La indignación por Ayotzinapa pasa de las redes sociales a la calle
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La indignación por Ayotzinapa pasa de las redes sociales a la calle

Por segundo día consecutivo, la convocatoria ciudadana hecha solo por medio de redes sociales consiguió movilizar a familias enteras. La noche del viernes, unas 500 personas participaron en una velada en el Ángel de la Independencia, pero la respuesta de ayer fue mucho más numerosa.
Por Nayeli Roldán
10 de noviembre, 2014
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La incredulidad por la versión oficial que “apunta” a la muerte de los 43 estudiantes de la normal rural de Ayotzinapa, sacó a protestar a miles de personas la noche del sábado 8 de noviembre. Será uno de esos días grabado en la memoria colectiva. Un día donde el coraje se materializó en caras enardecidas exigiendo justicia.

Por segundo día consecutivo, la convocatoria ciudadana hecha solo por medio de redes sociales consiguió movilizar a familias enteras. La noche del viernes, unas 500 personas participaron en una velada en el Ángel de la Independencia, pero la respuesta de ayer fue mucho más numerosa. La gente salió con la única arma que tiene: su voz. Salió para gritar con todas sus fuerzas: “no estoy cansado, estoy encabronado”.

Antes de las 20:00 horas, en Paseo de la Reforma frente a la sede de la Procuraduría General de la República, la bandera negra de 15 metros de largo era ondeada por decenas de personas. Alrededor ya había miles con las fotografías de los jóvenes desaparecidos hace 44 días en Iguala, Guerrero.

Las consignas contra la clase política se han ido transformando en los días de protesta. En las primeras manifestaciones del mes pasado, se veían pancartas para exigir la renuncia del gobernador Ángel Aguirre. Luego apareció la consigna “Fuera Peña, fuera Peña”, para incluir en la responsabilidad al Presidente. Desde entonces la frase “fue el Estado” se ha vuelto bandera de las movilizaciones. Pero ayer, estaban mucho más enojados: “que se vayan todos”, rezaban varias pancartas.

Las declaraciones del procurador, Jesús Murillo Karam sobre el posible destino de los normalistas atizó la mecha de la indignación. La confesión de su cansancio minutos antes de concluir la histórica conferencia de prensa del viernes 7 de noviembre hizo enojar a una sociedad que siente el dolor de los padres de familia que desde hace 44 días no tienen un minuto de paz.

“Murillo: tú estás cansado, nosotros hasta la madre. Renuncia, cabrón” se leí en una pancarta sostenida por una pareja cuyo rostro no refleja otra cosa más que tristeza. Otras con: “Nos faltan 43”, “Fue el Estado. Renuncia Peña”, “tu rabia es mi rabia”, eran acompañadas por el conteo a todo pulmón del 1 al 43 rematado con “¡justicia!”.

En la marcha se veía a familias completas. Hombres con bebés en brazos, adultos mayores, mujeres de la mano de sus hijos gritando “vivos se los llevaron, vivos los queremos”. Ciudadanos que viendo pasar la marcha desde la glorieta de Cuauhtémoc hacían un llamado con su pancarta: “#yamecansé. Basta de apatía e impunidad. ¡México despierta!”. “43 + 6 Iguala; 3 Matamoros; 1500 mujeres en el Edomex; 49 niños en Sonora; más de 20 mil con EPN. ¡México despierta!”.

Cuando la marcha pasaba frente a la sede del Senado de la República, lo único que podía salir de sus gargantas era la palabra “asesinos”. Tres jóvenes con la mitad del rostro cubierto lanzaron globos con pintura negra a los muros del edificio, pero el resto gritaba “no a la violencia, no a la violencia”.

A una hora de iniciada la caminata, cientos de personas se dirigían apenas a incorporarse en la retaguardia. Pese a la rabia por la crisis que ha desatado lo sucedido en Iguala, los manifestantes mantuvieron una marcha tan pacífica que no requirió presencia policíaca en ninguno punto de su ruta que incluyó Paseo de la Reforma, Avenida Juárez y las calles del centro histórico.

Al llegar al Zócalo, la Secretaría de Seguridad Pública informaba como dato preliminar que la asistencia era de 10 mil personas, aunque esa multitud que seguía llegando bien podría superar la cifra.

Frente a Palacio Nacional, los jóvenes tomaban el micrófono para leer un comunicado en el que reclamaban por los supuestos avances de la investigación de la PGR, por informar que la declaración de tres personas “apunta” a la posible ejecución de los 43 jóvenes y sin tener la confirmación de las muestras de ADN de los restos encontrados en bolsas de plástico en un río de Cocula, Guerrero.

Detrás de los oradores jóvenes colocaban una manta con la litografía del rostro de Leonel Castro, uno de los jóvenes desaparecidos. Aún sin terminar el mitin, algunos comenzaron a tirar las vallas que protegen Palacio Nacional. Los esfuerzos de hombres y mujeres que intentaron calmar la intención de llegar hasta la puerta principal no resultaron.

Las mujeres que se colocaban frente a una decena de jóvenes que amenazaba con realizar pintas en el recinto histórico no impidieron que más tarde, enardecidos, incendiaran la puerta. Nadie pudo impedir que esta última acción opacara la indignación de los miles que salieron a las calles.

**Nota publicada el 9 noviembre.

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El misterioso “gen dentro del gen” que descubrieron escondido en el COVID-19

Los genes superpuestos, como también se les conoce, pueden contener información vital para entender mejor los virus.
13 de noviembre, 2020
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Siempre estuvo ahí, pero “escondido” y hasta hace poco nadie lo había descubierto.

Se trata de un gen misterioso llamado ORF3d y encontrado dentro de otro gen en el coronavirus SARS-CoV-2, causante de la enfermedad covid-19 y de la actual pandemia.

Este fue descubierto por un grupo de científicos liderados por el investigador Chase Nelson, del Instituto de Genómica Comparada del Museo de Historia Natural de Nueva York, Estados Unidos.

Si bien queda por investigar la función específica de este gen superpuesto, como también se le conoce, los investigadores consideran que descubrir este tipo de genes “puede revelar nuevas vías de control para el virus, por ejemplo, medicamentos antivirales”.

Tampoco descartan que este gen pudiese contribuir a la biología única del virus y su potencial pandémico.

Los hallazgos fueron publicados en la revista científica eLife.

Por qué importa este descubrimiento

Desde que se desató la pandemia, científicos de todo el mundo se han puesto manos a la obra para comprender mejor el virus y así acertar en la labor de contención.

Científicos examinando terapias contra el virus en China.

Getty Images
Una de las primeras labores de los científicos fue estudiar y secuenciar el genoma del coronavirus.

De acuerdo al estudio liderado por Nelson, para responder a todas las preguntas que deja el coronavirus es necesario entender los genomas virales con precisión y amplitud.

“Los genes superpuestos son quizá una de las formas en que los coronavirus han evolucionado para replicarse de forma eficiente, frustrar la inmunidad del infectado y transmitirse”, declaró Nelson.

Un gen superpuesto permanece oculto en una cadena de nucleótidos debido a la forma en que se superpone a las secuencias codificadas de otros genes.

Según el estudio, estos genes son difíciles de identificar, ya que la mayoría de programas informáticos científicos no están diseñados para encontrarlos. Sin embargo, son comunes dentro de los virus.

Laboratorio en Francia.

Getty Images
Los científicos confían en que saber más sobre este gen puede mejorar las terapias antivirales.

“Debido al tamaño de su genoma, el SARS-CoV-2 y sus parecidos se encuentran entre los virus ARN más largos que existen. Quizás sean más propensos a contener este ‘engaño genómico'”, añade Nelson.

Qué se sabe sobre la función de este gen

Como este gen oculto fue descubierto recientemente se necesita más investigación para conocer todas sus implicaciones.

“Aún desconocemos su función y significado clínico, pero predecimos que es relativamente improbable que este gen sea detectado por la respuesta de las células T, al contrario que una respuesta de anticuerpos”, comenta Nelson.

Las células T son una especie de células inmunes, cuyo principal propósito es identificar y matar a patógenos invasores o células infectadas.

Lo hacen utilizando proteínas en su superficie, que a su vez pueden adherirse a proteínas en la superficie de estos impostores.

Los investigadores también descubrieron este gen en el coronavirus de un pangolín, lo cual podría reflejar pérdidas y ganancias de este gen durante la evolución del SARS-Cov-2 y otros virus parecidos.

El estudio concluyó la necesidad de ahondar más en el descubrimiento, ya que “los genes superpuestos son una parte importante de la biología viral y merecen mayor atención”.


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