Mexicanos detenidos en Brasil saldrán libres pese a sentencia condenatoria
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Mexicanos detenidos en Brasil saldrán libres pese a sentencia condenatoria

Ángel Rimak Eguren fue sentenciado a un año de cárcel por agresiones, mientras que Eguren Cornejo fue sentenciado a seis meses de prisión por los mismos cargos. No obstante, se les ha conmutado las penas de reclusión por el pago de 3 mil 300 y 2 mil 200 dólares, respectivamente. Los otros dos mexicanos detenidos fueron absueltos.
27 de noviembre, 2014
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Sergio Israel Eguren Cornejo (izquierda), uno de los mexicanos detenidos en Brasil. Foto: Facebook.

Sergio Israel Eguren Cornejo (izquierda), uno de los mexicanos detenidos en Brasil. Foto: Facebook.

El juez de la ciudad de Fortaleza emitió sentencia sobre el caso en el que se acusa a cuatro mexicano por lesiones contra ciudadanos brasileños, durante el Mundial de Futbol en Brasil. Luego de cinco meses detenidos, los mexicanos Mateo Codinas Velten, Rafael Miguel Medina Pederzini, Ángel Rimak Eguren y Sergio Israel Eguren Cornejo saldrán de la cárcel, luego que los primeros dos fueran absueltos de los cargos y los últimos dos fueran declarados culpables, pero tuvieran acceso a conmutar la pena por una fianza.

Ángel Rimak Eguren fue sentenciado a un año de cárcel por agresiones, mientras que Eguren Cornejo fue sentenciado a seis meses de prisión por los mismos cargos. No obstante, se les ha conmutado las penas de reclusión por el pago de 3 mil 300 y 2 mil 200 dólares, respectivamente.

Las multas, equivalentes a 30 y 20 canastas básicas brasileñas, deberán ser pagadas a alguna institución de caridad en los próximos cinco días. Las sentencias fueron resueltas el lunes, pero se dieron a conocer hasta hoy mediante un comunicado oficial del juzgado.

Funcionarios públicos

Dos de los liberados eran funcionarios de la Delegación Benito Juárez del Distrito Federal cuando fueron detenidos en Brasil en julio pasado, por lo cual fueron separados de su cargo por el titular de la demarcación, Jorge Romero Herrera. Sergio Eguren, declarado culpable por lesiones menores, era Director de Desarrollo Delegacional, mientras que Rafael Medina Pederzini era Director de Gabinete y Proyectos Especiales.

La razón para removerlos del cargo es que a Eguren se le agotó el periodo vacacional que solicitó del 20 de junio hasta el 2 de julio, y por tanto, dejaría acéfala su dirección. Y aunque a Pederzini se le vencía el permiso vacacional hasta el 20 de julio, Romero dijo que su situación es igual a la de Eguren.

El proceso judicial

Los cuatro mexicanos cumplían medidas cautelares mientras esperaban la sentencia, tales como no dejar el municipio de Fortaleza, no asistir a lugares de ocio o beber alcohol.

Ángel Rimak Eguren fue designado como el principal responsable de las lesiones graves que sufrió una de las víctimas. Sergio Eguren Israel Cornejo fue nombrado, a partir de declaraciones de testigos, como autor de las lesiones no graves de la segunda víctima.

Los cuatro mexicanos fueron acusados de agredir a dos hombres en Brasil luego del partido contra Holanda, durante el Mundial celebrado este año. Además, fueron acusados por una agresión sexual contra la esposa del lesionado, un cargo que no procedió.

Según la demanda , los mexicanos estaban en un taxi que se detuvo en medio de una gran cantidad de gente que salía del partido México-Holanda, cuando uno de ellos acosó a ​​una mujer que pasaba por la calle acompañada por su marido y cuñado. De acuerdo con la acusación, el marido intervino y los cuatro mexicanos salieron del vehículo y comenzaron a atacar a los acompañantes de la mujer, deteniéndose sólo ante la llegada de la policía.

Las víctimas fueron trasladadas al hospital con fracturas en la cara y varias heridas en la cabeza, mientras que los turistas fueron detenidos por la policía militar y llevados a la comisaría de policía, donde se ordenó su detención por lesiones corporales graves.

Los cuatro mexicanos fueron acusados ​​de lesiones, se les arraigó en un hotel y se les prohibió el consumo de alcohol. Así esperaron el proceso legal que duró cinco meses.

A continuación, una breve cronología de nuestra cobertura sobre el tema:

30 de agosto: Panistas detenidos en Brasil piden poder beber alcohol mientras enfrentan juicio

25 de agosto: Por “tocamientos”, presentan segunda denuncia contra mexicanos detenidos en Brasil

21 de agosto: Salen de la cárcel los cuatro mexicanos detenidos en Brasil; no dejarán el país hasta terminar el juicio

19 de agosto: Estas son las opciones de “libertad” que tendrán los mexicanos detenidos en Brasil

18 de agosto: Mexicanos detenidos en Brasil saldrán de prisión el viernes; el proceso en su contra continúa

25 de julio: Brasil acusa de lesiones graves a mexicanos detenidos

11 de julio: Niegan libertad a panistas encarcelados en Brasil

7 de julio: Panistas en Brasil saldrían de la cárcel y quedarían bajo arraigo; niegan agresiones

4 de julio: “En el acta, no hay constancia de algún tocamiento”: Abogado de panistas detenidos en Brasil

3 de julio: Delegación BJ despide a panistas detenidos en Brasil

2 de julio: Exdiputados detenidos en Brasil no tienen reputación de violentos: PAN-DF

Con información de O’Globo*

**Nota publicada el 26 de noviembre.

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Dominio público

El papa que decretó un confinamiento y salvó a Roma de la peste en el siglo XVII

Hace 400 años Alejandro VII ordenó unas medidas sanitarias que, según los investigadores, hizo que una epidemia de peste tuviera una baja letalidad en la que es hoy la capital de Italia.
Dominio público
18 de abril, 2021
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Era un intelectual, un aficionado al arte y la arquitectura, doctor en filosofía, teología y derecho. Cuando el italiano Fabio Chigi (1599-1667) se convirtió en el papa Alejandro VII, ni en sus peores presagios imaginó que tendría que enfrentarse a una epidemia de peste.

Su reacción, sin embargo, fue contundente.

Aunque la ciencia descubrió la bacteria causante de la peste en 1894 —gracias al bacteriólogo Alexandre Yersin—, el sumo pontífice decretó medidas sanitarias que, según investigadores, contribuyeron a que la letalidad en Roma fuera mucho menor que en otros lugares afectados por la misma epidemia.

Según un estudio del historiador italiano Luca Topi, profesor de la Universidad de Roma La Sapienza, entre 1656 y 1657 la peste mató al 55% de la población de Cerdeña, la mitad de los habitantes de Nápoles y al 60% de los residentes de Génova.

En Roma, en cambio, murieron 9.500 personas de un total de 120.000, menos del 8%. Estos datos fueron publicados en una revista científica italiana en 2017.

Se calcula que distintas olas de la peste arrasaron con cerca de la mitad de la población europea.

Cuando llegaron los primeros reportes de muertes por la epidemia en el entonces reino de Nápoles, Alejandro VII llevaba un año como pontífice.

Representación pictórica de la peste en Italia.
Getty Images

Diversas olas de la peste mataron a casi la mitad de la población europea.

El papa no era sólo el líder del catolicismo. Si hoy es el soberano del diminuto estado del Vaticano, en aquella época mandaba sobre los llamados Estados Pontificios, que comprendían Roma y buena parte de los alrededores; prácticamente todo el centro de la Italia actual.

Esta fascinante historia cuenta cómo muchas de las restricciones que se aplican hoy contra la pandemia de coronavirus dieron resultado en Roma contra la peste hace 400 años.

¿Cuáles fueron las medidas del papa?

Dentro de los dominios papales, el brote ocurrió entre mayo de 1656 y agosto de 1957.

Tan pronto como llegaron las primeras noticias de la peste a Roma, Alejandro VII puso en alerta al Congreso de la Salud, que había sido creado en un brote anterior.

Las medidas de contención se implementaron gradualmente, según la situación se volvía más peligrosa.

El 20 de mayo se promulgó un decreto que suspendía todo comercio con el reino de Nápoles, que ya se encontraba muy afectado.

Cuadro del siglo XVII de la Plaza de San Pedro en El Vaticano.

Getty Images
En el siglo XVII, el papa era la máxima autoridad en los Estados Pontificios, que comprendía la región de Roma y alrededores, prácticamente todo el centro de la actual Italia.

La semana siguiente, el bloqueo se extendió y se prohibió la entrada a Roma de cualquier viajero que viniese de allí.

El 29 de mayo, en la ciudad de Civitavecchia, ubicada en los Estados Pontificios, se registró la llegada de la peste e inmediatamente se impuso la cuarentena.

“En los días y meses siguientes, se aislaron muchas otras localidades de ese territorio”, detalla el historiador Topi en su artículo.

En Roma, la decisión fue radical: se cerraron casi todos los portones de acceso a la ciudad. Solo ocho permanecieron abiertos, pero eran protegidos las 24 horas del día por soldados supervisados por “un noble y un cardenal”.

A partir de entonces, cualquier entrada debía ser justificada y registrada.

El 15 de junio Roma tuvo su primer caso: un soldado napolitano que murió en un hospital. Las normas se endurecieron aún más.

El 20 de junio se implantó una ley que obligaba a los ciudadanos a informar a las autoridades en caso de conocer algún paciente.

Posteriormente, un nuevo dispositivo papal comenzó a obligar a cada párroco y sus asistentes a visitar, cada tres días, todas las casas de sus distritos electorales para identificar y registrar a los enfermos.

Luego corrió la noticia de otra muerte, esta vez un pescador de la región del Trastévere.

“Los familiares de la víctima también se infectaron y muchos murieron”, cuenta Raylson Araujo, estudiante de teología de la Universidad Católica Pontificia de Sao Paulo, Brasil, quien también investigó el asunto.

La primera idea fue intentar aislar la región.

Ilustración de Alejandro VII.

Dominio Público
Alejandro VII impuso medidas graduales hasta llegar al confinamiento total.

“El papa también era la autoridad civil. Conforme la epidemia comenzó a extenderse, implementó medidas de aislamiento. Tras prohibir el comercio con Nápoles, decretó otras reglas de distanciamiento social: prohibió reuniones, procesiones y todas las devociones populares”, dice Araujo.

El endurecimiento de las medidas fue gradual hasta llegar al confinamiento total.

“Conforme pasó el tiempo, el papa adoptó nuevas prohibiciones. Las congregaciones en la iglesia fueron suspendidas, las visitas diplomáticas también, al igual que encuentros religiosos y reuniones públicas, se vigilaron los caminos”, enumera Araujo. “Se suspendieron todas las aglomeraciones civiles”.

“Se prohibieron diversas actividades económicas y sociales. Se cancelaron las fiestas y ceremonias públicas, civiles y religiosas”, dice el seminarista Gustavo Catania, filósofo del Monasterio de São Bento de Sao Paulo.

Plaza de San Pedro vacía por las restricciones en Roma.

Getty Images
Al igual que con la pandemia de coronavirus, en el siglo XVII se prohibió asistir a celebraciones religiosas en Roma.

“Se suspendieron los mercados y se echó a algunas personas que vivían en la calle porque podían ser causa de contagio. Se prohibió el cruce nocturno del río Tíber”.

El papa también determinó que nadie debía ayunar, con el objetivo de que la población se alimentanse y mantuviese así más saludable por si se contagiaba.

A todos aquellos que tuvieran al menos una persona infectada en la familia se les prohibió salir de casa. Para garantizar la asistencia, Alejandro VII separó a los sacerdotes y médicos en dos grupos: los que tendrían contacto con los enfermos y los que no, quienes atenderían al resto de la población.

“Preocupaba que los sacerdotes se convirtieran en vectores de la enfermedad”, dice Araujo.

Los médicos tenían prohibido huir de Roma“, dice Catania, señalando que muchos temían infectarse.

Como los pacientes estaban aislados, se creó una red de apoyo a la población.

“Había una previsión de ayuda económica para las familias que no podían salir de casa y algunas personas recibían comida por la ventana“, dice el seminarista.

En los meses de octubre y noviembre, cuando la incidencia de la enfermedad era mayor, incluso se preveía la pena de muerte para quienes infringieran las normas.

Negacionistas y noticias falsas

Sin embargo, no todos admitían la gravedad de la situación.

Hubo quienes la desdeñaron y hasta difundieron bulos.

“Se acusó al papa de inventar la enfermar para su propio beneficio y para ganar popularidad”, comenta Mirticeli Medeiros, investigadora de la Universidad Pontificia Gregoriana de Roma.

Protestas negacionistas en Roma por la pandemia de coronavirus.

Getty Images
Como también ha sucedido en esta pandemia, hubo negacionistas en aquella época que no admitían la existencia de la enfermedad.

“Muchos no querían que el pontífice adoptara estas medidas para no alarmar a la población”, complementa.

Hasta sus colaboradores más cercanos le aconsejaron que no lo hiciera. Temían que, desde el momento en que se hizo pública la gravedad de la situación, a través de decretos y divulgaciones, la economía comenzara a sentir los efectos de este tipo de postura. Pero el papa fue firme y cumplió con su política de salud”.

Araujo compara esos hechos del siglo XVII con el “movimiento de hoy y la resistencia popular” para aceptar la gravedad de la pandemia de coronavirus.

“Comerciantes aconsejaron al papa que no adoptara las medidas, porque el cierre perjudicaba el comercio y la cosecha“, comenta el investigador.

“Hubo grupos que acudieron a él para pedirle que no promulgara más medidas de aislamiento. Querían maquillar y tapar la situación para que no se extiendera el pánico y cerraran los comercios”, continúa Araujo.

Hay informes de que un médico divulgó bulos sobre las verdaderas motivaciones del encierro.

“Hizo correr la voz de que tras las decisiones de este papa había intereses políticos”, dice el historiador Victor Missiato, profesor del Colegio Presbiteriano Mackenzie de Brasília.

“Fue acusado de difamación y terminó condenado a trabajar en un hospital, dedicado a curar la peste”.

Victoria contra la enfermedad

Cuando se resolvió el brote en 1657, la celebración estuvo a la altura.

Alejandro VII demostró el renacimiento de la Iglesia con monumentos que hasta hoy marcan El Vaticano, como el conjunto de columnas de la plaza de San Pedro, del escultor y arquitecto barroco Gian Lorenzo Bernini.

Columnas de Bernini en la Plaza San Pedro.

Edison Veiga
Las obras del papa Alejandro VII marcaron el aspecto de El Vaticano hasta hoy.

“En ese periodo era muy común que los papas visibilizaran su soberanía y poder. Los grandes monumentos de Roma de esa época fueron construidos con esa motivación”, contextualiza Medeiros.

“Como el caso de la Fuente de los Cuatro Ríos de la Piazza Navona, la Fontana di Trevi y otros”.

“Alejandro VII era un apasionado del arte y amigo de Bernini. Su comienzo como papa estuvo marcado por la peste”, explica.

“La forma que encontró de apagar aquel periodo sombrío fue invirtiendo en obras colosales. Las columnas de San Pedro representan los brazos abiertos de la Iglesia. La basílica de San Pedro fue restaurada como símbolo de poder temporal, no solo espiritual”.

Otros casos

Este no fue el único momento histórico en el que la Iglesia, en el pasado, cerró sus puertas por brotes y epidemias.

“Hubo otros casos en algunas diócesis de Italia, especialmente en el siglo XIX durante la epidemia de cólera”, recuerda Medeiros. “Entonces se tomaron medidas restrictivas similares”.

Grabado de un mercado durante la epidemia de cólera en Italia.

Getty Images
Durante la epidemia de cólera en el siglo XIX la iglesia tomó restricciones similares en Italia.

Por otro lado, la experta recuerda que en el brote de peste del siglo XIV ocurrió “todo lo contrario”.

“El papa Clemente VI, aislado en el palacio pontificio de Aviñón, en Francia, no parecía muy preocupado por lo que sucedía fuera de los muros de su casa”, apunta la investigadora.

“En esa época la enfermedad era un castigo divino y se producían procesiones y otras aglomeraciones para intentar, según la mentalidad religiosa, de superar el mal”.

En el siglo anterior, la región de Milán se vio muy afectada por la plaga. El cardenal arzobispo Carlo Borromeo también estableció estrictas medidas sanitarias en su circunscripción.

“Propuso una cuarentena general y se decretó a la gente a quedarse en casa hasta resolver la situación. Solo podían irse los que asistían espiritual y materialmente a la población.

El investigador dice que incluso las misas se celebraban “a distancia”.

“Un cura iba a la esquina y celebraba en la calle. Los fieles miraban desde sus ventanas”, explica.

Fe en la ciencia

Al analizar estos episodios del pasado, a menudo similares a los de hoy, hay que tener en cuenta que entonces la ciencia no se valoraba tanto como hoy y que la religión y la política estaban muy entrelazadas.

“En el siglo XVII, el absolutismo era muy fuerte en Europa y estaba ligado al poder de la Iglesia. El poder político y el poder religioso estaban muy mezclados“, explica Missiato.

“En ese momento, la revolución científica aún no se había extendido a las diferentes sociedades del mundo europeo. La creencia en lo divino como entidad definitoria de la paz y el caos todavía se veía como el camino hacia la salvación”.

Por eso el encierro impuesto por Alejandro VII es tan relevante.

“Lo que pasó muestra un alineamiento entre fe y ciencia, una fe con los pies en la tierra“, dice Araujo.


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