Star Wars, Alien, Star Trek... Los fallos científicos en el cine
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Star Wars, Alien, Star Trek... Los fallos científicos en el cine

Las películas de Hollywood ambientadas en el espacio tienen mucho más de ficción que de ciencia en todo lo que respecta a las naves, tanto en su forma y su aspecto interior como en su funcionamiento. Salvo honrosas excepciones, que también las hay.
Por ElDiario.es
12 de octubre, 2014
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El Halcón Milenario, la nave del contrabandista Han Solo. Foto: ElDiario.es.

El Halcón Milenario, la nave del contrabandista Han Solo. Foto: ElDiario.es.

Desde que el cine es cine, uno de sus dogmas ha sido “nunca dejes que la realidad te estropee una buena historia”. De ahí que en el séptimo arte sean habituales las patadas a la la ciencia, sobre todo el género de la ciencia ficción. Según algunos entendidos en el tema, el récord de burradas contra las leyes de la ciencia podría poseerlo ‘ Armageddon’, una película que cuenta con 168 errores en dos horas y media de duración, más de un gazapo por minuto.

Miguel Santander, investigador postdoctoral en el Observatorio Astronómico Nacional de Madrid, además de astrofísico y escritor, se ríe cuando le preguntas por los aspectos científicos relativos a las naves espaciales que cumplen en general los largometrajes cinematográficos. “Es una buena pregunta”, responde, aunque logra encontrar alguna característica verosímil en la mayoría de los filmes: la forma de las naves.

“En general, las naves del cine no suelen tener una forma aerodinámica como un avión quitando las que parecen o actúan como cazas. Se parece a la realidad porque en el espacio no hay una fricción con una atmósfera, es el vacío, no hay nada que te frene, y entonces no necesitas ser aerodinámico para nada”. Por este motivo, la nave Nostromo de ‘ Alien, el octavo pasajero’, que parece según Miguel “un camión o un remolque”, sería perfectamente manejable en el firmamento.

La nave Nostromo se mueve sin problemas por el espacio en ‘Alien, el octavo pasajero’. Foto: ElDiario.es.

La nave Nostromo se mueve sin problemas por el espacio en ‘Alien, el octavo pasajero’. Foto: ElDiario.es.

Curiosamente, otro aspecto que el cine trata con bastante fidelidad podría cambiar en el futuro. Es el relativo a la frialdad impersonal del interior de las naves, en las que, como en la realidad, no hay ningún tipo de vida más allá de la tripulación y de algunos animales para experimentos. En un artículo de la BBC se explica la necesidad de que pueda desarrollarse en las naves un hábitat más parecido al de la Tierra para que los astronautas no pasen meses o años en el futuro en “una caja de plástico”.

La idea sería empezar poco a poco, no sólo con alguna planta sino con colonias de bacterias que, por ejemplo, podrían ayudar a reciclar los residuos. Nada parecido a la criatura escondida en la basura que ataca a la princesa Leia, Luke Skywalker y Han Solo en ‘ La Guerra de las Galaxias’. Un ejemplo de ecosistema poco habitual en el mundo del celuloide (ahora digital) que no interesa en la vida real.

Un destructor y unos cazas imperiales se aproximan a la Estrella de la Muerte. Foto: ElDiario.es.

Un destructor y unos cazas imperiales se aproximan a la Estrella de la Muerte. Foto: ElDiario.es.

El tamaño imposible de las naves cinematográficas

Para Santander, son mucho más numerosos los aspectos en las películas contrarios a las leyes de la física y a veces a la pura lógica. El tamaño es uno de ellos. “ Es carísimo poner algo en órbita. No recuerdo la cantidad exacta, pero poner un kilo en el espacio cuesta cientos de miles de dólares, quizá más de un millón ”, declara el astrofísico a Hoja de Router. “Las naves tienen que ser pequeñas, como chalupas si las comparamos con barcos”, añade.

No hay más que ver el tamaño de la Estación Espacial Internacional (ISS), que es el objeto artificial más grande en órbita terrestre. Con unas dimensiones de 110x100x30 metros, ha costado cien mil millones de dólares. ¿Cuánto costaría construir y poner en órbita un destructor imperial de 1.600 metros de longitud como los que salen en la saga ‘Star Wars’? El coste de la Estrella de la Muerte ya se escaparía de todo cálculo.

Miguel reconoce que en este caso, como en otros, las naves del cine “tienen la excusa de que normalmente estas películas se desarrollan dentro de cientos de años y puede ser más barato poner cosas en órbita o construir allí en ingravidez”. En la actualidad serían inviables y también en un futuro próximo.

El lujoso, espacioso e irreal interior de las naves del cine

Cualquier módulo o cohete que se envía al espacio es pequeño, estrecho, incómodo. La Estación Espacial Internacional también lo es como puede comprobarse arriba. Vivir allí seis meses es una experiencia dura que necesita de un exigente entrenamiento. Sin embargo, Hollywood pasa de los espacios reducidos salvo para escenas muy concretas. Prefiere mostrar pasillos enormes y anchos con paredes lisas y luminosas en lugar de las bolsas, cables, controles, cajas, etcétera que recubren las paredes de las naves reales, donde aprovechar el espacio al máximo es una necesidad imperiosa.

Ya querrían los astronautas como Pedro Duque moverse por los pasillos de la nave USS Enterprise de la saga ‘Star Trek’, pero tienen que habituarse a la incomodidad de naves como la ATV, siglas de Vehículo de Transporte Automático, que la Agencia Europea del Espacio (ESA) aporta para llevar suministros a la Estación Espacial Internacional.

En cambio, el capitán Kirk, el comandante Spock y el resto de la tripulación del USS Enterprise pueden incluso correr por su interior, por sus interminables pasillos, un sueño imposible para los astronautas de la nave rusa PTK-NP, que darían cualquier cosa por un puente de mando como el de la nave cinematográfica.

El navegante Chekov, el capitán Kirk y el timonel Suru, tres de los miembros de la tripulación de la nave USS Enterprise. Foto: ElDiario.es.

El navegante Chekov, el capitán Kirk y el timonel Suru, tres de los miembros de la tripulación de la nave USS Enterprise. Foto: ElDiario.es.

La gravedad inexplicable en el interior de las naves

Salvo en películas muy concretas como ‘ Apolo XIII’, “ las naves del cine suelen tener una gravedad propia y todos están pegados al suelo caminando cómodamente sin que haya un dispositivo que pueda generar gravedad de manera realista”, dice el astrofísico español. Miguel destaca una excepción: “En la nave de ‘ 2001: Odisea en el espacio’. hay partes que están en rotación y en ellas hay cierta gravedad”. Lo realista sería que los miembros de la tripulación se movieran flotando.

Este error cinematográfico es consecuencia, como otros, del presupuesto. “Empezó con ‘Star Trek’. No los iban a poner en un avión en caída libre como si fuera el ‘Apolo XIII’. Entonces se inventaron el generador de gravedad artificial y hasta hoy”, explica Santander. Una solución muy cómoda que facilita los rodajes y los abarata.

El astronauta Dave hace ejercicio en la parte giratoria de la nave Discovery . Foto: ElDiario.es.

El astronauta Dave hace ejercicio en la parte giratoria de la nave Discovery . Foto: ElDiario.es.

Las naves espaciales no pueden moverse como cazas ni ignorar la mecánica orbital

Uno de los gazapos más habituales en las películas ambientadas en el espacio tiene que ver con el movimiento de las naves. Miguel lo explica así: “ Las naves suelen volar como si fueran cazas de la Segunda Guerra Mundial persiguiéndose unos a otros. En el espacio tú no te mueves así. Te puedes mover así en el aire por la resistencia que hace el aire, pones las alas de una forma u otra, los alerones, para impulsarte. Pero en el vacío no te impulsas contra nada. Las maniobras que hacen por lo general son irreales”.

De este fallo habitual se pasa por relación directa a otro que tiene que ver con el combustible. En el cine solucionan con un motor de fusión un problema que afecta a los vehículos espaciales reales, en los “que te puedes propulsar muy poco tiempo y ya está”. Miguel desarrolla esta idea: “ No puedes hacer todas las maniobras orbitales que te dé la gana porque el combustible es muy, muy limitado. En el espacio tú apagas los motores y te sigues moviendo de acuerdo a la trayectoria que lleves”. Algo que las naves del cine ignoran y siempre tienen encendidos los motores.

El cine también suele pasar olímpicamente de la mecánica orbital. Un error que lastra la película ‘Gravity’, que por otro lado es “bastante fidedigna en las reproducciones de la estación espacial y las naves”. El astrofísico analiza el error en el filme: “Hay un momento en el que la protagonista coge la Soyuz y enfila a la estación espacial china y cuando la ve delante, activa los motores y tira hacia allá. Si hubiera hecho eso en la realidad se habría ido a otra órbita completamente diferente, más amplia, y se habría perdido. En un caso así en la realidad, lo mejor que puedes hacer es frenar, alejarte un poquito. Caes a una órbita más interior con un periodo un poco menor y cuando llegas de nuevo al punto original le has recortado un par de minutos. Cada vuelta que des estarás un poco más cerca. Luego ya sólo quedaría acoplarse”.

La hipervelocidad y otras fantasmadas cinematográficas

Hay muchas más licencias que se toma el cine. Una de ellas tiene que ver con la hipervelocidad, que es algo imposible. “Acelerando no vas a romper la barrera de la luz. Para lograrlo necesitarías una cantidad de energía infinita. Da igual lo grande que hagas la nave para que tenga más combustible. La hipervelocidad en estas películas es ciencia ficción”, señala Miguel, que añade otro gazapo habitual: “También es pura fantasía la forma en que las naves más grandes atraen a las pequeñas, o cómo éstas entran en el interior de ellas. ¿Cómo haces para que la atmósfera no se te escape?”.

Al final, el cine es un entretenimiento y por eso recurren a fantasmadas que van contra la física pero que hacen las películas más entretenidas para el espectador medio que no posee unos elevados conocimientos científicos o que teniéndolos prefiere esa libertad creativa en beneficio del espectáculo. El anterior vídeo muestra algunos de los gazapos de las películas de ‘Star Wars’, aunque son extensibles a otras sagas y largometrajes.

Las películas más realistas

No todos los filmes de ciencia ficción se centran más en la segunda que en la primera. Los hay que intentan ser verosímiles y realistas sin dejar de lado el interés del argumento. “Apolo XIII’ probablemente sea la película más realista. La más rigurosa con la realidad”, comenta Santander, que añade que muestra de forma épica “un episodio alucinante de la carrera espacial. Cómo pudieron salvar a unos astronautas que estuvieron a punto de morir varias veces”.

Los astronautas protagonista de ‘Apolo XIII’, en una escena de la película. Foto: ElDiario.es.

Los astronautas protagonista de ‘Apolo XIII’, en una escena de la película. Foto: ElDiario.es.

Para este astrofísico, hacia abajo en la clasificación habría otras películas que no tienen esa hoja intachable. ‘Gravity’, por ejemplo, que tiene muchos aciertos como que “los astronautas usan manuales” pero que también tiene cosas que no son nada rigurosas.

Por último, Miguel destaca ‘2001: Odisea en el espacio’. “ Tiene mucho mérito el film porque cuando se realizó no se había llegado a la Luna. Se estrenó el año anterior”, explica. “Debió ser una de las primeras películas en la que no hay sonido en el espacio. El director Stanley Kubrick supo crear un efecto muy angustiante”, declara Miguel.

“Sólo dos cosas son infinitas, el universo y la estupidez humana… y no estoy seguro de lo primero”. Esta cita de Albert Einstein, que podría aplicarse perfectamente a la película ‘ Prometheus’ porque muestra el vasto universo y a una tripulación plagada de incompetentes, quizá debería completarse con un tercer elemento, y es que la capacidad de Hollywood para patear a la ciencia en el culo es casi infinita.

Lea la nota original en ElDiario.es.

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El experimento de confinamiento que terminó con sus participantes casi muertos

En 1991, un ambicioso proyecto encerró a ocho científicos en un ecosistema artificial. El objetivo era replicar las condiciones de vida en la Tierra, pero por poco acaba en tragedia.
18 de julio, 2020
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La aventura casi termina en tragedia. En 1991, un grupo de ocho investigadores voluntarios se encerró durante dos años en una estructura de cristal y acero dentro de la que científicos habían recreado varios ecosistemas del planeta Tierra.

Aquel experimento formaba parte del proyecto Biosfera 2 y el objetivo era comprobar si, en un futuro, los humanos podrían vivir en circunstancias similares en colonias en otros planetas.

Gran parte de la rutina de los ocho participantes, llamados “biosferianos”, se redujo a labores agrícolas. Debían cultivar sus propios vegetales, recolectar granos del suelo y obtener proteínas de animales de granja y peces criados en estanques de acuicultura.

El experimento, presentado como como una “misión espacial” dentro de la Tierra, acaparó la atención mediática..

Pero la aventura no acabó como se esperaba.

Los cultivos no crecían al ritmo estimado, la comida empezó a escasear, el oxígeno era insuficiente y la tensión afloró en la convivencia de los participantes.

Un “Jardín del Edén”

El diseño original del complejo Biosfera 2 fue idea de John Polk Allen, un ingeniero graduado por la Universidad de Harvard en Estados Unidos.

Biosfera 2 en Arizona.

Getty Images
El complejo se sitúa en Oracle, en pleno desierto de Arizona.

Allen era también el director de la empresa Space Biospheres Ventures, que en 1984 compró la propiedad donde se localizó el ecosistema artificial cerrado en Oracle, en el desierto de Arizona en Estados Unidos.

La construcción se completó en 1989 y consistía en tres edificios. El primero, un gran domo de cristal y acero; el segundo un área subterránea de tecnología y el tercero una zona destinada al hábitat humano.

Interior del edificio principal de Biosfera 2.

Getty Images
Biosfera 2 reprodujo varios ecosistemas terrestres como un bosque tropical y un océano con arrecifes de coral.

El domo medía casi 28 metros en su punto más alto y contenía cinco ecosistemas: un bosque tropical, un desierto, una sabana, un manglar y un océano con arrecifes de coral. Dentro se encontraba, además, la zona dedicada a la agricultura.

En el interior del edificio tecnológico se alojaban los componentes que mantenían la climatología interior, con controladores de temperatura y humedad.

El objetivo principal era determinar si una biosfera artificial podía funcionar, incrementando reservas de energía y biomasa, preservando un alto nivel de biodiversidad y biomas, estabilizando su agua, suelo y atmósfera”, según escribieron el director del proyecto, John Polk Allen, y uno de sus participantes, Mark Nelson, en un documento con el resultado de la investigación en 1997.

Los investigadores involucrados querían saber si una biosfera autosostenible, con todos los ecosistemas de vida de la Tierra, podía “proveer una vida creativa y saludable para humanos que trabajaron como naturalistas y científicos”, según dicho documento.

Zona de agricultura de Biosfera 2.

Getty Images
“Era como crear una especie de Jardín del Edén en interiores”.

Básicamente,se trataba de comprobar si el ser humano sería capaz de mudarse a otro planeta llevándose un trozo del nuestro. Para ello, los científicos viajaron por el mundo y recopilaron recursos y conocimientos para crear el ecosistema artificial.

Llenaron Biosfera 2 de animales, vegetación y la tecnología necesaria para mantener las condiciones adecuadas.

Era como crear una especie de Jardín del Edén en interiores“, dijo Linda Leigh, una de las científicas que estuvo confinada, en un documental reciente sobre el experimento llamado Spaceship Earth.

Y así, en septiembre de 1991 cuatro hombres y cuatro mujeres: Roy Walford, Taber MacCallum, Mark Nelson, Sally Silverstone, Silke Schneider (quien después sería sustituida por Abigail Alling), Mark Van Thillo, Jane Poynter y Linda Leigh.

Impacto mediático

“Me llamaron por teléfono proponiéndome que me uniera al equipo voluntario y antes de que terminaran la oración ya había dicho que sí”, recuerda Nelson, uno de los biosferanos, en el documental.

Sally Sylverstone y Jane Poynter.

Getty Images
Sally Sylverstone y Jane Poynter fueron dos de las involucradas en el proyecto.

“Éramos pioneros, los primeros biosferanos. Nos habían dado un nuevo mundo para cuidar de él”, agregó Nelson.

Mientras, el mundo se enteraba del proyecto gracias al eco de los medios de comunicación, hasta el punto en que necesitaron contratar un equipo de relaciones públicas para lidiar con la presión mediática.

Poco después de empezar el confinamiento, el entusiasmo inicial de los integrantes comenzó a disiparse. Aumentaron los roces y las discusiones.

“Nunca se sabe lo que puede pasar cuando te encierras a convivir durante dos años con otras siete personas”, recuerda Nelson.

Los turistas se paseaban por fuera de las instalaciones, en visitas guiadas donde veían trabajar a los investigadores a través del cristal, como si se tratara de una visita al zoológico.

Dentro, cada uno de los participantes tenía una misión específica. Debían ocuparse de la ganadería, la preservación de los arrecifes de coral, la cría de peces y los cultivos, por ejemplo.

Además, evaluaban el comportamiento de los gases, sobre todo del oxígeno y el dióxido de carbono.

Interior del edificio principal de Biosfera 2.

Getty Images
Para recrear el ecosistema artificial, los científicos recolectaron recursos de varias partes del mundo.

Roy Walford era médico, y su trabajo era vigilar los efectos del confinamiento en la salud de los ocho voluntarios.

“Si podemos trasplantar un arrecife de coral, gestionar una granja, no contaminar la atmósfera ni el agua y reciclar nutrientes, se pueden aprender grandes lecciones aquí”, pensaba Nelson durante su confinamiento experimental.

Hambre, tensión y falta de oxígeno

Los biosferanos concuerdan en que la escasez de comida no ayudó a tener un ambiente sano.

De todos los cultivos, uno de los más exitosos, según revelaron Allen y Nelson en los resultados de la investigación, fue el plátano. De esta forma, los confinados tuvieron que utilizar dicho fruto para múltiples recetas. Hasta intentaron producir vino de plátano, pero sin éxito.

“Tuvimos que tomar decisiones importantes, porque algunos cultivos se daban mucho mejor que otros. Así que terminábamos comiendo un mismo producto, como la remolacha, en forma de sopa o en forma de ensalada”, dijo durante el documental Sally Sylverstone, otra de las biosferanas.

Pero los alimentos no fueron el único recurso que empezó a escasear. Tanto los participantes en el confinamiento como otros científicos que monitoreaban el experimento desde fuera, detectaron un aumento en los niveles de dióxido de carbono y una disminución del oxígeno.

“No podía terminar una oración sin que me faltara el aire”, dijo Nelson.

Participantes de Biosfera 2.

Getty Images
Los ocho participantes salieron del confinamiento a los dos años estipulados, a pesar de las dificultades ocurridas.

“Subía un par de escalones y ahí me detenía para volver a tomar aliento”, recuerda Linda Leigh.

La falta de suficientes alimentos hizo que los biosferanos perdieran peso, y de mantenerse los bajos niveles de oxígeno existía el riesgo de daño cerebral.

“Respirábamos el aire del otro, estábamos sofocados y muertos de hambre”, dijo Leigh.

“Estar peleándonos, además, no ayudaba a que consiguiéramos el objetivo por el que nos habíamos encerrado aquí”, lamentó Nelson.

El experimento se desmoronaba y la primera idea de sobrevivir dos años solo con lo que había dentro de Biosfera 2 no funcionó. Se introdujeron alimentos extra y extractores de dióxido de carbono y bombas de oxígeno desde fuera.

La prensa tildó al proyecto como un “fracaso”.

No más confinamientos

A pesar de necesitar ayuda del exterior y no poder llevar una vida autosuficiente, el proyecto consiguió durar los dos años estipulados.

Biosfera 2 en Arizona.

Getty Images
El complejo pertenece hoy a la Universidad de Arizona y se usa como centro de investigación.

En 1994, una segunda expedición regresó a los interiores de Biosfera 2, pero se canceló antes de que terminara la misión.

Hoy, Biosfera 2 pertenece a la Universidad de Arizona y se utiliza como centro de investigación sobre los ecosistemas de la Tierra.

Casi tres décadas después, ya no hay más confinamientos ni experimentos en los interiores del domo gigante de cristal.


https://www.youtube.com/watch?v=8urGTdEioOQ

https://www.youtube.com/watch?v=JwghZEmvmb8

https://www.youtube.com/watch?v=qd1YehNpbV4

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