El ingeniero de Google que enseña la felicidad en tres pasos
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El ingeniero de Google que enseña la felicidad en tres pasos

Meng asegura que puede enseñar el secreto de la felicidad "científicamente demostrado" en tres fáciles pasos.
Por BBCMundo
17 de noviembre, 2014
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En las entrañas del gigante tecnológico Google hay un empleado que tiene una tarea inusual: hacer más feliz a la gente y llevar más paz al mundo.

Hace unos años Chade-Meng Chen, uno de los primeros ingenieros contratados por la firma en Mountain View, California, notó que muchos de sus colegas se sentían agobiados y descontentos en la oficina.

Meng convenció a sus jefes de crear y encargarse de un curso que le enseñara a los empleados técnicas de mindfulness, o concienciación plena, para mejorar la inteligencia emocional e impulsar el bienestar.

En un guiño a su compañía, el gigante de las búsquedas, lo llamó “Busca en tu interior”, un nombre ciertamente cursi que es también el título del libro que escribió sobre el tema.

Cuando este año asistí al festival South by Southwest Interactive (SXSW) en Austin, Texas, me llamó la atención una ponencia suya titulada: “Conviértete en la persona más feliz de la Tierra”.

En un salón abarrotado Meng aseguró que nos enseñaría el secreto de la felicidad “científicamente demostrado” en tres fáciles pasos.

Quedé fascinado por la charla, pero naturalmente escéptico. Así que en las semanas siguientes, decidí probar sus consejos.

También observé más de cerca los argumentos científicos que, según él, respaldan sus técnicas.

Primer paso: “Calma tu mente”

Para introducir su primera recomendación, Meng presentó un corto ejercicio colectivo de respiración.

Meng propone encontrar formas sencillas de tomar pausas durante el día y de ser conscientes de nuestra respiración. “Si resulta demasiado difícil, entonces no pienses en nada por un momento”, bromeó.

En su libro abunda en más detalle, concentrándose en lo que es la meditación y cómo comenzar a practicarla.

Y cita un estudio hecho por Jon Kabat-Zinn, de la Facultad de Medicina de la Universidad de Massachusetts, en el que se reportó que la conciencia plena reduce la ansiedad.

Meng no es el único que sugiere que la meditación y la conciencia plena son buenas para nuestra salud mental.

Un reciente análisis de 209 estudios encontró que contribuyen en el tratamiento de la depresión, la ansiedad y el estrés.

Algunos investigadores incluso aseguran que la reducción del estrés, prometida por la meditación, podría ayudar a reducir los efectos del envejecimiento.

Aquí es necesario destacar que enfrentar la depresión y la ansiedad no es necesariamente lo mismo que impulsar la felicidad.

Aun así, la primera recomendación de Meng parece tener cada vez más asidero científico.

Segundo paso: “Lleva un registro de momentos alegres”

Simplemente, mientras degustas un buen café, te ríes del chiste de un amigo o compras la camisa que querías, dite a tí mismo: “¡Tengo un momento de alegría!.

Cuando nos pasan cosas negativas tenemos la tendencia de aferrarnos a ellas, mientras que las buenas son más rápidas y efímeras.

Meng sostiene que al reconocer conscientemente las buenas, aumentamos las probabilidades de hacer un balance positivo y concluir que fue un día feliz.

Intuitivamente, es una hipótesis que tiene sentido.

Todos podemos identificarnos con el poder de un solo incidente, así sea breve, que nos echa a perder todo el día, pero rara vez lo contrario parece ser verdad.

Recientes estudios han intentado explorar este efecto. Uno, hecho por la especialista en psicólogia positiva Barbara Fredrickson, indicó que necesitamos una proporción de 3 a 1 de pensamientos positivos sobre negativos para liberar nuestras mentes.

Sin embargo, ese estudio en particular generó controversia, ya que algunos investigadores cuestionaron la validez de sus aseveraciones matemáticas.

Pero otro, hecho en 2006, encontró que quienes anotaban sus experiencias positivas en un diario manifestaban mayores sentimientos de satisfacción con la vida.

Tercer paso: “Deséale felicidad a otras personas”

Según Meng, los pensamientos altruistas nos benefician porque dar nos proporciona una gran alegría, incluso más que recibir.

Elocuentemente, Meng argumenta la necesidad de mostrar más compasión en nuestras vidas, pero solo cita un estudio para respaldar su afirmación de que “la generosidad es una fuente sostenible de felicidad”.

En su libro “La Felicidad: Una muy breve introducción”, el filósofo Daniel Haybron respalda la postura de Meng citando especialmente al psicólogo Michael Argyle.

Para Argyle “solo bailar genera ‘niveles de alegría’ superiores que hacer actividades voluntarias o benéficas”.
Fredrickson también estudió los beneficios de una forma de meditación que contempla pensamientos positivos sobre los demás.

Le pidió a la gente poner en práctica la técnica diariamente durante varias semanas y muchas personas dijeron sentirse más alegres y optimistas.

Sin embargo, aún estamos lejos de concluir que solo pensar bien sobre los demás es suficiente.

Nos estaríamos engañando si creemos que desearle a otro la felicidad es lo mismo que hacer algo en concreto, como darle un regalo o, aparentemente, llevarlo a bailar.

La ciencia frente a la experiencia

De hecho, cuanto más analizaba las afirmaciones de Meng menos convencido estaba de que estuviesen respaldadas por investigaciones existentes.

Según Haybron hay otros factores, apoyados por estudios más sólidos, vinculados a la felicidad, como la autonomía, el trabajo satisfactorio y calificado, las relaciones y el amor, el dinero, la seguridad y el desprendimiento hacia cosas que podríamos perder.

Y, sin embargo, al mismo tiempo cuanto más ponía en práctica el método de los tres pasos más me parecía que funcionaba.

Comencé a meditar en la oficina. Programé mi celular para que me enviara recordatorios cada hora para desearle felicidad a los otros.

Y me acordé de pensar “tengo un momento de alegría”, cuando me divertía con mis hijas, corría en el parque, bebía una deliciosa cerveza e incluso al escribir esta columna.

Pero me hacía falta conciliar esa brecha entre mi mayor felicidad y la aparente falta de pruebas para apoyar las recomendaciones de Meng.

Cuestión de “personalidad”

Decidí consultar al psicólogo Tom Stafford, quien escribe una columna para BBC Future.

Me habló de lo complejo que resulta el estudio de la felicidad y de las variaciones que se dan entre la ciencia, que tiende a trabajar con promedios de grupo, y la personalidad individual.

Agregó que para él lo interesante es preguntarse cuándo confiamos en la experiencia y cuándo escuchamos a la ciencia.

“Para algunas cosas no necesitamos a la ciencia (¿si te cae una roca en un pie te lastimarás? Y para otras sí ¿Es fumar malo para mi salud?) Yo diría que la felicidad está entre los dos casos”, señaló.

Mi investigación me coloca más cerca del ejemplo de la roca, dando más credibilidad a mi experiencia.

Como indica Stafford, puede ser simplemente que la meditación, el registro de la alegría y los buenos deseos van mejor con mi propia personalidad.

Es posible que estudios futuros arrojen más luz sobre el tema. Después de todo el campo de la “psicología positiva” apenas tiene dos décadas de historia.

“En parte no se consiguen las evidencias porque es algo que no se ha estado investigando tanto como, por ejemplo, por qué la gente se deprime”, recalcó Stafford.

Para muchos los tres pasos de Meng pueden ser obvios y simplistas. Sin embargo, él comparó sus consejos a mostrarnos cómo se hace un ejercicio de flexión de brazos en el gimnasio.

Sabes que te hace bien, pero tienes que hacer el ejercicio todos los días para obtener resultados.

Yo quizás esté más convencido por la experiencia personal que satisfecho científicamente, pero es suficiente para que vuelva al gimnasio de la felicidad de Google y siga haciendo esas flexiones.

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Día de Muertos: de dónde viene la relación especial de México con la muerte

Mientras en muchos lugares el Día de Muertos está marcado por lágrimas y tristeza, en México se rodea de un halo de fiesta y color, de celebración a la vida y de reencuentro con los difuntos.
1 de noviembre, 2020
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“El culto a la vida, si de verdad es profundo y total, es también culto a la muerte. Ambas son inseparables. Una civilización que niega a la muerte acaba por negar a la vida”.

Pocas frases como esta de Octavio Paz definen mejor la postura que los mexicanos mantienen ante la muerte y de la que presumen con tremendo orgullo cada año en el Día de Muertos.

Mientras en buena parte del planeta esta fecha está marcada por la tristeza y las lágrimas, en México se rodea de un halo de fiesta y color, de celebración a la vida y de reencuentro con los difuntos que se cree que regresan a nuestro mundo por un día.

Y lejos de perder fuerza con el paso de los años, esta particular manera de celebrar el Día de Muertos va pasando de generación en generación. Como en el caso de Gabriela Luna, una joven de Ciudad de México que asumió esta tradición tras la pérdida de su abuela materna.

“Ella ponía un altar gigante, así que cuando se va, yo asumo la tradición que ella me enseñó y le dedico la ofrenda cada año. Para mí es una forma de no perder una costumbre en la que siento que los que no están, me acompañan”, le dice a BBC Mundo.

Gabriela Luna

GABRIELA LUNA
Gabriela comenzó a colocar cada año su altar de muertos tras el fallecimiento de su abuela materna.

“Sin duda genera una identidad para nosotros los mexicanos, porque muy en el núcleo de esta práctica se encuentra nuestro código principal: la familia”, asegura esta artista del modelado de lana.

La pandemia de covid-19 limita esta vez las tradicionales visitas a cementerios y panteones de México por parte de familiares que, cada año, comparten con quienes ya no están su comida y música favoritas.

También impedirá los clásicos desfiles donde la catrina, la icónica calavera sonriente popularizada por Diego Rivera, era su mayor símbolo.

Se trata de un Día de Muertos lleno de misticismo que provoca curiosidad y fascinación a partes iguales en el resto del mundo… aunque también confunde a quienes les cuesta comprender esta posición de los mexicanos ante la muerte.

Día de celebración, no de tristeza

Para entender el origen de esta relación hay que retroceder hasta la Mesoamérica de hace miles de años. Algunos de los pueblos originarios organizaban fiestas para guiar a los muertos en su recorrido al Mictlán, el inframundo de la mitología mexica.

Cementerio en Mexico

Getty Images
Las luces, colores, música y comida favorita de los fallecidos inundan cada año los cementerios de México.

Otros disponían altares con ofrendas para recordar a los muertos y se colocaban cráneos como símbolos de la muerte y el renacimiento.

Según una antigua leyenda, Quetzalcóatl -el dios en forma de serpiente emplumada- bajó al inframundo y depositó su semen sobre unos huesos molidos para dar vida al ser humano, por lo que para aquellos pueblos los restos de huesos simbolizaban de cierto modo la semilla de la vida.

Porque, sin lugar a dudas, si había un mensaje central en estas celebraciones del culto a los muertos era la creencia de que sus almas acaban por regresar al mundo de los vivos.

Así que, ¿por qué asociar el Día de Muertos con la tristeza si, según la cosmovisión indígena, es precisamente el día en que quienes se fueron de nuestro lado nos vienen a visitar?

Pan de muerto

Getty Images
Los mexicanos esperan ansiosos seta época del año par disfrutar del tradicional pan de muerto, que simula tener unos huesos en la parte superior.

Para ellos, la muerte no era otra cosa que un símbolo de la vida que se representa en el altar ofrecido a los difuntos.

Miles de años después, millones de hogares mexicanos siguen colocando con sumo cariño y detalle sus altares en los que se combinan multitud de símbolos, comida, papel picado y fotos de personas fallecidas.

Es precisamente este recuerdo de quienes ya no están lo que permite -junto a la ayuda de las velas y de la olorosa flor de cempasúchil- que las almas de los difuntos encuentren el camino de regreso a casa para convivir con la familia y disfrutar de los alimentos dispuestos en los altares en su honor.

“Es una gran fiesta quizá equiparable a la Navidad de Europa. Es fiesta porque está ese recuerdo de los muertos que regresan. Incluso hay leyendas sobre familias que no ponen ofrenda, y los muertos vienen a recordarles que lo hagan”, dice Andrés Medina, del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM.

La influencia española

Pero la llegada de los españoles a México influyó radicalmente en la celebración de su Día de Muertos.

Por ejemplo, fueron ellos los que hicieron coincidir la fiesta de los muertos de los indígenas -que duraban dos meses- con las celebraciones católicas del Día de Todos los Santos y los Fieles Difuntos (1 y 2 de noviembre).

Desfile por el Día de Muertos en Ciudad de México.

AFP
Aunque el Día de Muertos en México se concentra actualmente en el 1 y 2 de noviembre, las celebraciones tradicionales se prolongaban por dos meses.

En la actualidad, el Día de Muertos mexicano es el resultado de una mezcla de estas dos culturas, de tradiciones precolombinas y católicas.

Aunque a juzgar por lo diferente que son hoy en día las celebraciones en México y España, pareciera que la primera cultura pesó mucho más que la segunda.

Para el escritor y antropólogo Claudio Lomnitz, una de las razones es que el “proceso de modernización” de los rituales sobre la muerte que sucede en Europa y parte de América desde el siglo XVIII no tuvo el mismo efecto en México, que ya se acercaba al final de su etapa colonial.

“España ya entraba en guerra en Europa y la Corona tenía problemas financieros como para preocuparse de esto”, le dice a BBC Mundo el autor de “Ideas de la muerte en México”.

“Además, en México la presencia de la Iglesia -sobre todo en el siglo XIX, pero también antes- era menos fuerte que en España, por lo que el culto popular pudo florecer mucho más al estar menos dominado por el clero”, agrega.

Un hombre con una gran montaña de flores de cempasúchil.

Getty Images
La flor de cempasúchil no puede faltar en los altares de muertos en México.

Esta postura ante la celebración continuó aún después de la independencia de México.

“Incluso los liberales como Benito Juárez, que eran muy anticlericales y contrarios a estos rituales que consideraban supersticiosos, acabaron por aceptar esta celebración diciendo que era una fiesta popular nacional y evitando su asociación tan cercana con la Iglesia”, dice el experto.

Lo inédito de la celebración mexicana

Algunas de estas tradiciones del culto a los muertos no son, sin embargo, exclusivos de México: algunas también se pueden encontrar cada Día de Muertos en lugares de Bolivia, Perú, Colombia o parte de Centroamérica, entre otros.

Lo que sí hace único el caso de México es cómo “nacionalizó” con orgullo estas costumbres como símbolo del país.

Mural de Diego Rivera

Getty Images
Aunque la Catrina fue mundialmente popularizada por Diego Rivera, el origen de este personaje es la Calavera Garbancera, una figura creada por el caricaturista José Guadalupe Posada.

“En otros países son costumbres folclóricas o pueden verse como algo pasado de moda. Durante años, se inhibió la celebración de muertos por considerarla no moderna o contraria a los valores liberales”, dice Lomnitz.

“En cambio, en México la fiesta creció enormemente. Solo aquí hubo una elaboración cultural de esto como algo que reflejara el espíritu colectivo nacional, es único en esto”.

Y ese nacionalismo fue más exaltado a partir de un episodio clave en la historia del país: la Revolución Mexicana.

“Aparte de la tradición de los pueblos, llegó la promoción de un gobierno con afán de reproducir un discurso nacionalista muy fuerte”, opina Medina, quien celebra que se siga conmemorando este día aunque lamenta que parte de la población no conozca realmente su significado.

“En el Día de los Niños Muertos (1 de noviembre) hay lugares donde grupos de niños van de casa en casa pidiendo su calaverita como ofrenda, un dulce. Ellos representan a esos niños muertos que regresan para esos días, aunque quizá ni lo sepan y para la gente haya perdido esa idea”, le dice a BBC Mundo.

¿Qué refleja esto de los mexicanos?

Para Lomnitz, esta visión ante la muerte refleja la estrecha relación de los mexicanos con sus difuntos. “No con la muerte en general, sino con sus fallecidos”, subraya.

Y por otro lado, cree que pone de manifiesto una sensibilidad y sentido del humor macabro muy especial que el país muestra, por ejemplo, a la hora de utilizar la muerte para hacer críticas político sociales a través de los textos conocidos como “calaveritas literarias”.

El propio André Bretón, el teórico francés considerado padre del surrealismo, calificaba a México como la patria del humor negro por sus numerosas costumbres que concilian la vida y la muerte.

Sin embargo, los expertos niegan que esta celebración suponga que México se burla de la muerte o que no recibe con pena y dolor cuando llega este momento de la vida.

“La celebración de muertos no significa que los mexicanos no tengan miedo a la muerte. Más bien es la alegría porque los muertos regresan. Pero creo que ha habido una malinterpretación, una lectura superficial de nuestra fiesta”, explica Medina.

Imagen de la película "Coco" de Disney Pixar (Foto: Disney Pixar)

BBC
La película “Coco”, de Disney Pixar, popularizó la tradición mexicana del Día de Muertos en medio mundo. (Foto: Disney Pixar)

Esa idea en parte se tiene también en los muchos países en los que el Día de Muertos mexicano se ha hecho muy popular en los últimos años.

Georgina Larruz, mexicana de 30 años que estudia en Rusia , le tuvo que explicar a sus alumnas de español que esa celebración que conocieron en buena parte (como millones de personas en el mundo) gracias a la película animada “Coco” es mucho más que diversión, canciones y alcohol.

“Es una fiesta que nos une como comunidad, y. el hecho de yo poner aquí mi ofrenda, a miles de kilómetros de casa, te hace sentir esa conexión con tu familia, con tus muertos y, en definitiva, con lo que eres”, le dice a BBC Mundo desde Moscú.

Atar de Georgina Larruz

GEORGINA LARRUZ
A Georgina le tocó recurrir a productos rusos para elaborar su pequeño altar de muertos en su residencia estudiantil en Moscú.

Desde Ciudad de México, Gabriela Luna coincide en lo satisfactorio que es pensar que hay un puente gracias al cual, los familiares fallecidos regresan este día “honrándonos y acompañándonos”.

“Ya solo en virtud de eso, me parece que nosotros deberíamos seguir preservando esos colores, que además nos hacen a los mexicanos tan característicos y tan únicos en el mundo”, afirma orgullosa.

Tras la celebración de este atípico Día de Muertos, tendrá que pasar otro año hasta que los recuerdos en la memoria de los vivos en México vuelvan a lograr el regreso, al menos por unas horas, de las almas de sus difuntos.


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