Leyendas urbanas del rock que no sabes cómo acaban
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Leyendas urbanas del rock que no sabes cómo acaban

La editorial Errata Naturae presentó el libro 'Paul está muerto y otras leyendas urbanas del rock', de Héctor Sánchez y David Sánchez, que aborda historias absurdas, mitómanas y falsas del mundo del rock.
Por Yorokobu / Octavio Vellón
9 de noviembre, 2014
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Foto: Yorokobu.es.

Foto: Yorokobu.es.

Qué sería de la especie humana si no existiese ese concepto esencial llamado rumor. El cuchicheo, runrún, bisbiseo, chisme, hablilla, bulo, patraña. Ese matiz que transforma una conversación feligresa e inocente en la endiablada especulación sobre la querida del vecino.

No siempre –casi nunca– lo que se cuenta es verdad. Pero la importancia de este concepto no deriva de la realidad. Nada más lejos de esta, lo que de verdad provoca el idilio de la gente con las habladurías es hacer creíble algo posible pero poco probable, impensable o fantástico.

En ese sentido, se puede intuir que pocos campos temáticos se escapan al perverso soniquete. La música, y concretamente el rock, no es una excepción. De esos polvos surgen los lodos de Paul está muerto y otras leyendas urbanas del rock, un libro que recoge 33 historias sobre los grandes mitos de la música.

Algunas de estas crónicas están en el imaginario de la gente, como el suicidio del exlíder de Nirvana Kurt Cobain y la consiguiente especulación que dejaba entrever que en realidad había sido un asesinato perpetrado por su mujer, Courtney Love. También se puede encontrar la anécdota en la que Keith Richards, de los Rolling Stones, dijo que lo más raro que se había “esnifado eran las cenizas de su padre”.

Está aquella de la muerte de Paul McCartney, que habría sido sustituido por alguien que se le parecía, y las señales que el resto de la banda habría puesto en las portadas de sus discos y sus videoclips para corroborar su defunción. Buceando entre las páginas se puede encontrar algunas historias similares pero que probablemente poca gente conozca.

En el reino de Oz se baila a ritmo de Pink Floyd

¿Qué pasaría si se pone a sonar el disco The Dark Side of the Moon y al mismo tiempo se reproduce la película El Mago de Oz? El resultado es una espectacular coincidencia entre las transiciones musicales y las escenas más representativas. Por ejemplo, una de las partes más sorprendentes es la escena en la que la casa de Dorothy sale por los aires arrastrada por un tornado. En esa parte está sonandoThe Great Gig in the Sky, que vendría a significar el gran concierto en el cielo. El cambio de escena se produce justo cuando acaba.

Otro de esos momentos del imaginario popular se produce cuando suena Brain Damage (daño cerebral) mientras el espantapájaros baila como un loco deseando tener un cerebro. Al final del disco, con el tema Eclipse, se escuchan unos latidos finales. Cuando esto ocurre, Dorothy acerca su cabeza al pecho del hombre de hojalata dando la sensación de que los latidos vienen de su interior.

Un truco: lo único que hay que hacer es poner la música al tercer rugido del león de la Metro Goldwyn Mayer.

La mirada extraterrestre de David Bowie

¿Quién no se ha fijado alguna vez en los ojos del genio del glam rock? Pero a ciencia cierta, no mucha gente sabe lo que le pasa. Hay quien dice que es heterocromía, un ojo de cada color, otros aseguran que lleva lentillas. Pues ni los unos ni los otros aciertan. Bowie, sobre todo en su faceta polvo de estrellas, deja ver que tiene una pupila mucho más grande que la otra, un fenómeno llamado anisocoria.

Hasta ahí todo correcto. Pero ojo –con perdón– que no se trata de una característica de nacimiento. Fue su amigo en la escuela George Underwood quien le propinó un buen número de puñetazos que hicieron que el entonces llamado David Jones se pasase unos cuantos meses en el hospital a punto de perder su ojo. La trifulca fue, como tantas otras, por las atenciones de una chica.

Cuando Charles Manson quiso entrar en los Monkees

Los Beatles pegaban fuerte y la industria norteamericana veía casi como una ofensa que el cuarteto de Liverpool desembarcase como un huracán en EEUU. Se puso en marcha el proyecto para formar un grupo de forma artificiosa que pudiese plantarles cara: The Monkees.

Este grupo prefabricado gozó de cierta notoriedad en el panorama musical con temas como I’m a believer. Menos conocido en ese momento era Charles Manson, un joven músico de medio pelo que trataba de abrirse paso en la industria de Los Angeles. En realidad nunca se presentó, porque en ese momento se encontraba en la cárcel por diversos robos e intentos de violación. Pero más tarde se acercó a los Beach Boys, concretamente a Dennis Wilson, con quien se reunía para tomar LSD y otras drogas. La relación con el grupo surfero llegó a tal punto que estos interpretaron una canción compuesta por Manson, Never Learn Not to Love.

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También se hizo amigo de Neil Young y consiguió moverse en esos círculos de artistas. De hecho, se obsesionó tanto con el Álbum Blanco de los Beatles que descifró un supuesto mensaje oculto que más tarde le llevaría a planear todos los asesinatos que llevó a cabo La Familia, incluido el asesinato de la mujer de Roman Polanski, Sharon Tate, que estaba embarazada.

Jimi Hendrix, demasiado sexy

Una historia también desconocida, al hilo de la anterior, es la de que Jimi Hendrix fue telonero de The Monkees. Esto supuso una brutal deshonra al ego del guitarrista que consideraba que un puñado de adolescente no sabría valorar lo que hacía.

Así fue, las jóvenes seguidoras del joven grupo californiano abucheaban a Jimi y pedían que saliesen los protagonistas de una vez. A esto el defenestrado músico respondió mostrando su dedo corazón, además de todos los gestos obscenos que ya hacía de por sí en el escenario.

Punto y final. La Asociación de las Hijas de la Revolución americana lo acusó de hacer performances lascivas, “demasiado eróticas, que corrompían la moral de la juventud americana”. Pero lo cierto es que fue el productor de la gira, en vista de la relación que existía entre ambas bandas quien decidió inventarse la carta para deshacerse de la Hendrix Experience y seguir dándole bola a los Monkees.

Gloomy Sunday

La última de estas historias tiene que ver con una canción originalmente llamadaSzomorú vasárnap. Se trata de un tema compuesto en Hungría en 1936. Rezso Seress la compuso y László Jávor le dio letra. La relevancia de este acontecimiento se acentúa con el paso del tiempo. Una ola de suicidios arreciaba el país. Pero no quedaba ahí, la gente moría con los versos de la canción en la mano. Con las partituras se encontró también a algunos cadáveres.

Tiempo después se hizo una de las versiones más famosas de esta canción, Gloomy Sunday (domingo triste), a manos de Billie Holiday. Cuentan que la artista disfrutaba interpretándola hasta que poco a poco fue dejando de mostrarla en sus actuaciones, dicen, porque empezó a sentir cómo una depresión le invadía. De hecho en 1968, el propio compositor Seress, decidió emprender el mismo camino que algunos de los que murieron con su canción: se tiró por el balcón de su apartamento de Budapest.

Lea la nota original en Yorokobu.es.

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Elecciones en Nicaragua: 3 claves para entender la esperada tercera reelección consecutiva

Daniel Ortega avanza hacia un nuevo mandato en Nicaragua en medio de denuncias por las trabas a la participación de la oposición.
Getty Images
7 de noviembre, 2021
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Como hace cinco años, este domingo se espera un nuevo triunfo de Daniel Ortega sin oposición.

El presidente de Nicaragua se declaró ganador en las presidenciales de 2016 de manera arrolladora. El colegio electoral le adjudicó el 72% de los votos. Pero los comicios quedaron manchados porque el mandatario izquierdista no tuvo competencia: el poder judicial, que según sus críticos está controlado por él, había ilegalizado a la oposición.

Este domingo se espera que Ortega, quien cumplirá 76 años a final de mes, sea elegido presidente por cuarta vez, la tercera de manera consecutiva, en un contexto similar al de hace cinco años.

“El poder no está en juego, no hay competencia electoral”, dice tajante a BBC Mundo el analista político Eliseo Núñez. “Ortega controla todo y ahora en 2021 con mano de hierro”, destaca.

En los últimos cuatro meses, la Justicia ordenó el encarcelamiento de siete precandidatos que se perfilaban como rivales de Ortega en los comicios junto a 32 líderes opositores y empresarios -otrora aliados- que están acusados de “conspiración y traición a la patria”.

Una reciente encuesta de Gallup divulgada hace dos semanas destacó que hasta el más impopular de todos los candidatos opositores presos habría derrotado al líder izquierdista que gobierna Nicaragua desde 2007, luego de un primer periodo presidencial en los años ochenta.

El sondeo reveló un dato nunca visto para el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), el fuerte partido político que lidera Ortega: su simpatía política había bajado a 9%, luego de sobrepasar el 70% en 2016.

“En 2016 le bastó nada más ilegalizar a la oposición, ahora apresó a todos los candidatos”, dice Núñez, exiliado en Costa Rica.

“No eran ni precandidatos ni de su propio grupo, mucho menos que fueran precandidatos presidenciales. Eso nunca existió”, dijo Ortega tras los arrestos de los opositores Cristiana Chamorro, Félix Maradiaga, Juan Sebastián Chamorro, entre otros.

Oscar René Vargas, un sociólogo que fue miembro de la Dirección Nacional del FSLN, dice que Ortega no quiso competir en las elecciones porque sabe que perdió el apoyo de la población.

“Las encuestas no mienten, por eso tiene a partidos comparsas o zancudos como sus contrincantes”, dice Vargas.

En BBC Mundo resumimos en tres claves el momento político que explica la esperada reelección de Ortega.

Protestas en Nicaragua

Getty Images

1. Las protestas de 2018

Ortega gobierna Nicaragua desde 2007 y hasta 2018 gozó de altos niveles de popularidad, según diversas encuestas. En abril de 2018 estudiantes universitarios y campesinos salieron a las calles a protestar contra una reforma a la seguridad social que disminuía beneficios sociales a los jubilados. Las revueltas fueron reprimidas violentamente por la policía.

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), de la Organización de Estados Americanos (OEA), cuantificó 328 personas fallecidas durante las protestas, la mayoría opositores al gobierno a manos de policías o civiles armados leales a Ortega.

El gobierno calificó las protestas como “un intento de golpe de estado” y acusó a Estados Unidos y la Iglesia Católica de alentarlas.

Daniel Ortega y su esposa, Rosario Murillo.

Getty Images

Desde entonces, el país centroamericano de 6,2 millones de habitantes y uno de los más pobres de América Latina vive una continua crisis política agravada en 2021.

El gobierno no solo apresó este año a los líderes opositores más visibles, sino que también cerró el principal diario del país, La Prensa, con casi 100 años de historia, encarceló a su gerente general, al que señaló de lavado de dinero, y obligó a buena parte de sus periodistas más críticos a irse al exilio.

“Seguimos vivos en la parte digital, pero nuestros periodistas trabajan casi clandestinos en Nicaragua”, dice a BBC Mundo una autoridad de La Prensa que tuvo que salir del país.

2. La respuesta de la comunidad internacional

La situación en Nicaragua ha llamado la atención de la comunidad internacional. Estados Unidos ha dicho que las de este domingo no son unas elecciones libresy ha sancionado a 28 funcionarios nicaragüenses, incluyendo a la vicepresidenta del país y esposa de Ortega, Rosario Murillo, junto a cuatro de sus hijos.

A esa condena se ha sumado Canadá y la Unión Europea y la OEA (Organización de Estados Americanos), que ya tiene una sesión programada para el 10 de noviembre para analizar la situación de Nicaragua.

Experto en negociar al filo del abismo, “Ortega está aislado internacionalmente y si bien es cierto que las sanciones económicas impuestas por varios países no han impactado directamente los préstamos del país con la comunidad internacional, pronto comenzarán a sentirse los efectos”, dice Vargas.

Opositores en el exilio

Getty Images
Además de detenidos, otros opositores han salido del país y hacen política desde fuera.

El Senado de Estados Unidos aprobó esta semana una ley, a la que han llamado Renacer, que está pensada para poner más presión a Ortega hasta que haya elecciones “libres y justas”.

“Con Ortega encarcelando a más de 150 presos políticos, incluidos prácticamente a todos los candidatos presidenciales de la oposición, no nos vamos a quedar de brazos cruzados mientras su régimen consolida una tercera dictadura en América Latina”, dijo el senador Bob Menéndez.

La ley, ahora en el despacho de Joe Biden para que sea firmada por el presidente, obliga a los representantes de Washington en los organismos internacionales a limitar el acceso a préstamos de Nicaragua.

Pero el punto más importante de la ley es el relacionado con la posible revisión del Tratado de Libre Comercio de Estados Unidos con Nicaragua, mediante el cual ingresan libre de aranceles o con tasas preferenciales el 60% de las exportaciones nicaragüenses a suelo estadounidense. El tratado tiene una cláusula sobre gobernabilidad y derechos humanos y eso piden revisar los legisladores.

“Si Estados Unidos pone a revisión ese tratado, sería catastrófico para la economía de Nicaragua y el fin de Ortega”, dice un economista nicaragüense que pide anonimato por miedo a represalias.

Ortega acusa a Estados Unidos de injerencia y de promover desde hace años un cambio de gobierno en el país.

Camisetas a favor de Ortega.

Getty Images
Daniel Ortega alcanzará los 20 años en el poder al final del mandato que casi con seguridad ganará este domingo.

Pero ni la presión internacional de los últimos meses obligó a Nicaragua a permitir observación electoral nacional o internacional. En 2014, una reforma electoral aprobada por la mayoría de diputados leales a Ortega cambió el terminó de “observador” por “acompañante”. Y ningún organismo de peso como la OEA, Unión Europea o el Centro Carter estará observando las elecciones.

Ortega aseguró en junio que las sanciones no doblegarían a su administración y analistas opinan que, a pesar de aislar al país aún más, no provocarían un cambio de gobierno, como tampoco ha sucedido en Cuba y Venezuela.

3. Los efectos de la crisis en la calle

Con la bonanza económica impulsada por US$600 millones anuales en cooperación petrolera venezolana e inversión extranjera directa, Nicaragua mantuvo altos niveles de crecimiento económico hasta 2017. El país crecía a un promedio de 4%, según cifras del Banco Mundial (BM)

Debido a las protestas que paralizaron el país en 2018 y a los efectos de la pandemia del coronavirus en 2020, el Producto Interno Bruto (PIB) se contrajo casi 9%, según el Banco Mundial.

Mercado de Managua

Getty Images
106.000 nicaragüenses se han ido del país desde 2018.

“La pobreza va en aumento ya que las principales fuentes de ingresos, los salarios y las entradas de las empresas familiares siguen estando afectadas”, dijo el BM.

Ortega y la vicepresidenta, su esposa Rosario Murillo, podrían usar las sanciones para justificar la contracción económica del país más grande de Centroamérica.

Algunos analistas creen que Ortega y Murillo buscarán negociar con sectores empresariales de peso para reactivar la economía, buscando un efecto estabilizador para su administración y normalizador de la sociedad como antes de 2018.

Hombre delante de una pancarta de la campaña de Ortega

Getty Images

Pero entre las recientes detenciones están las de los líderes del Consejo Superior de la Empresa Privada, Michael Healy Lacayo y Álvaro Vargas, quienes enfrentan cargos similares a los precandidatos presidenciales detenidos.

En medio de la crisis política, más de 106.000 nicaragüenses se han ido del país desde 2018, según cálculos de Naciones Unidas. Y en el último año, por la pandemia, la migración se ha acelerado.

En enero pasado, 595 nicaragüenses fueron detenidos en la frontera de Estados Unidos. En julio ya habían sido detenidos en los mismos puestos fronterizos 13.391 nicaragüenses, según cifras oficiales.

La salida de nicaragüenses influye en la economía. El Banco Central de Nicaragua proyecta que para el cierre de 2021 habrán ingresado al país en remesas US$2.000 millones, el 17% del Producto Interno Bruto (PIB), un gran incentivo para un país que, según las proyecciones, seguirá expulsando migrantes en los próximos años.


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