12 meses, 12 historias: Así es un calendario incluyente
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12 meses, 12 historias: Así es un calendario incluyente

Éste es el calendario incluyente 2015 y sus modelos son personas con discapacidad. Se trata de una iniciativa desarrollada por la asociación civil Aequalis que es única en el mundo y que fue presentada el pasado viernes 14 de noviembre en el Museo Nacional de Culturas Populares, en Coyoacán.
Por Francesc Messeguer
15 de noviembre, 2014
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Cuando hablamos de calendarios, estos suelen estar llenos de fotografías de modelos con cuerpos despampanantes tomadas en locaciones espectaculares. Pero éste no. Éste es el calendario incluyente 2015 y sus modelos son personas con discapacidad. Se trata de una iniciativa desarrollada por la asociación civil Aequalis que es única en el mundo y que fue presentada el pasado viernes 14 de noviembre en el Museo Nacional de Culturas Populares, en Coyoacán.

“La discapacidad muchas veces está en la mente”, cuenta Araceli Yáñez, directora de Aequalis, en entrevista con Animal Político, al hablar de la idea detrás del calendario incluyente. “Lo que queremos es que la gente vea que somos personas con una característica que nos secunda –que es la discapacidad–, pero que podemos romper y estamos rompiendo paradigmas: estamos siendo modelos de un calendario”, dice.

Aequalis busca crear conciencia en torno a la discapacidad desde otro punto de vista. Por eso, organizan actividades que cuestionan la “normalidad” de las cosas: desde 2011 realizan pasarelas incluyentes, donde los modelos son personas con discapacidad, quienes cuentan con ropa especialmente diseñada para ellos.

“Lo que queremos reflejar es una inclusión verdadera que se plasmara en esas fotografías. No inclusión ficticia en la que sólo nos toman en cuenta por lástima o cuestiones legales. Aquí hay 12 historias, 12 circunstancias pero, al final de cuentas, personas. Y eso queremos plasmar, fuera de nuestros aditamentos que nos ayudan a enfrentar nuestra vida un poco. Somos estudiantes, profesionistas, deportistas, padres de familia… Queremos plasmar que seguimos siendo personas. Podemos ser parte de cualquier ámbito de la vida”, dijo Pamela Flores, modelo que representa al mes de marzo.

12 meses, 12 historias: ése es el calendario incluyente. Una iniciativa que juntó a personas con y sin discapacidad para presentar un proyecto que cuestiona las maneras tradicionales de aproximarnos a un calendario. Para su elaboración, Aequalis colaboró con un fotógrafo y dos maquillistas, quienes pintaron el cuerpo de los modelos en body paint. Además, el Sindicato de Trabajadores de la UNAM apoyó con la impresión del primer tiraje de calendarios, que es de mil ejemplares. El calendario está impreso sobre papel couché brilloso y, aunque todavía no es el caso, la idea es que algunos ejemplares de los próximos tirajes contengan lenguaje braile para que personas ciegas lo puedan leer.

El fotógrafo del proyecto, Isaac Flores (@issflores) dijo que uno de los objetivos del calendario era no explotar la condición física de la discapacidad. “¿Qué sí quisimos? Resaltar la parte humana, resaltar la belleza, su fortaleza, su carácter. Eso fue lo que tratamos de hacer. En un momento, durante las sesiones, yo le decía al modelo: ‘grita’. Y era un grito no de reclamo, sino de decir: ‘Aquí estoy presente, éste es mi espacio, denme un lugar’. Y bueno, a mí sólo me tocó darle un click a la cámara”, dijo.

Osvaldo Solís Soto y Brenda Castro son los maquillistas. Para seleccionar los modelos que representarían a los 12 meses del año, Brenda platicó con cada uno de ellos acerca de sus gustos e intereses, para de ahí tomar la decisión. “Por ejemplo, a mí me gustan las flores, y así fue como me maquillaron”, dijo Patricia de Anda, una modelo con discapacidad motriz que representa al mes de mayo.

“Es un proyecto que nos cambió la vida: la perspectiva en la que vemos y realizamos cosas. Estamos acostumbrados a otro tipo de cuerpo, a otro tipo de condiciones físicas. Pero acá encontramos alguien que no puede caminar, alguien que no puede ver. Y mí lo que más me gustó fue explorar otros cuerpos. Explorar que todos somos iguales, independientemente de las condiciones físicas de cada uno. Habrá unos más grandes que otros, pero siempre es el mismo frío, el mismo calor y las mismas necesidades fisiológicas”, dijo Oswaldo.

Tanto los modelos como los colaboradores del proyecto coinciden en que esta iniciativa humaniza y busca concientizar sobre las posibilidades que ofrece la discapacidad en la convivencia social. En otras palabras: que la discapacidad no sea vista como una desgracia, si no como una característica que hay que asumir para que la inclusión se convierta en un hábito de vida.

“La discapacidad tiene un plus: nos enseña a ser pacientes, a ser cuidadosos, a saber que hay otros que también pueden tener una condición de vulnerabilidad. Es una gran lección de vida. Pero procuramos que esta lección de vida se comparta para que también la sociedad aprenda a ser más solidaria, más comprensiva y que los espacios son para todos”, dijo Patricia.

Animal Político te presenta a los 12 modelos del calendario incluyente:

Pamela Flores

Pamela Flores

1.- Pamela Flores, enero. Hace 16 años, Pamela, quien era clavadista, sufrió un accidente y desde entonces tiene discapacidad motríz. A sus 31 años, participa como modelo en las pasarelas incluyentes que organiza Aequalis, está casada y está estudiando para ser nutrióloga, donde busca enfocarse en personas con discapacidad.

Eduardo Pazaran.

Eduardo Pazaran.

2.- Eduardo Pazaran, febrero. Eduardo tiene 32 años y nació con los nervios ópticos dañados con glaucoma. Es una persona que se dedica a dar masajes y trabaja en el Comité Internacional Pro Ciegos (http://www.prociegos.com/), una organización enfocada a ayudar a adultos ciegos a reintegrarse a la sociedad de manera proactiva. Uno de sus mayores logros, dice, vivir solo y ser autosuficiente.

Priscila Flores.

Priscila Flores.

3.- Priscila Flores, marzo. Al nacer, Priscila sufrió una falta de oxígeno en el cerebro (también conocida como hipoxia) y por ello tiene discapacidad intelectual. A sus 22 años quiere estudiar teología y pertenece a una academia profesional de danza árabe.

Griselda Cervantes

Griselda Cervantes

4.- Griselda Cervantes, abril. La discapacidad de Griselda fue ocasionada a raíz de un accidente automovilístico cuando tenía 21 años. A sus 37, se dice orgullosa de haber obtenido un 3er lugar nacional en una competencia deportiva en Colima en la disciplina tiro con arco.

Patricia de Anda

Patricia de Anda

5.- Patricia de Anda, mayo. Patricia tiene 63 años y tiene discapacidad motríz, derivada de poliomelitis. Ha trabajado como funcionaria pública, docente y periodista. Es madre de cuatro hijos y tiene una nieta. Además de participar como modelo en el calendario incluyente, también ha estado en los desfiles para personas con discapacidad que organiza Aequalis.

Axel Villalba

Axel Villalba

6.- Axel Villalba, junio. Axel es débil visual desde hace 15 años, por retinosis. Estudió Comunicación en la Universidad Iberoamericana. A sus 46 años, ha colaborado en medios y escribe cuentos cortos y novelas. Además, es creativo publicitario.

Jessica Aguilar

Jessica Aguilar

7.- Jessica Aguilar, julio. Jessica tiene 28 años y su discapacidad es paraparesia espástica. Uno de sus principales logros es haberse titulado como Arquitecta. Además, administra la cuenta de Twitter (@diseoincluyent), en la que comparte información referente a diseño incluyente y universal.

Araceli Yáñez

Araceli Yáñez

8.- Araceli Yáñez, agosto. Aracely, quien tiene 36 años, representa al mes de agosto en el calendario, tiene glaucoma congénito bilateral, debido a una negligencia médica. Además de ser la directora de Aequalis es madre y terminó su carrera.

Ángel Cruz

Ángel Cruz

9.- Ángel Cruz, septiembre. A los 10 años, Ángel sufrió un accidente con arma de fuego y desde entonces tiene discapacidad motríz. Actualmente, a sus 36 años, impulsa un negocio familiar y está terminando su carrera. Le gusta ir al cine, leer, viajar y estar en compañía de su esposa.

Wendy García

Wendy García

10.- Wendy García, octubre. Wendy tiene una lesión medular por un accidente automovilístico. La logrado ser atleta paralímpica y licenciada en Psicología. Actualmente se encuentra estudiando una maestría en psicología del deporte.

Fernando González

Fernando González

11.- Fernando González, noviembre. Hace 16 años, Fernando sufrió un accidente automovilístico y desde entonces tiene discapacidad motríz. A sus 38 años, dice sentirse orgulloso por haber completado el bachillerato, haber hecho un diplomado en el hospital ABC sobre discapacidad y haberse graduado en un diplomado sobre responsabilidad social y administración de instituciones.

Mariel Salas

Mariel Salas

12.- Mariel Salas, diciembre. Mariel tiene 46 años y su discapacidad es visual: tiene ceguera. Es pasante en la licenciatura en Administración de Empresas en la UNAM. Actualmente realiza actividades en una asociación civil llamada Ojos que Sienten y es locutora en el programa de radio por internet “c/sentidos”, que se transmite a través de la Universidad de la Comunicación. Además, es madre de tres hijos.

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Los niños que olvidaron leer y escribir durante la pandemia de COVID-19

Unicef reclama que solo en América Latina 86 millones de menores no han vuelto a clases. Se les ha comenzado a llamar "la generación perdida".
28 de septiembre, 2021
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Ya los llaman “la generación perdida”: Naciones Unidas señaló en un informe reciente que cerca de mil millones de menores alrededor del mundo están en riesgo de tener una “pérdida de aprendizaje” significativa a causa de las interrupciones en la asistencia a la escuela durante la pandemia del covid-19.

Y la advertencia va mucho más allá: en muchos países el sistema de educación está a punto de colapsar, si además de la pandemia se suman otros factores como el cambio climático y los conflictos internos.

Un ejemplo de esta crisis que reporta la ONU es lo que ocurre en India.

La periodista de la BBC Divya Arya pudo comprobar que niños en varias regiones de este país asiático “se han olvidado de leer y escribir” debido a que se han visto impedidos de asistir a la escuela en el último año.

Arya expone el caso de Radhika Kumari, de 10 años, a quien básicamente se le olvidó escribir debido a que “estuvo 17 meses” fuera de las aulas.

Radhika vive en el estado de Jharkhand, donde la brecha digital es enorme. Y cuando la pandemia del covid-19 obligó al cierre de las escuelas, muchos niños de las escuelas públicas no tuvieron acceso a dispositivos que les permitieran continuar con su educación de manera remota.

“Fue realmente impactante descubrir que, de 36 niños matriculados en un solo curso de nivel primario, 30 no podían leer una sola palabra“, le explicó a la BBC el economista Jean Dreze, quien analiza la situación en esta región de India desde que los estudiantes pudieron regresar a clases.

Vishnu reads aloud to Radhika.

BBC
En algunos sectores de India hay niños que estàn olvidando leer y escribir debido al cierre de escuelas.

“Si no te olvidas de leer y escribir, que te atrases un poco puede remediarse. Pero si te olvidas de los conceptos básicos, ahora que regresas a clases y te hacen avanzar al siguiente curso la brecha va a ser peor“, agrega.

Alumnos latinoamericanos

En Latinoamérica el panorama es similar: de acuerdo con un informe presentado por Unicef hace una semana, cerca de 86 millones de niños aún no han retomado las clases, lo que pone en riesgo el progreso de su aprendizaje y los niveles de conocimientos previamente adquiridos.

Durante los últimos 18 meses, la mayoría de los niños, niñas y adolescentes de América Latina y el Caribe no han visto a sus profesores o amigos fuera de una pantalla. Los que no tienen Internet, directamente no los han visto”, explicó Jean Gough, directora regional de Unicef para América Latina y el Caribe.

Y añade que no solo existe el riesgo de que los niños dejen de aprender las competencias básicas para su vida, sino de que incluso no regresen nunca a la educación formal.

La educación virtual debe continuar y mejorar, pero está claro que durante la pandemia las familias más marginadas no han tenido acceso al aprendizaje”, añade la especialista.

La realidad es aún más acuciante entre los grupos más vulnerables, donde la deserción escolar era una problemática previa a la pandemia.

“Cada día fuera de las aulas acerca a los niños, niñas y adolescentes más vulnerables a la deserción escolar, la violencia de las pandillas, el abuso o la trata de personas”, añade.

“Fracasó mi colegio”

Para muchos de los alumnos y alumnas, durante estos últimos 18 meses “no se ha aprendido nada”.

En BBC Mundo hablamos con algunos escolares en partes de América Latina que se han visto afectados por la falta de conectividad y la baja asistencia escolar durante la pandemia.

Uno de ellos es Richard Guimaraes. Él tiene 15 años y vive en San Rafael, una comunidad indígena ubicada a dos horas y media de la ciudad Pucallpa, en el Amazonas peruano.

Richard quiere ser diseñador gráfico.

“Mis papás hacen artesanías y yo he aprendido a tejer y a hacer varias cosas que vendemos en el mercado”, le cuenta BBC Mundo.

Richard en su casa.

UNICEF
Richard Guimaraes vive en la regiòn amazónica de Perú.

“Y quiero aprender a hacerlas mejor”, confiesa.

Hace un año, Richard estaba cursando cuarto grado de bachillerato cuando la pandemia del covid-19 irrumpió con fuerza inusitada en el Perú y obligó a poner la vida en pausa.

En este último año y medio no aprendí nada. La pandemia hizo que fracasara el colegio“, se queja.

Antes de la pandemia, iba a clases desde las 7:30 de la mañana hasta el mediodía.

“En ese horario, durante la semana veíamos 12 materias”, recuerda.

Pero una vez comenzó la pandemia y las clases se suspendieron, las cosas se volvieron más difíciles.

“Pasamos de 12 materias a solo seis”, relata. El sistema establecido para remediar la crisis funcionaba así: cada mes los maestros venían a su localidad, les dejaban una especie de cartillas y ellos las tenían que resolver y enviar las respuestas a través de WhatsApp.

Arte, que es su clase favorita, se redujo a dibujos que hacía en casa y que le enviaba a su profesor por el móvil.

Mi papá vive de las artesanías y de vender plátanos, vivimos en una zona muy alejada, por lo que es difícil poder acceder a internet”, relata.

Como muchos de sus maestros no vivían cerca de su comunidad, solo los podía contactar por teléfono cuando se conectaba a internet. Además, algunas de las cartillas le parecían confusas y a veces hasta inentendibles.

Clases cerradas

Getty Images
Unicef señala que en América Latina y el Caribe 86 millones de niños aún no han regresado a las aulas.

El aumento de la desigualdad

Para muchos expertos en psicopedagogía y procesos educativos, es claro que los niños necesitan volver a las aulas lo más pronto posible.

La desaparición de este espacio de aprendizaje y socialización ha sido para muchos niños y niñas – especialmente entre familias de menor nivel sociocultural- “una catástrofe”.

“La verdad es que, en materia de conocimientos, un año y medio, casi dos de pérdida de clase porque la realidad es que los niños están volviendo a una escolarización muy precaria, es una catástrofe, que además va a costar mucho tiempo superar”, le dice a BBC Mundo Guillermina Tiramonti, especialista en educación e investigadora de Flacso Argentina.

Hay muchos niveles en este tema, pero pongo un ejemplo: un chico que estaba en primer año de primaria antes de la pandemia, y aún no había logrado aprender a leer, ahora que regresó al colegio debe finalizar el segundo grado sin haber aprendido a leer o escribir”, señala.

Para la académica, no solo se trata de los contenidos que no han sido aprendidos o incorporados sino de algo más importante: recuperar el hábito de aprender.

“La pérdida del conocimiento no es solamente no haber aprendido determinados contenidos, sino el hecho de perder el ritmo, el hábito, la rutina escolar”, apunta.

Lo explico en relación con un elemento muy simple como los códigos lingüísticos. Los niños de los sectores más bajos socio culturalmente no están acostumbrados a estos códigos complejos y solo tienen acceso a ellos en la escuela, donde son fundamentales para luego poder avanzar en el conocimiento. En la casa no tienen acceso a ellos”.

Para los niños que no están expuestos a ese tipo de códigos durante dos años, el retroceso cognitivo es muy grande, concluye Tiramonti.

salones cerrados en una escuela

Getty Images
Para varios analistas se deben crear proyectos especiales para recuperar el tiempo perdido durante la pandemia.

Revisar los objetivos

A medida que se van levantando las restricciones de la pandemia en distintas regiones, la reapertura de las escuelas se ha vuelto una prioridad de muchos gobiernos. A la fecha, el informe de la ONU señala que 47 millones de niños han regresado paulitinamente a las aulas.

Y la siguiente etapa también se pone en evidencia el gran desafío de poner al día a los niños con los objetivos que se debieron aprender durante este año y medio.

La educación de los niños y las niñas se perdió en un esfuerzo por proteger las vidas de toda la población ante el coronavirus“, explica Irma Martínez, experta en temas de educación de Human Rights Watch.

Pero si de toda crisis surge una oportunidad, este es el momento de replantear algunas de las premisas de la escolarización y el sistema educativo como un todo, señalan los expertos.

“El objetivo no debería ser simplemente volver a como eran las cosas antes de la pandemia, sino arreglar los defectos de los sistemas que durante mucho tiempo han impedido que las escuelas sean abiertas y acogedoras para todos los niños y niñas”, agrega Martínez.

En este tema, Tiramonti es categórica: “No podemos volver a la escuela y hacer como si nada hubiera pasado”, le dice a BBC Mundo.

“Es necesario hacer evaluación, ver qué pasó con los niños, cuáles son las pérdidas, cuáles son las problemáticas de aprendizaje que tienen y armar un programa para que recuperen aquellos conocimientos que son básicos para poder seguir una trayectoria escolar”.

Se necesita trabajo muy profesional para elaborar un proyecto de recuperación“, anota.

Hace menos de un mes, Richard Guimaraes es uno de decenas de miles de alumnos que volvieron a a las aulas después de casi un año y medio.

Y aunque está contento, siente en carne propia los desafíos: “Ahora estamos viendo las materias que dejamos de ver en la pandemia y es difícil seguir el ritmo. Es como empezar de nuevo”.


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