Estas son las 17 pruebas de la PGR sobre la búsqueda de los normalistas
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Estas son las 17 pruebas de la PGR sobre la búsqueda de los normalistas

Mientras los familiares de los estudiantes insisten que sus hijos están vivos, el procurador Murillo Karam reveló información sobre el "asesinato de un amplio número de personas".
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Por Redacción Animal Político
8 de noviembre, 2014
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Foto: CUartoscuro.

Foto: CUartoscuro.

A 33 días de liderar la investigación sobre la desaparición de 43 estudiantes de la Normal de Ayotzinapa, el procurador General de la República, Jesús Murillo Karam, informó la tarde de este viernes 7 de noviembre que las pruebas hasta ahora obtenidas revelan el “asesinato de un amplio número de personas”; y aunque hay “fuertes indicios” de que se trata de los normalistas, el gobierno federal aún no puede confirmarlo.

El mismo día, pero una hora después, los padres de los normalistas —que el 26 de septiembre pasado fueron víctimas de una desaparición forzada por parte de los policías municipales de Iguala, y posteriormente entregados a integrantes del grupo delictivo Guerreros Unidos— reiteraron que sus hijos están vivos, “hasta que no haya pruebas científicas” que demuestren lo contrario.

El funcionario federal detalló en una conferencia que se han encontrado restos humanos y cenizas en el río San Juan, en Cocula, el municipio adonde fueron trasladados los estudiantes tras su detención. Sin embargo, de acuerdo con la información oficial, hasta ahí se tiene el último registro de la presencia de los estudiantes.

La información revelada ayer por Murillo Karam indica que tres presuntos integrantes de Guerreros Unidos detenidos “hace unos días” —Patricio Reyes Landa (El Pato), Jonathan Osorio Gómez (El Jona) y Agustín García Reyes (El Chereje)— confesaron haber  recibido y ejecutado al grupo de personas que les entregaron los policías municipales de Iguala y Cocula”, dijo el procurador.

Hoy, 8 de noviembre, se cumplen 43 días del ataque policial en contra de los estudiantes en Iguala que derivó en la desaparición de los normalistas y la muerte de 6 personas —entre ellas tres jóvenes de la Normal de Ayotzinapa—. Hasta ahora, estas son las pruebas y avances de la investigación que la Procuraduría General de la República(PGR) ha revelado desde que la Fiscalía de Guerrero le cedió el caso: 

1.- 74 personas han sido detenidas y se espera cumplimentar aún 10 órdenes de aprehensión más.

2.- El exalcalde de Iguala, José Luis Abarca, fue detenido junto con su esposa (María de los Ángeles Pineda, por ahora arraigada) el 4 de noviembre pasado. Abarca fue quien ordenó la agresión contra los normalistas, según el operador de radio de la Central de Iguala, David Hernández Cruz; sin embargo, está preso en el penal de máxima seguridad del Altiplano por delitos de secuestro, homicidio y delincuencia organizada, ninguno vinculado al caso Ayotzinapa.

3.- Testimonios y confesiones apuntan al homicidio de un amplio número de personas en el municipio de Cocula, según Murillo Karam.

4.- Los jóvenes salieron de la Normal de Ayotzinapa en dos y en Iguala tomaron otros dos antes de ser atacados por los policías de Iguala.

5.- Los policías de Iguala detuvieron a los normalistas, los trasladaron a la central policíaca y luego, con apoyo de la policìa de Cocula, los llevaron en patrullas hacia zona de Loma de Coyote, entre el municipio de Iguala y Cocula, en donde los entregaron a integrantes de Guerreros Unidos.

6.- Sobre las fosas halladas en la región de Pueblo Viejo, los peritajes han dado la “certeza” de que no son los cuerpos de los normalistas; incluso cuatro han sido identificados, y quienes fueron asesinados en agosto pasado. Estas personas fueron asesinadas por policías de Iguala.

7.- Otro detenido clave: Sidronio Casarrubias Salgado, el líder de Guerreros Unidos. Él ha declarado que su lugarteniente, Gildardo López Astudillo (El Gil), le notificó sobre los estudiantes, pero le aseguró que eran del cártel contrario, por lo que “avaló las acciones para, ‘defender su territorio'”.

8.- Murillo Karam descartó totalmente que los normalistas pertenezcan a algún grupo delictivo.

9.- Los últimos tres detenidos declararon que recibieron “a un número de personas que no pueden precisar con exactitud”; e incluso uno de ellos dijo que eran al menos 43 o 44.

10.- Al recibir al grupo, los presuntos integrantes de Guerreros Unidos los trasladaron hacia el basurero de Cocula.

11.- A ese lugar, algunas personas llegaron muertas por asfixia (un detenido refiere que 15), según las declaraciones; los demás fueron interrogados para identificarlos  y determinar por qué llegaron a Iguala, y posteriormente asesinados.

12.- En el basurero mataron y arrojarona las personas a la parte profunda del lugar, donde los quemaron arrojando “diesel, gasolina, llantas, leña, plástico, entre otros elementos que se encontraron en el paraje”. El fuego duró entre 6 y 7 horas, de acuerdo con las declaraciones.

13.- Los detenidos dicen que depositaron los restos del fuego, los cuales pudieron manipular hasta las 17 horas del 27 de septiembre, en ocho bolsas negras, las cuales lanzaron al agua.

14.- En el lugar, peritos encontraron  restos óseos y también las bolsas; una de ellas cerrada, donde descubrieron restos que por sus características son humanos.

15.- Según los peritos, el alto nivel de degradación hacen muy difícil la extracción de ADN para identificarlos.

16.- Las autoridades enviarán los restos a la Universidad de Innsbruck, en Austria, donde se les realizarán pruebas mitocondriales, pero no se puede especificar una fecha para saber los resultados.

17.- Hasta que se identifiquen los restos,”se seguirá considerando desaparecidos a los estudiantes de Ayotzinapa”, dijo el procurador.

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"El COVID no es una pandemia": científicos creen que es una sindemia (y qué significa)

El hecho de que la enfermedad se exacerba cuando interactúa con otras condiciones de salud que prevalecen en grupos desfavorecidos social y económicamente ha llevado a algunos científicos a pensar que estamos frente a una sindemia.
10 de octubre, 2020
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Con el correr de los meses, las medidas para evitar la propagación del covid-19 se han ido endureciendo o flexibilizando en distintas partes del mundo según el aumento o disminución de los casos.

Mientras que muchos países en Europa están volviendo a restringir actividades sociales y ordenando cuarentenas después de registrar un número récord de casos, Nueva Zelanda, por ejemplo, pasó a su nivel de alerta más bajo.

Sin embargo, esta estrategia para lidiar con el coronavirus es, en opinión de numerosos científicos, demasiado limitada para detener su avance.

“Todas nuestras intervenciones se han centrado en cortar las vías de transmisión viral, para controlar la propagación del patógeno”, escribió recientemente en un editorial Richard Horton, editor jefe de la prestigiosa revista científica The Lancet.

Pero la historia del covid-19 no es tan sencilla.

Por un lado, dice Horton, está el SARS-CoV-2 (el virus que provoca el covid-19) y por otro, una serie de enfermedades no transmisibles. Y estos dos elementos interactúan en un contexto social y ambiental caracterizado por una profunda inequidad social.

Bangladesh

Getty Images
El contagio es mucho mayor en comunidades empobrecidas que no pueden cumplir con las normas de higiene y distancia social.

Estas condiciones, argumenta Horton, exacerban el impacto de estas enfermedades y por ello debemos considerar al covid-19 no como una pandemia, sino como una sindemia.

No se trata de un simple cambio de terminología: entender la crisis de salud que estamos atravesando desde un marco conceptual más amplio abre el camino para buscar soluciones más adecuadas.

Uno más uno es más que dos

El término sindemia (un neologismo que combina sinergia y pandemia) no es nuevo.

Fue acuñado por el antropólogo médico estadounidense Merrill Singer en los años 90 para explicar una situación en la que “dos o más enfermedades interactúan de forma tal que causan un daño mayor que la mera suma de estas dos enfermedades”.

“El impacto de esta interacción está además facilitado por condiciones sociales y ambientales que juntan de alguna manera a estas dos enfermedades o hacen que la población sea más vulnerable a su impacto”, le explica Singer a BBC Mundo.

La interacción con el aspecto social es lo que hace que no se trate sencillamente de una comorbilidad.

Merrill Singer

Merrill Singer
Singer acuñó el término “sindemia” en los años 90.

El concepto surgió cuando el científico y sus colegas investigaban el uso de drogas en comunidades de bajos ingresos en EE.UU., hace más de dos décadas.

Descubrieron que muchos de quienes se inyectaban drogas sufrían de una cantidad de otras enfermedades (tuberculosis, enfermedades de transmisión sexual, entre otras), y los investigadores se empezaron a preguntar cómo éstas coexistían en el cuerpo, y concluyeron que, en algunos casos, la combinación amplificaba el daño.

En el caso del covid-19, “vemos cómo interactúa con una variedad de condiciones preexistentes (diabetes, cáncer, problemas cardíacos y muchos otros factores), y vemos un índice desproporcionado de resultados adversos en comunidades empobrecidas, de bajos ingresos y minorías étnicas“, explica Singer.

Y enfermedades como la diabetes o la obesidad —que son factores de riesgo para el covid-19— son más comunes en individuos de bajos recursos, añade en conversación con BBC Mundo Tiff-Annie Kenny, investigadora de la Universidad Laval, en Canadá, y quien trabaja en el Ártico con poblaciones afectadas por la inseguridad alimentaria, el cambio climático y condiciones de vivienda que dificultan cumplir con las recomendaciones sanitarias como lavarse las manos o mantener la distancia social.

¿Pero no es el este el caso de la mayoría de enfermedades? ¿No tienen la mayoría de las veces un impacto mayor en los grupos con menos acceso a salud, alimentación, educación e higiene? ¿No se potencian casi siempre cuando se combinan con otra o con una condición médica de base?

En cuanto a la interacción biológica, no es necesariamente siempre así, destaca el científico.

Cementerio en La Paz, Bolivia

Getty Images
La pandemia de covid-19 no se resuelve únicamente por la vía médica, creen los científicos que analizan la situación actual desde el marco conceptual de la sindemia.

“Hay evidencia creciente de que la influenza y el resfriado común son contrasindémicos. Es decir: la situación no empeora. Si una persona está infectada con los dos (virus), una (de las enfermedades) no se desarrolla”.

Y en cuanto al aspecto social, el elemento clave en el caso de una sindemia es que añade la interacción de las enfermedades.

Cambio de estrategia

Analizar la situación a través de la lente de la sindemia, dice Kenny, nos permite pasar de la aproximación de la epidemiología clásica sobre el riesgo de transmisión, a una visión de la persona en su contexto social.

Es una postura compartida por muchos científicos que creen que para frenar el avance y el impacto del coronavirus es crucial poner atención a las condiciones sociales que hacen que ciertos grupos sean más vulnerables a la enfermedad.

“Si realmente queremos acabar con esta pandemia cuyos efectos han sido devastadores en la gente, en la salud, en la economía, o con futuras pandemias de enfermedades infecciosas (hemos visto venir una detrás detrás de otra con cada vez mayor frecuencia: sida, ébola, SARS, zika y ahora covid-19), la lección es que tenemos que abordar las condiciones subyacentes que hacen posible una sindemia”, opina Singer.

“Tenemos que abordar los factores estructurales que hacen que a los pobres les resulte más difícil acceder a la salud o a una dieta adecuada”, agrega.

“El riesgo de no hacerlo es enfrentarnos con otra pandemia como la de covid-19 en el tiempo que tome que una enfermedad existente se escape del mundo animal y pase a los humanos, como ha sido el caso del ébola y el zika, y que continuará ocurriendo a medida que sigamos invadiendo el espacio de las especies salvajes, o a raíz del cambio climático y la deforestación”.

El editor de The Lancet Richard Horton es concluyente: “No importa cuán efectivo sea un tratamiento o cuán protectora una vacuna, la búsqueda de una solución para el covid-19 puramente biomédica fracasará”.

Y concluye: “A menos que los gobiernos diseñen políticas y programas para revertir disparidades profundas, nuestras sociedades nunca estarán verdaderamente seguras frente al covid-19”.


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