Las mujeres indias de más de 60 años que tienen hijos
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Las mujeres indias de más de 60 años que tienen hijos

En algunos lugares de India, los matrimonios sin descendencia no son respetados. Mujeres ancianas se someten a fecundación in vitro para tener hijos y evitar el estigma social.
1 de noviembre, 2014
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Foto: BBC

A Rajo Devi, de 75 años, le cuesta aguantar el ritmo de su hijo Naveen. //Foto: BBC

En India, la esperanza de vida media de una mujer es de 68. Rajo Devi dice que tuvo suerte de ser madre a los 70.

No es posible confirmar la edad de Rajo Devi: es muy poco frecuente registrar los nacimientos en la India rural y mucha gente duda sobre su propia edad.

La madre más anciana, con una edad “verificada”, es Maria del Carmen Bousada de Lara, que falleció en 2009.

Naveen fue concebida a través de fecundación in vitro en una clínica cercana a su pueblo, en el estado norteño de Haryana.

Como muchos niños, a veces es traviesa y busca la atención de los demás.

Pero es difícil para Rajo Devi correr detrás de Naveen. Su avanzada edad es un problema.

Primero fue la fatiga de dar a luz, luego un quiste en el ovario y luego una enfermedad intestinal.

Allan Pacey, médico en la Universidad de Sheffield, dice que es “posible que mujeres de 70 años se queden embarazadas si en la fecundación artificial se usan óvulos de una mujer más joven”.

“Pero hay peligros para la salud de la mujer y el niño”, dice Pacey.

¿Por qué se arriesgó Rajo Devi a ser madre a su edad?

“Era muy importante para mi”, dice.

El deseo de tener un niño era tan grande que, cuando Rajo Devi no lo consiguió tras 15 años de matrimonio, su marido, agricultor, se casó con su hermana pequeña.

Pero esto tampoco llevó un niño a la familia.

Estigma social

En India, la maternidad es reverenciada. El país se equipara con la figura de la madre e incluso recibe el nombre de “la Madre India”.

Una mujer que no puede tener hijos, sobre todo en la India rural, recibe frecuentemente el nombre de “infértil” y no es respetada por sus vecinos.

Los matrimonios múltiples, aunque son ilegales, pueden ser una forma de intentar tener un hijo biológico.

Y también está la cuestión de la herencia. De hecho, Bala Ram, el esposo de Rajo Devi, dice que esa es la única razón que les llevó a decidirse por la fecundación in vitro con la edad que tienen.

“Si morimos sin heredero, nuestras posesiones serán usurpadas por mis hermanos o mis vecinos”, dice.

Bala Ram posee alrededor de 10 acres de tierra fértil y dos búfalos. Cultiva arroz, trigo, algodón y mostaza, con lo que gana unos US$5.000 al año.

La pareja quería un hijo varón que heredase la propiedad y continuase con el nombre familiar, ya que las mujeres suelen casarse y vivir con sus maridos.

Pero Bala Ram tenía pocas opciones.

“Cuando nació nuestra hija, el médico nos dijo que Rajo Devi era demasiado frágil para pasar por otro proceso de fecundación in vitro y otro parto, así que para nosotros Naveen es nuestra hija y nuestro hijo”.

La fecundación in vitro necesita el esperma de un hombre para fertilizar un óvulo de la mujer fuera del cuerpo de esta.

El embrión resultante se introduce luego en el útero de la mujer hasta que se desarrolla y se produce el parto del bebé.

En este caso, sin embargo, cuando la familia descubrió la existencia de la fecundación in vitro, Rajo Devi y su hermana ya habían pasado la menopausia y ninguna de ellas podía producir óvulos.

La hermana de Rajo Devi no tenía una condición física suficiente para superar un embarazo, así que le tocó a la hermana mayor pasar por el proceso.

“Familia feliz”

Consideraron un detalle menor que el óvulo utilizado perteneciese a una donante anónima.

“Ahora somos una familia feliz”, dice Rajo Devi.

“Los vecinos nos tratan de forma distinta y, cuando yo no esté, mi hermana se hará cargo de criar a mi hija”.

El doctor Anurag Bishnoi es el responsable de una clínica en Haryana en la que trata a cerca de mil mujeres cada año. “Un tercio de ellas tienen entre 50 y 70 años”.

“En algunos momentos estaba tratando más de 100 parejas de ancianos al mes, y llegaban con tantas esperanzas, muchas de las cuales no podíamos cumplir. Así que tuvimos que seleccionar y reducir el número de pacientes que estábamos aceptando”, dice.

Bhateri Devi tenía 64 años cuando empezó su tratamiento con el doctor Bishnoi en 2010. Dio a luz a trillizos: dos niñas y un niño. Una de las niñas murió a las pocas semanas.

Los otros dos van ahora a la escuela. Los días de Batheri Devi son largos: los niños de tres años exigen mucho y ella les lleva todos los días a la escuela y los recoge a la salida.

“Un mundo de hombres”

Ella y su esposo, Deva Singh, viven a unos pocos kilómetros de la clínica y su experiencia me parece muy similar a la de Rajo Devi.

“Nos llamaban “sin hijos” y nadie nos quería mirar a la cara por la mañana. Temían que les diéramos mala suerte a la hora de tener hijos”, dice Deva Singh.

Es evidente que para Batheri Devi y Rajo Devi, dar a luz tan mayores les ha pasado factura, aunque ninguna quiere admitirlo.

“El cuerpo de una mujer está diseñado para tener hijos y, sea cual sea la edad, nunca es fácil”, dice Batheri Devi.

Rajo Devi va aún más allá.

“Este es un mundo de hombres al fin y al cabo, y las mujeres no tenemos mucha elección”.

Al preguntarles, contestaron que no entendían este aspecto y que realmente no les importaba nada.

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El duro testimonio de Matthew, el niño estadounidense que amenazó a Trump en un video de Estado Islámico

Matthew todavía recuerda cuando su vida cambió: la noche en que su madre y su padrastro cruzaron con él hacia territorio de Estado Isámico.
24 de noviembre, 2020
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Matthew todavía recuerda el momento en que su vida cambió: la noche en que su madre y su padrastro cruzaron con él las fronteras de Turquía hacia el territorio del autodenominando Estado Isámico (EI) en Siria.

“Corrimos por una zona muy oscura, llena de alambres… No pasaba mucho por mi cabeza, excepto, ‘necesito correr'”, recordó al contar por primera vez su terrible experiencia al programa Panorama de la BBC y a Frontline, de la emisora pública estadounidense PBS.

Matthew, nacido en EE.UU., fue llevado a Siria cuando tenía 8 años y su cara se hizo conocida cuando los militantes de EI lo utilizaron en un video en el que amenazaba al presidente Donald Trump.

Ahora con 13 años, está de vuelta en su país y vive con su padre, luego de que el ejército de Estados Unidos lo rescatara y lo llevara a casa en 2018.

Dice que es un “dulce alivio” estar de vuelta.

“Lo que pasó, pasó. Todo quedó atrás”, cuenta a la BBC.

“Era tan pequeño que no entendía lo que estaba sucediendo”, agrega.

Camino al infierno

Fue en abril de 2015 cuando una aparentemente común familia estadounidense cruzó al territorio de EI desde la provincia fronteriza turca de Sanliurfa.

En Raqqa, la ciudad reivindicada por los combatientes islamistas como su capital, el padrastro de Matthew, Moussa Elhassani, fue enviado a recibir entrenamiento militar y se convirtió en francotirador.

A sus 8 años, Matthew hizo todo lo posible para darle sentido a su nuevo hogar.

“Cuando estuvimos por primera vez en Raqqa, nos quedábamos en la ciudad. Era bastante ruidosa por los disparos. De vez en cuando se escuchaba una explosión, pero era lejana. Así que no teníamos mucho de qué preocuparnos”, recuerda.

Matthew in the US, aged 13

BBC
Matthew tiene 13 años actualmente.

A principios de 2017, la madre de Matthew, Samantha Sally, le envió un correo electrónico a una hermana en EE.UU.

Le pedía dinero de forma desesperada para ayudar a la familia a escapar.

Adjunto, le envió también algunos videos extremadamente inquietantes sobre Matthew.

En uno, el padrastro Moussa Elhassani, obligaba a Matthew a armar un cinturón suicida.

El niño, que seguía las instrucciones, recreaba cómo daría la bienvenida a posibles rescatadores estadounidenses, para luego matarlos detonando los explosivos.

En otro video, se le veía desmontando un AK-47 cargado, desafiado por su padrastro a hacerlo en menos de un minuto.

La pesadilla

Una noche, a medida que la coalición liderada por Estados Unidos intensificaba sus ataques aéreos contra Raqqa, una bomba golpeó una casa vecina, que se derrumbó sobre el lugar donde vivía Matthew con su familia.

El niño se salvó de milagro: logró salir a tientas entre los escombros y el polvo.

Poco después, en agosto de 2017, Raqqa estaba en ruinas, pero Estado Islámico todavía estaba seguro de su victoria.

Matthew aged 10 in a still from the IS propaganda video in which he was made to recite a message to Donald Trump

BBC
Matthew fue utilizado en varios videos de propaganda de EI.

Fue entonces cuando el grupo utilizó a Matthew para grabar un video de propaganda en el que amenazaba a Trump.

“Mi mensaje para Trump, el títere de los judíos: Alá nos ha prometido la victoria y te ha prometido la derrota“, dijo el niño, recitando el mensaje que le habían hecho aprender de memoria.

“Esta batalla no va a terminar en Raqqa o Mosul. Va a terminar en tus tierras… Así que prepárate, porque la lucha acaba de comenzar”.

Años después, el niño recuerda que fue su padrastro quien lo obligó a grabar el video y que durante la filmación lo amenazaba.

“Estaba empezando a perder el control, como si hubiera tenido problemas mentales”, cuenta.

Matthew on a fishing trip with his father, Juan

BBC
Matthew vive actualmente con su padre.

Poco después, Elhassani murió en un presunto ataque con drones.

“Me alegré porque no me agradaba, obviamente”, dijo Matthew.

“No creo que debería haber estado feliz porque una persona murió, pero lo estaba. Todos estábamos llorando…de alegría”.

El rescate

Tras la muerte del padrastro, la madre de Matthew, Samantha Sally, le pagó a unos traficantes de personas para que ella y sus cuatro hijos salieran del territorio de Estado Islámico.

Matthew fue escondido dentro de un barril en la parte trasera de un camión para poder pasar por los puestos de control.

Cuando llegaron al territorio controlado por los kurdos, fueron retenidos en un campo de detención, y fue allí en el invierno de 2017 donde la BBC comenzó a hablar con Sally.

La mujer contó que su marido la había engañado para que llevara a su familia a Siria y que no tenía idea de lo que estaba planeando.

Samantha Sally in a detention camp in Syria

BBC
Samantha Sally comenzó a hablar con la BBC en 2017.

Una vez en Raqqa, dijo, el hombre se había vuelto violento con ella.

La estadounidense reconoció que durante su estancia allí habían comprado a dos adolescentes yazidíes como esclavas y que su marido las violaba con regularidad.

Las pruebas

Tras su regreso a EE.UU., mientras estaba en la cárcel en espera de juicio, Sally continuó defendiendo su versión de que había sido engañada por su marido.

Aunque lo había apoyado “en sus estúpidas empresas“, insistió en que no era culpable de que se uniera al EI.

Sin embargo, la investigación de la BBC y de PBS descubrió pruebas que socavaron esta historia.

Un miembro de la familia Elhassani dijo que Moussa se había obsesionado con EI en los meses previos a la salida de la familia de EE.UU. y que lo había visto viendo propaganda del grupo, incluidos videos de ejecuciones, en la casa de la familia.

Una amiga de Sally también recordó una conversación con ella en la que le había dicho que su esposo sentía un llamado para unirse a “la guerra santa”.

La investigación también reveló que Sally había hecho una serie de viajes a Hong Kong en las semanas antes de que la familia dejara EE.UU. y que había depositado al menos US$30.000 en efectivo y oro en cajas de seguridad.

Después de casi 12 meses tras las rejas, Sally cambió su historia y se declaró culpable de financiar el terrorismo como parte de un acuerdo de culpabilidad.

Las pruebas mostraron después que Sally había ayudado a filmar los videos de su hijo con el cinturón suicida y el AK-47.

De acuerdo con los fiscales, es probable que nunca se sepa por qué ayudó a su esposo a unirse a Estado Islámico, aunque su defensa argumenta que fue coaccionada por el marido controlador.

Desde su regreso a EE.UU.. Matthew ha recibido asesoramiento para ayudarlo a lidiar con los traumas de todo lo que le sucedió.

Según sus médicos, ha mejorado y lo está haciendo bien.


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