A 25 años de la caída del Muro de Berlín, las divisiones que persisten en Alemania
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A 25 años de la caída del Muro de Berlín, las divisiones que persisten en Alemania

A pesar de los 25 años transcurridos y los cambios en ambos lados del extinto muro de Berlín, permanecen claras divisiones entre Alemania occidental y oriental, una especie de "muro invisible" que ilustra las diferencias entre ambas partes y los problemas respectivos que las aquejan.
Por BBC Mundo / Thomas Sparrow
9 de noviembre, 2014
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En esta imagen de archivo del 20 de noviembre de 1961, tablones ocultando el trabajo de las tropas alemanas erigiendo un nuevo muro de cemento ante la puerta de Brandemburgo, que marcaba la frontera entre el Berlín occidental y el oriental. De fondo se ve el antiguo edificio del Reichstag, en el Berlín Oeste.  (AP  Foto/file)

En esta imagen de archivo del 20 de noviembre de 1961, tablones ocultando el trabajo de las tropas alemanas erigiendo un nuevo muro de cemento ante la puerta de Brandemburgo, que marcaba la frontera entre el Berlín occidental y el oriental. De fondo se ve el antiguo edificio del Reichstag, en el Berlín Oeste. (AP
Foto/file)

Cuando uno camina por el centro de la ciudad alemana de Leipzig, en el este del país, es difícil pensar que hace poco más de dos décadas era descrita como un paisaje en ruinas, gris y altamente contaminado.

Pocos días antes de la caída del Muro de Berlín, de la que esta semana se conmemoran 25 años, un documental se preguntaba si Leipzig podía ser salvada, si todavía había esperanzas para esa ciudad histórica en la que nació Richard Wagner, murió Johann Sebastian Bach y estudió Johann Wolfgang von Goethe.

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El diagnóstico se resumía en una frase: Leipzig estaba “en coma”, afectada por el mal manejo de las autoridades, la crisis en la agonizante República Democrática Alemana (RDA) y la presencia de decenas de fábricas que escupían gases tóxicos de sus chimeneas.

La canciller alemana, Angela Merkel, a la dercha, habla con ciudadanos durante una recepción en el Monumento al Muro de Berlín en la calle Bernauer de Berlín, Alemania, el 9 de noviembre de 2014.Hace 25 años, el 9 de noviembre de 1989, el gobierno de la Alemania Oriental levantó las restricciones al viaje y miles de berlineses se abrieron paso ante perplejos guardas de frontera para celebrar su libertad con sus vecinos del Oeste. (AP Foto/Michael Sohn)

La canciller alemana, Angela Merkel, a la dercha, habla con ciudadanos durante una recepción en el Monumento al Muro de Berlín en la calle Bernauer de Berlín, Alemania, el 9 de noviembre de 2014. Foto: AP.

 

Es fácil ver el contraste con la actualidad: Leipzig ha atraído a empresas como Porsche, Amazon y BMW, fue una de las sedes del Mundial de fútbol de 2006 y ha sido descrita en medios internacionales como un lugar “cool” -de tendencia- que atrae a jóvenes y artistas por sus arriendos baratos y su oferta cultural.

En pocas palabras, Leipzig ha tratado de presentarse como un símbolo de esa Alemania oriental renovada, que ha cambiado su fachada lúgubre tras la caída del Muro de Berlín y está integrada con el resto del país, hasta el punto que dos de las principales figuras políticas alemanes tienen fuertes vínculos con esa zona.

La canciller, Angela Merkel, estudió en Leipzig y el presidente, Joachim Gauck, fue un importante pastor prodemocrático en la RDA.

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Pero esta integración es sólo una faceta de la historia, pues todavía hay claras divisiones entre Alemania occidental y oriental, una especie de “muro invisible” que ilustra las diferencias entre ambas partes y los problemas respectivos que las aquejan.

Como escribió el periódico Die Zeit, “en la euforia temprana tras la caída del Muro en 1989, Alemania se movió con rapidez para borrar las cicatrices de su división de la Guerra Fría, pero el legado de Alemania Oriental permanece visible en las estadísticas”.

Desde el espacio

Las divisiones también son visibles, curiosamente, desde el espacio.

berlín de noche
Esta foto de la NASA muestra la división en Berlín.

El año pasado el astronauta canadiense Chris Hadfield estaba en la Estación Espacial Internacional cuando tomó una foto nocturna de Berlín que resultó tan hermosa como sorprendente.

El occidente estaba iluminado de un blanco verdusco, el este era más amarillento y había una línea en el medio que por lo menos daba la impresión de ser la marca del muro que alguna vez simbolizó no sólo la división de la ciudad sino la de dos mundos.

Las diferencias en la foto se deben básicamente a que las dos Alemanias usaban luces callejeras distintas, las de occidente mejores para el medio ambiente.

Pero en últimas la foto sirvió para ilustrar cómo, 25 años después de la caída del muro, las brechas no han podido cerrarse del todo (aunque muchas sí se han reducido, en buena medida por la transferencia de una gran cantidad de dinero del oeste al este desde la reunificación en 1990).

Angela Merkel
Si bien Merkel nació en Alemania Occidental, es una figura central de la historia del este del país.

Hasta hoy, por ejemplo, los ingresos siguen siendo menores en el este que en el oeste, aunque el costo de vida también es menor en la antigua Alemania oriental.

En el oriente el desempleo también es mayor: 9,7%, comparado con el 5,4% del país como un todo. Pero en esta parte del país las mujeres tienen una mejor participación en la fuerza laboral y los niños pequeños son inscritos con más frecuencia en guarderías.

En el este la población también es mayor, en parte porque muchos jóvenes emigraron al occidente en busca de mejores oportunidades.

Y están las diferencias que no siempre son palpables con las estadísticas frías, aunque sí cuando uno vive en Alemania y entiende su día a día: ciertas tensiones entre quienes vienen de una parte del país y de otra, esa idea -defendida por algunos, pero ciertamente no por todos- según la cual ambas regiones simplemente tienen mentalidades distintas.

El problema del pasado

Leipzig
Con su revolución pacífica, Leipzig jugó un rol clave en las protestas que conllevaron a la caída del muro.

En Alemania no todo, por supuesto, son brechas y diferencias y quizás un ejemplo reciente de lo que une al país es el fútbol.

Es cierto que el occidente domina en el fútbol profesional, pero los triunfos de la selección dan la impresión de superar esas ideas de un muro invisible.

Durante mucho tiempo era difícil ver a los alemanes ondeando sus banderas con tranquilidad o llevando los colores del país en sus prendas, pues ese gesto se equiparaba con nacionalismo, casi como una afrenta a otros países.

Pero las banderas fueron protagonistas en 2006, cuando el país albergó el Mundial, y otra vez este año, cuando ganó el de Brasil.

No es un asunto menor: en instancias de gran alegría como el Mundial o en momentos de profunda reflexión, como el aniversario del muro, sale a relucir cómo los alemanes tienen una relación particularmente problemática con su propia historia.

Berlín
El Muro de Berlín es un motivo de orgullo para muchos alemanes, aunque también, para otros, un recordatorio de un pasado difícil.

Por su pasado reciente, por el lastre incómodo que dejó la Segunda Guerra Mundial, es rutinario encontrar alemanes -en el este y el oeste- que piensan dos veces antes de hablar con orgullo de su propio país.

Por supuesto, desde políticos hasta ciudadanos del común están conmemorando ahora los muros derribados (el físico, el de piedra, pero también algunos de los invisibles) y hablando de cómo Alemania ha avanzado para convertirse en una potencia europea.

Pero incluso en Berlín se ha discutido qué debe hacerse con los restos del muro que aparecen desperdigados en la capital y cómo debe recordarse esta historia de división y de unión.

Ahí, en últimas, está la clave para entender a Alemania, en esas dos fuerzas simultáneas y protagónicas: es un país que va a cumplir 25 años años unido pero que no ha podido desprenderse del todo de haber estado unas cuatro décadas separado.

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La mujer chilena que quiere que le dejen interrumpir su embarazo tras tomar anticonceptivos defectuosos

Más de 170 mujeres quedaron embarazadas luego de que el sistema de salud público chileno les diera anticonceptivos defectuosos. Esta es la historia de una de ellas.
20 de marzo, 2021
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Fue en octubre del año pasado cuando Javiera*, de 32 años, descubrió que estaba embarazada.

La noticia le resultó sorprendente. Hacía tres años que tomaba anticonceptivos.

Sin embargo, el test salió positivo.

La mujer descubrió entonces que no era la única.

Ella y otras 170 mujeres en Chile habían sido víctimas de un escándalo que ha golpeado fuertemente al sistema de salud público de ese país: la administración, por error, de anticonceptivos defectuosos a miles de mujeres.

La pastilla se llama Anullete CD, del Laboratorio Silesia S.A, y, hasta hace siete meses era repartida a más de 300.000 personas acogidas al programa de planificación familiar del Estado.

El Instituto de Salud Pública (ISP) de Chile alertó de esta situación en agosto del año pasado, solicitando el retiro del mercado de estos anticonceptivos.

Pero la medida llegó demasiado tarde. El comprimido había estado en circulación por más de un año y las denuncias sobre embarazos no deseados aumentaban todos los días.

A pesar de que la mayoría de esas 170 mujeres ha optado por continuar con sus embarazos, Javiera decidió solicitar un aborto.

Así, el 17 de diciembre del año pasado, la joven se dirigió al Centro de Salud Familiar (Cesfam) donde la atendían y presentó su petición.

mujer embarazada

Getty Images
La mayoría de las chilenas afectadas por los anticonceptivos defectuosos han decidido continuar con sus embarazos.

En Chile, la interrupción del embarazo está permitida bajo tres causales: la inviabilidad del feto, peligro de la vida de la madre o violación. Para las dos primeras, no hay límite en las semanas de gestación del embarazo.

Javiera se acogió a la segunda causal, argumentando que, producto de la situación en la que se encuentra, estaba sufriendo un importante daño psicológico y, en consecuencia, su vida estaba en peligro.

El Cesfam no respondió a su solicitud y entonces Javiera decidió acudir a los tribunales.

Argumentos del recurso de protección

Desbalance en su salud psíquica, crisis de pánico, angustia, falta de apetito, síntomas de desánimo e incluso carencia de motivación que le han impulsado a tener “ideas suicidas” fueron parte del cuadro de salud que la mujer esgrimió ante la justicia chilena.

La joven aseguró además que no cuenta con medios económicos ni redes de apoyo para cuidar a un hijo o hija, pues recién está dando los primeros pasos para ejercer su profesión técnica.

movimiento feminista chile

Getty Images
El movimiento feminista en Chile ha abogado fuertemente por los derechos reproductivos de la mujer.

El recurso de protección presentado ante los tribunales por la defensa de Javiera -quien hoy ya tiene 23 semanas de embarazo-, plantea que el Cesfam donde se atendía tuvo un “actuar ilegal y arbitrario” al omitir la solicitud de aborto y solicita que se evalúe su estado psíquico con el fin de optar a una interrupción del embarazo.

Un fallo “significativo” para los derechos de las mujeres en Chile

Este miércoles, la Corte de Apelaciones de San Miguel, en Santiago, acogió el requerimiento de la joven, marcando un importante precedente para los derechos reproductivos de las mujeres en Chile.

En un fallo unánime, el tribunal resolvió que en el caso de Javiera hubo vulneración al derecho a la vida, integridad física y psíquica de la mujer, como también una vulneración a su derecho a la igualdad ante la ley.

Además, la sentencia concluyó que al no responder a la solicitud inicial de la mujer, el Cesfam había actuado, en efecto, no solo de forma “caprichosa” y “arbitraria” sino también “ilegal”.

La Corte de Apelaciones ordenó que dentro del plazo de cinco días el Centro de Salud Familiar evalúe a la mujer para determinar si se puede o no acoger a la causal de interrupción del embarazo.

De acuerdo con el dictamen, el Estado de Chile tiene una “obligación proactiva de cuidar la vida y la integridad física y psíquica de las personas” y “abandonó esta obligación desde que entregó anticonceptivos defectuosos”.

Los jueces, además, afirmaron que “la falta de medios físicos, espirituales, económicos y sociales” en un embarazo no deseado representa un riesgo vital en sí mismo, que muchas veces “perpetúa la precariedad de las mujeres”.

aborto manifestaciones

Getty Images
En Chile, el aborto es legal solo en tres causales.

“Este fallo es muy significativo en la posibilidad de avanzar, tanto en términos jurídicos como sociales, en los derechos reproductivos de las mujeres en Chile”, dice a BBC Mundo la abogada Laura Dragnic, de la Corporación Miles, que representó a Laura en el requerimiento.

La abogada, además, asegura que la sentencia marca un precedente respecto a la ley de aborto en el país sudamericano.

“El fallo habla de la interrupción voluntaria del embarazo como un derecho legal. Y eso es importante porque en general la interpretación de la ley de aborto en Chile es para circunstancias de extrema necesidad”, señala.

“Hasta ahora no se ha comprendido como un derecho propiamente. Y eso es muy significativo, sobretodo considerando las discusiones que se avecinan en cuanto al aborto legal dentro del proceso constituyente”, agrega.

Pero a Javiera todavía le queda camino por recorrer. La Cesfam deberá pronunciarse respecto a su salud y, luego, se resolverá si puede interrumpir o no su embarazo.

De todas maneras, la demora en el proceso no la ha ayudado. Con 23 semanas de embarazo, un aborto no es lo más recomendado.

Al respecto, Laura Dragnic afirma que la decisión la tomará una vez que exista una resolución final por parte del Cesfam.

*La organización querellante solicitó mantener la confidencialidad respecto al verdadero nombre de Javiera, con el fin de resguardar su privacidad.


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