Los momentos clave en la investigación de Tlatlaya
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Los momentos clave en la investigación de Tlatlaya

Una cronología de las declaraciones dadas por funcionarios públicos acerca del asesinato de 22 presuntos delincuentes a manos de un grupo de soldados en Tlatlaya, Estado de México.
2 de octubre, 2014
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En esta fotografía de archivo del 3 de julio de 2014, agujeros de bala y manchas de sangre cubren un muro encima de papeles que marcan dónde se hallaron cadáveres en un almacén inconcluso en el que ocurrió una balacera entre soldados mexicanos y presuntos delincuentes, en las afueras del poblado de San Pedro Limón, en el Estado de México. Un oficial del ejército y siete soldados que enfrentan medidas disciplinarias por su participación en el asesinato de 22 personas en este almacén en el sur de México pertenecen a un batallón del ejército con un historial de incidentes. (Foto AP/Rebecca Blackwell, archivo)

En esta fotografía de archivo del 3 de julio de 2014, agujeros de bala y manchas de sangre cubren un muro encima de papeles que marcan donde se hallaron cadáveres en un almacén inconcluso en el que ocurrió una balacera entre soldados mexicanos y presuntos delincuentes, en las afueras del poblado de San Pedro Limón, en el Estado de México. (Foto AP/Rebecca Blackwell, archivo)

El pasado 30 de junio en el municipio de Tlatlaya, Estado de México se habría registrado un presunto enfrentamiento entre elementos del Ejército mexicano y supuestos delincuentes, dejando como saldo 22 jóvenes muerto.

A continuación una cronología de las declaraciones dadas por funcionarios públicos acerca del asesinato de 22 presuntos delincuentes a manos de un grupo de soldados en Tlatlaya, al sur del Estado de México:

30 de junio de 2014: Una patrulla del ejército mexicano enfrentó a un presunto grupo criminal cuyos miembros se encontraban armados al interior de una bodega a medio terminar, en San Pedro Limón, municipio de Tlatlaya, al sur del Estado de México. El ejército mexicano emitió un comunicado diciendo que las tropas fueron atacadas, que devolvieron el fuego enemigo y que como resultado 21 hombres y una mujer murieron, en un operativo en el que dicen que liberaron a tres secuestrados que estaban retenidos en el lugar. Como resultado del supuesto enfrentamiento, un soldado resultó herido, dijo el Ejército, que también aseguró que fiscales del estado fueron llamados a la escena de los hechos para recoger los cadáveres y practicar pruebas forenses.

1 de julio: El Gobernador del Estado de México, Eruviel Ávila, agradece públicamente a los militares por su “acción decidida, contundente” y por su “firmeza”. “El Ejército mexicano, allá en Tlatlaya, tuvo una valiente presencia y acción al poder rescatar a tres personas que estaban secuestradas, lamentablemente un militar resultó herido, pero el Ejército en su legítima defensa, actúo y abatió a los delincuentes. Desde luego que cuando se pierde una vida, quién sea, es de lamentar, pero finalmente podemos ver que el Ejército mexicano actúa con firmeza, con acciones concretas y el Gobierno del Estado de México le reconoce su participación y le agradece la acción decidida, contundente”.

3 de julio: Reporteros de The Associated Press visitan la bodega donde se produjo el tiroteo. No encuentran señales de que hubiera habido un intercambio prolongado de disparos y, al menos en cinco puntos de las paredes interiores del almacén aparece un mismo patrón: uno o dos agujeros de bala rodeados de un salpullido de sangre, lo que daba la apariencia de que algunas de las personas muertas se encontraban de pie, contra la pared, y que recibieron uno o dos disparos cuidadosamente realizados a la altura del pecho.

15 de julio: La Procuraduría del Estado de México dice “el intercambio de disparos resultó proporcional” y “la Procuraduría General de Justicia del Estado de México no tiene indicio alguno sobre una posible ejecución”.

Septiembre 17-18: The Associated Press y la revista Esquire Latinoamérica publican sendas historias con el testimonio de una testigo de los hechos, que supuestamente era uno de los secuestrados, quien dijo que 21 de los sospechosos fueron ejecutados por los soldados después de que se rindieran y salieran con las manos en la nuca luego de que les fuera prometido que su vida iba a ser respetada.

25 de septiembre: El ejército emite un comunicado diciendo que siete soldados y un teniente involucrados en el supuesto enfrentamiento fueron arrestados y llevados a una prisión militar en ciudad de México acusados de desobediencia y negligencia en el cumplimiento de su deber.

Septiembre 26: Miguel Ángel Osorio Chong, secretario de Gobernación, dijo que “si sucediera que hay algo que señalar respecto a la actuación de este grupo de miembros del ejército nacional, será la excepción porque tenemos un gran ejército”.

Septiembre 30: El Procurador General de la República, Jesús Murillo Karam, anunció la formulación de cargos por homicidio en contra de tres soldados. Dijo: “los otros tres entraron y realizaron una secuencia nueva de disparos que no tiene justificación alguna”.

Octubre 1: El presidente de México Enrique Peña Nieto confirma que  la Sedena colabora en la investigación de militares involucrados en los asesinatos de Tlatlaya.

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'Los talibanes no aceptan la justicia impartida por mujeres': la desesperada huida de una jueza afgana

Como otras mujeres que desempeñaron posiciones en el poder judicial afgano antes de que el Talibán tomara el poder en 2021, esta jueza temía que su trabajo pudiera representar una amenaza para su vida y la de su familia.
17 de agosto, 2022
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Cuando desembarcó en Brasil con su familia, Sahar* sólo tenía una maleta con una o dos mudas de ropa.

La jueza salió de Afganistán a toda prisa el año pasado, huyendo de los talibanes y tuvo que dejar todo atrás.

Como muchas otras mujeres que ocuparon cargos en el poder judicial afgano antes de que el grupo fundamentalista tomara el poder en agosto de 2021, temía que su trabajo pudiera representar una amenaza para su vida y la de su familia.

“Tuve que dejar atrás todo lo que construí en Afganistán: mi casa, mis posesiones y parte de mi familia”, le dijo la jueza a BBC News Brasil.

“Tenía una vida completa y lo perdí todo”.

En los últimos 20 años, 270 mujeres se han desempeñado como magistradas en Afganistán. Muchas de ellas lograron escapar con la ayuda de la Asociación Internacional de Juezas (IAWJ) y se refugiaron en varios países del mundo.

Brasil otorgó visas humanitarias a siete de estas juezas y a tres magistrados. Todos llegaron al país en octubre pasado y fueron recibidos por la Asociación de Magistrados Brasileños (AMB).

Pero alrededor de 90 juezas siguen atrapadas en su país, escondidas.

“Salir de allí”

En su relato, Sahar detalla los momentos de miedo y desesperación que precedieron a su huida de Afganistán.

La jueza y su familia tuvieron que dejar su hogar para esconderse en otro lugar después de que los talibanes tomaron el poder.

Los talibanes tomaron el control de Afganistán en agosto del año pasado.

Getty Images
Los talibanes tomaron el control de Afganistán en agosto del año pasado.

Con la caída del gobierno afgano, jueces de todo el país comenzaron a ser perseguidos por su participación en los juicios y condenas de miembros del grupo extremista durante el período de ocupación estadounidense.

Los talibanes incluso abrieron prisiones en todo el país, liberando a hombres que los magistrados habían encarcelado.

La vida de las mujeres también cambió drásticamente con el establecimiento del régimen. Se prohibió a las niñas recibir educación secundaria, se disolvió el ministerio de la mujer y, en muchos casos, se impidió que las empleadas regresaran al trabajo.

“Grupos como los talibanes, Daesh (Estado Islámico) y otros no aceptan la justicia impartida por mujeres”, dice Sahar.

“La situación se volvió realmente desesperada cuando los talibanes comenzaron a registrar las casas de todos los jueces. Invadieron la Corte Suprema y obtuvieron acceso a todo tipo de información sobre nosotros, como fotos, direcciones y documentos”.

“Fue entonces cuando nos dimos cuenta de que realmente no podíamos quedarnos en Afganistán porque era demasiado peligroso”, dice.

La ayuda

La jueza inicialmente se refugió en la casa de los familiares.

“Estábamos encerrados sin poder salir. No podíamos volver a nuestro departamento ni sacar nuestras cosas porque los talibanes patrullaban nuestra cuadra”.

Después de que los talibanes tomaron el poder en agosto de 2021, miles de afganos intentaron huir del país.

AFP
Después de que los talibanes tomaron el poder en agosto de 2021, miles de afganos intentaron huir del país.

“Fue realmente difícil. No podía cocinar ni lavar ni hacer nada, solo pensaba en que tenía que salir de allí“.

Pasaron dos meses antes de que Sahar recibiera la noticia de que iba a ser rescatada y de que recibiría refugio en Brasil.

“Le informamos sobre nuestra situación a la IAWJ y ellos entraron en contacto con varios países en busca de ayuda y visas para nosotras, las juezas”.

“Cuando me tocó a mí, me dijeron que íbamos a Brasil”.

La magistrada se mudó con sus familiares más cercanos. Por razones de seguridad, no se revelaron los detalles de la operación que los sacó de Afganistán y los trajo a Brasil.

“Dijeron que no podíamos llevar muchas cosas con nosotros, porque todo tenía que ser discreto. Así que no trajimos casi nada, tal vez solo una o dos mudas de ropa”, le dijo Sahar a BBC News Brasil.

“Tengo que controlarme para no llorar cuando recuerdo el día que nos fuimos. Fue una gran desgracia para nosotros”.

“Teníamos una buena casa, un buen salario y nuestra familia en Afganistán y dejamos todo atrás. Fue una situación muy mala, apenas puedo describirla con palabras”.

Miedo por lo que queda atrás

En sus más de cuatro años como magistrada en Afganistán, Sahar estuvo involucrada principalmente en casos penales.

Esta imagen de archivo muestra a una maestra en Afganistán, donde mujeres y niñas fueron excluidas de la escuela secundaria.

Getty Images
Esta imagen de archivo muestra a una maestra en Afganistán, donde mujeres y niñas fueron excluidas de la escuela secundaria.

La jueza dice que está orgullosa de su trabajo, especialmente en casos relacionados con la seguridad y el bienestar de otras mujeres.

“Tiene que haber espacio para que las mujeres sean juezas, porque una mujer confía en la otra. Las mujeres que fueron a la corte pudieron abrirse más con nosotras”, cuenta.

Era muy feliz en mi trabajo. Desde pequeña soñaba con ser jueza y hacer justicia para las familias y los niños”.

Sahar dice que no le tocó juzgar ningún caso directamente relacionado con el Talibán, pero admite que pudo haber participado en juicios por delitos comunes cometidos por miembros del grupo.

“Procesé todo tipo de casos, como asesinato, secuestro, robo, corrupción, casos de familia”.

Debido a su trabajo, teme por la vida de algunos miembros de su familia que aún se encuentran en Afganistán.

“Tengo miedo porque tienen todo tipo de datos e información sobre nosotros. Podrían estar en peligro“, dice.

“Cuando salimos de Afganistán todos se mudaron y se escondieron en otros lugares”.

“Hablo con ellos a veces, pero no mucho porque creo que nuestros números pudiesen estar siendo interceptados”.

E incluso a millas de distancia de Afganistán, Sahar dice que todavía teme por lo que dejó atrás.

“A veces todavía tengo miedo, porque soy humana y pienso demasiado en las cosas”.

Vida en brasil

Sahar y los otros nueve magistrados que se refugiaron en Brasil recibieron visas humanitarias emitidas sobre la base de una ordenanza interministerial publicada en septiembre de 2021, por los ministerios de Relaciones Exteriores y de Justicia y Seguridad Pública.

Entre jueces y familiares, 26 personas llegaron al país en octubre pasado.

“Todos llegaron a Brasil muy asustados, preocupados por la seguridad y sin hablar una palabra de portugués”, dice Renata Gil, presidenta de la Asociación de Magistrados Brasileños que coordinó la recepción de las familias.

Para que pudieran reiniciar sus vidas, todos recibieron alojamiento, alimentación y atención médica proporcionada por esa organización y sus socios.

Los magistrados y sus familias también están estudiando inglés y portugués y sus hijos han obtenido becas en escuelas locales.

“Todas las juezas que recibimos tienen profundas cicatrices por todo lo vivido y un gran dolor por lo perdido. Es un proceso de adaptación intenso”, indica Gil.

“Pienso en mi país”

Después de un período inicial viviendo en alojamientos militares, Sahar ahora vive con toda su familia en una propiedad alquilada.

Una vista de Kabul

BBC
Una vista de Kabul.

Fue empleada como asistente legal por un bufete de abogados, donde investiga casos relacionados con inmigración.

La jueza dice que, antes de mudarse a Brasil, sabía muy poco sobre el país. “No había oído mucho sobre la gente, la cultura o el idioma”, precisa.

Y aunque está muy agradecida por la cálida bienvenida y la ayuda que ha recibido, Sahar dice que no pasa un día sin pensar en volver a casa.

“Pienso en mi país, mi familia y mi antiguo trabajo todos los días. Afganistán es mi patria y la extraño cada día”.

“No puedo decir que estoy disfrutando mi tiempo en Brasil, porque esta situación no es nada fácil”, señala la jueza.

“Pero estamos muy agradecidos por toda la ayuda que hemos recibido. La gente aquí es muy amable, al igual que el pueblo afgano”.

“Espero que todo salga bien para poder volver. Sé que la situación no es fácil, pero si Alá lo quiere, tal vez todo se resuelva pronto”.

*El nombre de la jueza ha sido cambiado para proteger su identidad y garantizar su seguridad y la de su familia.

Este artículo fue originalmente publicado en BBCBrasil


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