10 autodefensas desaparecen en Michoacán; las madres reclaman que las autoridades no los buscan
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10 autodefensas desaparecen en Michoacán; las madres reclaman que las autoridades no los buscan

Doce autodefensas de Uruapan, Michoacán, desaparecieron la madrugada del domingo 24. Dos de ellos aparecieron degollados el lunes con un mensaje amenazante. Padres exigen que reaparezcan o volverán a detener la circulación. Sus mismos compañeros policías rurales, les dan la espalda en una muestra de las fracturas que se intensifican en el movimiento.
Por Majo Siscar
28 de noviembre, 2014
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Foto: Majo Siscar.

Foto: Majo Siscar.

Nicolás Alejandro Licea Blancas tiene 21 años y desapareció la madrugada del pasado domingo, 23 de noviembre. Junto a él se esfumaron Sergio Gilberto Gómez Magaña, de 33 años, Armando Villanueva Torres, La Pulga, de 37, y otros 9 autodefensas más. Dos de ellos, el comandante Gerardo Serafín, a quién apodaban el G1, y Nicolás Serafín, pariente suyo, aparecieron degollados el lunes 24. Sus cabezas cercenadas fueron tiradas junto a la carretera Uruapan-Paracho, a la vista de todos, a modo de escarnio.

Ayer 27 de noviembre, cuatro días después de la desaparición, los familiares de los 10 jóvenes cuya paradero se desconoce bloquearon durante más de seis horas los cuatro accesos a la ciudad de Uruapan, centro neurálgico de la región aguacatera y una de las más pujantes de Michoacán.

Nadie los está buscando, la Policía Federal no los busca, sus mismos compañeros, las fuerzas rurales, nada más se hacen pendejos. No vamos a desbloquear hasta que no aparezcan, que vengan la Marina y el ejército porque ya no nos fiamos de nadie más”, espetaba enojada Berenice Blancas, madre de Nicolás Alejandro. Su esposo tiene una empresa de camiones y movilizó a sus compañeros para cortar la circulación. La Procuraduría General de Justicia (PGJ) de Michoacán tampoco los reconoció como fuerzas rurales sino como autodefensas civiles, pero se comprometió a dar respuestas a los familiares de los desaparecidos más tardar en el día de hoy, 28 de noviembre, y estos levantaron los bloqueos. Pero si no se la dan, aseveran que volverán a cortar. 

Los desaparecidos salieron el sábado a un operativo a Apatzingán. Pasaron por el retén de la policía federal de Cuatro Caminos, a 32 kilómetros de su destino. Nicolás Alejandro mandó el último mensaje a las 8 de la noche del sábado, que ya estaban en Apatzingán. Sergio avisó a su mamá a las 12.30 de la madrugada del domingo que ya iban de regreso. En el convoy había cuatro camionetas, identificadas con los logos de las Fuerzas Rurales, el cuerpo policial creado por el gobierno para integrar a los autodefensas a sus filas. Tres no volvieron a llegar al retén de Cuatro Caminos. Solo una regresó, la del comandante, Nicolás Sierra Santana, quién no supo dar razones de los demás.

El domingo, miembros de las Fuerzas Rurales avisaron a los familiares que los jóvenes habían sufrido una emboscada y que no sabían que había pasado con ellos. Según los familiares todos los desaparecidos tenían sus armas registradas ante la autoridad e identificación como comunitarios. Sin embargo, no todos estaban acreditados como Policías Rurales.

Pese a las declaraciones públicas del Comisionado para la Seguridad en Michoacán, Alfredo Castillo, quien el 7 de julio pasado aseguró en Uruapan que las autodefensas “ya no existen, desaparecieron desde el pasado 10 de mayo y ahora son la Fuerza Estatal Rural”;  por todo el estado –a excepción del noreste y el oriente del Estado donde no ha habido presencia de milicias civiles–, las autodefensas siguen sumando gente y empuñando armas largas. Solo que ahora lo hacen acompañando a sus compañeros que ya se han regularizado como policías en las Fuerzas Rurales y se integran en el Mando Unificado coordinándose con la Policía Federal. En el caso de Uruapan, el alcalde Aldo Macías describe que a sus cien policías rurales registrados les acompañan tres grupos de autodefensas –que responden a tres diferentes líderes e intereses– que “rondan los 600 o 700 elementos”.

En el caso de los 10 jóvenes desaparecidos la Procuraduría General de Justicia (PGJ) de Michoacán no los reconoce como fuerzas rurales. El vocero del comisionad Castillo decía esa misma mañana a los reporteros locales que ellos no tenían a ningún elemento de la corporación policial reportado como desaparecido. El alcalde de Uruapan, Aldo Macías, aseguró a Animal Político que al menos Gerardo Serafín, uno de los dos degollados, sí era comandante de la Fuerza Rural y que su familiar le asistía como autodefensa.

Uruapan, policías y autodefensas dudosos

“Uruapan está dividido”, dice un autodefensa de Apatzingán que ya está regularizado como Fuerza Rural en Zamora, a más de dos horas de Uruapan. “Hay mucho Templario todavía”, agrega. El mismo comentario se repite ya en la capital del aguacate. “En Uruapan siguen operando los cárteles infiltrados dentro de las Fuerzas Rurales, así se negoció con las autoridades”, asegura un periodista local.

Uruapan fue la primera población mexicana donde el crimen organizado cercenó cabezas y las exponía en lugares públicos. En 2006, al menos 13 personas aparecieron degolladas en pueblos colindantes, fruto de la pelea por la plaza entonces entre La Familia Michoacana –del que se escindirían después Los Caballeros Templarios– contra el grupo de Los Valencia, originarios de Uruapan y fundadores del ahora pujante Cártel de Jalisco-Nueva Generación.

El pasado lunes 24 de noviembre, el Procurador de Michoacán, José Martín Godoy, se refirió al degollamiento doble como a “hechos aislados”. Junto a sus restos, una cartulina rezaba, al viejo estilo de los mensajes del 2006: “Aquí tienen al intocable Gera o G1 y voy por todos los demás perros, aquel que no se quiera venir pa’ este lado mejor abrace a la verga, yo voy con todo y contra todos. Att. Guardia Michoacana” (sic).

Para el alcalde de Uruapan estos crímenes son parte de un “reajuste”. “Alguien quiere mandar un mensaje, decir que todavía están aquí, dar miedo. Claro que el crimen no se ha radicado, no se va a quitar en un año, tiene que llevar un proceso. Pero sí hay resultados palpables, la gente ya sale de su casa”, asevera el edil príista, Aldo Macías.

Este alcalde también fue señalado por tener vínculos con el crimen organizado, pero los libró. “No podemos nadie decir no sabíamos de esto. Hace un año yo salía de una reunión y tenía a alguien aquí abajo. Pero no se podía denunciar, no había confianza en las autoridades. Antes, si un ciudadano demandaba a alguien no llegaba ni a su casa. Ahorita las cosas han cambiado, ya hay confianza en la autoridad”, se defiende, mientras en la pared de su despacho cuelga una foto de él en medio del presidente de México, Enrique Peña Nieto y el ex gobernador de Michoacán, Fausto Vallejo.

En abril, la Policía Federal sustituyó a toda la corporación seguridad pública de Uruapan, por no pasar los exámenes de confianza. Ahora muchos de los autodefensas que quieren acreditarse como Fuerza Rural tampoco los pasan. 

Entre los cien Fuerzas Rurales que ya acreditaron en este municipio, apenas unos pocos hicieron acto de presencia en los bloqueos pese a que exigían justicia por sus compañeros. En uno de los cuatro bloqueos, Animal Político intentó abordar a Nicolás Sierra Santana, pero este dijo que las protestas eran “por los desaparecidos de Guerrero” y abandonó el lugar.

Nicolás Sierra Santana ha sido señalado como miembro de Los Viagras, un grupo de sicarios mercenarios que habrían trabajado para Los Templarios. Sierra Santana viajó con una cuarta camioneta en el mismo convoy que las otras tres camionetas que desaparecieron el domingo pero él regresó y asegura que no sabe que pasó. “Ellos mismos se los pusieron a los criminales”, acusan los familiares de los desaparecidos, “la prueba es que ni los buscan”, insisten. Ellos los quieren de regreso a casa.

Mientras tanto sus mantas interpelan a los que se acercan: “¿No que en Michoacán no pasa nada?”.

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Por qué el año no termina realmente a la medianoche del 31 diciembre (y no siempre dura lo mismo)

La fecha en la que comienza y termina un año no tiene su base en la ciencia, sino que es un sistema, a la larga, "inventado".
31 de diciembre, 2020
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año nuevo Nuevo

Getty Images
El momento en que comienza y termina el año es una convención.

Brindis y uvas, bailes, resoluciones y rituales… la medianoche del 31 de diciembre es un momento de festejo, esperanza y recuento para millones de personas en todo el planeta.

Un año “termina” y otro “comienza” y, con él, las aspiraciones de un mejor tiempo y de innumerables propósitos y nuevas metas.

Es el último día del calendario gregoriano, el patrón de 365 días (más uno en bisiesto, como 2020) que ha regido en Occidente desde que se dejó de usar el calendario juliano en 1582.

Su paso celebra el fin de un ciclo que ha marcado las cuentas del tiempo para diversas culturas desde hace milenios: una vuelta completa de la Tierra alrededor de su estrella.

“Lo que entendemos tradicionalmente por año, tanto en astronomía como en muchas culturas, es ese lapso que tarda nuestro planeta en darle la vuelta al Sol”, indica el astrónomo y académico Eduard Larrañaga, del Observatorio Astronómico Nacional de la Universidad Nacional de Colombia.

Sin embargo, según explica el también físico teórico a BBC Mundo, la fecha en la que comienza y termina un año no tiene su base en la ciencia, sino que es una convención, o sea un sistema, a la larga, “inventado”.

“Asumir que el año termina a la medianoche del 31 de diciembre y empieza el 1 de enero es una construcción social, una definición que se hizo en un momento de la historia”, dice.

De acuerdo con Larrañaga, dado que la base para la medición de un año es el tiempo que tarda la Tierra en darle la vuelta al Sol, el conteo de cuándo empieza y termina ese ciclo puede ocurrir, en la práctica, en cualquier momento.

“Desde el punto de vista astronómico, no ocurre nada especial el 31 de diciembre para decir que es ahí donde termina el año ni ocurre nada especial el 1 de enero para decir que ahí es cuando comienza“, señala.

“En realidad, a lo largo de la órbita de la Tierra no hay nada especial ni fuera de lo común que ocurra para marcar el cambio de un año”, agrega.

Pero no termina ahí.

La duración exacta que le damos al año de 365 días (o 366 en los bisiestos) es otra convención social.

“En realidad, hay muchas formas de medir la duración de un año” y si se hace de una u otra forma, la duración no es la misma, indica Larrañaga.

Pero ¿cómo es posible?

La duración del año

Desde que fue introducido por el emperador Julio César en el año 46 a. C., el calendario juliano sirvió para contar el paso de los años y la historia en Europa hasta finales del siglo XVI.

Sin embargo, desde entrada la Edad Media, varios astrónomos se dieron cuenta de que con esa manera de medir el tiempo se producía un error acumulado de aproximadamente 11 minutos y 14 segundos cada año.

Fue entonces cuando en 1582 el papa Gregorio XIII promovió la reforma del calendario que usamos hasta el día de hoy e introdujo los bisiestos para corregir los errores de cálculo del calendario juliano.

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Getty Images
Millones de personas celebran el cambio de año este 31 de diciembre.

Larrañaga explica que, desde el punto de vista de la astronomía, base para la definición de lo que es un año, no existe una única unidad de medida, sino al menos cuatro para contar el tiempo que tarda la Tierra en darle una vuelta al Sol.

  • Año juliano o calendario: “Es una convención y se usa en astronomía como una unidad de medida en la que se considera que la Tierra le da la vuelta al Sol en 365,25 días”.
  • Año sideral: “Es el que tarda la Tierra en dar una vuelta al Sol respecto a un sistema de referencia fijo. En este caso, se toma como referencia el grupo de las estrellas fijas y ese año tiene una duración de 365,25636”.
  • Año trópico medio: “En este se toma en cuenta longitud de la eclíptica del Sol, es decir, la trayectoria del Sol en el cielo con respecto a la Tierra a lo largo del año, principalmente en los equinoccios. Y este dura un poco menos que el año sideral, 365,242189 días”.
  • Año anomalístico: “La Tierra, al igual que los otros planetas, se mueve en elipsis. Esa elipsis hace que el Sol en algunas ocasiones esté más cerca y más lejos de la Tierra. Pero hay un punto donde ambos están lo más cerca posible, el llamado perihelio”. Y el año anomalístico es el tiempo transcurrido entre dos pasos consecutivos de la Tierra por su perihelio. Dura 365,2596 días”.

Si bien Larrañaga señala que todos están sobre el orden de los 365 días, asumir que este es el periodo exacto de la duración de un año se vuelve una simplificación.

Pero además, no tiene en cuenta otro factor.

“Hay otra cuestión, y es que, aunque tenemos esos cálculos, no todos los años duran lo mismo, no tienen la misma duración cada vez“, dice.

El largo de los años

De acuerdo con el experto, si bien los astrónomos han tratado de calcular con precisión a través de los siglos el tiempo que tarda la Tierra en darle una vuelta al Sol, existe un problema básico que les impide obtener un número definitivo.

“Hay que tener en cuenta que la duración de los años nunca es igual debido a que en el Sistema Solar todo cambia. Tomemos el año anomalístico: mientras la Tierra se mueve alrededor del Sol, el perihelio cambia como resultado de la acción gravitatoria de otros planetas, como Júpiter”, dice.

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Getty Images
La influencia gravitatoria de los planetas y el movimiento de la Tierra hacen que la duración del año no sea igual siempre.

El físico teórico señala que algo similar ocurre con el llamado año trópico medio, que mide el intervalo de tiempo entre dos pasos consecutivos del Sol por el punto Aries o equinoccio de primavera, o con el sideral.

“El año trópico medio también cambia, dado que depende del eje de la Tierra, que está torcido. Es como un trompo que va balanceándose. Entonces, la fecha y el momento del equinoccio también es diferente”, dice.

“Y si comparamos cuánto duraba el año sideral en 2020 con cuánto duró en el 1300 seguramente notaremos una diferencia. Siempre estaría en torno a los 365 días, pero no sería la misma duración exacta, porque el movimiento de la Tierra no es siempre el mismo”, agrega.


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