La razón matemática de que los hipsters se parezcan tanto entre sí
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La razón matemática de que los hipsters se parezcan tanto entre sí

un grupo de individuos que interactúa entre sí a la vez que intenta contrarrestar a la mayoría termina haciendo lo mismo porque no hay tiempo suficiente para prever lo que todo el mundo va a hacer para ser "diferente"
Por Sergio Parra /Yorokobu.
5 de noviembre, 2014
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No importa a qué tribu social pertenezcamos, ni siquiera importa que optemos por vestir y usar complementos personales ajenos a cualquier moda. Al final cualquier código indumentario acaba por generalizarse y todos compartimos la misma estética de grupúsculos más o menos extendidos.

Eso también es aplicable a los hipsters, naturalmente: a pesar de que parece que recogen su ropa de los mercados de segunda mano o directamente de la basura, a pesar de que parece que visten un poco a desgana, casi por pragmatismo, a pesar, en definitiva, de que buscan ser únicos y originales, los hipsters también se parecen entre sí. Como si llevaran el uniforme de un bombero o de un camarero del McDonald’s.

De hecho, un neurocientífico matemático del Collège de France en París, Jonathan Touboul, ha dedicado a desarrollar una ecuación para demostrar por qué ocurre, precisamente en el colectivo hipster, esta tendencia a la mímesis y la uniformidad. La ecuación de marras tiene este aspecto totalmente ininteligible para profanos:

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La moda de no ir a la moda y viceversa

Según las conclusiones de Toubol, un grupo de individuos que interactúa entre sí a la vez que intenta contrarrestar a la mayoría termina haciendo lo mismo porque no hay tiempo suficiente para prever lo que todo el mundo va a hacer para ser “diferente”. En definitiva, Touboul sostiene que la física estadística explica cómo el inconformismo tiende al conformismo.

Si bien compañeros, amigos y allegados son bastante predecibles porque interactuamos a menudo con ellos, no sucede lo mismo con el resto de personas, así que existe la posibilidad de que todos luzcan la misma barba de Robinson Crusoe o el mismo gorro de lana en su carrera por ser exclusivo. Por muy rápido que corra el hipster, hay demasiada gente intentando ser diferente.

El estudio de Toubol, con todo, no tiene un objetivo tan banal como el que aparenta. Según el propio investigador también podría ser de utilidad para arrojar luz sobre correlaciones en otros modelos estadísticos, tales como la toma de decisiones financieras.

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La eterna carrera armamentística

En el fondo, todas las modas funcionan de un modo similar. Un grupo de personas decide escoger un código indumentario o de cualquier otra índole para destacarse del resto. Si tales personas resultan atractivas para otras, estas acabarán copiando el modelo para quedarse con parte de su molancia. Finalmente, el resto de gente, la que tarda más en enterarse de lo que está in, o sencillamente pertenece a otro grupo social, adquirirá o readaptará estos patrones. Al final, habrá tanta gente siendo igual, que el efecto inicial de descolgarse de la masa se devaluará.

Según Malcolm Gladwell en su libro La clave del éxito, estas dinámicas las producen a grandes rasgos los maven (los que facilitan la información, los enteradillos), los conectores (que conocen a mucha gente y propagan la información) y los vendedores natos (que nos convencen, como hipnotizadores sociales, de por qué nos conviene plegarnos a esa información). Lo que Toubol añade aquí es la idea de que incluso las personas que pretenden no copiar a los demás y constituirse como diferentes y únicos pueden acabar haciéndolo inadvertidamente: porque, al fin y al cabo, la mayoría de la gente se nutre de las mismas fuentes de información.

Y en cuanto haya suficientes personas yendo de contracultural, diferente, outsider o cool, como señala el filósofo Joseph Heath en su obra Rebelarse vende, la masa de gente absorberá sus signos distintivos, los tornará comerciales y masivos, hasta el punto de que el contracultural será mainstream.

Esta suerte de paradoja recursiva se produce, de hecho, en todos los rasgos que uno exhibe para mostrar que pertenece a una clase social mejor que la de los demás. Por ejemplo, en el caso de ropas de marca. Antiguamente, las leyes eran las que regulaban que los individuos pudieran llevar determinadas ropas que describieran su estatus social (en la Inglaterra renacentista, solo la nobleza estaba autorizada para vestir determinados tipos de tela).

Hoy en día, todo el mundo puede vestir como quiera, pero se han impuesto otras estrategias para evitar que alguien de clase baja o media, por ejemplo, se pueda hacer pasar por alguien de clase alta: los precios desorbitados que no describen el coste de la prenda, sino su exclusividad social. Pero el precio no es la única estrategia, también lo es el cambio de ropa por temporada (de lo que se deduce que uno no solo tiene el dinero, sino el tiempo y el interés intelectual por estar al tanto de lo que se lleva o no).

Estas estrategias están en continuo movimiento porque las clases más bajas pueden llegar a adquirir determinadas marcas (por ejemplo, a través de falsificaciones) o llevar determinada ropa de moda (cuando la información al respecto se propaga), lo que finalmente obligará a las clases pudientes a desbancarse adquiriendo cosas aún más caras o diferentes. En una eterna carrera armamentística.

Por ejemplo, Ikea ha democratizado los muebles modernos y bonitos, así que los que intentan distinguirse de la masa optan por adquirir muebles vintage: algunos son simples muebles recogidos de la basura y ligeramente restaurados que se venden a precios prohibitivos. Una estrategia, la de democratizar precios, que incluso llevan a cabo las marcas caras para seguir vendiendo exclusividad. El editor de Wired Chris Anderson lo explica así en su libro Gratis:

La paradoja surge del dilema básico que sustenta la economía de la moda: a los consumidores tienen que gustarles los diseños de este año, pero también deben quedar rápidamente insatisfechos con ellos para que compren los diseños del año siguiente. A diferencia de la tecnología, por ejemplo, las empresas de ropa no pueden argumentar que los diseños del año siguiente son funcionalmente mejores, solo parecen diferentes. De manera que necesitan alguna otra razón para conseguir que los consumidores pierdan su encaprichamiento con los modelos de este año. La solución: una copia masiva que convierta un diseño exclusivo en un artículo de mercado masificado. La mística del diseñador queda destruida por la ubicuidad barata, y los consumidores con criterio deben empezar la búsqueda de algo exclusivo y nuevo.

Yorokobu. 

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Qué es el albedo de los polos y por qué es vital para el enfriamiento del planeta

El calentamiento global está haciendo que los polos se derritan, pero ¿sabes por qué son tan vitales para la humanidad? Te explicamos el papel fundamental que juegan.
3 de noviembre, 2021
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Seguramente hayas escuchado que una de las consecuencias más graves que está teniendo el calentamiento global es que se están derritiendo los polos.

Y quizás incluso hayas oído las advertencias de los científicos de que el Ártico y partes de la Antártica se están calentando entre dos y tres veces más rápido que el resto del planeta.

Pero ¿sabes por qué los polos son importantes -más bien, vitales- para la humanidad?

¿Y por qué las regiones más frías del globo son las que más se están calentando?

Pues, posiblemente intuyas que la función principal de los polos es enfriar la Tierra. Y algo de razón tienes.

Pero no porque actúen como el freezer del planeta.

La razón por la que estas grandes extensiones de hielo enfrían no es que sean heladas. Enfrían sobre todo porque son blancas. Y ese blanco refleja el calor del Sol.

“El hielo del planeta refleja la cantidad justa de energía solar de regreso al espacio”, explica el divulgador naturalista de la BBC David Attenborough en el documental Breaking Boundaries: The Science of Our Planet (“Rompiendo límites: la ciencia de nuestro planeta”).

“Este efecto de enfriamiento ha sido fundamental para mantener estable la temperatura de la Tierra”, remarca en el film que Netflix estrenó a mediados de este año.

Albedo

Sin los rayos del Sol no podríamos vivir, pero tampoco podríamos hacerlo si la Tierra absorbiera el 100% de la radiación solar.

Por eso es tan clave la capacidad de nuestro planeta de poder reflejar parte de ese calor, un fenómeno conocido científicamente como albedo.

Imagen satelital del Ártico

WORLDSAT INTERNATIONAL/SPL
Los hielos polares juegan un papel fundamental al reflejar la radiación del Sol.

A través de este mecanismo, nuestro planeta refleja el 30% de la radiación del Sol.

El restante 70% que absorbe nos ha permitido mantener una temperatura ideal para el desarrollo de nuestra civilización.

Pero en las últimas décadas, el mundo ha estado perdiendo su capacidad de reflejar el calor del Sol, haciendo que ese perfecto equilibrio que duró unos 10.000 años -un período conocido como el Holoceno- se rompiera.

El climatólogo del Instituto Antártico Argentino (IAA) Alpio Costa le dijo a BBC Mundo que, si bien la principal barrera reflectora de radiación solar es nuestra atmósfera, los polos cumplen una función indispensable como la mayor fuente del albedo en nuestra superficie.

Costa destacó que los hielos son responsables de cerca de un cuarto del total que es reflejado por nuestro planeta.

Pero en el último medio siglo los polos se han vuelto cada vez menos blancos, reduciendo su efecto reflector.

Y es esta “reducción del albedo” la que está haciendo que estos inmensos hielos se estén calentando unas tres veces más que el resto del planeta, señaló el experto.

Por qué ocurre

“El problema empezó con la revolución industrial, cuando nosotros como especie comenzamos a tener una influencia sobre el clima, porque empezamos a ser una fuente importante de emisiones de gases de efecto invernadero”, explica Lucas Ruiz, geólogo del Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales (Ianigla)

Ruiz fue uno de los autores del último informe del Panel Intergubernamental de Cambio Climático de la ONU (IPCC), que concluyó que inequívocamente la quema de combustibles fósiles y otras acciones contaminantes del hombre son las que están causando que el planeta se caliente a una velocidad nunca antes vista.

Gráfico que muestra las emisiones de CO2 por combustibles fósiles

BBC

La polución que generamos -más de la mitad en los últimos 30 años (ver gráfico arriba)-, no solo elevó la temperatura del planeta, llevando a que los polos se empezaran a derretir.

También hizo que se tornaran menos blancos, reduciendo su capacidad de reflejar el calor del Sol.

¿Cómo ocurrió esto? La reducción del albedo se dio, por un lado, por los residuos de la combustión de hidrocarburos que depositaron ollín sobre el hielo y la nieve, indica Ruiz.

Pero el mismo derretimiento también oscureció la superficie de los hielos, generando pequeños cuerpos de agua y fomentado el crecimiento de algas.

“Si uno mira a Groenlandia desde el aire, en vez de ver blanco ve blanco azul, blanco azul, blanco azul”, destaca Ruiz sobre el casquete polar que más rápidamente se está derritiendo.

Groenlandia está lleno de cuerpos de agua como este.

Getty Images
Groenlandia está lleno de cuerpos de agua como este, y el hielo refleja cada vez menos.

Los hielos marinos del Ártico -los más extensos del planeta- también están perdiendo masa a velocidades récord, exponiendo la superficie oceánica.

El problema, dice el experto, es que mientras el hielo refleja el 90% del calor del Sol, el agua solo refleja el 20% y el 80% es absorbido, elevando sus temperaturas, lo que hace que también se expanda.

La combinación del hielo que se derrite y el agua que se expande está haciendo que se eleve el nivel del mar, lo que representa una amenaza para las ciudades costeras, entre ellas varias de las capitales del mundo.

Las estimaciones del IPCC son que, incluso si el mundo logra ponerse de acuerdo para que la temperatura del planeta no supere los 1,5°C por encima de los niveles preindustriales -hoy nos estamos acercando a 1,2°C- el daño ya generado hará que para 2050 el nivel del mar suba 50cm con respecto a los niveles del 1900.

“Parece poco pero es muy malo, porque cuando lo proyectas en la línea de costa, dependiendo de la pendiente que tiene la costa, puede llegar a ser kilómetros“, afirma Ruiz.

Aunque aclara que recién se dará a conocer en febrero un nuevo trabajo del IPCC detallando cuáles serán los lugares más afectados, el informe actual prevé que “tanto el nivel del mar como la temperatura del aire aumenten en la mayoría de los asentamientos costeros”.

De más está decir que si la humanidad no lograra ponerse de acuerdo en la próxima Cumbre Climática de Glasgow (COP26) para reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero, y la Tierra se calentara aún más, el daño sería mucho más pronunciado.

Círculo vicioso “irreversible”

En ese sentido, lo que más preocupa sobre el oscurecimiento de los polos es que ha desencadenando un círculo vicioso que podría resultar catastrófico.

Los científicos lo llaman un “proceso de retroalimentación” y funciona así: a medida que el planeta se calienta las zonas polares pierden superficie blanca, eso refleja menos, lo que produce un aumento de temperatura, que a su vez genera mayor pérdida de hielo.

Este fenómeno es lo que explica por qué los polos se están calentando entre dos y tres veces más que el resto del planeta, afirma Costa del IAA.

“Tiene un nombre: se llama amplificación polar“, señala a BBC Mundo.

Alpio Costa del Instituto Antártico Argentino en la Antártida

IAA
Aunque la Antártida es “mucho más resistente” al cambio climático que el Ártico, la región occidental también se está derritiendo, advierte Alpio Costa del Instituto Antártico Argentino.

La mala noticia es que, una vez que se desencadena este proceso, no alcanza con mantener las temperaturas actuales para frenarlo. Tendríamos que encontrar la manera de enfriar la atmósfera, algo que hoy está fuera de nuestro alcance.

Es por esto que los científicos afirman que el derretimiento del casquete polar ártico (Groenlandia) es irreversible a escala de tiempo humana.

Costa advierte que también la región occidental de Antártida se está derritiendo.

Y entre ambos, tienen suficiente agua para elevar los niveles del mar más de 12 metros.

Sin embargo, también hay una “buena” noticia: estos bloques de hielo son tan masivos que incluso si el calentamiento continuara tardarían decenas de miles de años en derretirse completamente.

En cambio, el peligro más inmediato es la desaparición del hielo marino ártico, que es menos voluminoso -y por ende no afectará tanto los niveles del mar- pero es clave para proteger a la Tierra de los rayos del Sol, ya que evita que la radiación solar impacte sobre el océano, que la absorbe, calentándose y expandiéndose.

Según el informe del IPCC, el hielo marino en el Hemisferio Norte durante el período más seco se redujo en promedio cerca del 25% en las últimas cuatro décadas.

De ahí que muchos científicos creen que es clave limitar la emisión de gases de efecto invernadero para frenar el calentamiento de la atmósfera y evitar que más hielo marino desaparezca, reduciendo críticamente el albedo.

El océano Ártico bajo el rayo del Sol, a la medianoche

Getty Images
Lo que más se ha perdido es hielo marino ártico, pero este cambio es reversible si actuamos pronto, advierte Lucas Ruiz.

“La pérdida del hielo marino no es irreversible“, resalta Ruiz.

“Si nosotros disminuimos la temperatura, el hielo marino va a aumentar”.

La base del clima

La amplificación polar también amenaza con desequilibrar otra función vital de los polos: la climática.

Y es que, como señala el climatólogo Costa, estos grandes hielos que reflejan el Sol son la base de nuestro clima.

“La diferencia de radiación solar entre los polos y los trópicos, que genera una diferencia de temperatura, es el motor que pone en movimiento a la atmósfera y genera lo que conocemos como clima en todos los rincones del mundo”, explica.

Este fenómeno es el que hace que haya “lluvias muy cerca del ecuador, zonas muy secas en latitudes subtropicales y pasajes de altas y bajas presiones en latitudes medias, que permite que allí haya estaciones diferentes”.

Por eso, el derretimiento de los polos y la consecuente reducción del albedo no sólo están aumentando las temperaturas de la atmósfera y amenazando nuestras costas, sino que, además, podrían provocar caos en el delicado balance climático de nuestro planeta.


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