Estos son los drones que vigilan frontera México-Estados Unidos
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Estos son los drones que vigilan frontera México-Estados Unidos

El gobierno ha realizado unos 10 mil vuelos no tripulados dentro de este programa, conocido a nivel interno como "detección de cambios" desde su inicio en marzo de 2013.
13 de noviembre, 2014
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Foto: AP.

Foto: AP.

El gobierno de Estados Unidos patrulla ahora casi la mitad de la frontera con México sólo con drones, en un cambio mayormente silencioso para controlar tramos desolados donde no hay agentes, torres con cámaras, sensores terrestres o cercas, y planea extender la estrategia a la frontera con Canadá.

Se trata de un cambio significativo respecto al enfoque de décadas que enfatiza colocar vallas y agentes en el lugar. Desde el 2000, la cifra de agentes de la Patrulla Fronteriza en la frontera de 3.145 kilómetros (1.954 millas) se ha incrementado a más del doble para superar los 18 mil y la colocación de cercas aumentó nueve veces a 1.126 km (700 millas).

El avión no tripulado Predator Bs vigila montañas, cañones y ríos con una cámara de video de alta resolución y regresa en tres días para otra observación, según dos funcionarios con conocimiento directo de la estrategia que pidieron no ser identificados debido a que no se han hecho públicos los detalles de la misma.

Los dos videos son después superpuestos por analistas que emplean un sofisticado software para identificar los cambios más pequeños. Quizá el rastro de un ganadero o de unas vacas, tal vez el de unos inmigrantes que entraron en el país de forma ilegal o de un Hummer lleno de drogas, señalaron.

Casi 92% de las misiones de aviones no tripulados han mostrado un terreno sin cambios, pero los otros plantearon suficientes dudas como para enviar agentes, en ocasiones con helicóptero porque la zona era demasiado remota. Una vez allí, los agentes buscan signos de actividad humana, como huellas, ramas rotas o basura.

Un 4% de las misiones resultaron ser falsas alarmas, como huellas de ganado o ganaderos, y en torno al 2% fueron inconcluyentes. El 2% restante mostró pruebas de acceso ilegal desde México, lo que suele implicar que se colocan sensores en el suelo para hacer un seguimiento más estrecho.

El gobierno ha realizado unos 10 mil vuelos no tripulados dentro de este programa, conocido a nivel interno como “detección de cambios” desde su inicio en marzo de 2013. Los vuelos cubren ahora unas 1.400 kilómetros (900 millas), gran parte en Texas, y se espera que se extienda a la frontera canadiense para finales de 2015.

El objetivo es asignar agentes a los lugares donde la actividad ilegal es más alta, dijo R. Gil Kerlikowske, comisionado de Protección de Fronteras y Aduanas, la agencia de la que depende la Patrulla Fronteriza, que gestiona nueve naves de control remoto en todo el país.

“Tienes recursos finitos”, explicó en una entrevista. “Si puedes mirar en terreno muy escarpado (y) ves que no hay tráfico, ya sea marcas de ruedas o ropa abandonado o cualquier otra cosa, quieres desplegar tus recursos en donde tengas un riesgo mayor, una amenaza mayor”.

Si el video muestra un terreno sin cambios, el jefe de la Patrulla Fronteriza, Michel Fisher, lo describe como una “prueba de ausencia”, que demuestra que en ese lugar no está ocurriendo nada ilegal y por lo tanto no son necesarios agentes ni cercas.

La estrategia se lanzó de forma discreta y se expandió mientras el presidente, Barack Obama, se prepara para emitir una orden ejecutiva a final de este año para reducir las deportaciones de inmigrantes ilegales y mejorar la seguridad de fronteras.

El republicano Michael McCaul, congresista por Texas que preside el Comité de Seguridad Nacional de la Cámara de Representantes, elogió la iniciativa, aunque señaló que todavía hay brechas de vigilancia. “Ya no podemos centrarnos sólo en defensas estáticas como cercas y torres (de cámaras)”, dijo.

Por su parte, el senador Bob Corker, un republicano de Tennessee que coescribió legislación el año pasado para sumar 20.000 agentes a la Patrulla Fronteriza y 563 kilómetros de cercas en la frontera suroeste, dijo que “si hay mejores formas de garantizar que la frontera es segura, desde luego estoy abierto a considerar esas opciones”.

Las misiones de frontera despegan desde Sierra Vista, donde se encuentra el Centro de Inteligencia Militar de Fort Huachuca, o Corpus Christi, Texas. Patrullan a una altitud de entre 5.800 a 8.500 metros, entre 40 y 96 kilómetros de la frontera.

El primer paso es que los responsables de sector de la Patrulla identifiquen zonas propensas a atraer contrabandistas, por lo general lejos de pueblos y carreteras. Los analistas revisan los vídeos aéreos en centros de Gran Forks, Dakota del Norte; Riverside, California; y Sierra Vista. Tras un primer vuelo, los drones regresan una semana después para otro barrido.

Los defensores de la privacidad han expresado su preocupación por los drones desde que se los introdujo en las fronteras en 2006, señalando que existe la posibilidad de que se vigile a gente inocente bajo ninguna sospecha. Lothar Eckardt, director ejecutivo de la agencia nacional de operaciones de seguridad aérea, dijo que los ciudadanos cumplidores de la ley no tienen nada de lo que preocuparse, y que las cámaras no pueden capturar detalles como matrículas o rostros.

Una mañana de septiembre, Eckardt vio cómo un drone avanzaba por la pista en Sierra Vista, despegaba con un zumbido y desaparecía sobre una cadena montañosa en el cielo azul de Arizona. Una docena de pantallas colgaban de la pared del tráiler, mostrando información del tiempo, los mapas e imágenes en tiempo real de la tierra.

Eckardt señaló que no hay ninguna fórmula mágica de la seguridad de fronteras, pero que emplear aviones no tripulados en zonas muy remotas forma parte de un esfuerzo más amplio. Si no hay nada en esos lugares, señaló, “no malgastaremos personal allí. Centremos nuestros esfuerzos en otro lugar, donde hagan falta”.

AP

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El duro testimonio de Matthew, el niño estadounidense que amenazó a Trump en un video de Estado Islámico

Matthew todavía recuerda cuando su vida cambió: la noche en que su madre y su padrastro cruzaron con él hacia territorio de Estado Isámico.
24 de noviembre, 2020
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Matthew todavía recuerda el momento en que su vida cambió: la noche en que su madre y su padrastro cruzaron con él las fronteras de Turquía hacia el territorio del autodenominando Estado Isámico (EI) en Siria.

“Corrimos por una zona muy oscura, llena de alambres… No pasaba mucho por mi cabeza, excepto, ‘necesito correr'”, recordó al contar por primera vez su terrible experiencia al programa Panorama de la BBC y a Frontline, de la emisora pública estadounidense PBS.

Matthew, nacido en EE.UU., fue llevado a Siria cuando tenía 8 años y su cara se hizo conocida cuando los militantes de EI lo utilizaron en un video en el que amenazaba al presidente Donald Trump.

Ahora con 13 años, está de vuelta en su país y vive con su padre, luego de que el ejército de Estados Unidos lo rescatara y lo llevara a casa en 2018.

Dice que es un “dulce alivio” estar de vuelta.

“Lo que pasó, pasó. Todo quedó atrás”, cuenta a la BBC.

“Era tan pequeño que no entendía lo que estaba sucediendo”, agrega.

Camino al infierno

Fue en abril de 2015 cuando una aparentemente común familia estadounidense cruzó al territorio de EI desde la provincia fronteriza turca de Sanliurfa.

En Raqqa, la ciudad reivindicada por los combatientes islamistas como su capital, el padrastro de Matthew, Moussa Elhassani, fue enviado a recibir entrenamiento militar y se convirtió en francotirador.

A sus 8 años, Matthew hizo todo lo posible para darle sentido a su nuevo hogar.

“Cuando estuvimos por primera vez en Raqqa, nos quedábamos en la ciudad. Era bastante ruidosa por los disparos. De vez en cuando se escuchaba una explosión, pero era lejana. Así que no teníamos mucho de qué preocuparnos”, recuerda.

Matthew in the US, aged 13

BBC
Matthew tiene 13 años actualmente.

A principios de 2017, la madre de Matthew, Samantha Sally, le envió un correo electrónico a una hermana en EE.UU.

Le pedía dinero de forma desesperada para ayudar a la familia a escapar.

Adjunto, le envió también algunos videos extremadamente inquietantes sobre Matthew.

En uno, el padrastro Moussa Elhassani, obligaba a Matthew a armar un cinturón suicida.

El niño, que seguía las instrucciones, recreaba cómo daría la bienvenida a posibles rescatadores estadounidenses, para luego matarlos detonando los explosivos.

En otro video, se le veía desmontando un AK-47 cargado, desafiado por su padrastro a hacerlo en menos de un minuto.

La pesadilla

Una noche, a medida que la coalición liderada por Estados Unidos intensificaba sus ataques aéreos contra Raqqa, una bomba golpeó una casa vecina, que se derrumbó sobre el lugar donde vivía Matthew con su familia.

El niño se salvó de milagro: logró salir a tientas entre los escombros y el polvo.

Poco después, en agosto de 2017, Raqqa estaba en ruinas, pero Estado Islámico todavía estaba seguro de su victoria.

Matthew aged 10 in a still from the IS propaganda video in which he was made to recite a message to Donald Trump

BBC
Matthew fue utilizado en varios videos de propaganda de EI.

Fue entonces cuando el grupo utilizó a Matthew para grabar un video de propaganda en el que amenazaba a Trump.

“Mi mensaje para Trump, el títere de los judíos: Alá nos ha prometido la victoria y te ha prometido la derrota“, dijo el niño, recitando el mensaje que le habían hecho aprender de memoria.

“Esta batalla no va a terminar en Raqqa o Mosul. Va a terminar en tus tierras… Así que prepárate, porque la lucha acaba de comenzar”.

Años después, el niño recuerda que fue su padrastro quien lo obligó a grabar el video y que durante la filmación lo amenazaba.

“Estaba empezando a perder el control, como si hubiera tenido problemas mentales”, cuenta.

Matthew on a fishing trip with his father, Juan

BBC
Matthew vive actualmente con su padre.

Poco después, Elhassani murió en un presunto ataque con drones.

“Me alegré porque no me agradaba, obviamente”, dijo Matthew.

“No creo que debería haber estado feliz porque una persona murió, pero lo estaba. Todos estábamos llorando…de alegría”.

El rescate

Tras la muerte del padrastro, la madre de Matthew, Samantha Sally, le pagó a unos traficantes de personas para que ella y sus cuatro hijos salieran del territorio de Estado Islámico.

Matthew fue escondido dentro de un barril en la parte trasera de un camión para poder pasar por los puestos de control.

Cuando llegaron al territorio controlado por los kurdos, fueron retenidos en un campo de detención, y fue allí en el invierno de 2017 donde la BBC comenzó a hablar con Sally.

La mujer contó que su marido la había engañado para que llevara a su familia a Siria y que no tenía idea de lo que estaba planeando.

Samantha Sally in a detention camp in Syria

BBC
Samantha Sally comenzó a hablar con la BBC en 2017.

Una vez en Raqqa, dijo, el hombre se había vuelto violento con ella.

La estadounidense reconoció que durante su estancia allí habían comprado a dos adolescentes yazidíes como esclavas y que su marido las violaba con regularidad.

Las pruebas

Tras su regreso a EE.UU., mientras estaba en la cárcel en espera de juicio, Sally continuó defendiendo su versión de que había sido engañada por su marido.

Aunque lo había apoyado “en sus estúpidas empresas“, insistió en que no era culpable de que se uniera al EI.

Sin embargo, la investigación de la BBC y de PBS descubrió pruebas que socavaron esta historia.

Un miembro de la familia Elhassani dijo que Moussa se había obsesionado con EI en los meses previos a la salida de la familia de EE.UU. y que lo había visto viendo propaganda del grupo, incluidos videos de ejecuciones, en la casa de la familia.

Una amiga de Sally también recordó una conversación con ella en la que le había dicho que su esposo sentía un llamado para unirse a “la guerra santa”.

La investigación también reveló que Sally había hecho una serie de viajes a Hong Kong en las semanas antes de que la familia dejara EE.UU. y que había depositado al menos US$30.000 en efectivo y oro en cajas de seguridad.

Después de casi 12 meses tras las rejas, Sally cambió su historia y se declaró culpable de financiar el terrorismo como parte de un acuerdo de culpabilidad.

Las pruebas mostraron después que Sally había ayudado a filmar los videos de su hijo con el cinturón suicida y el AK-47.

De acuerdo con los fiscales, es probable que nunca se sepa por qué ayudó a su esposo a unirse a Estado Islámico, aunque su defensa argumenta que fue coaccionada por el marido controlador.

Desde su regreso a EE.UU.. Matthew ha recibido asesoramiento para ayudarlo a lidiar con los traumas de todo lo que le sucedió.

Según sus médicos, ha mejorado y lo está haciendo bien.


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