Así se fraguó la detención del matrimonio Abarca en Iztapalapa
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Así se fraguó la detención del matrimonio Abarca en Iztapalapa

Animal Político hace una reconstrucción de cómo se produjo la detención en Iztapalapa del exalcalde de Iguala y su mujer, así como de Noemí Berumen; la persona clave a la que las autoridades siguieron la pista para dar con el paradero del matrimonio acusado de estar detrás de los eventos que provocaron la desaparición de 43 normalistas de Ayotzinapa.
Por Omar Sánchez de Tagle
5 de noviembre, 2014
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El matrimonio Abarca. //Foto: Cuartoscuro

El matrimonio Abarca. //Foto: Cuartoscuro

Dos empresas inmobiliarias propiedad de la familia Abarca y una denuncia ciudadana fueron la clave para detectar la presencia de José Luis Abarca, exalcalde de Iguala, y su esposa María de los Ángeles Pineda, en tres propiedades de la delegación Iztapalapa, en la Ciudad de México.

Hace unos días las autoridades federales recibieron versiones de que José Luis Abarca había sido visto en las colonias Tenorios y Santa María Aztahuacán, en Iztapalapa, situación que provocó que buscaran a todos los socios y amigos que pudieran tener una relación o vínculo en esa demarcación.

Para ello, el equipo de inteligencia de la PGR y la Policía Federal realizó un rastreo de todos los movimientos y contratos celebrados por las inmobiliarias YOZYS S.A. de C.V. y ABARPIN S.A. de C.V., propiedad de la familia Abarca.

De esta forma investigaron la cartera de clientes, socios y personas que habían tenido contacto en los dos últimos años con las empresas inmobiliarias, incluso con aquellos proveedores o personas con las que mantenían convenios o intercambio de información.

Esta búsqueda logró dar a las autoridades no solo una base de 65 bienes inmuebles propiedad de José Luis Abarca, su esposa e hijas, sino también una lista de socios con los que mantenían contacto constante; una de ellas Noemí Berumen Rodríguez.

Al obtener su nombre, la autoridad logró ubicar tres propiedades de ella en Iztapalapa, justo en los lugares en donde había sido reportado la presencia de José Luis Abarca y su esposa.

De acuerdo a las investigaciones, Noemí Berumen no solo era amiga de María de los Angeles Pineda, sino también socia en distintos negocios inmobiliarios en el Distrito Federal y Monterrey.

De hecho al ver los movimientos de las empresas de bienes raíces de la familia Abarca, se detectó que la familia Berumen Rodríguez mantenía buena sociedad con ellos en distintos contratos.

Fue así que con la denuncia en mano y con una búsqueda exhaustiva en los contratos, convenios y sociedades las empresas YOZYS S.A. de C.V. y ABARPIN S.A. de C.V., propiedad de la familia Abarca, se logró dar con una de las dueñas de tres propiedades en Iztapalapa que estaba protegiendo o encubriendo al matrimonio.

Fue entonces que las Policía Federal montó desde el pasado lunes un operativo encubierto para vigilar los domicilios que aparentaban estar vacíos o incluso abandonados.

Como resultado, un grupo elite de 20 elementos federales no solo logró ubicar y detener a José Luis Abarca, sino también a Noemí Berumen Rodríguez.

En una de las propiedades, incluso, se encontraron solicitudes para tramitar visas a los Estados Unidos. Además, en los documentos olvidados había credenciales y otro tipo de documentación que quedo a resguardo de las autoridades. Esta información, detalló la autoridad, se complementa con un diagrama de vínculos de familiares, amigos, socios, para establecer una lista de aproximación a los objetivos.

La casa habitada por Abarca y su esposa, la de Cedro 50

Foto: Omar Sánchez de Tagle (@osdtagle)

Imagen de la casa donde estaba escondido el matrimonio Abarca. //Foto: Omar Sánchez de Tagle (@osdtagle)

Uno de los operativos realizados fue en la calle de Cedro número 50 colonia Tenorios, lugar en el que José Luis Abarca y María de los Ángeles Pineda habitaban discretamente desde hace un par de semanas, incluso es un lugar en donde tenían solo la comida básica.

Esta casa es de color rosa y de dos niveles; tiene las ventanas cubiertas con madera y papel aluminio en los vidrios para evitar que se pueda observar al interior.

En la cocina se pudo observar que contaban con una despensa básica, varios garrafones de agua y peras al centro de la mesa.

Los vecinos refieren que por meses la casa se mantuvo vacía, pero que hace dos semanas la dueña llegó con despensa, artículos de limpieza y por las noches se observaba la luz de la casa prendida.

Así fue la detención de Noemí Berumen

Foto: Cuartoscuro

Ficha de Neomí Berumen, presentada por la PGR. //Foto: Cuartoscuro

De manera simultánea a la detención del matrimonio Abarca, y a pocos kilómetros de la casa donde éste se encontraba resguardado en la colonia Tenorios de la delegación Iztapalapa, una camioneta con 20 elementos de elite de la Policía Federal irrumpe a las dos y media de la madrugada en el número 27 de la calle Jalisco, en la colonia Santa María Aztahuacán.

Aunque en un principio se informa que en ese lugar está escondido el expresidente municipal de Iguala y su esposa, la policía captura a una persona que, hasta ayer martes, no figuraba en el caso Ayotzinapa. Se trata de Noemí Berumen Rodríguez, quien de acuerdo con la Procuraduría General de la República, encubría y facilitaba domicilio al matrimonio acusado de ser el autor intelectual de un ataque que derivó en la desaparición de 43 estudiantes de la normal de Ayotzinapa el pasado mes de septiembre.

Al igual que el domicilio donde se realiza la detención del exedil, el inmueble en el que es capturada Noemí Berumen luce abandonado en apariencia. Se trata de una casa de fachada desnuda, sin adornos y sin pintar; con un portón de pintura blanca desconchada que conserva las marcas recientes de haber sido forzado a patadas, el cual da acceso a un pasillo –estilo vecindad- que divide el inmueble en dos. En la parte de abajo hay un par de habitaciones, a una de las cuales llegó una pareja de empleados de una estética canina a sacar varias jaulas con perros. Mientras que en la parte de arriba, a la que se accede por medio de una endeble escalera metálica anclada a una pared ya putrefacta por la humedad, se encuentra la habitación en la que es detenida Noemí Berumen, aunque en el lugar no hay rastro de ningún precinto policial.

“Pensamos que estaban grabando una película”

Según narran a Animal Político los vecinos de esta casa ubicada sobre una concurrida avenida –autobuses, camiones, taxis, motocicletas y vehículos transitan de manera constante por esta calzada que conecta Ermita-Iztapalapa con el Eje 6-, el operativo se lleva a cabo de manera sigilosa y discreta. Tanto, que la mayoría se entera de la noticia cuando ve arribar camiones con aparatosas antenas satelitales en el techo apuntando al cielo y a un nutrido grupo de periodistas que, puerta por puerta, hace preguntas a la gente para conocer quién vive en el número 27 de la calle Jalisco.

“Nadie nos imaginamos que esas personas estuvieran ahí escondidas. Todos nos sorprendimos. De hecho, al ver tantas cámaras pensamos que estaban grabando una película”, comenta un vecino, que al ser cuestionado sobre quién regenta el inmueble donde se produjo el cateo, encoge los hombros y asegura que los propietarios fallecieron hace años.

“Esa casa está abandonada desde hace tiempo. Tiene muchas habitaciones, pero no se veía ningún cartel de que se rentara ni nada. La casa siempre estaba sola y la dueña ni siquiera vive ahí. Es la nieta de un matrimonio de viejitos que sí conocíamos aquí, en la calle. El señor era zapatero, gente de bien, que se murió hace unos cinco años”, dice.

“La verdad es que no escuchamos nada del operativo. No sabemos ni siquiera si detuvieron a alguien ahí, porque no se ha visto policías judiciales, ni hay nada precintado”, apunta otra vecina al amparo que ofrece el toldo de una tienda de abarrotes.

Foto: Manu Ureste (@ManuVpC)

Noemí Berumen fue detenida en el número 27 de la calle Jalisco, en Santa María Aztahuacán, delegación Iztapalapa. //Foto: Manu Ureste (@ManuVpC)

“Se escondieron en Santa María porque aquí no hay patrullas ni vigilancia”

Por su parte, otra vecina denuncia que la inseguridad en el pueblo de Santa María Aztahuacán se ha convertido en una constante en forma de robos, asaltos y balaceras, debido a la poca presencia de la policía. Algo que, cuenta bajando la voz, ha hecho que la zona sea muy atractiva para quienes buscan un lugar en el que refugiarse de las autoridades y pasar desapercibido en departamentos y casas habitación en las que, en la mayoría de los casos, quienes rentan no piden ningún tipo de documentación ni aval.

“Por algo esas personas escogieron este lugar para esconderse-. Y seguramente, la falta de patrullas tiene mucho que ver con todo esto… Creo que ellos (el matrimonio Abarca) nunca pensaron que la policía iba a llegar hasta aquí. Porque Santa María es un pueblo muy solo, abandonado. Aquí no hay seguridad y la policía tiene miedo de entrar”.

“Además –agrega la mujer-, lo malo es que para rentar un cuarto o una casa ya no te piden documentos ni nada, solo con pagar un mes por adelanto ya es suficiente. Y eso es un gran problema, porque antes en este pueblo vivíamos sólo la gente del lugar. Pero muchos empezaron a rentar y a vender, y se empezaron a meter personas que no sabemos de dónde son, ni a qué se dedican”.

En la misma línea, un taxista que acaba de aparcar su unidad a unos pocos metros de la casa donde se realizó el operativo, asevera categórico que al caer la noche no acepta servicios que tengan como destino Santa María.

“Los taxistas no entramos de noche. Es muy inseguro, lo asaltan a uno a cada rato. Hay muy poca vigilancia, muy pocos policías. Ahora por el día sí se puede medio transitar, pero por la noche… aquí no entro”, niega el ruletero con la cabeza.

En cambio, otros vecinos dicen no entender por qué el matrimonio Abarca decidió huir a Santa María, ya que hay colonias aledañas más escondidas y de más difícil acceso, y lamentan que todo este asunto le propicie una peor imagen al lugar, especialmente después del incidente ocurrido en noviembre del año 2012 en un cine de la Plaza Ermita, cuando una bala perdida disparada desde el exterior del complejo comercial privó de la vida a Hendrick Cuacas, de 10 años de edad. 

“Hay colonias mucho más escondidas y laberínticas que esta. Allá por Agua Prieta, por ejemplo, hay una colonia que se llama El Hoyo; ahí sí está muy escondido. O hay otras zonas en Buenavista y en la Avenida de las Torres, donde no hay avenidas principales. Por lo que no entendemos por qué estas personas se vinieron a esconder aquí. Desgraciadamente –lamenta el vecino-, con este tipo de cosas se le está dando muy mala fama al pueblo de Santa María”.

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Los momentos que pudieron haber terminado accidentalmente con la humanidad

En la historia reciente, algunas personas tuvieron el destino de todos en sus manos. Y puede repetirse.
20 de febrero, 2021
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A finales de la década de 1960, la NASA se enfrentó a una decisión que podría haber cambiado el destino de nuestra especie.

Después de la llegada del Apolo 11 de la Luna, los tres astronautas de la misión esperaban a ser recogidos dentro de su cápsula, flotando en el océano Pacífico, con mucho calor e incómodos.

Los trabajadores de la NASA decidieron asistir a sus tres héroes nacionales rápidamente. Sin embargo, existía una pequeña posibilidad de desencadenar una invasión de microbios alienígenas mortales en la Tierra.

Otro ejemplo sucedió un par de décadas antes, cuando un grupo de científicos y militares se encontraron ante un punto de inflexión similar.

Mientras esperaban para observar la primera prueba de arma atómica, se dieron cuenta de un resultado potencialmente catastrófico. Existía la posibilidad de que sus experimentos incendiaran accidentalmente la atmósfera y destruyeran toda la vida en el planeta.

En algunos momentos del siglo pasado, unos pocos grupos de personas tuvieron el destino del mundo en sus manos.

Fueron responsables de la posibilidad, pequeña pero real, de causar una catástrofe total. No solo el final de sus propias vidas, sino el final de todo.

¿Cómo se llegó a estas decisiones? ¿Y qué nos dice todo ello sobre nuestra actitud frente a los riesgos y crisis que enfrentamos hoy?

Contaminación

Cuando por primera vez la humanidad hizo planes para enviar sondas y personas al espacio a mediados del siglo XX, surgió el problema de la contaminación.

En primer lugar, existía el miedo a la contaminación “futura, es decir, la posibilidad de que la vida terrestre pudiera perjudicar el cosmos.

Neil Armstrong, Michael Collins y Edwin Aldrin Jr. en sus trajes espaciales en 1969.

Getty Images
Una de las teorías que se estudió es que los astronautas podrían haber traído microbios alienígenas a la Tierra.

La nave espacial necesitaba ser esterilizada y cuidadosamente sellada antes del lanzamiento. Si los microbios se infiltraban a bordo, confundiría cualquier intento de detectar vida extraterrestre.

Y si hubiera organismos extraterrestres por ahí, podríamos terminar matándolos inadvertidamente con bacterias o virus terrestres, como el destino de los extraterrestres al final de la novela “La guerra de los mundos” (War of the Worlds).

Estas preocupaciones son tan importantes hoy como en la era de la carrera espacial.

Una segunda preocupación fue la contaminación “posterior”, la idea de que los astronautas, los cohetes o las sondas que regresaban a la Tierra pudieran traer vida que podría resultar catastrófica, ya sea superando a los organismos terrestres o algo mucho peor, como consumir todo nuestro oxígeno.

La contaminación posterior era un temor que la NASA debió tomar en serio durante la planificación de las misiones Apolo a la Luna.

¿Y si los astronautas traían algo peligroso?

En ese momento, la probabilidad no se consideraba alta, pocos pensaban que era probable que la Luna albergara vida, pero aun así, el escenario tenía que estudiarse, porque las consecuencias podrían ser muy graves.

Rescate de lo astronautas en el océano Pacífico en 1969.

Getty Images
Se realizó una operación titánica para el rescate de los astronautas pero había riesgos.

“Tal vez haya un 99% de que el Apolo 11 no traiga organismos lunares”, dijo un científico influyente en ese momento, “pero incluso ese 1% de incertidumbre es demasiado grande para ser complacientes”.

La NASA implementó varias medidas de cuarentena, aunque en algunos casos las cumplió protestando.

Funcionarios del Servicio de Salud Pública de EE.UU. estaban preocupados y pidieron medidas más estrictas de las planeadas inicialmente argumentando que tenían el poder de negar la entrada a los astronautas contaminados en la frontera.

Después de las audiencias en el Congreso, la NASA acordó instalar una costosa instalación de cuarentena en el barco que recogería a los hombres de su amerizaje en el océano Pacífico.

También se acordó que los exploradores lunares pasarían tres semanas aislados antes de poder abrazar a sus familias o estrechar la mano del presidente.

El astronauta Edwin E. Aldrin Jr., piloto del módulo lunar, es fotografiado caminando en la Luna.

NASA
En 1969 hubo temor de que la misión a la Luna trajera a la Tierra material alienígena peligroso.

Sin embargo, hubo una brecha importante en el procedimiento de cuarentena, según el académico de Derecho Jonathan Wiener de la Universidad de Duke, quien escribió sobre el episodio en un artículo sobre percepciones erróneas del riesgo catastrófico.

Cuando los astronautas llegaron al agua, el protocolo original señalaba que debían permanecer dentro de la nave espacial.

Pero la NASA lo pensó mejor después de que surgieran preocupaciones sobre el bienestar de los astronautas en ese momento, esperando de un espacio caluroso y sofocante, azotado por las olas.

Pese al protocolo, se decidió abrir la puerta y rescatar a los hombres en balsa y helicóptero (así lo muestra la primera imagen de este artículo).

Mientras se ponían los trajes de biocontaminación y entraban a las instalaciones de cuarentena en el barco, el aire interior de la cápsula se esparció en el exterior.

Afortunadamente, la misión Apolo 11 no trajo vida extraterrestre mortal a la Tierra. Pero podría haber pasado en ese corto período, como consecuencia de esa decisión de priorizar el bienestar a corto plazo de los hombres.

Aniquilación nuclear

Veinticuatro años antes, los científicos y funcionarios del gobierno de EE.UU. llegaron a otro punto de inflexión que implicaba un riesgo pequeño pero potencialmente desastroso.

Antes de la primera prueba de armas atómicas en 1945, los científicos del Proyecto Manhattan realizaron cálculos que apuntaban a una posibilidad escalofriante.

Foto del físico estadounidense, "padre de la bomba higrógena", Edward Teller, señalando una fórmula en una pizarra. Teller trabajó en el Proyecto Manhattan en Los Alamos, Nuevo México entre 1943 y 1946 que desarrolló la bomba atómica y luego trabajó en el desarrollo de la bomba de hidrógeno.

Getty Images
En los cálculos de las primeras armas atómicas hubo errores.

En un escenario que plantearon, el calor de la explosión de fisión sería tan grande que hubiera podido desencadenar una fusión descontrolada.

En otras palabras, la prueba podría haber incendiadoaccidentalmente la atmósfera y quemar los océanos, destruyendo la mayor parte de la vida en la Tierra.

Estudios posteriores sugirieron que probablemente eso era imposible, pero hasta el día de la prueba los científicos verificaron una y otra vez su análisis.

Finalmente llegó el día de la prueba Trinity y los funcionarios decidieron seguir adelante.

Cuando el destello fue más largo y brillante de lo esperado, al menos un miembro del equipo pensó que había sucedido lo peor.

Uno de ellos fue el presidente de la Universidad de Harvard, cuyo asombro inicial se convirtió rápidamente en miedo.

“No sólo no tenía confianza en que la bomba funcionara, sino que cuando funcionó él creyó que la habían arruinado con consecuencias desastrosas y que estaba presenciando, como él mismo dijo, ‘el fin del mundo'”, dijo su nieta Jennet Conant al diario The Washington Post después de escribir un libro sobre los científicos del proyecto.

Foto en exhibición en el Museo de Ciencias de Bradbury muestra la primera prueba de bomba atómica el 16 de julio de 1945, a las 5:29:45, en Trinity en Nuevo México, EE.UU.

Getty Images
La primera prueba de armas atómicas marcó el comienzo de una nueva era.

Para el filósofo Toby Ord de la Universidad de Oxford, ese momento fue un punto significativo en la historia de la humanidad.

Él menciona la fecha y hora específicas de la prueba Trinity -05:29 del 16 de julio de 1945- como el comienzo de una nueva era para la humanidad, marcada por un cambio radical en nuestras habilidades para destruirnos a nosotros mismos.

“De repente, estábamos liberando tanta energía que estábamos creando temperaturas sin precedentes en toda la historia de la Tierra”, escribe Ord en su libro The Precipice (“El precipicio”).

A pesar del rigor de los científicos de Manhattan, los cálculos nunca fueron sometidos a la revisión de pares, de una parte desinteresada, señala, y tampoco hubo evidencia de que se informara a ningún representante electo sobre el riesgo y mucho menos a otros gobiernos.

Los científicos y los líderes militares siguieron adelante por su cuenta.

Ord también destaca que, en 1954, los científicos obtuvieron un cálculo asombrosamente incorrecto en otra prueba nuclear: en lugar de una explosión esperada de 6 megatoneladas, obtuvieron 15.

“De los dos cálculos termonucleares principales realizados ese verano… obtuvieron uno correcto y otro incorrecto. Sería un error concluir que el riesgo subjetivo de incendiar la atmósfera era tan alto como un 50%. Pero ciertamente no era un nivel de confiabilidad en el que arriesgar nuestro futuro“, dijo.

Un mundo vulnerable

Desde nuestra posición informada en el siglo XXI, sería fácil juzgar estas decisiones específicas de su época.

El conocimiento científico sobre la contaminación y la vida en el Sistema Solar es mucho más avanzado hoy y la guerra entre los aliados y los nazis ya pasó.

Réplica a tamaño real de la bomba atómica 'Fat Man' que fue lanzada sobre Nagasaki, Japón el 9 de agosto de 1945, y que se encuentra entre las exhibiciones en el Museo de Ciencias Bradbury en Los Alamos, Nuevo México.

Getty Images
A pesar del rigor de los científicos de Manhattan, los cálculos nunca fueron sometidos a la revisión de pares de ua parte desinteresada, señala el filósofo Toby Ord de la Universidad de Oxford.

En la actualidad, nadie volvería a correr riesgos así, ¿verdad?

Tristemente, no. Ya sea por accidente o por otro motivo, la posibilidad de una catástrofe es, en cualquier caso, mayor ahora que en ese entonces.

Es cierto que la aniquilación alienígena no es el mayor riesgo al que se enfrenta el mundo.

Si bien puede haber políticas de “protección planetaria” para cuidarnos contra la contaminación extraterrestre es una pregunta válida saber qué tan bien se aplicarán estas regulaciones y procedimientos a las empresas privadas que visitan otros planetas y lunas en el Sistema Solar.

Además de la amenaza de catástrofe extraterrestre, esparcir nuestra presencia por la galaxia puede arriesgarnos a un encuentro potencialmente funesto con extraterrestres, especialmente si son más avanzados. La historia sugiere que fenómenos adversos tienden a suceder a las poblaciones que se encuentran con culturas tecnológicamente más competentes (si no, mira el destino de los pueblos indígenas que se encuentran con los colonos europeos).

Más preocupante aún es la amenaza de las armas nucleares.

Una atmósfera ardiente puede ser imposible, pero un invierno nuclear similar al cambio climático que ayudó a hacer desaparecer a los dinosaurios no lo es.

En la Segunda Guerra Mundial, los arsenales atómicos no eran lo suficientemente abundantes o poderosos para desencadenar este desastre, pero ahora sí lo son.

Ord estima que el riesgo de extinción humana en el siglo XX fue de alrededor de 1 de 100. Pero él cree que ahora es mayor.

Además de los riesgos existenciales naturales que siempre estuvieron ahí, el potencial de una desaparición provocada por el hombre se ha incrementado significativamente en las últimas décadas, argumenta.

"Gadget", la primera bomba atómica explota en Alamogordo, Nuevo México, el 16 de julio de 1945.

Getty Images
Los especialistas sostienen que el riesgo de extinción humana está cada vez más presente.

Aparte de la amenaza nuclear, ha surgido la perspectiva de una inteligencia artificial desalineada, las emisiones de carbono se han disparado y ahora podemos inmiscuirnos en la biología de los virus para hacerlos mucho más letales.

También nos volvemos más vulnerables debido a la conectividad global, la desinformación y la intransigencia política, como ha demostrado la pandemia de covid-19.

“Con todo lo que sé, pongo el riesgo de este siglo en alrededor de 1 de cada 6, una ruleta rusa“, escribió Toby Ord.

“Si no hacemos las cosas adecuadamente, si seguimos permitiendo que nuestro crecimiento en términos de poder supere al de la sabiduría, deberíamos esperar que el riesgo sea aún mayor el próximo siglo, y así sucesivamente”, añadió.

Otra forma en que los investigadores del riesgo existencial han caracterizado este peligro creciente es pidiendo que te imagines sacando bolas de una urna gigante.

Cada bola representa una nueva tecnología, descubrimiento o invención. La gran mayoría de ellas son blancas o grises.

Una bola blanca representa un buen avance para la humanidad, como el descubrimiento del jabón. Una bola gris representa un logro mixto, como las redes sociales.

Sin embargo, dentro de la urna hay un puñado de bolas negras. Son extremadamente raras, pero elige una y habrás destruido a la humanidad.

Esto se llama la “hipótesis del mundo vulnerable” y destaca el problema de prepararse para eventos muy raros y muy peligrosos en nuestro futuro.

Hasta ahora, no hemos elegido una bola negra, pero es muy probable que sea porque son muy poco comunes y nuestra mano ya ha rozado una o dos cuando la metimos en la urna.

En resumen: tuvimos suerte.

Astronautas del Apolo 11

Getty Images
Los astronautas del Apolo 11 fueron puestos en cuarentena después del aterrizaje, pero hubo una brecha cuando fueron recogidos en el mar.

Hay muchas tecnologías o descubrimientos que podrían acabar siendo bolas negras. Algunos ya los conocemos, pero no los hemos implementado, como las armas nucleares o los virus de bioingeniería.

Otras son incógnitas conocidas, como el aprendizaje automático (machine learning) o la tecnología genómica. Y otras son incógnitas desconocidas: ni siquiera sabemos que son peligrosas, porque aún no fueron concebidas.

La tragedia de lo poco común

¿Por qué no tratamos estos riesgos catastróficos con la gravedad que merecen?

Wiener tiene algunas sugerencias. Él describe la forma en que la gente percibe erróneamente los riesgos catastróficos extremos como “tragedias de lo poco común”.

Probablemente hayas oído hablar de la tragedia de los comunes: describe la forma en que las personas interesadas en sí mismos administran mal un recurso comunal.

Cada uno hace lo mejor para sí mismo, pero todos terminan sufriendo. Es la base del cambio climático, la deforestación o la sobrepesca.

Una tragedia de lo “poco común” es diferente, explica Wiener. En lugar de que las personas administren mal un recurso compartido, aquí la gente está percibiendo mal un riesgo catastrófico poco común.

Sitio d prueba Trinity.

Getty Images
El sitio de la prueba Trinity hoy, bajo una atmósfera que afortunadamente no se incendió.

Él propone tres razones por las que esto sucede:

La primera es la “falta de disponibilidad” de catástrofes raras.

Los acontecimientos recientes y destacados son más fáciles de recordar que los acontecimientos que nunca sucedieron.

El cerebro tiende a construir el futuro con un collage de recuerdos sobre el pasado. Si un riesgo encabeza las noticias (terrorismo, por ejemplo), aumenta la preocupación pública, los políticos actúan, se inventa la tecnología, etc.

Sin embargo, la dificultad especial de prever las tragedias de los infrecuentes es que es imposible aprender de la experiencia. Nunca aparecen en los titulares. Pero una vez que suceden, se acabó el juego.

La segunda razón por la que percibimos mal las catástrofes muy raras es el efecto “adormecedor” de un desastre masivo.

Los psicólogos observan que la preocupación de la gente no crece linealmente con la gravedad de una catástrofe.

O para decirlo más simple, si preguntas a las personas cuánto les importa que mueran todas las personas en la Tierra, no es 7.500 millones de veces más preocupante que si les dijeras que una persona moriría. Tampoco consideran las vidas de las generaciones futuras perdidas.

En grandes cantidades, hay cierta evidencia de que la preocupación de las personas incluso disminuye en relación con sus preocupaciones sobre la tragedia individual.

En un artículo reciente para BBC Future, la periodista Tiffanie Wen cita a la Madre Teresa, quien dijo: “Si miro a la masa, nunca actuaré. Si miro a uno, lo haré”.

Finalmente, Wiener describe un efecto de “subestimación” que fomenta una actitud de no actuar entre quienes toman los riesgos, porque no hay responsabilidad.

Si el mundo se acaba debido a tus decisiones, entonces no puedes ser demandado por negligencia. Las leyes y reglas no tienen poder para disuadir la imprudencia de acabar con las especies.

Foto de la Tierra tomada desde la Luna.

Getty Images

Quizás lo más preocupante es que una tragedia poco común podría suceder por accidente ya sea por arrogancia, estupidez o negligencia.

“En igualdad de condiciones, no mucha gente preferiría destruir el mundo. Incluso las corporaciones sin rostro, los gobiernos entrometidos, los científicos imprudentes y otros agentes de la catástrofe necesitan un mundo en el que lograr sus objetivos de lucro, orden, tenencia u otras canalladas”, escribió una vez el investigador de Inteligencia Artificial Eliezer Yudkowsky.

“Si nuestra extinción avanza lo suficientemente lenta como para permitir un momento de horrorizada comprensión, los autores de la acción probablemente se sorprenderán bastante… si la Tierra es destruida, probablemente será por error”, añadió.

Podemos estar agradecidos de que los trabajadores del proyecto Apolo 11 y los científicos de Manhattan no fueran esos horribles individuos.

Pero en el futuro, alguien llegará a otro punto de inflexión en el que el destino de la especie estará en sus manos. O quizás ya están en este camino, lanzándose hacia el desastre con los ojos cerrados.

Con suerte, por el bien de la humanidad, tomarán la decisión correcta cuando llegue su momento.

Puedes ver aquí el artículo original en inglés


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