¿Cómo piensa una maltratadora de las redes sociales?
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¿Cómo piensa una maltratadora de las redes sociales?

Isabella Sorley, de 24 años, estuvo en prisión durante 12 meses por enviar mensajes ofensivos a través de su cuenta de Twitter a varias personas
Por BBCMundo
19 de noviembre, 2014
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Foto: BBC

Foto: BBC

Isabella Sorley, de 24 años, estuvo en prisión durante 12 meses por enviar mensajes ofensivos a través de su cuenta de Twitter a varias personas, entre ellas a la joven de 18 años Natalie Farzanet.

“Estoy bastante disgustada por lo que hice, por lo que escribí”, le dijo Sorley al programa Newsbeat de la BBC.

Sorley está arrepentida de ser una “troll”, como se les llama a las personas que se dedican a causar malestar y disgustos con mensajes ofensivos en las redes sociales.

En uno de aquellos mensajes ultrajantes Sorley amenazaba a Farzanet con hacerle cosas peores que violarla.

Pero en medio de la conversación, ella admitió que nunca había conocido a la víctima de sus tuits.

Entonces fue un buen momento para que ambas se encontraran.

¿Buena persona?

Farzanet, quien vive en Stratford-upon-Avon, una localidad británica ubicada a 150 kilómetros al norte de Londres, estaba bastante nerviosa de encontrarse con la persona que le mandó tal cantidad de mensajes violentos en Twitter.

“Soy una buena persona, de verdad”, le dijo Sorley cuando finalmente se vieron cara a cara.

“Si eres una buena persona, ¿por qué enviaste esos mensajes, incluidos ‘mátate’, ‘te haré peores cosas que violarte’ o ‘solo espera que salga de la cárcel para tener más tiempo de verte enterrada’?”, preguntó Farzanet.

“Lo cierto es que estaba en medio de una fiesta muy alocada”, explicó Sorley.

Según ella, los tragos eran muy baratos y llegó a tomar unos 20 durante una sola noche.

“No puedo culpar al alcohol de mis acciones, pero sí tuvo que ver. Soy una seguidora, no una líder, y leí que muchas personas estaban enviado esos tuits”, relató Sorley.

“Escribir que haría cosas peores que una violación es absolutamente atroz, es muy desagradable. Durante muchos días estuve cuestionándome si no había algo mal en mi cabeza, en mi estado mental”, añadió.

“¿Te sentiste muy poderosa cuando enviaste esos tuits?”, cuestionó Farzanet.

“Pasé seis meses de mi vida en prisión tratando de comprender por qué envié esos tuits y cómo eso influyó en mí. Mentiría si dijera que no me sentí superior frente a mi víctima. Pero no lo hice esperando una reacción”, respondió Sorley.

Y continuó: “Son ese tipo de cosas que soy propensa a decir cuando estoy borracha y las redes sociales me permiten decirlas en un medio distinto”.

Pero Farzanet no quedó satisfecha con esa respuesta.

“Aun cuando estás borracho puedes estar en control de las cosas que dices o haces contra los demás”, replicó.

Sorley fue franca: “Insisto, no quiero culpar al alcohol, yo tengo mis propios pensamientos, pero sí afectó mi cabeza esa noche”.

“Cuando desperté esa mañana sabía que había cometido un error muy grave”, añadió.

Después de que fue acusada de maltrato en Twitter, Sorley volvió a enviar una serie de mensajes insultantes: “Estás en Twitter, así que debes esperar algo de ultraje”.

“No puedes manejar las palabras en una carta, las palabras nunca le han hecho daño a nadie”.

Farzanet señaló que: “Un par de palabras significan todo. Yo pensé en quitarme la vida”.

En ese momento Sorley admitió que sus tuits tuvieron una falta de empatía.

“Lo que escribí fue mi juicio enfermizo en ese entonces sobre lo que estaba pasando”.

Odio prolongado

Otra víctima de las palabras fue Carolina Criado-Perez, una líder feminista muy popular en Reino Unido.

De hecho, actualmente Sorley tiene una orden de restricción de acercarse a Criado-Pérez debido a los mensajes que ella envió por su cuenta de Twitter.

Pero la BBC habló con ella para intentar reunirlas.

Criado-Perez se convirtió el año pasado en una importante figura de la militancia feminista después de que lograra que el Banco Central de Inglaterra mantuviera las imágenes de mujeres históricas en los billetes.

Pero eso también le hizo el centro de un acoso constante en las redes sociales.

“Durante dos meses recibía un insulto cada minuto. Había gente que me decía que me violarían en grupo”, recordó.

“Otros investigaron sobre una dirección que estaba relacionada conmigo y la publicaron en internet. Después dijeron que vendrían a perseguirme para matarme”.

Criado-Perez recordó que estaba tan aterrorizada por las amenazas que no podía dormir, comer o terminar su trabajo.

“Me convertí en una persona llena de ansiedad, muy preocupada por la reacción de las personas cuando dijera algo. No puedes salir ilesa de ese nivel de odio y maltrato prolongado”, señaló.

Sin embargo, ella no se amedrentó. Después de varios meses, logró que tres personas fueran a prisión por enviarle mensajes amenazantes, entre ellas Sorley.

“Lo que necesitamos hacer es detener esa idea de que la gente puede decir lo primero que se le viene a la cabeza. Y eso se hace con educación y cambiando la forma como la sociedad funciona”.

Sobre Sorley fue un poco más allá: “No hace mucha diferencia lo que pase con ella. Yo quedo tranquila si su experiencia le enseña a otras personas a no hacer lo mismo”.

Más problemas

Desde que salió de prisión en febrero, Sorley ha estado en problemas de nuevo por asalto, desorden público y agresión. Por eso tuvo que volver a la cárcel.

Admitió que todos esos inconvenientes están relacionados con su problema con el alcohol.

Pero que está en el proceso de dejarlo y quiere advertirle a la gente de los peligros del matoneo (conocido como “troleo”) en las redes sociales.

“Quiero contarles a las personas sobre mi caso. Y espero que esta experiencia les sirva a los más jóvenes a no estropear su vida como lo he hecho yo”, afirmó.

Farzanet quiere que Sorley sepa cómo se siente las personas que reciben maltrato en las redes sociales.

“La gente me decía que me fuera y que me suicidara, que era fea, que debería tener cáncer, que era una terrorista y que ellos me iban a matar”, confesó Farzane.

“Me sentaba en la sala de mi casa y temblaba como una hoja. Estaba temerosa de cualquier persona que conocía, de todo, y la culpa de eso la tuvieron sus mensajes”.

Por eso Farzanet quería que Sorley jurara que nunca iba a hacer una cosa similar en su vida.

Y ella lo prometió: “Esos diez minutos, cuando envié esos tuits, definirán mi vida de aquí en adelante. Siempre”.

Entonces, ¿qué piensan ahora cada una de ellas?

Farzanet aceptó que estaba temerosa al principio, pero después quedó tranquila de tener la oportunidad de entender lo que su atacante pensaba.

Mientras que Sorley afirmó: “Fue bastante emocional ver todo esto desde el otro lado. Nunca pensé escuchar lo que sufre una persona que vive el maltrato en las redes sociales”.

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La pesadilla de la montaña de basura tan alta como un edificio de 18 pisos en India

El primer ministro Narendra Modi anunció a principios de mes un plan para cerrar los enormes vertederos a cielo abierto en los que se acumula basura desde hace años.
19 de octubre, 2021
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Las “montañas de basura” de India pronto serán reemplazadas por plantas de tratamiento de desechos, prometió el primer ministro Narendra Modi a principios de este mes. Saumya Roy* escribe para la BBC sobre la más antigua de todas, tan alta como un edificio de 18 plantas, ubicada en la ciudad costera occidental de Bombay.

Todas las mañanas Farha Shaikh se para en la cima de una montaña de desechos de más de un siglo de antigüedad en Bombay, esperando que los camiones de basura suban.

Esta joven de 19 años ha estado hurgando en este vertedero del suburbio de Deonar desde que tiene memoria.

Normalmente recupera de entre los desechos viscosos botellas de plástico, vidrio y alambre que luego vende en los prósperos mercados de residuos de la ciudad.

Pero, sobre todo, busca teléfonos móviles rotos.

Cada pocas semanas Farha encuentra un celular “muerto” en la basura y con sus escasos ahorros lo repara.

Una vez que cobra vida, pasa las tardes viendo películas, jugando a los videojuegos, enviando mensajes de texto y llamando a sus amigos.

Cuando días o semanas después el aparato vuelve a dejar de funcionar, la conexión de Farha con el mundo exterior se desvanece.

Entonces regresa a las largas jornadas de rebuscar entre la basura, para conseguir botellas que vender y celulares que restaurar.

Deonar

Saumya Roy

Más de 16 millones de toneladas de desechos forman la montaña de basura de Deonar, ocho de ellas repartidas en una extensión de 121 hectáreas.

Los desechos se apilan hasta alcanzar una altura de 36,5 metros.

Se puede ver el mar desde la cima y sobre los sólidos montones de basura se han construido villas miseria.

Gases nocivos y contaminantes

Los desechos en descomposición liberan gases nocivos como metano, sulfuro de hidrógeno y monóxido de carbono.

Y en 2016 fue escenario de un incendio que ardió durante meses y llenó de humo gran parte de Bombay.

De acuerdo a un estudio que el regulador de polución de la India llevó a cabo en 2011, otros incendios similares contribuyeron con el 11% del material particulado que inunda el aire de Bombay, una de sus principales causas de contaminación.

Los vecinos de los alrededores llevan luchando en los tribunales desde hace 26 años, exigiendo el cierre del vertedero de Deonar.

Pero esa montaña de basura no es una excepción en el país. Una investigación realizada en 2020 por el Centro para la Ciencia y el Medio Ambiente (CSE), un think tank independiente con sede en Nueva Delhi, identificó en toda India 3.159 montañas de este tipo que contienen 800 millones de toneladas de desechos.

Estas han sido durante años un dolor de cabeza para funcionarios y políticos.

El 1 de octubre, Modi anunció un “programa nacional de limpieza” de casi US$13.000 millones que incluirá la instalación de una serie de plantas de tratamiento de aguas residuales para reemplazar gradualmente los vertederos de basura al aire libre como el de Deonar.

Pero los expertos se muestran escépticos.

“Si bien se ha logrado en ciudades más pequeñas, es difícil proporcionar una solución para las montañas de desechos a esta escala”, dice Siddharth Ghanshyam Singh, subdirector de programas de CSE.

“Se reconoce que es un problema, pero hemos aceptado que si vamos a vivir en grandes ciudades como Bombay o Nueva Delhi estas montañas de basura van a estar allí”, señala Dharmesh Shah, coordinador en el país de la Alianza Global para Alternativas de Incineradores, una coalición de grupos que abogan por la reducción de residuos.

Deonar

Reuters
La montaña de basura se incendi[o en marzo de 2016;.

Desde el año 2000, India ha aprobado regulaciones que obligan a los municipios a que procesen los desechos.

Pero la mayoría de los estados informan de un cumplimiento solo parcial y no hay suficientes plantas de tratamiento de desechos.

Bombay, la capital comercial y del entretenimiento de la India y hogar de unos 20 millones de personas, tiene una sola planta de este tipo.

Ahora hay planes para instalar una planta que convierta los residuos en energía en Deonar.

Modi dijo que espera que el plan cree nuevos empleos ecológicos. Pero esto preocupa a los recolectores como Farha que llevan toda la vida dedicados a ello.

Aunque desde el incendio de 2016 acceder a la montaña de basura de Deonar se ha vuelto más difícil.

El municipio incrementó la seguridad para evitar que los recolectores entren y provoquen incendios: las llamas derriten la basura más liviana, quedando con ello expuesto el metal que se vende a precios altos.

Los recolectores que logran colarse a menudo son golpeados, detenidos y expulsados, aunque algunos sobornan a los guardias o acceden al vertedero antes del amanecer, cuando comienzan las patrullas de seguridad.

Pero ese no es el único motivo por el que los recolectores de basura de Deonar han visto su modo de vida. Y es que ahora gran parte de la separación de residuos se hace en la ciudad.

Como consecuencia, Farha no tiene teléfono desde hace meses. Y se ve obligada a sobornar a los guardias con al menos 50 rupias (US$0,67) todos los días para entrar y trabajar en los terrenos de Deonar.

Para recuperar esto, incluso pensó en buscar entre la basura que comenzó a llegar desde las salas del hospital en las que se atendía a los pacientes de covid-19 el año pasado.

Pero su familia le pidió que no recogiera esos desechos “dañinos”.

Así que ahora se queda cerca, observando a los recolectores que usan equipo de protección para seguir recogiendo plástico bajo la lluvia para revender.

La ciudad estaba enviando basura nueva y, como lo habían hecho durante años, las montañas tenían que acomodarla y los recolectores tenían que recolectarla y revenderla.

“El hambre nos matará si no nos mata la enfermedad”, dice Farha.

*Saumya Roy es una periodista con sede en Bombay y autora del libro Mountain Tales: Love and Loss in the Municipality of Castaway Belonging (Profile Books / Hachette India).


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