Tamaulipas confirma que 3 cuerpos hallados en Matamoros son de estadounidenses
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Tamaulipas confirma que 3 cuerpos hallados en Matamoros son de estadounidenses

Los padres de los jóvenes desaparecidos han dicho que testigos reportaron que fueron secuestrados el 13 de octubre por hombres vestidos de policías.
30 de octubre, 2014
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Foto: Gobierno de Tamaulipas.

Foto: Gobierno de Tamaulipas.

Los tres jóvenes estadounidenses reportados como desaparecidos hace más de dos semanas fueron encontrados sin vida cerca de la ciudad de Matamoros, confirmaron el gobernador y el procurador de justicia del estado de Tamaulipas en el norte de México.

El padre de los tres, Pedro Alvarado, los identificó por fotografías de los cadáveres que tenían tatuajes, dijo Ismael Quintanilla Acosta, procurador de Justicia de Tamaulipas, en declaraciones a Radio Fórmula. La ropa encontrada con los cuerpos también correspondía a la de los tres hermanos residentes de Progreso, Texas, quienes desaparecieron con un amigo mexicano.

Los padres de los jóvenes desaparecidos han dicho que testigos reportaron que fueron secuestrados el 13 de octubre por hombres vestidos de policías.

En un país sacudido por el caso de 43 estudiantes desaparecidos hace más de un mes a manos de la policía en el sur de México, el gobernador de Tamaulipas prometió una acción rápida en este asunto.

”Se aplicará todo el peso de la ley y cero tolerancia”, dijo el gobernador Egidio Torre Cantú, al tiempo que lamentó la muerte de los tres estadounidenses y un mexicano, a pesar de que sus identidades no han sido confirmadas oficialmente por pruebas de ADN.

Las autoridades dijeron el miércoles que podría tomar de 24 a 48 horas para que los exámenes de ADN determinen si se trata de los cadáveres de Erica Alvarado Rivera, de 26 años, y los hermanos Alex, de 22, y José Ángel, de 21, quienes fueron vistos por última vez en El Control, un poblado pequeño cerca de la frontera con Texas al oeste de Matamoros.

Ellos estaban visitando a su padre en México y desaparecieron junto con José Guadalupe Castañeda Benítez, de 32 años, novio de Erica Alvarado.

“Eran buenos chicos”, dijo una tía, Nohemí González, mientras la familia aguardaba una confirmación oficial. “No sé por qué les hicieron eso”.

Los tres hermanos Alvarado compartían con su madre una modesta casa de ladrillos en una calle tranquila de Progreso, ciudad ubicada a menos de cinco kilómetros de la frontera entre Texas y México. Erica, quien deja cuatro hijos de entre 3 y 9 años, iba a comenzar a estudiar el mes próximo para convertirse en auxiliar de enfermería.

Los hermanos José Ángel y Alex deberían estar ahora en Missouri. Hace más de una semana debieron haber comenzado su peregrinaje anual como trabajadores agrícolas migrantes, dijo González. Cuando no estaban trabajando, dividían su tiempo entre la casa de su madre en Texas y la de su padre en México. Ellos se quedaban con él dos o tres semanas en cada ocasión, ayudándolo en su taller mecánico.

José Ángel, el más joven, tenía tatuajes que reflejaban la división en la familia: el apellido familiar en su hombro, el nombre de su papá en la mano derecha y el de su mamá en la izquierda.

Ningún funcionario ha comentado sobre los acontecimientos que llevaron a sus desapariciones, pero investigaciones informales de familiares produjeron esta versión:

El domingo 12 de octubre, Erica cruzó la frontera en su camioneta Jeep Cherokee negra hacia El Control. Dejó el vehículo en la casa de su padre y fue a visitar a su novio.

Su madre, Raquel Alvarado, le había dicho que estuviera de regreso en Progreso el lunes temprano porque Raquel tenía que ir a trabajar y los hijos de Erica debían ir a la escuela.

Raquel envió a dormir a los niños la noche del domingo, despertó a las 4 a.m. y vio que Erica no estaba en casa. Llamó al teléfono celular de su hija, pero no obtuvo respuesta. Al parecer en ese momento Erica estaba bien.

Siguió llamándola durante toda la mañana del 13 de octubre. Aproximadamente a la 1 p.m., Raquel pudo hablar con su exesposo. Él le dijo que Erica había llamado a sus hermanos y solicitado que llevaran su camioneta a un restaurante ubicado al lado del camino bajo un puente cerca de El Control, donde ella estaba comiendo con su novio. Un hermano condujo el Jeep y el otro manejó una camioneta Chevrolet Tahoe porque todos planeaban regresar a Progreso desde ahí.

Según Raquel Alvarado, testigos dijeron a familiares de las víctimas que los hermanos llegaron alrededor de las 12:30 p.m. y vieron a varios policías de la unidad Hércules empujando a su hermana y a Castañeda y golpeando a Erica. Cuando los hermanos intervinieron, los policías se llevaron a los cuatro, junto con sus vehículos.

Los testigos señalaron que los hombres armados se identificaron como miembros de la unidad Hércules y les advirtieron que no intervinieran.

AP

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Los niños que olvidaron leer y escribir durante la pandemia de COVID-19

Unicef reclama que solo en América Latina 86 millones de menores no han vuelto a clases. Se les ha comenzado a llamar "la generación perdida".
28 de septiembre, 2021
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Ya los llaman “la generación perdida”: Naciones Unidas señaló en un informe reciente que cerca de mil millones de menores alrededor del mundo están en riesgo de tener una “pérdida de aprendizaje” significativa a causa de las interrupciones en la asistencia a la escuela durante la pandemia del covid-19.

Y la advertencia va mucho más allá: en muchos países el sistema de educación está a punto de colapsar, si además de la pandemia se suman otros factores como el cambio climático y los conflictos internos.

Un ejemplo de esta crisis que reporta la ONU es lo que ocurre en India.

La periodista de la BBC Divya Arya pudo comprobar que niños en varias regiones de este país asiático “se han olvidado de leer y escribir” debido a que se han visto impedidos de asistir a la escuela en el último año.

Arya expone el caso de Radhika Kumari, de 10 años, a quien básicamente se le olvidó escribir debido a que “estuvo 17 meses” fuera de las aulas.

Radhika vive en el estado de Jharkhand, donde la brecha digital es enorme. Y cuando la pandemia del covid-19 obligó al cierre de las escuelas, muchos niños de las escuelas públicas no tuvieron acceso a dispositivos que les permitieran continuar con su educación de manera remota.

“Fue realmente impactante descubrir que, de 36 niños matriculados en un solo curso de nivel primario, 30 no podían leer una sola palabra“, le explicó a la BBC el economista Jean Dreze, quien analiza la situación en esta región de India desde que los estudiantes pudieron regresar a clases.

Vishnu reads aloud to Radhika.

BBC
En algunos sectores de India hay niños que estàn olvidando leer y escribir debido al cierre de escuelas.

“Si no te olvidas de leer y escribir, que te atrases un poco puede remediarse. Pero si te olvidas de los conceptos básicos, ahora que regresas a clases y te hacen avanzar al siguiente curso la brecha va a ser peor“, agrega.

Alumnos latinoamericanos

En Latinoamérica el panorama es similar: de acuerdo con un informe presentado por Unicef hace una semana, cerca de 86 millones de niños aún no han retomado las clases, lo que pone en riesgo el progreso de su aprendizaje y los niveles de conocimientos previamente adquiridos.

Durante los últimos 18 meses, la mayoría de los niños, niñas y adolescentes de América Latina y el Caribe no han visto a sus profesores o amigos fuera de una pantalla. Los que no tienen Internet, directamente no los han visto”, explicó Jean Gough, directora regional de Unicef para América Latina y el Caribe.

Y añade que no solo existe el riesgo de que los niños dejen de aprender las competencias básicas para su vida, sino de que incluso no regresen nunca a la educación formal.

La educación virtual debe continuar y mejorar, pero está claro que durante la pandemia las familias más marginadas no han tenido acceso al aprendizaje”, añade la especialista.

La realidad es aún más acuciante entre los grupos más vulnerables, donde la deserción escolar era una problemática previa a la pandemia.

“Cada día fuera de las aulas acerca a los niños, niñas y adolescentes más vulnerables a la deserción escolar, la violencia de las pandillas, el abuso o la trata de personas”, añade.

“Fracasó mi colegio”

Para muchos de los alumnos y alumnas, durante estos últimos 18 meses “no se ha aprendido nada”.

En BBC Mundo hablamos con algunos escolares en partes de América Latina que se han visto afectados por la falta de conectividad y la baja asistencia escolar durante la pandemia.

Uno de ellos es Richard Guimaraes. Él tiene 15 años y vive en San Rafael, una comunidad indígena ubicada a dos horas y media de la ciudad Pucallpa, en el Amazonas peruano.

Richard quiere ser diseñador gráfico.

“Mis papás hacen artesanías y yo he aprendido a tejer y a hacer varias cosas que vendemos en el mercado”, le cuenta BBC Mundo.

Richard en su casa.

UNICEF
Richard Guimaraes vive en la regiòn amazónica de Perú.

“Y quiero aprender a hacerlas mejor”, confiesa.

Hace un año, Richard estaba cursando cuarto grado de bachillerato cuando la pandemia del covid-19 irrumpió con fuerza inusitada en el Perú y obligó a poner la vida en pausa.

En este último año y medio no aprendí nada. La pandemia hizo que fracasara el colegio“, se queja.

Antes de la pandemia, iba a clases desde las 7:30 de la mañana hasta el mediodía.

“En ese horario, durante la semana veíamos 12 materias”, recuerda.

Pero una vez comenzó la pandemia y las clases se suspendieron, las cosas se volvieron más difíciles.

“Pasamos de 12 materias a solo seis”, relata. El sistema establecido para remediar la crisis funcionaba así: cada mes los maestros venían a su localidad, les dejaban una especie de cartillas y ellos las tenían que resolver y enviar las respuestas a través de WhatsApp.

Arte, que es su clase favorita, se redujo a dibujos que hacía en casa y que le enviaba a su profesor por el móvil.

Mi papá vive de las artesanías y de vender plátanos, vivimos en una zona muy alejada, por lo que es difícil poder acceder a internet”, relata.

Como muchos de sus maestros no vivían cerca de su comunidad, solo los podía contactar por teléfono cuando se conectaba a internet. Además, algunas de las cartillas le parecían confusas y a veces hasta inentendibles.

Clases cerradas

Getty Images
Unicef señala que en América Latina y el Caribe 86 millones de niños aún no han regresado a las aulas.

El aumento de la desigualdad

Para muchos expertos en psicopedagogía y procesos educativos, es claro que los niños necesitan volver a las aulas lo más pronto posible.

La desaparición de este espacio de aprendizaje y socialización ha sido para muchos niños y niñas – especialmente entre familias de menor nivel sociocultural- “una catástrofe”.

“La verdad es que, en materia de conocimientos, un año y medio, casi dos de pérdida de clase porque la realidad es que los niños están volviendo a una escolarización muy precaria, es una catástrofe, que además va a costar mucho tiempo superar”, le dice a BBC Mundo Guillermina Tiramonti, especialista en educación e investigadora de Flacso Argentina.

Hay muchos niveles en este tema, pero pongo un ejemplo: un chico que estaba en primer año de primaria antes de la pandemia, y aún no había logrado aprender a leer, ahora que regresó al colegio debe finalizar el segundo grado sin haber aprendido a leer o escribir”, señala.

Para la académica, no solo se trata de los contenidos que no han sido aprendidos o incorporados sino de algo más importante: recuperar el hábito de aprender.

“La pérdida del conocimiento no es solamente no haber aprendido determinados contenidos, sino el hecho de perder el ritmo, el hábito, la rutina escolar”, apunta.

Lo explico en relación con un elemento muy simple como los códigos lingüísticos. Los niños de los sectores más bajos socio culturalmente no están acostumbrados a estos códigos complejos y solo tienen acceso a ellos en la escuela, donde son fundamentales para luego poder avanzar en el conocimiento. En la casa no tienen acceso a ellos”.

Para los niños que no están expuestos a ese tipo de códigos durante dos años, el retroceso cognitivo es muy grande, concluye Tiramonti.

salones cerrados en una escuela

Getty Images
Para varios analistas se deben crear proyectos especiales para recuperar el tiempo perdido durante la pandemia.

Revisar los objetivos

A medida que se van levantando las restricciones de la pandemia en distintas regiones, la reapertura de las escuelas se ha vuelto una prioridad de muchos gobiernos. A la fecha, el informe de la ONU señala que 47 millones de niños han regresado paulitinamente a las aulas.

Y la siguiente etapa también se pone en evidencia el gran desafío de poner al día a los niños con los objetivos que se debieron aprender durante este año y medio.

La educación de los niños y las niñas se perdió en un esfuerzo por proteger las vidas de toda la población ante el coronavirus“, explica Irma Martínez, experta en temas de educación de Human Rights Watch.

Pero si de toda crisis surge una oportunidad, este es el momento de replantear algunas de las premisas de la escolarización y el sistema educativo como un todo, señalan los expertos.

“El objetivo no debería ser simplemente volver a como eran las cosas antes de la pandemia, sino arreglar los defectos de los sistemas que durante mucho tiempo han impedido que las escuelas sean abiertas y acogedoras para todos los niños y niñas”, agrega Martínez.

En este tema, Tiramonti es categórica: “No podemos volver a la escuela y hacer como si nada hubiera pasado”, le dice a BBC Mundo.

“Es necesario hacer evaluación, ver qué pasó con los niños, cuáles son las pérdidas, cuáles son las problemáticas de aprendizaje que tienen y armar un programa para que recuperen aquellos conocimientos que son básicos para poder seguir una trayectoria escolar”.

Se necesita trabajo muy profesional para elaborar un proyecto de recuperación“, anota.

Hace menos de un mes, Richard Guimaraes es uno de decenas de miles de alumnos que volvieron a a las aulas después de casi un año y medio.

Y aunque está contento, siente en carne propia los desafíos: “Ahora estamos viendo las materias que dejamos de ver en la pandemia y es difícil seguir el ritmo. Es como empezar de nuevo”.


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