Una balacera sembró pánico antes de las muertes en Iguala
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Una balacera sembró pánico antes de las muertes en Iguala

Según testigos, una clave para entender qué ocurrió con los estudiantes es una balacera que ocurrió mientras la esposa del presidente municipal daba un discurso.
Por AP
8 de octubre, 2014
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Foto: AP

Foto: AP

El día en el que 43 estudiantes desaparecieron en Iguala, Guerrero, al sur de México, la esposa del alcalde estaba terminando un discurso a los dignatarios locales sobre servicios sociales a familias, mientras los vecinos esperaban para un baile de celebración posterior.

De pronto, se oyeron disparos a unas cuadras de distancia y la gente huyó en pánico. Algunos creen que los incidentes estaban relacionados, aunque las autoridades federales dijeron este martes 7 de octubre que aún no tenían una explicación para los episodios de violencia del 26 de septiembre, en los que murieron al menos 25 personas y muchos desaparecieron.

Civiles protegían a la esposa del alcalde, María de los Ángeles Pineda Villa, una mujer con supuestos lazos familiares con el crimen organizado. Un grupo de policías, a los que agentes federales y estatales acusan de estar vinculados a grupos de narcotraficantes, patrullaban las calles.

En este explosivo escenario aparecieron los estudiantes de la Normal en Ayotzinapa, una escuela de formación de maestros con tradición de activismo radical y que ha desafiado la extorsión de los cárteles en el pasado. Conocidos por bloquear autopistas y otras formas de protesta, los estudiantes llegaron con planes de solicitar donaciones a la gente que pasaba.

Estaban terminando sus tareas de recaudación de fondos y se reunían para volver a casa cuando Pineda terminaba su discurso. Según fuentes estatales, la policía local salió al ataque, disparando a los autobuses que los estudiantes habían secuestrado para regresar, así como a transeúntes inocentes en otros vehículos.

Javier Monroy, un activista de Chilpancingo para las familias de los desaparecidos, dijo que la brutalidad del ataque “no tuvo sentido”, pero podría haber sido provocado por el cártel local, Guerreros Unidos, que pensó que los estudiantes iban a interrumpir el discurso de Pineda.

El procurador general, Jesús Murillo Karam, declinó el martes especular sobre posibles lazos entre el discurso y el estallido de violencia.

“No voy a descartar ninguna hipótesis hasta tener confirmado cuál es la correcta”, dijo.

El acalde de Iguala, José Luis Abarca, está ahora prófugo, y se desconoce el paradero de su esposa. Las autoridades del estado han detenido a 22 agentes de policía de la ciudad. La posible masacre ha llamado la atención de un país que por años se ha acostumbrado a la corrupción policial, subrayando la infiltración del narcotráfico en la policía de Iguala.

Pineda, la esposa del alcalde, procede de una familia con vínculos conocidos con el cártel de Beltrán Leyva. La fiscalía identificó a su difunto hermano Alberto Pineda como un destacado lugarteniente del grupo. Él y otro hermano, Marco Pineda, ambos en la lista de más buscados del ex presidente Felipe Calderón, murieron a manos de rivales en 2009.

Otro hermano, Salomón Pineda, salió de prisión el año pasado y se cree que dirige el cártel Guerreros Unidos en Iguala, una escisión del grupo Beltrán Leyva, según medios locales.

“Todo el mundo sabía de sus presuntas conexiones con el crimen organizado“, dijo a la Associated Press Alejandro Encinas, senador del Partido Democrático de Revolución (PRD), al que pertenece el alcalde. “Nadie hizo nada, ni el gobierno federal, ni el gobierno del estado, ni los líderes del partido”.

Murillo Karam dijo que no había pruebas sólidas antes. Pese a los rumores, los lazos familiares no eran una base suficiente para presentar cargos.

“No investigamos basándonos en el parentesco, sino en hechos”, dijo.

El presidente de México, Enrique Peña Nieto, ordenó a la policía federal especial (Gendarmería) que asuma el control de Iguala mientras sus responsables de seguridad se apresuran para contener los daños a la imagen de estabilidad y declive del crimen que han presentado al resto del mundo.

El procurador de Guerrero, Iñaky Blanco, dijo que los sospechosos han testificado que hasta 30 miembros de la policía local eran miembros de Guerreros Unidos.

Blanco dijo que los policías presos niegan haber matado a nadie, pero la parte trasera de sus camionetas hay manchas de sangre. Un policía admitió que entregó al menos a 10 estudiantes que había arrestado a desconocidos.

Un vídeo de una cámara de seguridad muestra a varios hombres, que no estaban uniformados, cuando obligaban a varias personas a subir a la parte trasera de una camioneta, mientras otras echaban a correr para escapar.

Uno de ellos, Julio César Mondragón, ignoró los ruegos de un compañero a refugiarse en casa de un residente local y siguió corriendo, dijo Vidufo Rosales, abogado de las familias de los estudiantes que faltan.

Más tarde fue encontrado muerto a un costado de la carretera. Su cráneo había sido cuidadosamente despellejado.

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Northwestern Medicine

Mayra, la primera persona en recibir un trasplante doble de pulmón por COVID-19

Cuando Mayra Ramírez despertó otra vez a mediados de junio tras haber estado sedada y conectada a un respirador por más de 40 días no entendía todavía muy bien qué había pasado. Esta es su historia.
Northwestern Medicine
7 de agosto, 2020
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Cuando Mayra Ramírez despertó a mediados de junio tras haber estado sedada y conectada a un respirador por más de 40 días no entendía todavía muy bien qué había pasado.

Estaba en una cama de un hospital de Chicago, conectada a decenas de cables, aparatos y monitores, una escena similar al último recuerdo que tenía, cuando fue ingresada con los síntomas inequívocos de COVID-19 a finales de abril.

Pero las marcas frescas de las cicatrices mostraban que algo había sucedido mientras ella estaba en un coma inducido, en un no-tiempo de inconsciencia y pesadillas recurrentes.

“No fue hasta semanas después de que desperté que me di cuenta de que me habían hecho un trasplante de pulmones el 5 de junio y de que era el primer caso en Estados Unidos que lo recibía como un paciente de coronavirus”, cuenta en entrevista con la BBC.

Los médicos de Ramírez -de 28 años y sin ninguna enfermedad conocida que pudiera agravar su estado- habían visto su salud deteriorarse progresivamente desde que ingresó.

La joven había llegado al hospital con falta de aire, pero unas semanas después sus pulmones ya estaban “como un queso gruyer“.

A inicios de junio, llamaron a la familia en Carolina del Norte para que se despidiera de ella: no le daban dos días de vida.

Pero casi a último minuto los médicos decidieron probar una técnica que, hasta donde se conoce, no se había practicado antes con un paciente de coronavirus en EU.

“Mayra, más allá de la enfermedad, estaba saludable y también es joven, por lo que si éramos capaces de arreglar sus pulmones, todo lo demás debería estar bien”, cuenta a la BBC el cirujano Ankit Bharat, uno de los responsables del trasplante.

Dos días después iniciaron el procedimiento, sin tener ninguna esperanza -o certeza- de cuáles serían los resultados.

El lugar del silencio

Mayra, que es originaria de Carolina de Norte, se había mudado en 2014 a Chicago, donde comenzó a trabajar como asistente legal.

Mantenía una vida saludable: le gustaba correr, viajar y en su tiempo libre solía visitar a sus amigos o su familia o jugar con sus perros.

Cuando la pandemia comenzó a golpear el estado de Illinois, el temor de enfermarse la llevó a reforzar las precauciones: comenzó a trabajar de forma remota y asegura que apenas salía de casa.

Mayra

Northwestern Memorial Hospital
Mayra todavía se recupera de su operación.

Pero en abril comenzó a sentirse inusualmente mal y algunos síntomas recurrentes se mostraron como un mal augurio.

“Es la cosa más difícil por la que he pasado en mi vida. Estaba trabajando desde casa cuando empecé a perder el olfato y el sabor. Estaba muy cansada, me faltaba el aire y no podía caminar grandes distancias”, recuerda.

Contactó con la línea nacional de COVID para seguir sus consejos. Le recomendaron que se aislara en casa y vigilara sus síntomas.

Pero cada día se sentía peor.

“El 26 de abril ya no pude soportar más y fui a emergencias. Tomaron mis signos vitales y mi oxígeno en sangre estaba muy bajo. A los 10 minutos ya me estaban pidiendo que designara a alguien para que pudiera tomar decisiones médicas por mí“, recuerda.

Fue su último recuerdo por más de un mes.

Una cama de hospital

BBC
La joven estuvo en un ventilador por más de un mes.

La joven fue sedada y conectada casi inmediatamente a un respirador y a una máquina ECMO (oxigenación por membrana extracorpórea), un dispositivo que brinda soporte cardíaco y respiratorio.

“Estuve durante seis semanas en el respirador”, dice.

De todo ese tiempo solo recuerda unos malos sueños que todavía la atormentan.

“Durante esas semanas tuve pesadillas que todavía me afectan hoy, mientras todavía sigo tratando de recuperar algunas capacidades mentales y cognitivas”, asegura.

El momento decisivo

Pero luego de un mes y medio en un respirador Mayra no mostraba mejoría y sus pulmones ya mostraban daños irreversibles.

“Entonces fue cuando le dijeron a mis padres que yo tenía un daño pulmonar agudo y les pidieron que vinieran al hospital a decir adiós porque yo no pasaría de la noche”.

El equipo médico del Chicago’s Northwestern Memorial Hospital, sin embargo, decidió tomar una decisión arriesgada: completaron una evaluación urgente, la consultaron con la familia y como último recurso decidieron someterla a un trasplante doble de pulmón.

Era un procedimiento que se había probado antes en países como Austria y China para pacientes de coronavirus, pero no existía referencia hasta ese momento de otro caso similar en EU.

“Inmediatamente después del trasplante su corazón comenzó a bombear sangre de forma correcta a todos los demás órganos”, afirma el doctor Bharat.

“Cuatro semanas después estaba fuera del hospital. Ahora está en casa, hablando bien, con niveles de oxígeno adecuado”, agrega.

Según un comunicado del hospital, el caso de Ramírez y de otro hombre sometido poco tiempo después a una intervención similar muestran que los trasplantes dobles de pulmón pueden ser también una opción para casos críticos de coronavirus.

Para Ramírez, tras la operación, no solo comenzó el largo proceso de la recuperación, en el que ha tenido que aprender a respirar e incluso a caminar de nuevo.

También, dice, ha tenido que lidiar con las profundas cicatrices emocionales y psicológicas que los últimos meses han dejado en su vida.

“Ahora me siento mucho mejor que cuando desperté tras el trasplante. Estuve durante tres semanas en un proceso de rehabilitación que me ha ayudado drásticamente a mejorar mis habilidades físicas, pero todavía estoy tratando luchar con esto desde un punto de vista mental”.

“Es un proceso lento, pero estoy mucho mejor”.

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