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Gobierno suspende becas y abasto de alimentos a los normalistas de Ayotzinapa

Desde que los estudiantes emprendieron movilizaciones de protesta, el gobierno estatal de Guerrero suspendió completamente el abasto de víveres para alimentar a los alumnos, así como el pago mensual de las becas que las autoridades entregan a los 520 jóvenes que se forman para convertirse en maestros de primarias rurales.
Por Paris Martínez
30 de octubre, 2014
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Foto 3

Desde que los estudiantes de la Escuela Normal de Ayotzinapa emprendieron movilizaciones de protesta, por el asesinato de tres compañeros y el secuestro y desaparición forzada de otros 43, a manos de la Policía Municipal de Iguala –el 26 de septiembre pasado–, el gobierno estatal de Guerrero suspendió completamente el abasto de víveres para alimentar a los alumnos de este internado del sector público, así como el pago de las becas que, mensualmente, deben entregar las autoridades a los 520 jóvenes que se forman en este plantel para convertirse en maestros de primarias rurales.

”A partir de que comienza el movimiento, el 26 de septiembre, el gobierno nos dejó de mandar el poco apoyo que nos daba –explica un representante del comité estudiantil, asignado a la Cartera de Raciones, cuya identidad se mantiene bajo reserva, por seguridad–. Desde el primer momento (de las movilizaciones) nos cortaron las raciones de comida, y esto es lo que hace el gobierno para debilitarnos.”

Cada semana, detalla el representante estudiantil, el gobierno estatal está obligado a entregar financiamiento para que la Normal adquiera, directamente con proveedores, los alimentos que sus alumnos consumen, y que son complementados con los vegetales y granos que los mismos estudiantes cultivan. Sin embargo, advierte el normalista que coordina las labores de preparación de alimentos, en el actual periodo de movilizaciones “el financiamiento quedó totalmente suspendido (…) y esto es algo que suelen hacer las autoridades cada vez que realizamos alguna movilización, así lo hicieron durante las protestas de 2011 y 2012 (por el asesinato de dos normalistas, a manos de policías federales y ministeriales de Guerrero), les gusta dejarnos sin comida para presionarnos, para que dejemos de protestar, pero como nosotros ya conocemos esta forma de actuar de las autoridades, tan pronto como empezamos el movimiento llamamos a la solidaridad y ésta es efectiva, hasta el momento: las organizaciones civiles, los egresados, los estudiantes de otras universidades del país, los vecinos y ciudadanos de Guerrero saben que en estos casos las autoridades siempre nos suspenden las raciones alimenticias, y ellos mismos (los organismos civiles y la ciudadanía) son los que nos están apoyando, difundiendo, acopiando víveres… así es como este movimiento continúa“.

El apoyo del gobierno estatal, aclara el representante de los normalistas, “la verdad que no es mucho, aunque éste es un internado del sector público, y obviamente nos tienen que estar mandando alimentos las autoridades, esa es su obligación, pero desde finales de septiembre esto no ha sido así, sin explicación, simplemente dejaron de enviar los recursos”.

En la Normal de Ayotzinapa, detalla, los 520 alumnos suelen recibir tres raciones de comida, “un desayuno ligero, una comida fuerte, y una cena también ligera, pero como ahora nos estamos alimentando con los víveres que nos ha donado la ciudadanía, tenemos que racionar aún más los alimentos, y sólo estamos haciendo dos comidas: una a las 9 de la mañana y una a las 4 de la tarde… en la noche, comemos cualquier cosa.”

Gracias al acopio ciudadano de víveres para los normalistas, aclara, “hasta el momento no nos hemos quedado sin comida, pero no sobra, nuestras reservas durarán unas semanas más, solamente, porque ahorita no estamos comiendo sólo los estudiantes, sino también los papás de los desaparecidos, que están aquí, acampando, y los normalistas de otros planteles que han venido a brindar apoyo. En un día normal, en la cocina preparamos alrededor de 2 mil raciones de comida, pero ahorita estamos preparando 2 mil 500 raciones, y eso nos lleva todos los días varios costales de frijol, varios costales de arroz y mucho de todo lo demás: latas, aceite, cosas así. Nosotros aquí cosechamos rábano, maíz, hortaliza, y también tenemos unas poquitas vacas, puercos, gallinas, conejos, pero todos esos recursos son muy limitados. La ayuda nos sigue haciendo mucha falta, porque este movimiento no acabará cuando encuentren a nuestros compañeros, sino cuando haya justicia, entonces, va para largo.”

La supresión del abasto alimenticio, sin embargo, no es el único medio de presión económica que han emprendido las autoridades contra los normalistas, señala otro integrante del comité estudiantil que forma parte de la academia de cuarto año (el último nivel de estudios de esta Normal), sino que “como forma de reprimirnos también nos suspendieron el pago de las becas a todos los estudiantes“.

Tal como explicó el representante estudiantil, los 124 alumnos del cuarto y último año de formación en la Normal de Ayotzinapa (80 que cursan la licenciatura en educación primaria, y los 44 que cursan la licenciatura en educación física) tiene derecho a una beca mensual de mil pesos, proveniente del presupuesto estatal, así como a otra beca de 750 pesos que vienen del presupuesto federal. Y ambas becas, detalló, tanto la que otorga el gobierno estatal como la que otorga el gobierno federal, que sirven a los estudiantes para financiar sus traslados y alimentación a las escuelas donde deben realizar prácticas docentes, dejaron de pagarse tras la emboscada policiaca sufrida en Iguala.

Asimismo, las autoridades estatales también suspendieron la entrega de recursos económicos que, para el pago de fotocopias, están obligadas a entregar a los 520 estudiantes de todos los niveles formativos de la Normal de Ayotzinapa, y que asciende a 38 pesos por alumno al mes.

Las autoridades deben depositar estos dineros los días 15 de cada mes, y como el ciclo escolar estaba iniciando, el único depósito que obtuvimos fue el 15 de septiembre, luego vino el ataque de la Policía en Iguala, y para el 15 de octubre, cuando debimos recibir las becas nuevamente, no recibimos nada… Así es como hacen las autoridades para presionar, ya antes lo habían hecho, en 2011, cuando mataron a nuestros dos compañeros en Chilpancingo, y así están haciendo ahora, que nos matan a otros tres y nos desaparecen a 43… así hacen, ya lo esperábamos, pero no nos van a doblar, la lucha sigue.”

Lee aquí sobre los centros de acopio para apoyar a los normalistas de Ayotzinapa o sigue la cuenta @AcopioAyotzi.

Epílogo: El verdadero rostro de los normalistas

Este miércoles 29 de octubre, mientras los papás de los normalistas desaparecidos, asesinados y heridos por la policía guerrerense encaraban al presidente Enrique Peña Nieto, un contingente de 46 estudiantes salió de Ayotzinapa, rumbo a la aledaña ciudad de Tixtla, con una misión especial: llevar a los niños y niñas de esta localidad un momento de diversión y esparcimiento, que les permita distenderse, tras vivir de cerca, por los últimos 33 días, la tensión social generada por el asesinato y la desaparición forzada de sus compañeros.

Vestidos de payaso, colorido maquillaje en sus rostros e, incluso, llevando zapatos enormes y rechoncos que elaboraron con botellas de refresco, los 46 estudiantes instalaron cuatro juegos inflables en la plaza central de Tixtla, que les fueron prestados para este fin por una microempresa dedicada a la renta de estos equipos,

Los medios y el gobierno han fomentado una imagen violenta de los normalistas, porque hacemos marchas, porque hacemos cortes carreteros –explica uno de los payasitos–, pero si hacemos eso es porque defendemos nuestros derechos, no quisiéramos que fuera así, que hubiera que salir a defender nuestros derechos, sino que quisiéramos nomás que nos respetaran, como estudiantes, para así dedicarnos enteramente a lo que nos gusta: enseñar a los niños, contribuir a su desarrollo, hacerlos buenos ciudadanos, comprometidos con su comunidad, con su pueblo, con la sociedad, y hacerlos felices. Por eso vinimos hoy a hacer este (acto) ‘sociocultural’, vinimos 46 que nos ofrecimos como voluntarios, y aquí estamos.”

Además de organizar distintos juegos y actividades de entretenimiento, con apoyo de otros vecinos de Tixtla los payasitos pudieron obsequiar a los menores, además, paletas, palomitas, frituras, globos, aguas de sabor y narices rojas. “Claro que estamos tristes, mucho, nos duele mucho la ausencia de nuestros amigos, de nuestros compañeros desaparecidos, lloramos de tristeza, lloramos de coraje –dice uno de los payasitos–, pero el maquillaje oculta eso, el maquillaje nos hace reír, y hace que los niños nos vean como lo que somos, gente que los quiere.”

Y sí, el maquillaje oculta las ojeras, simula que las comisuras de sus labios no apuntan tristes hacia abajo, sino alegres hacia arriba, devuelve color a sus mejillas pálidas. Pero el maquillaje no se usa para ocultar su reclamo, sino todo lo contrario: el maquillaje sirve para acentuar esa exigencia, para subrayarla, y así, todos, en una mejilla, en la frente, en un cachete, entre puntitos y líneas de colores, estamparon un símbolo, de lucha y de dolor: el número “43.

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Mónica González/Pie de Página

Fosas clandestinas: el "campo de exterminio" donde Los Zetas desaparecieron a cientos de personas en Tamaulipas

En uno de los estados con más violencia en México activistas localizaron un lugar donde el cartel de Los Zetas se deshacía de sus víctimas. Es un “campo de exterminio” donde murieron cientos de personas.
Mónica González/Pie de Página
30 de agosto, 2019
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A primera vista el lugar parece un campo más en la Sierra de Cucharas de Tamaulipas, en el noreste de México. Pero en este sitio cientos de personas fueron asesinadas por el cartel de Los Zetas.

Los activistas que exploran el sitio en busca de restos humanos le llaman “Ejido 7”. Está dentro de la reserva de la biósfera El Cielo, una de las áreas naturales más bellas de México.

Pero el impresionante paisaje contrasta con lo que allí sucedió. Durante varios años el grupo criminal lo utilizó para deshacerse de sus víctimas.

Es un campo de exterminio“, le dice a BBC Mundo Graciela Pérez Rodríguez, fundadora del colectivo Milynali Red CFC, que busca a personas desaparecidas en México.

“Un sitio de exterminio donde llevaban a personas secuestradas. Ahí mismo las ejecutaron y las quemaron”.

Campo exterminio Tamaulipas

Mónica González/Pie de Página
Los expertos mueven la tierra en busca de restos humanos.

No se sabe cuántas personas fueron asesinadas en esta zona de la Sierra de Cucharas. Los activistas creen que fueron al menos 200.

Pero cuando fue detenido en 2014, Enrique Santillán Trejo, quien fuera responsable de Los Zetas en la región, dijo que su grupo había asesinado a por lo menos 500 personas.

Muchos fueron ejecutados en Sierra de Cucharas y sus cuerpos incinerados. De muchas víctimas sólo quedaron fragmentos de huesos, dientes y algo de ropa.

En los últimos años el colectivo y peritos de la Fiscalía General de la República (FGR), han recolectado más de 100 kilos de esta clase de restos.

Todos son analizados con la esperanza de encontrar una huella genética que permita saber a quién pertenecen.

Hasta ahora se han identificado perfiles de una docena de personas.

La guerra

Desde 2010 Tamaulipas es el escenario de una intensa guerra entre los grupos que formaron parte del Cartel del Golfo, que se dividió ese mismo año.

La facción más violenta fue el cartel de Los Zetas, fundado por exmilitares de élite y que mantuvo el control de varios estados del país.

fosa clandestina México

AFP
En México existen más de 1.100 fosas clandestinas.

Según activistas y autoridades, el grupo es responsable de la muerte de miles de personas y de la desaparición de cientos más.

En algunos casos se trató de miembros de grupos rivales, pero muchas víctimas nada tenían que ver con la guerra de bandas del narcotráfico.

Muchas fueron secuestradas cuando viajaban en las carreteras de Tamaulipas, por ejemplo. A otras los sicarios se las llevaron de sus comunidades durante enfrentamientos con otros grupos.

De acuerdo con la Secretaría de Gobernación (Segob), en el estado hay al menos 6.000 personas desaparecidas. El 79% son hombres según datos de la FGR.

La Fiscalía señala que en la lista abundan quienes se dedican a vender comida, estudiantes, obreros, migrantes centroamericanos o amas de casa, por ejemplo.

Es uno de los problemas más graves de México. Hasta febrero pasado los datos oficiales reportaron 40.000 personas desaparecidas, 1.100 fosas clandestinas y unos 26.000 cuerpos sin identificar en las morgues del país.

Desaparecidos en México

AFP
En México hay más de 40.000 personas desaparecidas.

De hecho el subsecretario de Derechos Humanos de la Segob, Alejandro Encinas, dice que México se convirtió “en una enorme fosa clandestina”.

La crisis se agravó porque los distintos gobiernos han aplicado una estrategia equivocada de seguridad, explica Ana Lorena Delgadillo, directora de la Fundación para la Justicia y el Estado Democrático.

En el caso de los desaparecidos “se olvidaron de ellos, las instituciones no cumplieron con su obligación de buscarlos“, le dice a BBC Mundo.

Muchos familiares de víctimas asumieron esa responsabilidad y, de hecho, son ellos quienes han encontrado muchas fosas clandestinas.

Restos calcinados

Fue el caso de las fosas clandestinas en Sierra de Cucharas, localizadas en 2013 por la Secretaría de la Defensa y ubicadas a unos 40 kilómetros de Ciudad Mante, en el sur de Tamaulipas.

El colectivo Milynali Red CFC confirmó que Los Zetas se deshacían allí de sus víctimas, y empezó la búsqueda de restos humanos en una zona conocida como Papalote.

Durante varios años los activistas visitaron la zona con regularidad, pero hace unos meses supieron del llamado Ejido 7. Es un lugar de difícil acceso, arriba de un cerro.

restos humanos

Mónica González/Pie de Página
Hasta ahora se en encontrado más de cien kilos de restos humanos.

Al llegar “encuentras de un lado y otro del camino montículos de tierra” dice Graciela Pérez. Es una señal de que puede haber restos humanos enterrados.

Hasta ahora el colectivo localizó 15 posibles fosas clandestinas, pero pueden ser muchas más porque el terreno es extenso.

No se sabe cuántas personas fueron asesinadas en este lugar. “Encontramos un campamento, una casa de campaña y ropa enterrada, mucha ropa de niños y adultos“, explica Pérez Rodríguez.

También “muchas botellas del aceite que usan para limpiar armas, eso me impactó. Todo estaba enterrado, no sabemos para qué”.

Graciela Pérez, activista

Mónica González/Pie de Página
Graciela Pérez encabeza la búsqueda de restos en el lugar.

Una hipótesis, dicen los activistas, es que los sicarios trataron de ocultar las evidencias de la vigilancia aérea de los militares.

También se han encontrado barriles metálicos donde al parecer incineraban los cuerpos.

Algunos restos calcinados fueron enterrados, pero otros se dispersaron con las lluvias. Eso vuelve más difícil la búsqueda porque se extiende el área que debe ser examinada.

Los activistas aprendieron a distinguir entre un trozo de madera quemada, por ejemplo, y un fragmento de hueso. También identifican dientes mezclados con pedazos de piedra.

“Todos lo sabían”

El trabajo se hace a mano, con ayuda de picos, palas y tela metálica para cernir la tierra y encontrar restos humanos.

El colectivo Milynali ha explorado siete fosas clandestinas, y esperan concluir la revisión este año.

Los responsables del “campo de exterminio” prácticamente vivían en el sitio. Lo muestran las latas vacías de comida, cepillos dentales y bolsas de pan y golosinas.

Desaparecidos en México

AFP
Las familias de los desaparecidos encabezan las búsquedas en México.

Tenían un campamento de vigilancia en la parte más alta de la sierra, y abajo “las cocinas”, como se llama al sitio donde incineraban a las personas dicen activistas que han visitado el campo.

Aunque se trata de un área deshabitada, por la cantidad de víctimas incineradas es difícil que no se hubiera notado lo que allí sucedía, reconocen los activistas.

Prácticamente todos los vecinos lo sabían pero no lo dijeron”, lamenta Graciela Pérez.

“Parte de todos los crímenes cometidos en Tamaulipas son por la sumisión en que está metida la ciudadanía, el temor de que les ocurra lo mismo”.

Un miedo que sirve a los criminales, añade la activista. “Eso provoca que no hablen, y mientras nosotros padeciendo” durante varios años.

“Si hubiéramos sabido a tiempo quizá no hubiera ocurrido“.


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