México: el tren bala, la mansión presidencial y el enojo de China
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México: el tren bala, la mansión presidencial y el enojo de China

El acuerdo fue anunciado el 3 de noviembre con bombos y platillos: China dirigiría un consorcio empresarial para construir un tren de alta velocidad en México, pero...
12 de noviembre, 2014
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Foto: AP

Foto: AP

El acuerdo fue anunciado el 3 de noviembre con bombos y platillos: China dirigiría un consorcio empresarial para construir un tren de alta velocidad en México, el primero en su tipo en América Latina.

Para Pekín, el proyecto de 3.750 millones de dólares para la construcción de una vía de 210 kilómetros para unir a la Ciudad de México con Querétaro, significaba “el reconocimiento global de la tecnología ferroviaria china” tal como describió el diario oficial chino Global Times.

El desarrollo de esta industria de trenes de alta velocidad ha sido uno de los estandartes del gigante asiático en los últimos años.

Y ahora, por primera vez, China no sólo exportaría partes de sus sistemas, como lo había hecho en el pasado.

“Es un proyecto emblemático para la industria (china)”, dijo a la agencia de noticias Xinhua el profesor Sun Zhang, experto de la Universiad Tongji en Shanghái.

“Porque verá la exportación de todo el paquete, incluida la construcción, equipamiento y estándares tecnológicos“, agregó.

“Estupefacta” 

El golpe -o “el descarrilamiento del tren bala” como lo llamó el diario hongkonés South China Morning Post– llegó pocos días después.

El jueves 6 de noviembre, el secretario de Comunicaciones y Transporte (SCT) de México, Gerardo Ruiz Esparza, anunció que el fallo del concurso para la construcción del tren rápido México-Querétaro “quedaba sin efecto”.

La noticia dejó a muchos anonadados.

“Fue un revés muy serio para China”, dice a BBC Mundo Raymond Li, del Servicio Chino de la BBC.

“No sólo por la enorme cantidad de dinero involucrada sino también por la ambición de China para exportar su tecnología de alta velocidad”.

“Y también hay que tener en cuenta que éste iba a ser el primer contrato que China ganaba en el exterior, lo cual, se suponía, iba a sentar un buen precedente”, agrega el periodista.

La empresa China Railway Construction Corporation (CRCC) -la mayor contratista de construcción del mundo- que iba a dirigir el consorcio del proyecto junto con tres empresas mexicanas, estaba “estupefacta”, según el Global Times.

El viernes, tras el anuncio, CRCC sufrió una caída de 4,94% en la Bolsa de Shanghái y de 5,76% en el mercado de valores de Hong Kong, su mayor caída desde julio de 2013.

El diario citó a Huang Wei, socio de la firma de abogados Tian Yuan en Pekín, que indicó que CRCC estaba considerando posibles acciones legales “para buscar compensación por las pérdidas causadas por la abrupta decisión del gobierno mexicano”.

Factores internos

Lo que todos se preguntaban era ¿por qué?

China se apresuró a dejar en claro que su oferta había cumplido con todas las regulaciones y que el contrato había sido revocado por “factores internos mexicanos”.

Se dio a conocer que el consorcio chino había sido el único postor para el ambicioso proyecto mexicano después de que otras 16 empresas habían declinado la convocatoria, incluidas las principales competidoras globales de CRCC: la alemana Siemens, la canadiense Bombardier, la francesa Alstom y la japonesa Mitsubishi.

Surgieron acusaciones de políticos de oposición de que la plataforma de oferta no había sido justa y que las tres empresas mexicanas que participaban en el consorcio liderado por CRCC tenían vínculos cercanos con el gobierno.

El jueves durante una audiencia en el Senado uno de los críticos que más cuestionaron el proyecto, Javier Corral, del opositor PAN, señaló que “ahora era necesario saber si los ganadores de la licitación habían recibido información privilegiada”.

“De ser así, se amañó un proyecto multimillonario con el fin de privilegiar a uno de los competidores y los demás contendientes, conscientes de ello, se retiraron”, dijo.

Corral afirmó que las empresas mexicanas que participaron con el consorcio de CRCC: Prodemex, Constructora Teya y GHP Infraestructura Mexicana “son propiedad de personajes ligados al PRI (partido en el poder) y al actual presidente Enrique Peña Nieto”.

Constructora Teya está dirigida por Juan Armando Hinojosa, amigo cercano de Enrique Peña Nieto.

La empresa está afiliada al Grupo Higa, que ha ganado contratos multimillonarios desde que el presidente era gobernador del estado de México, de 2005 a 2011.

En la reunión del Senado, el secretario Ruiz Esparza insistió en que “todo fue legal en la adjudicación del proyecto del tren rápido”.

Agregó que “fue una decisión soberana del gobierno de China la de asociarse con las empresas mexicanas”.

“Con toda libertad le digo, no creo haber violado absolutamente ninguna legalidad, así como se les invitó a ellos, se les invitó a los demás”.
La “Casa Blanca” del presidente

Las cosas empeoraron el domingo cuando la prensa mexicana publicó una investigación sobre la mansión de 7 millones de dólares donde vive la familia Peña Nieto.

El informe publicado en Aristegui Noticias reveló que la mansión presidencial, ubicada en uno de los barrios más caros de la Ciudad de México, está registrada a nombre del Grupo Higa.

La revelación desató una polémica en el país y de inmediato el portavoz presidencial respondió que la esposa de Peña Nieto, la exactriz Angélica Rivera, contrató a la compañía inmobiliaria para adquirir la propiedad en su nombre y que ella “ha estado pagándola”.

La tormenta no quedó en México. El presidente está actualmente en China, en la cumbre de los países de la Apec, y ha debido enfrentar las críticas allí por la revocación del contrato.

Como señala Raymond Li, de la BBC, “ha habido varios informes y análisis sobre la cancelación, que China responsabiliza a la política interna de México”.

“Y aunque no se han dado los detalles de porqué se tomó la decisión, la mayoría de los analistas son muy críticos de México y han descrito el hecho como extremadamente poco profesional”, asegura el periodista.

Todo esto ocurre en un momento complicado para el gobierno de México por la desaparición y probable asesinato de 43 estudiantes en el estado de Guerrero.

El caso ha provocado extensa indignación y protestas en el país porque el supuesto asesinato fue perpetrado por autoridades y policía local en colusión con miembros de cárteles de droga.

Tal como lo dijo el senador Javier Corral, “hay una bomba de tiempo, porque hay una exigencia social que reprocha la impunidad, la colusión entre delincuentes y la autoridad, como para adicionarle procesos de licitación enderezados a favorecer a amigos, a personeros o a empresas cercanas al partido en el gobierno o al Presidente de la República“.

El gobierno de Enrique Peña Nieto subraya que todo el proceso se llevó a cabo “con transparencia y legalidad” y que el consorcio chino ganó porque presentó “un ofrecimiento y un financiamiento fuera de serie”.

Sin embargo otras empresas que se interesaron por la licitación indicaron que el lapso para presentar una propuesta fue muy corto.

En sus declaraciones ante el Senado el secretario de Comunicaciones y Transporte, Gerardo Ruiz Esparza declaró que la dependencia a su cargo actuó “con toda legalidad” y que “no había asomo de favoritismo o corrupción” en el proyecto.

“No es un tema de amistades -dijo- es un tema de empresas. Hay en todas las empresas, o en casi todas las empresas, un nombre conocido”.

Hasta ahora, la razón que ha dado el gobierno mexicano para la revocación de la licitación china es para “responder a las dudas e inquietudes que han surgido en la opinión pública por este proyecto”.

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Cuatro inventores que se arrepintieron de sus creaciones: las armas más letales de la historia

El creador de la bomba atómica, del agente naranja, del fusil AK-47 y de la dinamita tienen algo en común: todos se arrepintieron, de una u otra manera, de lo que sus hallazgos terminaron por provocar.
14 de noviembre, 2021
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Inventar algo único y que cambie el curso de la historia de la humanidad debe ser de los sentimientos más satisfactorios que pueden existir.

Es cosa de imaginarse la complacencia de quienes estuvieron detrás de creaciones tan brillantes como la rueda, el hormigón, la máquina a vapor o internet.

Sin embargo, no todas las invenciones tienen fines exclusivamente beneficiosos para el mundo; hay algunas que, a decir verdad, han dejado un saldo trágico y macabro.

Y algunos de los genios detrás de esos temibles hallazgos han terminado atormentados por su conciencia.

Aquí te contamos las historias de cuatro de ellos que, muchas veces sin medir el poder destructivo de sus creaciones, terminaron engendrando algunas de las armas más letales de la historia.

1. Robert Oppenheimer, el “padre de la bomba atómica”:

No hubo otro científico más vinculado a la creación y al uso de las bombas atómicas durante la Segunda Guerra Mundial que Robert Oppenheimer.

El físico teórico estadounidense fue el director del Proyecto Manhattan, que consiguió desarrollar la primera bomba atómica de la historia.

Robert Oppenheimer

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Robert Oppenheimer fue el director científico del Proyecto Manhattan.

Esta fue detonada en el desierto de Nuevo México —en una operación llamada “Trinity”— el 16 de julio de 1945, menos de un mes antes de que se lanzaran las bombas sobre Hiroshima y Nagasaki, en Japón, donde se estima que murieron entre 150.000 y 250.000 personas.

Oppenheimer, una figura compleja y carismática, se había dedicado a estudiar los procesos energéticos de las partículas subatómicas, incluidos los electrones, los positrones y los rayos cósmicos.

Pero el conflicto bélico que se vivía por esos años en el mundo hizo que su vida profesional tomara otro rumbo.

Así, luego de que Albert Einstein le enviara una carta al entonces presidente de Estados Unidos, Franklin Roosevelt, advirtiéndole del peligro que amenazaba a toda la humanidad si los nazis se convertían en los primeros en fabricar una bomba atómica, la idea de crear un arma nuclear a nivel gubernamental en Estados Unidos se volvió prioridad.

Y quien lideró ese proceso fue, justamente, Oppenheimer. Rápidamente comenzó a buscar un proceso para la separación del uranio-235 del uranio natural y a determinar la masa crítica necesaria para fabricar dicha bomba.

Albert Einstein y Robert Oppenheimer.

Getty Images
Albert Einstein y Robert Oppenheimer.

Entre otras cosas, se le instruyó establecer y administrar un laboratorio para llevar a cabo esta tarea. Y, en 1943, eligió la meseta de Los Alamos, en Nuevo México.

“Oppenheimer ocupó un puesto de inmensa responsabilidad y fue llevado al límite”, explica a BBC Mundo el historiador especialista en armas nucleares, Alex Wellerstein.

“Estuvo involucrado en decisiones clave sobre el diseño de las bombas atómicas, y estuvo personalmente involucrado en las decisiones sobre cómo se usarían estas bombas; instó a que se usaran en contra de ciudades y estaba en el comité que tomó decisiones sobre dónde se lanzarían las bombas exactamente”, agrega.

Pero más tarde, Oppenheimer expresaría en repetidas ocasiones su pesar por el fallecimiento de las miles de víctimas en Hiroshima y Nagasaki.

Incluso, dos meses después de la explosión de las bombas, renunció a su cargo. Desde 1947 hasta 1952 fue asesor de la Comisión de Energía Atómica de Estados Unidos desde donde abogó por el control internacional del poder nuclear para evitar la proliferación de armamento nuclear y frenar la carrera armamentísta entre Estados Unidos y la Unión Soviética.

Vista aérea de Hiroshima poco después de que explotara la bomba atómica.

Getty Images
Vista aérea de Hiroshima, en Japón, poco después de que explotara la bomba atómica.

Además, se opuso fuertemente al desarrollo de la bomba de hidrógeno.

Pero sus esfuerzos no tuvieron éxito. Debido a sus polémicas declaraciones públicas —que le sumaron varios enemigos— se le retiraron sus credenciales de seguridad y se le acabó despojando de su influencia política.

“A fines de la década de 1950 y principios de 1960, Oppenheimer estaba bastante amargado y lamentaba muchas cosas. El área de su arrepentimiento siempre se centró en estos fracasos de la posguerra. Lamentó no haber tenido éxito con sus ambiciones de control de armas y haber sido incapaz de frenar el aumento de grandes arsenales de varios megatones”, dice Wellerstein.

Luego de la explosión de las bombas, Oppenheimer declararía que le vinieron a la mente las palabras del texto sagrado hinduista Bhagavad Gita: “Ahora me he convertido en la muerte, el destructor de mundos”.

Oppenheimer junto a Leslie Groves

Getty Images
Oppenheimer junto a Leslie Groves, alto mando a cargo del Proyecto Manhattan para el desarrollo de la bomba atómica.

Muchos historiadores han interpretado estas palabras como un sentimiento de culpa respecto de su letal creación. Para otros, como Wellerstein, tiene más que ver con el asombro ante algo “más allá de este mundo”, como son las armas nucleares.

Con todo, a Oppenheimer siempre se le recordará (y conocerá) como el “padre de la bomba atómica”.

2. Arthur Galston y el agente naranja:

El fisiólogo y biólogo vegetal estadounidense, Arthur Galston, nunca pensó que estaba creando algo que podría ser utilizado como arma: el agente naranja.

Arthur Galston

Cortesía de la Universidad de Yale
Arthur Galston nunca pensó que estaba creando algo que podría ser utilizado como arma: el agente naranja.

Su área de estudio se centraba en las hormonas vegetales y en los efectos de la luz en el desarrollo de las plantas.

En eso estaba cuando experimentó con un regulador del crecimiento de plantas, llamado ácido triyodobenzoico (TIBA). El científico descubrió que este componente podía estimular la floración de la soja y hacerla crecer más rápidamente.

Sin embargo, también advirtió que, si se aplica en exceso, el compuesto haría que la planta perdiera sus hojas.

Pero los hallazgos de Galston no quedaron reducidos solo al mundo vegetal.

En el contexto de la Guerra de Vietman —ocurrida entre los años 1955 y 1975— otros científicos los utilizaron para crear el agente naranja, un poderoso herbicida que tenía como objetivo eliminar selvas y cosechas que podían ser aprovechadas por la guerrilla del Vietcong.

Avión lanza agente naranja en Vietnam

Getty Images
Las tropas estadounidenses liberaron aproximadamente 20 millones de galones de agente naranja para destruir cultivos en Vietnam.

Así, desde 1962 a 1970 las tropas estadounidenses liberaron aproximadamente 20 millones de galones del herbicida para destruir cultivos y exponer las posiciones y rutas de movimiento de sus enemigos.

Ante esto, Galston se vio profundamente afectado y alertó a las autoridades y al mundo en repetidas ocasiones del enorme daño ambiental que estaba causando el agente naranja. Luego, acusó que el herbicida también presentaba un riesgo para los humanos.

El componente más peligroso del Agente Naranja es la dioxina, un contaminante que puede permanecer en el medio ambiente por décadas y que, entre otras cosas, puede causar cáncer, malformaciones en el desarrollo fetal, problemas de infertilidad y atacar los sistemas nervioso e inmune.

Las advertencias de Galston y otros científicos llevaron a que el gobierno de Estados Unidos ordenara un estudio toxicológico. A la luz de los resultados, el presidente de ese momento, Richard Nixon, ordenó la detención de la fumigación del agente naranja.

Niños con malformaciones por el agente naranja

Getty Images
El agente naranja provocó serios daños a la salud de los afectados y problemas en el desarrollo fetal, como malformaciones, de muchos niños.

Más tarde, el biólogo vegetal diría: “Solía ​​pensar que uno podría evitar involucrarse en las consecuencias antisociales de la ciencia simplemente no trabajando en ningún proyecto que pudiera tener fines malignos o destructivos. He aprendido que las cosas no son tan simples y que casi cualquier hallazgo científico puede pervertirse o deformarse bajo las presiones sociales”.

También aseguró que el agente naranja fue “un mal uso de la ciencia”.

“La ciencia está destinada a mejorar la suerte de la humanidad, no a disminuirla, y su uso como arma militar me pareció desaconsejable”, agregó.

3. Mijaíl Kalashnikov, creador del fusil AK-47:

Fue el diseñador de una de las armas más reconocidas del planeta: el fusil semiautomático AK-47.

Míjail Kalashnikov

Getty Images
Poco antes de su muerte, Míjail Kalashnikov confesó que tenía un “dolor espiritual insoportable”.

En 1947, el ruso Míjail Kalashnikov creó este fusil sencillo, resistente y confiable que se convirtió en el arma de rigor de los ejércitos soviético y ruso, así como de decenas de otros países.

El AK-47 también fue un símbolo de revolución alrededor del mundo; estuvo en acción en los campos de batalla de Angola, Vietnam, Argelia y Afganistán. También fue compañero de ejércitos rebeldes en América Latina, como de las FARC y ELN en Colombia.

Grupos palestinos lo utilizaron con frecuencia y hay una célebre foto de Osama bin Laden ostentando el rifle con su característico cargador curvo.

La relativa simplicidad del diseño hizo que su manufactura fuera barata y su mantenimiento en el campo de batalla sencillo. Se convirtió en el fusil de asalto de mayor uso en el mundo y, según los cálculos, acumula más muertes que las bombas atómicas.

Bin Laden sosteniendo el rifle

Getty Images
Esta foto de Osama bin Laden ostentando el rifle con su característico cargador curvo dio vueltas al mundo.

Aunque a lo largo de su vida Míjail Kalashnikov expresó pocos remordimientos por su mortífero invento — “duermo profundamente”, dijo una vez— , poco antes de su muerte confesó que tenía un “dolor espiritual insoportable”.

En una carta al jefe de la iglesia ortodoxa rusa a la cual asistía (que fue filtrada por medios rusos un mes después de su muerte), dijo que se sentía responsable de los millones de muertes causadas por su revolucionario fusil.

“Mi dolor espiritual es insoportable. Sigo haciéndome la misma pregunta insoluble. Si mi rifle privó a la gente de la vida, ¿puede ser que yo… un cristiano y un creyente ortodoxo, tuve la culpa de sus muertes?”, se preguntó.

“Cuanto más vivo —escribió—, más se me clava esta pregunta en la cabeza y más me pregunto por qué el Señor permitió al hombre los deseos diabólicos de la envidia, la codicia y la agresión”.

4. Alfred Nobel y la dinamita:

En diciembre de 1896, dos jóvenes ingenieros suecos se llevaron la sorpresa de su vida al abrir el testamento de su admirado Alfred Nobel, quien los dejó a cargo de emplear la mayor parte de su fortuna con el fin de crear una entidad para celebrar el avance de la humanidad.

Alfred Nobel

Getty Images
Alfred Nobel creó la dinamita.

Siguiendo las instrucciones del maestro, Ragnar Sohlman y Rudolf Lilljequist dieron vida a la Fundación Nobel, que estableció premios anuales por los méritos alcanzados en física, química, medicina y fisiología, literatura y paz mundial; a los que en 1969 se les sumó la economía.

Este último deseo de Nobel no es al azar y tiene una contundente razón detrás. Se dice que, en el ocaso de sus días, le atormentaba la idea de la muerte y destrucción que la aplicación de sus inventos había generado.

Y es por eso que decidió legar gran parte de su fortuna a la creación de la fundación.

Décadas antes, el químico, ingeniero, escritor e inventor sueco había creado la dinamita.

dinamita nobel

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Nacido en el lecho de una familia de ingenieros, Nobel trabajó con su padre en la fabricación de explosivos. Pero en 1864 vivió una trágica experiencia que marcó su vida, cuando su hermano menor y otras cuatro personas murieron en una explosión de nitroglicerina.

Dos años después, en 1866, Nobel desarrolló un método que permitía manipular con seguridad el inestable explosivo líquido. Para reducir su volatilidad, mezcló nitroglicerina con un material poroso absorbente, creando así la dinamita.

Esta invención le dio una fama y una riqueza inmensa a su inventor, y dio inicio a una nueva era en la construcción… pero también en la destrucción. Pues no pasó mucho tiempo para que comenzara a utilizarse con fines bélicos.

El testamento de Alfred Nobel.

Getty Images
El testamento de Alfred Nobel.

Así, se aplicó como relleno explosivo en los proyectiles de artillería y cargas de demolición militares, causando cientos de miles de muertes.

Nobel falleció el 10 de diciembre de 1896 en su casa de San Remo, Italia, habiendo firmado su testamento final que sentó las bases para lo que se convertiría en el premio internacional más prestigioso en pro del avance del hombre.


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