Unos 33 mil migrantes hondureños han sido deportados de México en lo que va del año
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Unos 33 mil migrantes hondureños han sido deportados de México en lo que va del año

El Comisionado de Derechos Humanos de Honduras critica el blindaje de la frontera sur e insta a México a invertir en Centroamérica si quiere frenar la migración.
Por Majo Siscar
1 de octubre, 2014
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Foto: Cuartoscuro.

Foto: Cuartoscuro.

Alrededor de 33 mil hondureños han sido deportados de México en lo que va de 2014.  Así lo aseguró ayer el comisionado hondureño de los Derechos Humanos, Roberto Herrera Cáceres, en una conversación con cuatro medios de comunicación, entre ellos Animal Político.

Herrera se encuentra en el país a propósito de la XIX Asamblea General y el Congreso Internacional de la Federación Iberoamericana del Ombudsman (FIO) que empieza mañana en la Ciudad de México.

Aunque no dio más cifras, Herrera aseguró que es mucho más que los años anteriores. El informe La Ruta del Encierro de Sin Fronteras reporta que en 2013 México regresó a sus países de origen a 86 mil 929 migrantes, 32 mil 243 de los cuáles eran hondureños.  Según el Comisionado hondureño, a tres meses de que concluya este año ya se ha rebasado la cifra de deportaciones del año pasado.

Así respondió a si el Programa Integral Frontera Sur –vigente desde hace un mes– estaba afectando a los hondureños en tránsito por México.  El programa, liderado por el exsenador priista Humberto Mayans, supone un mayor resguardo de los estados fronterizos con Centroamérica para evitar el tránsito ilegal de migrantes, así como colocar vallas y retenes alrededor de las vías del tren de carga, conocido como la Bestia, para dificultar que se pueda viajar sobre él.

Respecto a ello, el ombusdman hondureño alertó que “ninguna solución militar ni la construcción de grandes muros va a detener una migración forzada que es cíclica, siempre van a haber procesos constantes de migración mientras no se le encuentre una solución permanente (a los problemas que la ocasionan)”.

Herrera instó al gobierno mexicano a cooperar con Centroamérica para mejorar las condiciones de vida en la región. “La inversión podría ser menor invirtiendo en desarrollo humano sostenible  que en levantar barricadas, que a largo tiempo son insostenibles por los mecanismos de vigilancia que implican. En todo caso el concepto de dignidad humana no se encuentra en una barricada pero sí se encuentra en el desarrollo”, concluyó antes de irse a una reunión con la Procuraduría General de la República.

El Comisionado reconoció que la migración hondureña se puede considerar forzada dada la crisis económica y de inseguridad que azota su país, y que por tanto va a ser difícil detenerla. Y arguyó que están apostando por el desarrollo local. Honduras sigue siendo el país más violento del mundo con una tasa de homicidios de 79 por cada 100 mil habitantes. En un país con medio millón menos de habitantes que el Distrito Federal asesinaron a 6 mil 757 personas el año pasado, una media de 19 personas al día. En el mismo periodo en la Ciudad de México hubo 749 homicidios dolosos.

Niños migrantes

Respecto a los menores que cruzan el país, Herrera pidió a México velar por el interés superior de la infancia y “evitar las deportaciones masivas de niños que son incompatibles con su dignidad y con las Convenciones internacionales que la protegen”.

Sólo el año pasado México deportó a 9 mil 893 menores de edad, la gran mayoría de Honduras, El Salvador y Guatemala. “La niñez requiere un tratamiento especial con respecto de los adultos por su falta de madurez física y psicológica entonces, ahora que hay especialmente una niñez detenida y tenemos que velar por sus derechos”.

El Comisionado no quiso mostrarse muy beligerante contra el gobierno mexicano, anfitrión de la Cumbre en la que participa mañana y no se refirió directamente a las múltiples violaciones que sufren sus connacionales en nuestro país. “En estas relaciones siempre hay elementos positivos y negativos, existen denuncias y quejas pero lo importante de la relación con México es que existe una institucionalidad, ver una legislación tan progresista como la ley de migración o la ley de víctimas que todavía no tiene mecanismos, pero esperemos que sean las bases que se apliquen a nuestros hombres, mujeres y niños migrantes”, afirmó.

Al insistirle sobre la falta de impartición de justicia en las masacres de 72 migrantes hace cuatro años en Tamaulipas y la de 49 personas en Cadereyta, Nuevo León, en el 2012 –donde hubo 8 hondureños fallecidos– se limitó a decir que “es un proceso en curso, estamos pendientes de cómo evoluciona y documentando denuncias de los familiares, para verificarlas con la Comisión Nacional de Derechos Humanos y en el caso enmendarlas para futuro”.

Herrera mostró preocupación por los hondureños no localizados en el país y aseguró que en esta visita establecerán mecanismos de coordinación con organizaciones y el Estado Mexicano para avanzar en los casos. “Ya pedimos a la Secretaría de Relaciones exteriores un listado de los hondureños aquí, pero entendemos que hay muchos indocumentados que no se pueden identificar” y señaló que “para nosotros es duro saber que podría haber más hondureños en fosas comunes”.

El comisionado también pretende conseguir un registro de sus paisanos presos en reclusorios mexicanos, pero el Estado Mexicano no tiene ese registro. Aunque las autoridades deben informar a cualquier extranjero imputado de un delito de su derecho a la asistencia consular, muchas veces no lo hacen y ni siquiera la embajada hondureña en México tiene un registro confiable de cuántos de sus connacionales están entre rejas.

Indocumentados en prisión

Ante la falta de información, el Centro de Derechos Humanos Miguel Ángel Agustín Pro Juárez (PRODH) y la Universidad Iberoamericana se dieron a la tarea de preguntar vía la ley de acceso a la información. Se contabilizaron mil 219 centroamericanos en cárceles de 27 de las 32 entidades del país. Las otras cinco entidades no proporcionaron información.

Uno de los casos más emblemáticos que evidencia las violaciones que sufren los migrantes detenidos es el del hondureño Ángel Amílcar Colón, quién lleva cinco años en el penal de máxima seguridad de Nayarit, a la espera de juicio por delincuencia organizada.

Colón fue detenido junto a otras 10 personas en un operativo en Tijuana en una casa de seguridad, donde había sido encerrado por un pollero. Sufrió tortura en el arraigo y en todo el proceso se vulneraron sus derechos a la información, a la asistencia consular, a la libertad personal, a la integridad y al debido proceso. De hecho, durante el primer año ni siquiera pudo comunicarse con su familia. Amnistía Internacional lo declaró preso de conciencia, siendo el primer migrante con esta condición.

La PGR debe presentar antes del 23 de octubre las conclusiones de la evaluación de las pruebas y Colón espera que no sean acusatorias y se sobresea la causa en su contra, lo que ocasionaría la libertad inmediata. De no ser así, pasaría a juicio a mediados de noviembre.

“La detención de Ángel es un caso paradigmático, porque se trata de un defensor de los derechos humanos, sin antecedentes penales en el país, con mucho respaldo en su comunidad y que sale prácticamente expulsado por las condiciones económicas y aquí fue discriminado por su color, se le negó el debido proceso y sufrió tortura. Se le vulneró su derecho a la asistencia consular contemplado por la convención de Viena, no tuvo facilidades para comunicarse con su familia. Esa situación nos induce a exigir que este caso no se vuelva a repetir”, demandó Herrera y aseveró que esperan la deliberación de las autoridades mexicanas que, ojalá, esté bien argumentada.

En el mismo sentido, Herrera pidió “solidaridad” a las organizaciones de la sociedad civil para “promover la dignidad de los indefensos”. De hecho, Herrera recibió a los medios en las instalaciones del Centro PRODH, dónde se reunió con los directivos y los responsables de la defensa de Colón.

El Comisionado expresó su interés al PRODH en que, más allá de los esfuerzos conjuntos en la defensa de Colón, se intercambie información entre las denuncias que su organismo recoja en Honduras y la identificación y ubicación de quejas que puedan encontrar los defensores de derechos humanos en México.

La entrevista con Herrera duró apenas 30 minutos porque el Comisionado tiene una agenda apretada en el país de visitas a autoridades y organizaciones sociales. Se desplaza por la ciudad con un vehículo de la embajada de marca Jaguar, cuyo modelo más barato vale alrededor de 60 mil dólares.

 

 

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El experimento de confinamiento que terminó con sus participantes casi muertos

En 1991, un ambicioso proyecto encerró a ocho científicos en un ecosistema artificial. El objetivo era replicar las condiciones de vida en la Tierra, pero por poco acaba en tragedia.
18 de julio, 2020
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La aventura casi termina en tragedia. En 1991, un grupo de ocho investigadores voluntarios se encerró durante dos años en una estructura de cristal y acero dentro de la que científicos habían recreado varios ecosistemas del planeta Tierra.

Aquel experimento formaba parte del proyecto Biosfera 2 y el objetivo era comprobar si, en un futuro, los humanos podrían vivir en circunstancias similares en colonias en otros planetas.

Gran parte de la rutina de los ocho participantes, llamados “biosferianos”, se redujo a labores agrícolas. Debían cultivar sus propios vegetales, recolectar granos del suelo y obtener proteínas de animales de granja y peces criados en estanques de acuicultura.

El experimento, presentado como como una “misión espacial” dentro de la Tierra, acaparó la atención mediática..

Pero la aventura no acabó como se esperaba.

Los cultivos no crecían al ritmo estimado, la comida empezó a escasear, el oxígeno era insuficiente y la tensión afloró en la convivencia de los participantes.

Un “Jardín del Edén”

El diseño original del complejo Biosfera 2 fue idea de John Polk Allen, un ingeniero graduado por la Universidad de Harvard en Estados Unidos.

Biosfera 2 en Arizona.

Getty Images
El complejo se sitúa en Oracle, en pleno desierto de Arizona.

Allen era también el director de la empresa Space Biospheres Ventures, que en 1984 compró la propiedad donde se localizó el ecosistema artificial cerrado en Oracle, en el desierto de Arizona en Estados Unidos.

La construcción se completó en 1989 y consistía en tres edificios. El primero, un gran domo de cristal y acero; el segundo un área subterránea de tecnología y el tercero una zona destinada al hábitat humano.

Interior del edificio principal de Biosfera 2.

Getty Images
Biosfera 2 reprodujo varios ecosistemas terrestres como un bosque tropical y un océano con arrecifes de coral.

El domo medía casi 28 metros en su punto más alto y contenía cinco ecosistemas: un bosque tropical, un desierto, una sabana, un manglar y un océano con arrecifes de coral. Dentro se encontraba, además, la zona dedicada a la agricultura.

En el interior del edificio tecnológico se alojaban los componentes que mantenían la climatología interior, con controladores de temperatura y humedad.

El objetivo principal era determinar si una biosfera artificial podía funcionar, incrementando reservas de energía y biomasa, preservando un alto nivel de biodiversidad y biomas, estabilizando su agua, suelo y atmósfera”, según escribieron el director del proyecto, John Polk Allen, y uno de sus participantes, Mark Nelson, en un documento con el resultado de la investigación en 1997.

Los investigadores involucrados querían saber si una biosfera autosostenible, con todos los ecosistemas de vida de la Tierra, podía “proveer una vida creativa y saludable para humanos que trabajaron como naturalistas y científicos”, según dicho documento.

Zona de agricultura de Biosfera 2.

Getty Images
“Era como crear una especie de Jardín del Edén en interiores”.

Básicamente,se trataba de comprobar si el ser humano sería capaz de mudarse a otro planeta llevándose un trozo del nuestro. Para ello, los científicos viajaron por el mundo y recopilaron recursos y conocimientos para crear el ecosistema artificial.

Llenaron Biosfera 2 de animales, vegetación y la tecnología necesaria para mantener las condiciones adecuadas.

Era como crear una especie de Jardín del Edén en interiores“, dijo Linda Leigh, una de las científicas que estuvo confinada, en un documental reciente sobre el experimento llamado Spaceship Earth.

Y así, en septiembre de 1991 cuatro hombres y cuatro mujeres: Roy Walford, Taber MacCallum, Mark Nelson, Sally Silverstone, Silke Schneider (quien después sería sustituida por Abigail Alling), Mark Van Thillo, Jane Poynter y Linda Leigh.

Impacto mediático

“Me llamaron por teléfono proponiéndome que me uniera al equipo voluntario y antes de que terminaran la oración ya había dicho que sí”, recuerda Nelson, uno de los biosferanos, en el documental.

Sally Sylverstone y Jane Poynter.

Getty Images
Sally Sylverstone y Jane Poynter fueron dos de las involucradas en el proyecto.

“Éramos pioneros, los primeros biosferanos. Nos habían dado un nuevo mundo para cuidar de él”, agregó Nelson.

Mientras, el mundo se enteraba del proyecto gracias al eco de los medios de comunicación, hasta el punto en que necesitaron contratar un equipo de relaciones públicas para lidiar con la presión mediática.

Poco después de empezar el confinamiento, el entusiasmo inicial de los integrantes comenzó a disiparse. Aumentaron los roces y las discusiones.

“Nunca se sabe lo que puede pasar cuando te encierras a convivir durante dos años con otras siete personas”, recuerda Nelson.

Los turistas se paseaban por fuera de las instalaciones, en visitas guiadas donde veían trabajar a los investigadores a través del cristal, como si se tratara de una visita al zoológico.

Dentro, cada uno de los participantes tenía una misión específica. Debían ocuparse de la ganadería, la preservación de los arrecifes de coral, la cría de peces y los cultivos, por ejemplo.

Además, evaluaban el comportamiento de los gases, sobre todo del oxígeno y el dióxido de carbono.

Interior del edificio principal de Biosfera 2.

Getty Images
Para recrear el ecosistema artificial, los científicos recolectaron recursos de varias partes del mundo.

Roy Walford era médico, y su trabajo era vigilar los efectos del confinamiento en la salud de los ocho voluntarios.

“Si podemos trasplantar un arrecife de coral, gestionar una granja, no contaminar la atmósfera ni el agua y reciclar nutrientes, se pueden aprender grandes lecciones aquí”, pensaba Nelson durante su confinamiento experimental.

Hambre, tensión y falta de oxígeno

Los biosferanos concuerdan en que la escasez de comida no ayudó a tener un ambiente sano.

De todos los cultivos, uno de los más exitosos, según revelaron Allen y Nelson en los resultados de la investigación, fue el plátano. De esta forma, los confinados tuvieron que utilizar dicho fruto para múltiples recetas. Hasta intentaron producir vino de plátano, pero sin éxito.

“Tuvimos que tomar decisiones importantes, porque algunos cultivos se daban mucho mejor que otros. Así que terminábamos comiendo un mismo producto, como la remolacha, en forma de sopa o en forma de ensalada”, dijo durante el documental Sally Sylverstone, otra de las biosferanas.

Pero los alimentos no fueron el único recurso que empezó a escasear. Tanto los participantes en el confinamiento como otros científicos que monitoreaban el experimento desde fuera, detectaron un aumento en los niveles de dióxido de carbono y una disminución del oxígeno.

“No podía terminar una oración sin que me faltara el aire”, dijo Nelson.

Participantes de Biosfera 2.

Getty Images
Los ocho participantes salieron del confinamiento a los dos años estipulados, a pesar de las dificultades ocurridas.

“Subía un par de escalones y ahí me detenía para volver a tomar aliento”, recuerda Linda Leigh.

La falta de suficientes alimentos hizo que los biosferanos perdieran peso, y de mantenerse los bajos niveles de oxígeno existía el riesgo de daño cerebral.

“Respirábamos el aire del otro, estábamos sofocados y muertos de hambre”, dijo Leigh.

“Estar peleándonos, además, no ayudaba a que consiguiéramos el objetivo por el que nos habíamos encerrado aquí”, lamentó Nelson.

El experimento se desmoronaba y la primera idea de sobrevivir dos años solo con lo que había dentro de Biosfera 2 no funcionó. Se introdujeron alimentos extra y extractores de dióxido de carbono y bombas de oxígeno desde fuera.

La prensa tildó al proyecto como un “fracaso”.

No más confinamientos

A pesar de necesitar ayuda del exterior y no poder llevar una vida autosuficiente, el proyecto consiguió durar los dos años estipulados.

Biosfera 2 en Arizona.

Getty Images
El complejo pertenece hoy a la Universidad de Arizona y se usa como centro de investigación.

En 1994, una segunda expedición regresó a los interiores de Biosfera 2, pero se canceló antes de que terminara la misión.

Hoy, Biosfera 2 pertenece a la Universidad de Arizona y se utiliza como centro de investigación sobre los ecosistemas de la Tierra.

Casi tres décadas después, ya no hay más confinamientos ni experimentos en los interiores del domo gigante de cristal.


https://www.youtube.com/watch?v=8urGTdEioOQ

https://www.youtube.com/watch?v=JwghZEmvmb8

https://www.youtube.com/watch?v=qd1YehNpbV4

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