Las verdades y los mitos del ébola
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Las verdades y los mitos del ébola

Son muchas las interrogantes que han surgido a raíz del último brote del virus de ébola que, según cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS), ha causado la muerte de más de 4.500 personas, principalmente en Liberia, Guinea y Sierra Leona.
Por BBC Mundo
16 de octubre, 2014
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Para contraer la dolencia, fluidos corporales de una persona con el virus tienen que tocar las mucosas de alguien sano. Foto: BBC / AP.

Para contraer la dolencia, fluidos corporales de una persona con el virus tienen que tocar las mucosas de alguien sano. Foto: BBC / AP.

¿Se transmite con un estornudo? ¿Se puede contraer de quien lo padece en cualquier momento? ¿Hay alguna manera de curarlo?

Son muchas las interrogantes que han surgido a raíz del último brote del virus de ébola que, según cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS), ha causado la muerte de más de 4.500 personas, principalmente en Liberia, Guinea y Sierra Leona.

Para aclarar las dudas, a continuación compilamos algunas de las principales preguntas –y respuestas- en torno a la enfermedad.

Mito 1: Se propaga a través del aire, del agua y se transmite al estar en contacto con quien tiene la enfermedad.

El contagio se produce cuando los fluidos corporales de un individuo infectado tocan alguna de las membranas mucosas de alguien sano.

Esto quiere decir que la sangre, el sudor, la orina o las heces del portador del virus tienen que entrar en contacto con los ojos, los orificios nasales, la boca, los oídos, la zona genital o una herida abierta para contraer la enfermedad.

El contagio también puede ocurrir si se tocan sábanas, ropa o superficies contaminadas por la infección, pero solo si hay alguna cortada en la piel.

Vea también: ¿Por qué está costando tanto controlar la propagación del ébola?

Mito 2: Uno se puede contagiar de una persona que se ve saludable

Virus del ébola
El período de incubación tiene un máximo de 21 días.

Es muy poco probable que eso ocurra, incluso si alguien es portador del virus.

La razón es que para que los síntomas aparezcan pueden pasar hasta 21 días, es el período máximo de incubación de la enfermedad.

Y hasta que los síntomas no son visibles, no hay contagio.

Un individuo puede transmitir la condición siempre que el virus esté presente en su sangre y secreciones.

Mito 3: No se puede contraer a través del contacto sexual

Se recomienda el uso de preservativos si una persona que tuvo el virus va a tener relaciones sexuales.

Si un hombre tiene ébola, el virus puede estar presente en sus fluidos corporales, incluyendo a su semen.

La OMS considera que el virus puede seguir en los fluidos del individuo hasta siete semanas después de que el paciente se recuperó.

Pero otros expertos sugieren que la enfermedad podría estar presente por tres meses, incluso si los médicos confirman que no hay partículas virales en la sangre.

Quien haya tenido ébola tiene que abstenerse de tener relaciones sexuales, o utilizar preservativos durante ese período de tiempo.

Mito 4: Alguien que murió no puede propagar la condición

Aunque el individuo haya fallecido, el virus puede seguir estando presente. Por esta razón, a los especialistas en epidemiología les preocupa que la propagación tenga lugar cuando se realizan prácticas funerarias tradicionales en algunos países africanos que requieren estar en contacto directo con quien murió.

Entierro
Los entierros deben realizarlos personas entrenadas para evitar la propagación del virus.

En estos casos, la OMS recomienda el entierro inmediato y el uso de guantes y ropa que proteja al individuo que manipula el cadáver.

Se recomienda que quien esté a cargo del funeral haya sido entrenado en los procedimientos que deben seguirse para evitar que la infección se propague.

Mito 5: Un paciente puede transmitir la enfermedad, incluso si se recuperó.

Normalmente, sólo la gente que tiene los síntomas puede propagar el virus.

En el caso de una mujer embarazada, si fue dada de alta, se le recomienda evitar amamantar al bebé.

Mito 6: Antibióticos, agua salada, leche y cebolla cruda pueden prevenir el ébola

Cebolla cruda
La cebolla no protege contra la enfermedad que, por los momentos, no tiene cura.

Tener un régimen alimenticio balanceado es beneficioso para la salud, pero consumir los productos mencionados con anterioridad, no impide contraer la enfermedad.

Y en el caso del agua salada hay un elemento adicional: ingerirla en días calientes puede ser peligroso.

La OMS refiere el caso de dos personas en Nigeria que murieron por esta razón.

Por el momento no hay una cura para el ébola, pero hay vacunas que se encuentran en etapa experimental.

Si las pruebas son exitosas, el personal sanitario tendría prioridad para recibir las inyecciones.

Mito 7: Hay que usar productos antisépticos costosos para eliminar el virus

Si se está cerca de un paciente con ébola, es importante lavarse las manos con jabón.

Se recomienda lavarse las manos constantemente, en especial si se está cerca de un paciente que tiene ébola.

El gel que contiene alcohol puede ser útil, pero si las manos están visiblemente sucias, es importante lavarlas con agua limpia y jabón, aseguran funcionarios sanitarios.

Mito 8: Este es el primer gran brote de ébola

Este es el episodio que más muertes ha causado, pero no es el primero.

Según la OMS, el virus se diagnosticó por primera vez en humanos en 1976.

En esa oportunidad se detectó en Sudán y en la República Democrática del Congo.

El último ocurrió en una población cercana al río Ébola, y de ahí viene el nombre de la enfermedad.

República Democrática del Congo.
El primer brote de ébola ocurrió en Sudán y en la República Democrática del Congo en 1976.

Ese año infectó aproximadamente a 500 personas causando la muerte de 400.

Desde entonces, varias cepas del virus han aparecido en el continente africano.

Tras el inicio de este último brote, más de 4.500 personas han perdido la vida, la mayoría en Liberia, Guinea y Sierra Leona.

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Migrantes en Texas: 'Estamos honrando a personas cuyas familias aún no saben que han muerto'

San Antonio, una ciudad del sur de Texas cercana a la frontera con México, la migración está muy presente. Y muchos sienten como propia la tragedia de las 53 personas que murieron de calor en el remolque de un camión abandonado.
30 de junio, 2022
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“Mírenme: ¿a ustedes les parezco estadounidense? ¿Saben la de veces que me llamaron come-frijoles en el colegio? ¿Cómo vi a mi madre esclavizarse para conseguir unos papeles? Y me preguntan por qué estoy tan afectada”.

En la vigilia para recordar a los migrantes hallados sin vida el lunes en un camión abandonado en el suroeste de San Antonio, Texas, y a los que fallecieron después en hospitales de la ciudad —40 hombres y 13 mujeres, 53 en total—, Wanda Pérez Torrescano no puede ocultar su enojo.

“Es que estamos honrando a personas cuyas familias aún no saben que han muerto, que siguen esperando esa llamada que diga: ‘Mami, llegué a la frontera, estoy bien'”, dice enérgica, micrófono en mano, ante las decenas de congregados este miércoles en el céntrico parque Travis.

“Y lo sé porque yo he estado del otro lado del teléfono”.

Nacida en Ciudad de México y criada en San Antonio, no es la única que siente como propia la mayor tragedia migratoria que se recuerde en suelo estadounidense.

En un acto solemne similar, el día anterior, la hondureña Jessica recordó cómo ella misma estuvo en su día en la piel de los migrantes que ahora dejaron sin agua ni aire acondicionado en un remolque con una temperatura exterior de 40 grados.

“Yo vine aquí a los 14 años, también en un tráiler (18 wheeler) y perdí el conocimiento por el calor”, dijo con emoción durante la vigilia. Preguntada después si quería contar su historia a BBC Mundo, contestó: “Me sigue desencadenando muchas emociones. Aún tengo mucho que procesar y no me siento preparada para dar detalles”.

Mujer sostiene cartel durante vigilia.

Getty Images

Mientras eso ocurría en el casco histórico de San Antonio, otros honraban a los muertos en el mismo lugar en el que fue hallado el camión: un polvoriento camino entre un almacén de madera y la vía del tren, en un paisaje salpicado de ventas de autopartes.

Las primeras dos cruces —bien coloridas— las colocaron allí el martes Angelita Olvera, hija de un potosino, y Debra Ponce, quien advierte que “hay que tener un ojo en Texas, porque se van a cambiar los derechos civiles tal como los conocemos”.

Desde entonces, aquella esquina desangelada se ha llenado de flores y velas, como las depositadas por la hondureña Gabriela y sus dos hijas, y de carteles llamando al respeto y a la solidaridad. El artista Roberto Márquez, quien él mismo cruzó desde Tijuana a EE.UU. hace ya 40 años, pinta un mural que se da cierto aire al Guernica de Picasso.

Y es que la migración está muy presente en esta ciudad situada a apenas 250 kilómetros al norte de la frontera con México.

Señalización en la calle que en la que se encontró el camión.

Getty Images
Señalización en la calle que en la que se encontró el camión.

Ciudad clave en el tránsito migratorio

Expertos y organizaciones que BBC Mundo consultó para este artículo y funcionarios que pidieron no publicar su nombre describen a la urbe de 2,5 millones de habitantes como un “centro de tránsito”, un lugar estratégico en el que confluyen varias rutas migrantes, rodeado de autopistas que cruzan el país de norte a sur y de este a oeste.

Edward Reyna, un empleado de seguridad de la empresa maderera situada a escasos metros de donde fue dejado el camión, ya perdió la cuenta de las veces que ha visto a mexicanos y centroamericanos, entre gente de otras nacionalidades, saltar del tren que pasa por ahí mismo.

“Ya sabía que tarde o temprano alguien saldría lastimado”, le dijo a la BBC. “A los carteles que los traen no les importan nada”.

Los que él se encuentra durante sus guardias son los que no han sido interceptados por las autoridades migratorias.

En mayo la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP, por sus siglas en inglés) registró casi 240.000 “encuentros”, un tercio más que el mismo mes el año anterior.

Eso a pesar de que el gobernador de Texas, el republicano Greg Abbott, lanzara en marzo de 2021 la Operación Lone Star y ese mayo emitiera una “declaración de desastre” que le permite desplegar la Guardia Nacional en la frontera y ahora cubre 53 condados. Todo ello para tratar de frenar el aumento de los cruces fronterizos, que él atribuye a las políticas migratorias del presidente Joe Biden.

La policía investiga un camión en el que fueron hallados 46 personas muertas.

Getty Images
San Antonio queda aproxidamente a 250 km de la frontera con México.

Pero los migrantes siguen llegando y transitando por el estado, algunos ocultos en camiones, un modus operandi muy específico —aunque no exclusivo— de esta zona fronteriza, le dice a BBC Mundo Guadalupe Correa-Cabrera.

Profesora de la Universidad George Mason de Faixfax, Correra-Cabrera lleva años estudiando las rutas migratorias, incluida la que transita desde Nuevo Laredo, en México, hasta Laredo, en EE.UU., a través de la aduana terrestre para mercancías más importante del hemisferio.

Eso mismo hace que sea imposible revisar toda la carga que cruza a diario por ese puente, explica la experta. “No hay cifras oficiales, pero se calcula que es menos del 5% lo que se llega a verificar”.

Aunque aclara que el tráfico de migrantes en tráilers no necesariamente arranca en México. En base a testimonios recopilados por ella misma, cuenta que en algunos casos los traficantes los recogen en camiones ya del lado texano.

Es lo que los investigadores del Departamento de Seguridad Nacional que lideran las indagatorias creen que ocurrió en el caso del camión abandonado el lunes, según le dijo a la agencia AP el congresista Henry Cuellar.

Niña deja flores en el lugar en el que se encontró el camión.

Getty Images

Los que se van, los que quedan

Vengan por la vía que vengan, por el medio de transporte que sea, gran parte de los migrantes que llegan a San Antonio suelen estar de paso, le confirman a BBC Mundo las autoridades migratorias. Suelen hacer noche en un espacio facilitado por distintas organizaciones que los apoyan o en el aeropuerto o la estación de autobuses.

Aunque hay quienes se quedan, como Lemi, un cubano que llegó hace cuatro años y trabaja de taxista en la ciudad. Su plan es, en algún momento del año que viene, irse con su mujer y su hijo de 11 meses a Florida.

O su compatriota Jose, quien tras pasar penurias en la selva del Darién, en Ecuador y otros países por los que transitó, cruzó a EE.UU. y se entregó a Migración el 25 de mayo, al día siguiente del tiroteo que dejó 21 muertos en una escuela primaria de Uvalde —una localidad a poco más de hora y media por carretera de la frontera—.

Nada más ser liberado se subió a un bus de la empresa Greyhound —en el que me contó su historia— dirección a la estación de San Antonio.

También se quedó en la ciudad, al menos de momento, Carlos, un emigrante venezolano de 34 años que, tras atravesar varios países, cuando llegó a la frontera sur de México decidió que la mejor manera de dirigirse al norte era en moto.

“En Monclova (en el estado norteño de Coahuila, que limita con EE.UU.) tuve un accidente, me operaron y ahora llevo una placa aquí”, dice señalando el muslo izquierdo.

Mientras recupera fuerzas en la pierna para poder trabajar, aguarda en la Posada Guadalupe, que gestiona el padre Phil Ley.

Originario de Indiana, instaló el primer albergue para migrantes en San Antonio hace 16 años. “Empecé a recibir a personas enviadas de hospitales, porque estaban lesionadas o eran diabéticas y necesitaban diálisis. Hasta que un abogado (especializado en migración) me pidió permiso para albergar a un cliente que acababa de cumplir los 18 años y ya no podía estar en el Centro de Detención para menores del ICE”, recuerda para BBC Mundo.

“Así se corrió la voz entre otros abogados”, dice, y el suyo terminó siendo una casa de acogida especialmente para migrantes jóvenes. Este miércoles tenía a 21. “Mañana llega otro, y el sábado uno más”, cuenta.

Preguntado por lo ocurrido con el camión abandonado con los migrantes dentro, dice que es una desgracia que lo “entristece y enfurece al mismo tiempo”.

Son los mismos sentimientos que compartía Wanda Pérez con los asistentes a la vigilia este miércoles, los que sienten la tragedia como propia, los que expresaron todos aquellos que hablaron con BBC Mundo para este reportaje y describieron el suceso como un “asesinato en masa”.

“Tragedias como esta visibilizan el problema, mientras nos hacen pensar en cuán sofisticadas son estas redes, cuánta gente y dinero mueven, y qué poco sabemos de ellas”, cierra la investigadora Correra-Cabrera.


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