

Esos instantes resultaron letales.

Durante 25 días Daghlian soportó la dolorosa intoxicación radioactiva hasta que finalmente murió en el hospital. Se calcula que recibió una dosis de 510 rem de radiación iónica.

El rem es la unidad de medida de la radiación absorbida por una persona. En promedio, 500 rem resultan mortales para un humano.

“Eso es todo”

Tan solo nueve meses después el dragón volvió a atacar.

El 21 de mayo de 1946 el físico estadounidense Louis Stolin estaba practicando un experimento que había hecho varias veces.

Los Álamos

Los Álamos National Laboratory
Esta es una reproducción de la sala en la que Stolin realizaba su experimento.

Para entonces, Stolin era el mayor experto del mundo en el manejo de cantidades peligrosas de plutonio, según indica Wellerstein.

Junto a un grupo de colegas, estaba mostrando cómo llevar un núcleo de plutonio -Rufus en este caso- al punto supercrítico.

El ejercicio consistía en unir dos mitades de una esfera de berilio, formando un domo en el que los neutrones rebotaran hacia el núcleo.

La clave para no causar un desastre era evitar que las dos medias esferas cubrieran totalmente el núcleo.

Para ello, Stolin utilizaba como separador un destornillador que servía de válvula de escape para los neutrones. De esa manera podía registrar cómo aumentaba la fisión, sin que la reacción en cadena llegara al punto crítico.

Los Álamos

Los Álamos National Laboratory
En medio del domo de berilio estaba el “núcleo del demonio”.

Todo iba bien, pero ocurrió lo único que no debía ocurrir.

A Stolin se le resbaló el destornillador y el domo se cerró por completo.

Fue solo un instante, pero bastó para que el núcleo llegara al punto crítico y liberara una corriente de neutrones que produjeron un intenso brillo azul.

“El flash azul fue claramente visible en toda la sala, a pesar de que estaba bien iluminada”, escribió en un reporte Raemer Schreiber, uno de los físicos que estaba viendo el experimento.

“El flash no duró más de unas décimas de segundo”.

Los Álamos

Los Álamos National Laboratory
Esta es una recreación del experimento en el que Stolin usaba un destornillador para impedir que el núcleo quedara totalmente cubierto.

Stolin reaccionó rápido y destapó el domo, pero ya era tarde: había recibido una dosis letal de radiación.

Nueve meses antes, él mismo había acompañado a su colega Daghlian durante sus últimos días de vida, y tenía claro que un destino similar le esperaba.

“Bueno, eso es todo”, fueron las primeras palabras que dijo, en todo resignado, después de que se le resbalara el destornillador, según lo recuerda Schreiber en su reporte, citado por Dockrill en Science Alert.

Las estimaciones indican que Stolin recibió en su cuerpo 2.100 rem de neutrones, rayos gamma y rayos x.

Su agonía duró nueve días.

En ese periodo sufrió náuseas, dolor abdominal, pérdida de peso y “confusión mental”, según lo describe Wellerstein en un reportaje de la revista The New Yorker.

Finalmente murió a los 35 años en el mismo cuarto del hospital en el que había muerto su colega Daghlian.

Irónicamente, apunta Wellerstein, Stolin estaba haciendo el procedimiento para que sus colegas aprendieran la técnica en caso de que él no estuviera presente.

bomba nuclear

Los Álamos National Laboratory
Las bombas nucleares son las armas más destructivas y mortales que se hayan creado.

El fin de la maldición

Los accidentes de Daghlian y Stolin sirvieron para que se fortalecieran las medidas de seguridad en los procedimientos con material radioactivo.

A partir de entonces, este tipo de ejercicios comenzaron a maniobrarse de manera remota, a una distancia de unos 200 metros entre el personal y el material radioactivo.

“Sus muertes ayudaron a incitar una nueva era de medidas de salud y seguridad”, dice el portal de Atomic Heritage Foundation.

Según los archivos de Los Álamos, el “núcleo del demonio” fue derretido en el verano de 1946 y se utilizó para fabricar una nueva arma.

“En realidad el núcleo del demonio no era demoníaco“, dice Dockrill.

“Si hay una presencia maligna aquí, no es el núcleo, sino el hecho de que los humanos se apresuraron a fabricar estas terribles armas”, sentencia el periodista.


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