La tecnología que te ayuda a no perder tanto tiempo en internet
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La tecnología que te ayuda a no perder tanto tiempo en internet

El autor británico David Nicholls reveló que pasó dos años escribiendo su nuevo libro utilizando una app contra la pérdida de tiempo. "Realmente estamos entrando en la edad de oro de la pérdida de tiempo", dice Piers Steel, investigador y autor del informe "La ecuación de la pérdida de tiempo".
Por BBC Mundo / Tom Heyden
14 de octubre, 2014
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Foto: BBC Mundo.

Foto: BBC Mundo.

A veces suele ser muy inocente… puede empezar con algo relevante: una ojeada a Wikipedia, por ejemplo. Pero para cuando te quieres dar cuenta ya has sido absorbido. Enlace tras enlace, página tras página.

Y cuando consigues salir, ya has perdido una valiosa hora leyendo sobre la complejidad de la política prusiana del siglo XVI.

Si esto te suena familiar, piensa que no estás solo.

El autor británico David Nicholls reveló que pasó dos años escribiendo su nuevo libro utilizando una app contra la pérdida de tiempo.

“Realmente estamos entrando en la edad de oro de la pérdida de tiempo”, dice Piers Steel, investigador y autor del informe “La ecuación de la pérdida de tiempo”.

“Una de cada cuatro personas se describiría a sí misma como una perdedora de tiempo crónica, mientras que más de la mitad de la población diría que malgasta las horas con frecuencia”, explica.

Desperdicio crónico

Steel afirma que “en los últimos 40 años el desperdicio crónico de tiempo ha crecido entre un 300 y un 400%”.

Y existen estudios al respecto.

Según uno publicado recientemente en Reino Unido, el 36% de los encuestados pierde una hora de productividad al día revisando correos y redes sociales.

Y de acuerdo a otro, los usuarios de teléfonos inteligentes revisan este aparato una media de 221 veces al día.

Toda una industria ofrece modos para frenar estos impulsos irracionales, desde libros de autoayuda a cursos en línea impartidos por expertos en eficiencia empresarial.

Pero el último grito son las aplicaciones contra la pérdida de tiempo.

Nicholls, cuando trabajó en la obra “One day” utilizó una app especialmente brutal: Write or Die (Escribe o Muere, en español).

Si la pausa entre palabra y palabra es demasiado prolongada una luz roja aparece en la pantalla y borra lo escrito.

“Es como escribir con una pistola en la cabeza”, compara el autor británico.

Como era de esperar, no produjo una de sus mejores novelas y decidió tirar a la basura dos años y 23.000 palabras.

Aplicaciones antidilación

Pero hay un montón de aplicaciones menos intimidantes que la que empleó Nicholls. Procrastor, Procrastination Hack, Finish e incluso Yelling Mom, por ejemplo.

Este último, “madre gritadora” en español, trata de captar la atención del usuario por medio de varias alertas, aunque ninguna suena como el regaño de una mamá.

Luego están las apps que restringen el uso de internet, como Freedom y SelfControl.

La primera, que ha sido descargada 1,1 millones de veces, te imposibilita del todo acceder a la red.

“La libertad refuerza la libertad”, proclama, haciendo un juego de palabras con el significado de su nombre y aprovechando la paradójica idea de que demasiada libertad puede terminar siendo una trampa.

Otras aplicaciones te permiten bloquear páginas web concretas, sobre todo redes sociales, las principales fuentes de distracción.

Escritores y estudiantes

Escritores y trabajadores autónomos, aquellos que normalmente trabajan solos, son el objetivo de las empresas que crearon estas aplicaciones.

Y también los estudiantes.

Según un estudio de 2012, para el 80% de los estudiantes de Estados Unidos el desperdicio de tiempo es un problema.

Reloj de arena
El tiempo, preciado tiempo.

Pero cualquiera con una computadora o un teléfono inteligente es igualmente susceptible de sucumbir.

Y eso es un montón de gente.

“¿Cuántas veces al día se revisa innecesariamente el correo?”, pregunta la experta en gestión de tiempo Rosie Gray, de Mosaic Learning.

O Facebook. O Twitter. O los memes de gatitos.

De toda la vida

Lo de la pérdida de tiempo no es nada nuevo.

El escritor francés Victor Hugo se solía quitar toda la ropa y hacía que su ayudante de cámara se la escondiera, de modo que no pudiera salir a la calle.

Con el mismo objetivo, Demóstenes, el orador de la Antigua Grecia, se afeitaba sólo un lado de la cabeza para obligarse a sí mismo a permanecer en casa practicando discursos. Si salía sería ridiculizado.

“Existen jeroglíficos egipcios sobre el tema”, señala Steel.

“Es tan antiguo como la existencia humana”, opina Bill Knaus, autor del “Procrastination Manual (Manual de la Pérdida de Tiempo, en inglés).

Por lo tanto, probablemente algunas de las pinturas rupestres fueron hechas mientras desollar un mamut era la tarea prioritaria del día.

Arraigado pero no constante

También hay animales a los que se les ha visto malgastar el tiempo, como ratas y monos, explica Steel.

“Forma parte de nuestra arquitectura central”, dice. “Y la evolución no va a deshacerse de ello en breve”.

Pero que la tendencia a desperdiciar las horas esté arraigada en nosotros, no significa que sea constante.

“Puede empeorar con el entorno adecuado para ello”, asegura Steel.

Y añade: “Hemos estado construyendo ese entorno meticulosamente en los últimos 50 años, incluso 100 diría. Pero realmente lo estamos consiguiendo en los últimos 20”.

Tentación

“Incrementamos nuestra proximidad a la tentación”. Candy Crush está a sólo un botón de distancia, dice.

“Estamos constantemente bombardeados por estímulos”, dice Anna Abramowski, quien se está formando en psicología en la City University de Londres.

Eso ocurre con las computadoras, las tabletas, los teléfonos inteligentes, la TV y ahora los relojes inteligentes.

“Es un medioambiente diseñado para ser tóxico en términos motivacionales”, dice Steel.

Pero ante esta visión sombría también se ha dado un incremento de la conciencia de los efectos negativos de la pérdida de tiempo: desde las ineficiencias en los negocios hasta los problemas de salud.

Y se ha dado una reacción ante la postergación.

Bloquear Facebook

La preocupación en torno a la dilación comenzó realmente durante la revolución industrial en el siglo XVIII, sugiere Abramowski, cuando la productividad comenzó a atarse a la valoración del individuo.

Para las empresas existe un claro incentivo en limitar la pérdida de tiempo.

Los estudios sobre administración del tiempo han florecido desde los años 60, dice Knaus.

“A las corporaciones les encantaba tener a la gente trabajando en forma más inteligente sin trabajar más duro”, dice.

Aunque la fuerza de trabajo hipereficiente que deseaban los ejecutivos no terminó realmente de materializarse, agrega Knaus, la estructura suele ser un antídoto para la pérdida de tiempo.

Algunas empresas previenen la dilación bloqueando el acceso a sitios como Facebook.

Las compañías están aprendiendo a adaptarse a las distracciones de sus empleados, dice Gray.

No se espera que la gente trabaje por tres o cuatro horas sin parar, agrega, y se aconseja que se trabaje por 45 minutos y luego se descansen 5.

Científicos de la Universidad de Hiroshima aseguraron recientemente que la productividad óptima se alcanza con bloques de 52 minutos de trabajo seguidos de 17 minutos de descanso.

“Hablamos más de ello”

Otros creen que distraerse puede ser bueno.

“Los individuos que se distraen activamente exhiben un cierto nivel de autosuficiencia, autonomía y confianza en sí mismos”, dice Abramowski, “porque tienen conciencia del riesgo que implica dejar las cosas para último minuto, e igual deciden hacerlo”.

Hombre con lápiz
Para Abramowski, las apps no atacan los bloqueos psicológicos subyacentes.

No debería demonizarse internet. Incluso puede ser una forma de “distracción positiva”, agrega Abramovski, que estimula la creatividad y la innovación.

También hay una correlación entre el incremento de la literatura que habla de la dilación y el hecho de que la gente lo identifica como un problema.

“No diría que lo hacemos más que nunca, pero sí que hablamos más de ello”, dice Gray.

Fatiga, frustración, rebeldía

En los años 70 Knaus no conseguía que alguien le editase su libro “Superando la pérdida de tiempo”, uno de los primeros de su tipo.

Hoy en día el término “procrastination” arroja más de 1.500 resultados en una búsqueda en Amazon en inglés.

Internet no es la única fuente de distracción, y se sugiere que hay muchas causas para la pérdida de tiempo: perfeccionismo, miedo al fracaso, fatiga, frustración, rebeldía o la complejidad de la tarea que se debe realizar.

Así que las apps antidistracción tienen un límite respecto a lo que pueden lograr.

Difícilmente puedan ayudar mucho cuando las distracciones no son digitales.

“Las apps pueden funcionar como solución de corto plazo”, dice Abramowski, “pero no atacan los bloqueos psicológicos subyacentes que hacen que la persona no pueda encarar una tarea”.

La ironía es que son mucho más útiles para personas que se distraen moderadamente que para los casos extremos, dice Knaus, porque éstos últimos postergarán incluso comenzar a usar la app.

La voluntad, como un músculo

Otros sugieren que las apps distraen de la posibilidad de desarrollar autodisciplina.

“Algunos dirían que la voluntad es como un músculo”, reconoce Steel, “que cuanto más lo usas más fuerte se vuelve”.

Y no queremos un futuro en que unos robots tomen las decisiones por nosotros, agrega.

Pero mientras la pérdida de tiempo no se supere en sí misma, entonces las app tendrán una función que cumplir, dice.

“Desde las finanzas hasta el bienestar y la salud personal, cuanto menos perdemos el tiempo más mejoramos”.

“Si pudiéramos regalarnos un poquito más de tiempo nuestras vidas se beneficiarían enormemente”.

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Yuri Gagarin: los peligros ocultos en el primer vuelo tripulado al espacio hace 60 años

Hace seis décadas, Yuri Gagarin se convirtió en la primera persona en llegar al espacio, pero es probable que ni siquiera él supiera cuánto se arriesgó durante la misión.
12 de abril, 2021
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Yuri Gagarin con un casco espacial

Getty Images
Yuri Gagarin fue el primer ser humano en llegar al espacio.

“Porque aquí estoy sentado en una lata. Muy por encima del mundo. El planeta Tierra es azul, y no hay nada que pueda hacer”.

Estas líneas de la canción Space Oddity, de David Bowie, resumen cómo debe haberse sentido Yuri Gagarin cuando realizó el primer viaje de un humano al espacio exterior.

En su diminuta nave espacial, de poco más de dos metros de diámetro, Gagarin partió hacia el espacio más como pasajero que como un cosmonauta.

En ese momento, el “piloto” ni siquiera podía tocar los controles de la nave.

Según una transcripción de la comunicación con el control de tierra, Gagarin quedó impresionado por la vista a través de la ventana de la cápsula, mencionando la “hermosa aura” de nuestro planeta y las sorprendentes sombras proyectadas por las nubes en la superficie de la Tierra.

El viaje de Gagarin al espacio el 12 de abril de 1961, hace exactamente 60 años, fue una victoria de la Unión Soviética sobre Estados Unidos en la carrera espacial. Y su regreso a la Tierra fue un triunfo innegable.

Pero para hacer historia, Gagarin asumió un peligroso desafío que requería una inmensa valentía.

Partió hacia el espacio, un lugar misterioso que era prácticamente desconocido en ese momento, en una nave que no tenía controles de rescate.

El cohete que lo lanzaría había tenido tantos vuelos fallidos como exitosos.

Gagarin estaba asumiendo el papel de un conejillo de indias y su misión estaba diseñada a responder varias preguntas.

¿Puede un humano sobrevivir en el espacio? ¿Puede la nave espacial sobrevivir al viaje? ¿Puede esa nave espacial comunicarse de manera efectiva con la Tierra, a fin de garantizar un aterrizaje seguro?

Yuri Gagarin

Getty Images
Con 27 años, Gagarin asumió el reto de viajar al espacio.

En ese momento, nadie confiaba en la seguridad de los cohetes, las naves espaciales, los controles y los sistemas de comunicación, ni siquiera en que los humanos pudieran sobrevivir en el espacio.

“Si la nave espacial Vostok se presentara a los científicos de hoy, nadie votaría a favor de lanzar una cosa tan improvisada como esa al espacio“, dijo el ingeniero Boris Chertok casi medio siglo después de la misión, en su libro Rockets and People.

“ firmé documentos declarando que todo me parecía bien y que garantizaba la seguridad de la misión. Nunca lo habría firmado hoy. He ganado mucha experiencia y me he dado cuenta de cuánto nos arriesgamos”.

Fallos del Vostok

El vehículo de lanzamiento Vostok, en el que se instaló la nave espacial del mismo nombre, se basó en el cohete R-7, un misil balístico intercontinental de dos fases que fue lanzado por primera vez en agosto de 1957.

Ese mismo año, el Sputnik 1, el primer satélite terrestre artificial, fue transportado en el R-7.

El diseño del cohete resultó ser muy exitoso: los misiles de esta familia siguen siendo los únicos en Rusia para vuelos espaciales tripulados. Aunque está desactualizado, ha demostrado ser confiable para poner naves espaciales en órbita.

Sin embargo, en 1961, las cosas eran bastante diferentes.

Primer plano de las llamas de escape del cohete que puso en órbita a Yuri Gagarin

Science Photo Library
El cohete R-7 fue creado con fines balísticos, pero adaptado para la exploración espacial.

“De acuerdo a los estándares modernos para la seguridad de los cohetes, no teníamos ninguna razón para ser optimistas antes de 1961. Ese año tuvimos al menos ocho lanzamientos exitosos seguidos”, dijo Chertok en su libro.

“ de los cinco lanzamientos de satélites en 1960, cuatro lograron despegar. De estos, solo tres lograron salir de la órbita de la Tierra, y solo dos aterrizaron. Y de los dos que regresaron a la Tierra, solo uno aterrizó con normalidad”.

El primer lanzamiento del programa Vostok fue el 15 de mayo de 1960, menos de un año antes de la misión de Gagarin. A bordo de la nave satélite había un maniquí apodado Ivan Ivanovich.

La nave salió de la órbita de la Tierra pero no regresó. Sus sistemas de orientación fallaron.

El 19 de agosto, los perros Belka y Strelka volaron al espacio y regresaron, en lo que fue el único lanzamiento completamente exitoso en 1960.

Los intentos posteriores tuvieron menos éxito.

La cápsula espacial en la que viajó Gagarin

Getty Images
La diminuta nave espacial en la que viajó Gagarin tenía unos dos metros de diámetro.

El 1 de diciembre, otro lanzamiento, que también transportaba perros, Mushka y Pchelka, no pudo regresar sobre su trayectoria calculada y comenzó a descender fuera de las fronteras de la URSS.

Toda la nave fue destruida, con los animales a bordo, para evitar que otros países obtuvieran la tecnología soviética.

Casi perfecto

Durante el vuelo de Gagarin, el 12 de abril de 1961, el cohete funcionó casi a la perfección. Pero no hay nimiedades en la tecnología espacial y este “casi” podría haberle costado la vida al cosmonauta ruso.

Entre muchos fallos técnicos, su nave entró en órbita a una altitud superior a la prevista.

Tenía frenos, pero si no hubieran funcionado, Gagarin habría tenido que esperar a que la nave espacial descendiera por sí sola para regresar a la Tierra.

Aunque el Vostok tenía oxígeno, comida y agua para más de una semana, la altitud a la que llegó habría hecho que la nave tardara más en comenzar a descender.

Es probable que Gagarin se hubiera quedado sin suministros y hubiera muerto. Afortunadamente, los frenos funcionaron.

Un monumento a Yuri Gagarin en Moscú

Reuters
Los monumentos a Gagarin se mantienen hasta hoy en Rusia.

Luego, los cables que conectan la cápsula espacial con el módulo de servicio no se separaron antes del regreso de Gagarin a la Tierra. Así que la cápsula de Gagarin arrastró inesperadamente un módulo adicional cuando aterrizó.

Las temperaturas en la cápsula se volvieron peligrosamente altas y Gagarin dio vueltas frenéticamente, casi perdiendo el conocimiento.

“Estaba en una nube de fuego cayendo hacia la Tierra”, recordó más tarde el cosmonauta. Pasaron 10 minutos antes de que los cables finalmente se quemaran y el módulo de descenso, que contenía a su pasajero humano, se soltara.

Gagarin saltó antes de que su cápsula cayera al suelo, con un paracaídas en un aterrizaje seguro cerca del río Volga.

Esto violó el requisito de la Federación Aeronáutica Internacional (FAI) que contempla que astronautas y cosmonautas deben aterrizar en la nave espacial; de lo contrario, el vuelo al espacio no cuenta.

Los funcionarios se negaron a admitir que Gagarin no viajó los últimos kilómetros hasta el suelo en su nave.

Sus registros de vuelos espaciales fueron certificados por la FAI, que también cambió sus reglas para reconocer que los pasos importantes eran un lanzamiento seguro, su paso por la órbita y el regreso del piloto.

¿Lo haría un cosmonauta moderno?

El servicio ruso de la BBC preguntó a tres cosmonautas rusos si volarían al espacio en la nave espacial Vostok en el estado en el que se encontraba en 1961.

Pavel Vinogradov, quien viajó al espacio tres veces en 1997, 2006 y 2016, dijo que volaría a pesar de todo el peligro, pero solo por su carácter aventurero.

Yuri Gagarin en un desfile

Getty Images
Gagarin se convirtió en un héroe nacional soviético después de su exitoso viaje.

Sin embargo, Gagarin estaba en una posición diferente, dice, y es poco probable que estuviera al tanto de todos los riesgos involucrados.

“Tienes que comprender cuáles eran mis conocimientos cuando volé por primera vez”, dice Vinogradov. “Soy ingeniero, sé demasiado. Probablemente Gagarin no sabía todo eso”.

Mijail Kornienko, quien voló al espacio dos veces en 2010 y 2015, dice que definitivamente habría volado en 1961 en el lugar de Gagarin, pero no iría ahora que se sabe que el riesgo fue extremadamente alto.

“Estoy seguro de que cualquiera habría entrado en esta nave en su lugar”, señala el cosmonauta.

Sergei Ryazansky ha volado al espacio dos veces y señala que el primer cuerpo de cosmonautas reclutó pilotos de combate militares, personas disciplinadas dispuestas a sacrificar sus vidas por su tierra natal.

Los primeros cosmonautas eran jóvenes, dice.

“Probablemente, si tuviera esa edad, debido a mis ansias de aventura estaría de acuerdo . Ahora, por supuesto, no lo haría. Tengo cuatro hijos y una responsabilidad con mi familia”, reflexiona Ryazansky.

Insignias de Yuri Gagarin

BBC
La figura de Gagarin ha sido usada en diversos objetos, como insignias.

Volar al espacio da miedo, incluso ahora, señala.

“Una persona normal tiene miedos. Y esto es bueno. Una persona se vuelve más serena, más atenta y más responsable”.

“Nuestras vidas cambiaron para siempre”

Hijo de campesinos, Gagarin había subido al espacio desconocido y regresó como el hombre más famoso del planeta.

Su vuelo lo convirtió en un héroe nacional y una celebridad mundial, y luego viajó mucho para promover los logros de la Unión Soviética, a la entonces Checoslovaquia, Bulgaria, Finlandia, Reino Unido, Islandia, Cuba, Brasil, Canadá, Hungría e India.

“Significó, por supuesto, que nuestras vidas cambiaron para siempre”, explicó Elena Gagarina, la hija mayor de Gagarin, cuando habló con la BBC en 2011.

“Fue extremadamente difícil para mis padres tener una vida privada. Tuvieron muy pocas oportunidades de estar juntos en una vida privada después del vuelo”, comentó.

Yuri Gagarin y Fidel Castro en La Habana

Getty Images
En su gira por América, Gagarin estuvo en Cuba.

“Incluso si él planeaba algo para sí mismo, estaba rodeado de gente que quería verlo, hablar con él y tocarlo. Se dio cuenta de que era parte de su trabajo y no podía negarse”, continúa.

Aunque Gagarin deseaba volar de nuevo, se le prohibió volverlo a hacer debido a su condición de héroe nacional.

Pasó a entrenar a varios otros cosmonautas y se matriculó en el prestigioso Instituto Zhukovsky de Ingeniería Aeronáutica.

Gagarin se graduó con honores en febrero de 1968.

En marzo de ese mismo año, en un vuelo de prueba de rutina en un MIG-15, su avión se estrelló y lo mató a él y a su copiloto.

Tenía 34 años.


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