El cartelista español de cine mexicano que encargó el Guernica
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El cartelista español de cine mexicano que encargó el Guernica

Josep Renau (1907-1982), fue un muralista, pintor y militante comunista nacido en Valencia y exiliado en México casi 20 años, quien además había sido el hombre encargado de proteger en la Guerra Civil española el patrimonio artístico del país y quien encargó a Picasso que pintara un cuadro que el malagueño tituló Guernica.
Por Yorokobu.es / Jaled Abdelrahim
30 de noviembre, 2014
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Foto: Yorokobu.es.

Foto: Yorokobu.es.

Corría la época de oro del cine mexicano. «Se llegaban a rodar 400 películas al año», cuenta Carlos Renau, un sexagenario ingeniero químico con gran pasión por el arte. «Por aquel entonces, los carteles de cine se hacían con litografía, que consiste en labrar la piedra con ácido para poder imprimirlo con ese molde. Pero este método hace que las reproducciones sean difíciles, y que no se puedan hacer bien los sombreados. Mi tío Pepe revolucionó la forma de hacer los carteles en México al llegar con técnicas que se utilizaban en Europa, como la pistola de aire de inspiración soviética. Incluso fusionó varios métodos para experimentar nuevas maneras de trabajo».

El tal tío Pepe no es otro que Josep Renau (1907-1982), el muralista, pintor y militante comunista nacido en Valencia, y Carlos es su sobrino mexicano. Para cuando Josep llevaba exiliado en México casi 20 años (del 39 al 58), los cinéfilos del país azteca ya sabían que la firma Renau para la cartelería de una película significaba, según describe su sobrino, «la belleza de una técnica muy depurada, carteles atractivos, vistosos… y una forma magistral de hacer que el texto quedase embebido en su diseño». Lo que quizás a muchos se les escapaba es que el autor de esos carteles de cine, antes de hacer carteles de cine, había sido el hombre encargado de proteger en la Guerra Civil española el patrimonio artístico del país, el mismo que declaró junto a su compañero de oficio e ideales Siqueiros «la pintura como arma revolucionaria», y el que le encargó a Picasso que pintara un cuadro que el malagueño tituló Guernica.

Con motivo del 75 aniversario del Exilio Español en México, el Centro Cultural España (CCEMx) ha utilizado la recopilación que el sobrino del artista ha hecho sobre el su trabajo. «Fueron 240 carteles que son los que expone ahora el Centro», explica el descendiente.

«Cuando a mi tío le ofrecieron un buen contrato en Berlín, en la parte comunista del muro, se fue de México y se llevó casi todo», empieza a relatar el ingeniero el proceso de recuperación del legado de Renau en América en el que lleva inmerso los últimos años. «Tras morir Franco él visitó Valencia y fundó la Fundación Renau, donde legó su trabajo al pueblo español, y allí está casi todo. Lo que quedaba en México era lo que había dejado a los amigos y a la familia. Yo me encargué de llamar uno a uno para tratar de organizar una exposición con el conjunto de su obra en México. De ahí saqué una publicación y expusimos en colaboración con la Fundación de Valencia cuando vinieron aquí a presentar la obra de Pepe que está en España».

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Carlos quiso centrar su estudio sobre el artista en sus carteles de cine. Era dueño de una información privilegiada. Cuenta que Manolita Ballester, esposa de su tío, «escribía un diario en el que utilizaba cuatro renglones para cada día del año. A través de ese diario conocí el 70 o el 80% de los carteles que había hecho Pepe. Manolita describía cada día lo que había hecho su marido en las páginas de ese diario. Allí estaba todo. Luego fui recuperando los carteles de la Cineteca, la Filmoteca, la fundación Renau de Valencia y entre los amigos y familiares mexicanos. Hizo unos 200 en México y 40 o 45 en España».

Ahí está el detalle, Escuela de vagabundos, Ensayo de un crimen, Cartas marcadas, Allá en el rancho grande, son algunos de los títulos cuyos carteles, según la portavoz del Centro Cultural de España, Eva Bañuelos, «se convirtieron en parte del imaginario cultural mexicano». Ahora todos aquellos carteles que algún día se encolaron en las fachadas de las calles mexicanas se han reunido para que el público los vea en las rejas de la calle Guatemala y en la muestra del Muro de la Caricatura.

Cuenta Carlos que su tío «quería hacer su obra de cara al público», y por eso en México «tomó la decisión de hacer carteles y murales». Sin embargo, el bagaje de Renau abarca una biografía que ya estaba nutrida de hitos desde muchos años antes:

«Empezada la guerra, a Pepe, el gobierno de la República española lo nombra director de Bellas Artes, encargado de salvaguardar el patrimonio artístico. Fue él quien organizó los preparativos para la evacuación del Prado», detalla los hechos enciclopédicos en los que el cartelista fue un primera línea antes de acabar exiliándose por los Pirineos. «Lo de Picasso fue con motivo de la feria Universal de París del 37. Pepe formaba parte del equipo organizador, así que le encargó a Picasso que hiciera un cuadro para la decoración del evento. Le dio un dinero, creo que unos 12.000 francos, y Picasso no quería recibirlos, así que se los tuvo que pagar indirectamente a través de su amigo común Max Aub, que estaba en la embajada de París. Lo que a Picasso se le ocurrió pintar para el encargo de mi tío fueron los bombardeos sobre Guernica».

Más tarde llegó su flechazo con el muralista mexicano Siqueiros. «Se conocieron en España, en el coloquio mundial de intelectuales antifascistas». El lema que Siqueiros imploró en la conferencia que Renau había organizado era el de «la pintura como arma revolucionaria». «Se entendieron. Los dos eran muralistas y los dos, casualmente, usaban la misma técnica, además de compartir los mismos ideales», dice Carlos. Fue a Siqueiros a quien Josep buscó, y de quien se convirtió en parte de su equipo de trabajo, cuando tuvo que huir con esposa, hijos y otros tres miembros de su familia política al otro lado del Atlántico. «Picasso, por aquel entonces en Francia, se encargó de pagar a Renau y a su prole parte del pasaje».

El «diseño gráfico moderno y de avanzada» que Renau dejó en herencia a México y que ahora ha recuperado su sobrino, es la mayor evidencia en América del talento de este rojo militante de los colores. El hombre que un día salvó el Prado, y el mismo que pagó el Guernica a un tal Pablo Picasso.

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 Lea la nota orginal en Yorokobu.es.

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El caso que puede cambiar cómo se juzgan las violaciones en EU

Por primera vez en Estados Unidos, un jurado convocado por ciudadanos decidirá si un encuentro sexual violento justifica presentar cargos de violación.
4 de octubre, 2021
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Los delitos sexuales son notoriamente difíciles de procesar en un juicio, pero una mujer en Kansas está usando una ley del siglo XIX para pedir a sus conciudadanos que la ayuden a presentar cargos contra el hombre que dice que la violó.

En 2018, Madison Smith alegó que un compañero de clase la atacó cuando era estudiante universitaria en Bethany College en Kansas. La joven denunció el caso como violación.

Sin embargo, el fiscal del condado se negó a presentar cargos de violación, diciendo que Smith simplemente había experimentado un encuentro sexual “inmaduro”. Su atacante fue condenado por agresión.

La decisión del fiscal del condado llevó a Smith, ahora de 23 años, a utilizar una ley estatal que data de 1887 para convocar a un “gran jurado ciudadano”.

Este jurado se reunió por primera vez el miércoles, en lo que se cree que es el primer caso de este tipo en Estados Unidos.

Qué hace este gran jurado

Por lo general, las autoridades que investigan los casos forman un gran jurado para determinar si hay pruebas suficientes para iniciar un proceso judicial.

Este jurado, que se reune en secreto, no decidirá si el imputado es culpable o inocente, solo si se deben presentar cargos.

En entrevista con la BBC, Smith dijo que espera que el resultado anime a otras personas que creen que han sido víctimas de delitos sexuales y quieren presentar cargos. “Las víctimas tienen derechos”, dijo.

La mayoría de las mujeres no denuncian este tipo de delitos y, cuando se denuncian, el proceso no suele seguir adelante.

Madison Smith y su madre, Mandy.

Getty Images
Madison Smith y su madre, Mandy.

Según una investigación realizada en la Universidad de Massachusetts en Lowell, menos del 20% de las violaciones que se denuncian conducen a un arresto.

“Tenemos que cambiar la cultura ”, agregó Mandy, la madre de Madison.

Defensa del acusado

Sin embargo, el excompañero de clase acusado, Jared Stolzenburg, ahora también de 23 años, negó que la hubiera violado.

El joven fue acusado de agresión, de lo que se declaró culpable.

Le dijo a la BBC que lamentaba aquel encuentro, admitió que había sido duro y que erróneamente creyó que estaba todo bien. Pero, insistió, fue consensuado.

Lo que decida el gran jurado en ese condado del estado de Kansas tendrá consecuencias de gran alcance para ambos, tanto para el acusado como para la supuesta víctima, y quizás para el resto del país.

Los expertos dicen que el proceso iniciado por Smith podría sentar un precedente y que otras personas podrían querer convocar un gran jurado en casos relacionados con delitos sexuales.

Pero aquellos que no enfrentaron cargos pueden encontrarse, como Stolzenburg, en un purgatorio legal, esperando a ver si todavía podrían ser acusados.

Un encuentro que se convirtió en ataque

Smith estaba en su primer año en Bethany College, una pequeña escuela luterana a un par de cuadras de su casa, y solía pasar el rato con Stolzenburg y jugar juegos de mesa.

Una noche, en febrero de 2018, acabaron en el dormitorio de Stolzenburg. Se besaron y comenzaron a tener relaciones sexuales, le dijo Smith a la BBC. De repente, él la abofeteó, dice ella, luego la agarró por el cuello y, según ella, comenzó a violarla.

“Estaba tratando de quitar sus manos de mi cuello, y lo miré a los ojos, y tenía una mirada que nunca había visto antes”, dice. “No era la persona que yo pensaba que era mi amigo. Era una persona peligrosa”.

Smith cree que Stolzenburg intentó asesinarla.

Tenía tanto miedo, dijo, que pensó que lo mejor era dejar de luchar.

“Te quedas ahí y simplemente dejas que pase”, dice.

“Hice lo que tenía que hacer para sobrevivir”.

Al describir lo sucedido esa noche, su voz era firme, como si estuviera contando cosas que le habían pasado a otra persona. Miraba a lo lejos mientras hablaba.

Protesta de mujeres en M'exico

Getty Images
Un estudio encontró que pelear o suplicar durante un episodio de agresión sexual puede, en algunas circunstancias, aumentar el riego de sufrir heridas físicas durante el abuso.

Smith acudió a la policía poco después, y luego de varias semanas la llamaron para ver a un fiscal del condado, Greg Benefiel.

Dejó en claro que quería presentar cargos, dice, pero Benefiel veía las cosas de forma diferente.

Benefiel dijo que no presentaría una acusación sexual contra Stolzenburg, y en su lugar pesentó cargos de agresión agravada. Benefiel no respondió a las solicitudes de comentarios para este artículo.

En 2020, Stolzenburg fue sentenciado a dos años de libertad condicional y tuvo que pagar US$790 en concepto de restitución, una suma que fue destinada a una junta de compensación de víctimas.

Un nuevo camino legal

Después de que el fiscal se negase a presentar cargos por violación, Smith decidió utilizar la antigua ley que le permitía convocar a un gran jurado. Su madre se había enterado de esta fórmula mientras escuchaba un podcast.

En la mayor parte de EE.UU., solo un juez o un fiscal tiene el poder de convocar a un jurado, pero Kansas, junto con Oklahoma, Nebraska y otros tres estados, permiten que los propios ciudadanos convoquen a uno.

Para hacerlo en Kansas, un residente del estado debe hacer circular una petición y recolectar cierta cantidad de firmas. El número varía de un condado a otro, pero se calcula en función del número de personas que votaron en las últimas elecciones a gobernador.

Quien encabeza la petición debe recolectar firmas que equivalgan al menos al 2% del número de votos, y 100 adicionales.

La petición de Smith fue publicada en bares y cafés de la ciudad y, después de varios meses, consiguió el número suficiente de ciudadanos que apoyaban su petición.

Grandes jurados anteriores

Los miembros de los grandes jurados se eligen entre personas que tienen licencia de conducir o están registradas para votar.

Los miembros actúan como agentes de policía, examinando pruebas. A veces, citan documentos del acusado. Otras veces, solo miran las pruebas que han reunido los agentes de policía.

Pancarta en protesta por los abusos sexuales

Getty Images
Hacer la denuncia inmediatamente y someterse a un examen médico no significa necesariamente que el agresor sea identificado y menos condenado.

Por eso, no llaman ni al acusador, ni al acusado ante ellos.

La ley de Kansas se remonta a 1887 y fue diseñada para garantizar que las personas que no tienen dinero o poder tengan la oportunidad de responsabilizar a alguien por sus acciones.

“Es una forma de asegurarse de que todos los ciudadanos tienen acceso al sistema legal”, dice John Mullen, profesor asociado de filosofía en Bethany College.

Los grandes jurados de ciudadanos en Kansas se han convocado anteriormente por el descontento con obras de arte expuestas en público, porque alguien consideraba que una escultura era indecente, o para exigir investigaciones sobre los médicos que realizan abortos.

Pero no parece que ningún gran jurado haya sido llamado alguna vez para decidir si presentar cargos por un delito sexual.

El jurado tiene 60 días para llevar a cabo su investigación en procedimientos cerrados y confidenciales.

Si se presentan cargos, el caso se manejaría como un asunto penal estándar.

El acusado se declara culpable o no culpable en un juicio con jurado tradicional.

Un debate sobre el consentimiento

Smith está ahora casada y trabaja como asistente médica en un centro de atención familiar. Se ha convertido en una figura reconocible en Lindsborg, su ciudad natal, un lugar apartado y rodeado de campos de trigo.

Sentada en un bar de Main Street unas noches antes de que se reuniera el gran jurado, reflexionó sobre los acontecimientos de los últimos tres años.

“Intentó hacerme mucho daño, y de alguna manera lo hizo”, dice sobre Stolzenburg. “Pero también volví para pelear, y no creo que él lo viera venir”.

Mujer atemorizada

Getty

Algunos han aplaudido los esfuerzos de Smith para presionar por la convocatoria de un gran jurado ciudadano y creen que ayudará a fortalecer la determinación de otras mujeres que acudieron a la policía, tras sentirse violadas o agredidas sexualmente.

Caroline De Filippis, activista de Lindsborg, dice que las mujeres necesitan más protección. “Muchos casos de falta de consentimiento aún son desestimados, o ni siquiera llevados ante la justicia, porque no tienen ‘suficientes’ ”.

“La definición de consentimiento es todavía muy amplia”, agregó, “y no muestra una comprensión de lo que significa ser agredido sexualmente”.

Otros, sin embargo, advierten que se podría abusar fácilmente de este procedimiento. Laura Kipnis, autora de Unwanted Advances: Sexual Paranoia Comes to Campus (Avances no deseados: la paranoia sexual llega al campus), dijo que las investigaciones sobre delitos sexuales en el campus plantean una serie de problemas.

Los incidentes tienen lugar en privado y puede ser extremadamente difícil para los miembros de un gran jurado llegar a una conclusión. “Es casi imposible”, dice. “Están adivinando”.

Las investigaciones también pueden ser devastadoras para los hombres acusados, dice, incluso cuando son exonerados: “Sus vidas quedan destrozadas”.

La vida de Stolzenburg ciertamente ha cambiado.

Su voz en el teléfono es tensa y se nota que luchaba por contener las lágrimas.

Fue suspendido de Bethany después del ataque por violar el código estudiantil de la universidad y perdió su trabajo en una compañía discográfica.

“En ese entonces, tenía 19 años y era nuevo en el sexo y las relaciones sexuales”, dice. Sostiene que su agresión contra Smith fue un intento de representar una “escena sexual” que había visto en internet.

“Pensé que sería algo que podía intentar, y fui estúpido al hacerlo”, dice.


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