Los 100 textos científicos más citados de la historia
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Los 100 textos científicos más citados de la historia

Las referencias, en las que un texto se remite a un trabajo anterior, son el medio estandarizado por el cual un autor reconoce la fuente de su metodología y sus ideas, pero también sirven para determinar a grosso modo la importancia de un estudio.
Por Laura Plitt / BBC Mundo
10 de noviembre, 2014
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Foto: BBC Mundo.

Foto: BBC Mundo.

Oliver H. Lowry, Nira J. Rosebrough, A. Lewis Farr y Rose J. Randall. Lo más probable es que estos nombres te resulten completamente desconocidos.

Pero te sorprenderá saber que estos cuatro investigadores son los autores de la monografía científica más citada –o para ser más precisos, con más referencias bibliográficas en textos de otros científicos– de la historia.

Tubos de ensayo y envases de laboratorio
La base de datos del Science Citation Index incluye alrededor de 58 millones de textos.

Las referencias, en las que un texto se remite a un trabajo anterior, son el medio estandarizado por el cual un autor reconoce la fuente de su metodología y sus ideas, pero también sirven para determinar a grosso modo la importancia de un estudio.

Publicado en 1951, el texto que encabeza la lista con 305.000 referencias, explica cómo medir la cantidad de proteínas en una solución.

En segundo puesto le sigue un estudio de U. K. Laemmli, de 1970 -otro análisis de proteínas- y, en tercer lugar, por qué no, otro estudio de 1976 que también tiene que ver con las proteínas, de Marion M. Bradford.

Aquí puedes ver la lista completa

Los famosos, los grandes ausentes

El ranking fue elaborado por el Science Citation Index (SCI), una base de datos que este año cumple 50 años y que registra las referencias bibliográficas de los artículos publicados en miles de revistas científicas.

Tubos de ensayo
El texto que ocupa el primer puesto data de 1951. Explica cómo medir la cantidad de proteínas en una solución.

Para marcar su aniversario, la revista Nature le solicitó a los dueños de este listado (la agencia Thomson Reuters) crear una lista con los 100 textos más citados.

Los resultados dejaron sorprendidos a más de uno.

¿Por qué Albert Einstein no está allí? ¿Y los científicos que descubrieron la doble hélice del ADN o los premios Nobel más famosos de la historia? ¿Cómo es posible que no ocupen confortablemente los primeros lugares del ranking?

Según explica Paul Wouters, director del Centro de Estudios Científicos y Tecnológicos de Leiden, Holanda, muchos textos académicos, sobre todo los que se centran en metodologías, “se han vuelto una referencia estándar que uno cita para comunicarle a otros investigadores qué clase de trabajo está haciendo”.

La gran mayoría de los textos que lideran la lista, entonces, describen métodos experimentales osoftware que se han tornado esenciales en su campo.

Por otra parte, muchas monografías famosas reciben menos referencias de las que se merecen precisamente porque lo que dicen es tan importante que los conceptos se incorporan rápidamente a los libros de texto, como términos familiares que ya no necesitan una referencia.

“Un fenómeno conocido como eliminación por incorporación”, le dice a BBC Mundo Richard Van Noorden, coautor del artículo deNature.

Yo te cito a ti, tú me citas a mí

Otro dato curioso que arroja la lista, que incluye textos publicados desde el año 1900 hasta la fecha: para figurar entre los primeros 100 hacen falta 12.119 citas.

Pizarrón
12.119 citas. Eso es lo que hace falta para figurar entre los primeros 100.

¿Pero en qué medida el prestigio de un investigador depende de la cantidad de referencias bibliográficas que hagan otros autores?

“Los científicos quieren que los citen, porque mostrar que uno tiene muchas referencias quiere decir que uno está haciendo una investigación importante”, explica Van Noorden.

“Además, es una cifra que uno puede presentarle fácilmente a sus directores o a quienes lo financian para demostrarles que uno es influyente”, añade Van Noorden, quien reconoce que sí, en ocasiones, hay una suerte de convenio tácito entre científicos de si tú haces una referencia a mi trabajo yo haré una referencia al tuyo.

“Un estudio, por ejemplo, notó cómo es más probable que los científicos que citan ciertos textos de colegas, encuentren que estos hacen referencia a sus trabajos. Pero creo que todo esto no le quita valor a la utilidad de las referencias como un indicador de la influencia que tiene una investigación”, dice Van Noorden.

“Tampoco hay que poner demasiado énfasis en eso, la mayoría de los científicos no están obsesionados contando cuantas referencias bibliográficas tienen sus trabajos”.

“No obstante”, le aclara Van Noorden a BBC Mundo, “ningún estudio logrará cientos de referencias a menos que sea verdaderamente influyente”.

Al final, lo mejor para que otros investigadores incluyan una referencia bibliográfica a tu trabajo es “escribir una monografía que lean y en la que confíen muchos otros científicos”, dice Van Noorden.

En síntesis, es hacer investigaciones que valgan la pena.

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El revolucionario hallazgo que muestra que puede haber vida extraterrestre en Venus

El descubrimiento de gas fosfino fue confirmado por el telescopio de Chile y sugiere que las nubes de Venus podrían albergar vida.
14 de septiembre, 2020
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Venus.

JAXA/ISAS/Akatsuki Project Team
Venus es un planeta impensable para albergar vida, pero esto podría cambiar.

La idea de que organismos vivos estén flotando en las nubes del planeta Venus es una posibilidad extraordinaria.

Pero esto es precisamente lo que está siendo considerado por astrónomos después de que detectaran una sustancia en la atmósfera que no logran explicar.

Se trata de un gas conocido como fosfano o fosfina (PH3), una molécula formada por un átomo de fósforo y tres átomos de hidrógeno.

En la Tierra se asocia a la fosfina con la vida. Se encuentra en los microbios que viven en las entrañas de animales como los pingüinos o en ambientes pobres en oxígeno como los pantanos.

Es un gas que se puede producir industrialmente, por supuesto.

Pero en Venus no existen las fábricas; y ciertamente no hay pingüinos.

Entonces, ¿cómo es posible que ese gas esté allí, a 50 km de la superficie de nuestro planeta?

La profesora Jane Greaves, de la Universidad de Cardiff (Reino Unido), y sus colegas se están haciendo la misma pregunta.

Y han publicado un artículo en la revista Nature Astronomy que detalla sus hallazgos sobre la fosfina en Venus, así como las diversas investigaciones que han hecho para intentar demostrar que esta molécula podría tener un origen natural y no biológico.

Pero por el momento, están confundidos.

Atacama Large Millimeter/submillimeter Array en Chile.

ESO
La señal de fosfina fue confirmada por el telescopio Atacama Large Millimeter/submillimeter Array en Chile.

Debido a todo lo que se sabe de Venus, nadie ha logrado explicar una vía abiótica hacia la fosfina. No en las cantidades que se han detectado.

Esto significa que vale la pena considerar que exista una fuente de vida en ese planeta.

“A lo largo de toda mi carrera me he interesado en buscar vida en otras partes del Universo, por eso me impresiona que esto sea posible”, dijo la profesora Greaves.

“Pero sí, estamos animando genuinamente a otras personas a que nos digan lo que podríamos habernos pasado por alto. Nuestro artículo y los datos son de acceso abierto; así es como funciona la ciencia”.

¿Qué es lo que han detectado exactamente?

El equipo la profesora Greaves identificó por primera vez la fosfina en Venus con ayuda del telescopio James Clerk Maxwell en Hawái, y luego confirmó su presencia utilizando el de Atacama en Chile.

La fosfina tiene una “línea de absorción” distintiva que estos radiotelescopios perciben a una longitud de onda de aproximadamente 1 mm.

El gas puede ser observado en latitudes medias del planeta a aproximadamente 50-60 km de altitud. La concentración es pequeña, formando solo 10-20 partes en cada mil millones de moléculas atmosféricas. Pero en este contexto, eso es mucho.

Fosfina.

ESO/M.Kornmesser/L.Calcada/Nasa
La molécula de fosfina está formada por un átomo de fósforo y tres átomos de hidrógeno.

¿Por qué es tan interesante?

Venus no está en el top de la lista cuando se habla de la posibilidad de que haya vida en otras partes de nuestro Sistema Solar.

Comparado con la Tierra, es un infierno. El 96% de su atmósfera está compuesta de dióxido de carbono y ha experimentado un efecto invernadero fuera de control. Las temperaturas de la superficie son como las de un horno para hacer pizza: de más de 400 grados.

Las sondas espaciales que han aterrizado en ese planeta han sobrevivido solo unos minutos antes de averiarse.

Sin embargo, 50 km más al norte las temperaturas son menos extremas. Por eso se cree que, si realmente hay vida en Venus, aquí es exactamente donde se podría encontrar.

Ilustración de Venus.

DETLEV VAN RAVENSWAAY/SPL
Se piensa que Venus es un mundo infernal, un candidato poco probable para albergar vida.

¿Por qué debemos tener dudas?

Las nubes son gruesas y están compuestas principalmente de ácido sulfúrico en un 75-95%, lo cual es catastrófico para las estructuras celulares que componen los organismos vivos en la Tierra.

William Bains, un doctor afiliado al Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) de Estados Unidos, es un bioquímico del equipo y ha estudiado varias combinaciones de diferentes compuestos que se espera que existan en Venus.

Bains ha examinado si los volcanes, los rayos e incluso los meteoritos podrían desempeñar un papel en la producción de PH3, y dice que todas las reacciones químicas que ha investigado son demasiado débiles (10.000 veces) para producir la cantidad de fosfina que se ha observado.

El doctor cree que para sobrevivir al ácido sulfúrico los microbios venusianos en el aire tendrían que utilizar una bioquímica desconocida y radicalmente diferente, o desarrollar una especie de armadura.

“En principio, un tipo de vida vida más amante del agua podría esconderse dentro de una capa protectora de algún tipo dentro de las gotas de ácido sulfúrico”, le dijo Bains al programa The Sky At Night de la BBC.

“Estamos hablando de bacterias que se rodean de algo más resistente que el teflón y se sellan por completo. Pero entonces, ¿cómo comen? ¿Cómo intercambian gases? Es una verdadera paradoja”.

¿Cuál ha sido la reacción?

El equipo es cauteloso y recalca que no afirma haber encontrado vida en Venus, pero dice que la idea debe explorarse más a medida que los científicos también buscan cualquier vía química geológica o abiótica que pueda explicar el fenómeno.

El doctor Colin Wilson, de la Universidad de Oxford, trabajó en la sonda espacial Venus Express (2006-2014) -la primera misión de la Agencia Espacial Europea (ESA) al planeta Venus- y aseguró que las observaciones de la profesora Greaves impulsarían una nueva ola de investigación en el planeta.

“Es realmente emocionante y conducirá a nuevos descubrimientos, incluso si la detección de fosfina original resultara ser una mala interpretación espectroscópica, lo cual no creo que sea el caso. Creo que la vida en las nubes de Venus hoy es tan improbable que encontraremos otras maneras químicas de crear fosfina en la atmósfera, pero descubriremos muchas cosas interesantes sobre Venus durante la búsqueda “, le dijo a la BBC.

Ilustración: globo en Venus.

NASA-JPL/Caltech
Una de las mejores maneras de resolver la incertidumbre sería utilizando aerobots.

El doctor Lewis Dartnell, de la Universidad de Westminster, también toma la noticia con pinzas. Él estudia las posibilidades de vida más allá de la Tierra y considera que Marte o las lunas de Júpiter y Saturno son una mejor apuesta para encontrar vida.

“Que la vida puede sobrevivir en las plataformas superiores de las nubes de Venus es algo muy revelador, porque significaría que tal vez la vida es muy común en nuestra galaxia en su conjunto. Tal vez la vida no necesita planetas muy parecidos a la Tierra y podría sobrevivir en otros, en planetas infernales parecidos a Venus en la Vía Láctea”.

¿Cómo se puede resolver la incógnita?

Enviando una sonda para estudiar específicamente la atmósfera de Venus.

La NASA pidió recientemente a los científicos que trabajaran en el diseño de una posible misión insignia para la década de 2030. Los buques insignia son los artefactos más capaces, y más caros, que utiliza la NASA.

Y se ha propuesto un aerobot, o robot aéreo, para que viaje a través de las nubes de Venus.

“Los rusos hicieron esto con su globo Vega (en 1985)”, explicó la profesora Sara Seager, del MIT y miembro del equipo. “Fue recubierto con teflón para protegerlo del ácido sulfúrico y flotó durante un par de días.

“Definitivamente podríamos hacer algunas mediciones in situ. Podríamos concentrar las gotas y medir sus propiedades. Incluso podríamos llevar un microscopio y tratar de buscar la vida misma”.


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