"Machista fuera de la lista": mujeres que persiguen candidatos acusados de violencia doméstica
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync

"Machista fuera de la lista": mujeres que persiguen candidatos acusados de violencia doméstica

Con el lema "Machista, fuera de la lista", este movimiento ha logrado colocar el machismo como tema central de campaña para las elecciones presidenciales y parlamentarias del próximo domingo.
Por BBC Mundo / Ignacio de los Reyes
7 de octubre, 2014
Comparte
Un grupo de mujeres logró lo que parecía imposible: colocar el machismo como tema central de campaña para las elecciones del próximo domingo. Foto: AP / BBC Mundo.

Un grupo de mujeres logró lo que parecía imposible: colocar el machismo como tema central de campaña para las elecciones del próximo domingo. Foto: AP / BBC Mundo.

En lo que va de año, más de un centenar de mujeres han muerto asesinadas en Bolivia, uno de los países más violentos para las mujeres de América Latina, según Naciones Unidas.

Pero en mitad de una ola de agresiones -que incluyen cuerpos abandonados, quemados o hasta decapitados-, un grupo de mujeres logró lo que parecía imposible.

El movimiento ha logrado colocar el machismo como tema central de campaña para las elecciones presidenciales y parlamentarias del próximo domingo.

Con el lema “Machista, fuera de la lista”, diversas organizaciones han marchado en las calles y desplegado acciones en rede sociales y medios de comunicación.

El resultado de sus acciones ha sido la renuncia de dos aspirantes al Congreso envueltos en casos de violencia contra las mujeres.

Uno, Adolfo Mendoza, senador del oficialista Movimiento Al Socialismo nominado por Cochabamba, acusado por su esposa de maltrato.

El otro, Jaime Navarro, candidato a diputado de la opositora Unidad Demócrata, cuya esposa también había denunciado golpes.

En el pasado era común escuchar en campañas la seguidilla de expresiones y discursos machistas de toda índole de candidatos, sin que ocurriera nada, escribe la analista y exsenadora Erika Brockmann en El Diario.

“Este año, sorprende la intensidad y contenido de la saga de reacciones anti machistas que invaden la atmósfera electoral”, añade.

“Lo positivo de la movida antimachista, es que es la primera vez en la historia que se coloca el tema en el centro de una contienda electoral”.

“Política machista”

bolivia elecciones
Evo Morales y sus compañeros de partido han sido blanco de la campaña de las mujeres contra el machismo.

El objetivo de “Machista, fuera…” es, aseguran sus promotoras, denunciar y castigar a los partidos que incluyan en sus listas electorales a candidatos acusados de violencia hacia las mujeres o que hayan protagonizado actos machistas.

Algo, por otra parte, habitual en la política boliviana.

“Se generó este movimiento porque en los últimos dos años son muy reiteradas las declaraciones y acciones machistas de los políticos del oficialismo y de otros lados”, explica a BBC Mundo Elizabeth Peredo, psicóloga social.

“La política boliviana es profundamente machista, como la sociedad. Se autojustifican diciendo que el machismo es cultural, y por tanto no hay autocrítica de sus líderes”, añade.

En Bolivia todavía muchos recuerdan cuando el presidente Evo Morales, de visita en una explotación minera en 2012, se dirigió a dos trabajadoras preguntando si ellas eran “perforadoras o perforadas”.

Esto ocasionó las carcajadas de sus acompañantes varones y el sonrojo de las empleadas.

O al alcalde de Santa Cruz, Percy Fernández, manoseando a una periodista en un acto público y llamándola “tacaña” cuando ésta logró soltarse de él en mitad de una entrevista.

Lo que acabó colmando la paciencia de las mujeres que ahora se reúnen en torno a “Machista fuera…” fueron las declaraciones de un candidato a senador del MAS en Cochabamba, Ciro Zabala.

bolivia machismo elecciones
La campaña “Machista, fuera de la lista” resaltó el drama de la violencia contra la mujer y logró la renuncia de dos candidatos al Congreso.

El senador propuso “enseñar a las mujeres a cómo comportarse” para evitar hechos de violencia.

Como por ejemplo cuidar “ciertos tipos de vestimentas, de actitudes, de personas que se dedican al alcohol”, comentarios que obligaron al presidente del país y líder de su partido a pedir disculpas.

Sin embargo, las feministas no lograron la renuncia del candidato en esta ocasión, exculpado por Morales con el argumento de que se trata de alguien nuevo en política.

Feminicidios

El año pasado se aprobó en Bolivia una ley destinada a prevenir y perseguir el feminicidio o asesinato de mujeres por cuestión de género.

bolivia machismo
Según la OPS Bolivia encabeza la lista de 13 países de Latinoamérica con más casos de violencia contra mujeres.

No obstante, los grupos feministas argumentan que ante la falta de financiamiento la norma no ha podido frenar los casos de violencia en los últimos meses.

Aunque no existen cifras oficiales, el Centro de Información y Desarrollo de la Mujer de Bolivia (Cidem), que realiza un monitoreo de casos de violencia de género reportados, estima en 59 el número de feminicidios ocurridos entre enero y junio de 2014.

Otras 40 mujeres murieron víctimas de la inseguridad ciudadana, alertan.

Según la Organización Panamericana de la Salud (OPS) Bolivia encabeza la lista de 13 países de Latinoamérica con más casos de violencia física contra mujeres y es el segundo en cuanto a violencia sexual.

La organización indica que 7 de cada 10 mujeres bolivianas han sufrido alguna forma de violencia en su vida.

Aunque Bolivia ha sido aplaudida internacionalmente por su éxito en la reducción de la pobreza, el crecimiento macroeconómico y la integración de las comunidades indígenas, no ha solucionado este grave problema.

“Uno a veces tiende a establecer una relación entre superar la pobreza o luchar contra el capitalismo y la reducción de la violencia o discriminación de las mujeres”, dice Elizabeth Peredo.

“Bolivia es una muestra clara de que no es así, de que no se están superando estas estructuras tan arcaicas para que permita un verdadero desarrollo de la sociedad”.

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal

El gas usado para "desinfectar" a mexicanos en EU que sirvió como ejemplo a la Alemania nazi

Durante décadas, trabajadores mexicanos que cruzaban a Estados Unidos fueron inspeccionados y fumigados con pesticidas para prevenir enfermedades infecciosas. Décadas después, cientos describieron la experiencia como humillante y vergonzosa.
4 de septiembre, 2021
Comparte

En 1956, los braceros eran fumigados con DDT como parte del proceso de entrada a Estados Unidos.

CORTESÍA, MUSEO NACIONAL DE HISTORIA DE EE.UU

Muchos no sabían qué les estaban rociando, pero era tan extendido su uso que le apodaron “el polvo”.

La fotografía que abre esta nota es especialmente destacada por historiadores en Estados Unidos y algunos describen la escena capturada como “un momento atroz”.

En ella un funcionario enmascarado fumiga la cara de un joven mexicano desnudo con el pesticida DDT en un centro de procesamiento en Hidalgo, Texas, mientras que otros esperan en fila detrás mientras sujetan sus pertenencias.

La tomó el neoyorquino Leonard Nadel en 1956 mientras documentaba el programa Bracero, bajo el que al menos 4 millones de mexicanos migraron temporalmente a Estados Unidos para trabajar entre 1942 y 1964.

El esquema fue inicialmente establecido para compensar la ausencia de trabajadores estadounidenses debido al reclutamiento militar durante la Segunda Guerra Mundial.

Un trabajador se registra en el programa Bracero.

Getty Images
Millones de mexicanos campesinos y obreros participaron en el programa Bracero en Estados Unidos.

El DDT se empleó hasta mediados de los 60 en los inmigrantes para prevenir la propagación de malaria y tifus y su uso fue posteriormente prohibido en EE.UU. en 1972.

Hoy en día está clasificado por el gobierno de ese país y autoridades internacionales como un “probable carcinógeno humano”.

Pero este no fue el único pesticida empleado para “desinfectar” a inmigrantes mexicanos en la frontera entre México y EE.UU. por décadas.

Años antes de la implementación del programa Bracero, otro insecticida fue utilizado en centros de recepción de visitantes y pasaría a servir como ejemplo a funcionarios del nazismo en Alemania.

Zyklon B

David Dorado Romo, historiador y cronista de El Paso y Ciudad Juárez, dio con un artículo en una revista científica alemana de 1937 que lo dejó atónito.

El escrito incluía dos fotografías de “cámaras de despiojado” en El Paso, Texas.

Su autor, el químico alemán Gerhard Peters, destacaba las imágenes para ilustrar “la efectividad del Zyklon B (un pesticida a base de cianuro) como un agente para matar plagas indeseables”, escribe Romo en su libro Ringside Seat to a Revolution (“Asiento en primera fila a una revolución”).

“Peters se convirtió en el director de operaciones de Degesch, una de las dos firmas que adquirió la patente del Zyklon B en 1940 para producirlo masivamente”, describe.

Durante la Segunda Guerra Mundial, los nazis utilizaron el gas en dosis concentradas para matar a millones de judíos.

Un funcionario fronterizo estadounidense les habla a un grupo de refugiados mexicanos en el Puente Internacional de El Paso, en Texas. Año 1916.

Getty Images
Las inspecciones y requerimientos en la frontera entre EE.UU. y México en El Paso se endurecieron a partir de 1916.

Aunque en El Paso no se utilizó para el mismo fin, ya se estaba empleando desde 1929 por funcionarios fronterizos para fumigar la ropa y los zapatos de inmigrantes mexicanos en el Puente Internacional Santa Fe, que conecta esa ciudad con Ciudad Juárez.

Las inspecciones habían iniciado formalmente en 1917, amplía el historiador, cuando las autoridades estadounidenses empezaron a imponer restricciones sobre los cruces fronterizos en sectores como El Paso.

El alcalde de la ciudad en esa época, Tom Lea, se refería a los mexicanos como “sucios piojosos indigentes” que “sin duda, van a traer y propagar el tifus”.

Pero entre 1915 y 1917, menos de 10 residentes de El Paso habían muerto del tifus epidémico, recogió Romo en su libro.

Aún así, los mexicanos considerados de “segunda clase” eran sometidos a exhaustivos chequeos que incluían duchas con agua caliente y revisiones de los migrantes desnudos. A los que le encontraban piojos, “les rapaban la cabeza y les afeitaban todo el cuerpo”, señala Romo a BBC Mundo.

Los braceros eran inspeccionados de la cabeza a los pies en un centro de procesamiento en Hidalgo, Texas.

Cortesía, Museo Nacional de Historia de EE.UU.
Los braceros eran inspeccionados de la cabeza a los pies en un centro de procesamiento en Hidalgo, Texas.

Tan solo en 1917, al menos 120.000 personas fueron examinadas en el centro de El Paso.

Romo y otros historiadores hablan de un contexto en el que las ideas eugenésicas cobraban fuerza y se manifestaban a través de nociones discriminatorias y racistas.

“No hay que comparar peras con manzanas, pero el Holocausto no fue un hecho aislado y la frontera entre EE.UU. y México sirvió como un centro de experimentación importante de esas ideas”, advierte Romo.

“¿Sabe qué es la vergüenza?”

Cuando inicia el programa Bracero en 1942 ya estaba extendido el uso de diferentes químicos como el kerosén en centros de inspección fronterizos.

Aunque el gobierno de EE.UU. alabó a los mexicanos que se enlistaban como “soldados de la producción” y de la tierra en ese tiempo, con los años surgieron cientos de testimonios de trabajadores que señalaron sus experiencias como vergonzosas y humillantes.

La historiadora Mireya Loza recuerda en conversación con BBC Mundo que la imagen del trabajador rociado con DDT en la cara era la que más afectaba a los antiguos participantes del programa con los que habló.

“Muchos decían que sentían los efectos del DDT en los ojos, que tenían reacciones alérgicas en la piel y entendieron que no era un tratamiento humano”, dice la profesora de la Universidad de Georgetown.

Un grupo de trabajadores del programa Bracero alzan los brazos y están alineados contra la pared mientras son inspeccionados en una habitación del Centro de Procesamiento en Monterrey, México.

Cortesía, Museo Nacional de Historia de EE.UU.
Los trabajadores eran inspeccionados a ambos lados de la frontera entre México y Estados Unidos. Aquí, en un centro de procesamiento en Monterrey, México, en 1956.

La académica inició su investigación entrevistando a decenas de braceros para un proyecto llamado Bracero History Archive (Archivo Histórico de los Braceros), impulsado por el Museo Nacional de Historia estadounidense Smithsonian.

“Muchos de estos trabajadores dijeron haber sentido algo feo porque era la primera vez que eran desnudados públicamente y frente a varias personas. Para ellos era un shock tremendo estar ahí y que los doctores les hicieran abrir las pompis, la boca; todo revisaban”, describe.

Los trabajadores eran generalmente inspeccionados en sedes administradas por Estados Unidos dentro de México y en ciudades fronterizas como Hidalgo, en Texas.

Además de las fumigaciones, los vacunaban contra la viruela, les hacían exámenes de sangre y de rayos X y les revisaban las manos en busca de callos que demostraran que tenían experiencia en el campo.

Un bracero es vacunado mientras otros esperan en la fila en el Centro de Procesamiento en Monterrey, México, en 1956.

Cortesía, Museo Nacional de Historia de EE.UU.
Los trabajadores también eran vacunados contra la viruela.
Un funcionario de gobierno revisa las manos de un aspirante al programa Bracero.

Cortesía, Museo Nacional de Historia de EE.UU.
Era común que las manos de los trabajadores fueran revisadas en busca de callos como prueba de que ya trabajaban la tierra.

José Silva, un campesino oriundo de Michoacán que empezó a trabajar desde los 6 años, describió en 2005 con cierto enfado la experiencia que vivió mientras fue bracero durante una entrevista disponible en el Archivo Bracero:

“Por una parte sí fue un buen programa (…) No tuve problema, me ayudé económicamente. Lo que no me gustaba era que nos fumigaron. Sentí vergüenza. ¿Sabe qué es la vergüenza? Todos formados así, sin ropa, y salíamos así caminando y allá en la puerta estaba el hombre con el fumigador. Muy mal. No éramos animales, éramos cristianos, ¿por qué nos fumigaban?“.

Víctor Martínez Alemán, originario de Tlaquiltenango, en Morelos, se enlistó en el programa en 1956 y trabajó en California:

“Nos pasaron, encuerados, delante de todas las muchachas, ya no más nos tapábamos acá pero encuerados para pasar donde nos iban a fumigar, bien fumigados así y todo… A nosotros nos daba vergüenza porque teníamos que pasar como con 20 mujeres (…) Eran todas secretarias. Y con manos atrás, nada de taparse, nada… Nos quería hasta pegar (…) Nunca había yo pasado esas penas pero como yo lo que quería era llegar a Estados Unidos para hacer algo…”.

“Injusticias y abusos”

A través del Archivo Bracero, el gobierno de EE.UU., mediante el Museo Nacional de Historia y diferentes instituciones académicas, reconocen que los trabajadores fueron sometidos a una serie de “injusticias y abusos”.

“Muchos se enfrentaron a alojamiento deficiente, discriminación e incumplimiento de contratos, incluso fueron estafados al recibir sus salarios”, indica el sitio web.

Un grupo de braceros en un cultivo en Salinas, California, en 1956.

Cortesía, Museo Nacional de Historia de EE.UU.
Un grupo de braceros en un cultivo en Salinas, California, en 1956.

Pese a estas investigaciones, ningún presidente o autoridad de alto cargo a nivel nacional en EE.UU. ha ofrecido disculpas públicas ni reparaciones por los efectos negativos que desencadenó el programa, indica la historiadora Mireya Loza.

Tampoco existe una investigación exhaustiva sobre el impacto de pesticidas, incluido el DDT, en la salud de millones de braceros que fueron fumigados.

Aunque el programa culminó hace casi seis décadas, aún queda una generación que vive para contarlo.

Carlos Marentes, activista por los derechos de los campesinos en El Paso, recogió también cientos de testimonios y denuncias de abusos laborales, y las fumigaciones sobresalían entre los recuerdos más amargos de los trabajadores.

“Naturalmente existía un miedo de que trajeran enfermedades contagiosas, pero eso conllevó a una estigmatización“, dice a BBC Mundo.

Para Marentes, el programa Bracero fue un ejemplo claro de “la contradicción en la política de inmigración” de Estados Unidos.

“Por una parte sabemos que los necesitamos (a los inmigrantes), para que hagan todo lo que no podemos o no queremos hacer, pero por otra parte nos han metido en la cabeza que hay que tenerles miedo”, sentencia.



Ahora puedes recibir notificaciones de BBC Mundo. Descarga la nueva versión de nuestra app y actívalas para no perderte nuestro mejor contenido.

https://www.youtube.com/watch?v=NaF9hGCiqkk

.

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.