México: la profunda crisis en la que ningún político tiene legitimidad
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México: la profunda crisis en la que ningún político tiene legitimidad

La desaparición de los 43 normalistas ha puesto a los políticos mexicanos en la mira de los ciudadanos, que exigen justicia y alto a la violencia en el país.
Por BBCMundo
27 de noviembre, 2014
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Cuauhtémoc Cárdenas y Carlos Navarrete. //FOTO: Cuartoscuro

Cuauhtémoc Cárdenas. //Foto: Cuartoscuro

El terremoto político causado en México por la desaparición de 43 estudiantes sigue teniendo fuertes réplicas.

La última fue la renuncia de Cauhtémoc Cárdenas al Partido de la Revolución Democrática (PRD, izquierda), el cual fundó en 1988.

Tres veces candidato a la presidencia, Cárdenas es hijo del legendario presidente Lázaro Cárdenas -quien nacionalizó el petróleo en 1938- y una de las figuras más respetadas de la izquierda en México.

Aunque en su carta de renuncia el líder político de 80 años habla de desacuerdos que van “más allá (…) de las coyunturas actuales”, pocos dudan que la gota que rebasó la copa es el manejo que el partido le dio al caso de la desaparición de los estudiantes.

Lea: Cuauhtémoc Cárdenas renuncia al PRD, el partido político que fundó

Tanto el arrestado alcalde de Iguala, José Luis Abarca -quien según las autoridades dio la orden de detener a los estudiantes- como el exgobernador de Guerrero, Angel Aguirre Rivero, fueron elegidos a nombre del PRD.

Abarca no sólo gobernó -ahora se sabe- con corrupta y mortífera mano de hierro a Iguala durante dos años, sino que un importante sector del partido trató de mantener a toda costa en el poder a Aguirre Rivero cuando su posición era insostenible.

Cuahtémoc Cárdenas sintió el descontento en carne propia cuando, en una de las primeras marchas para exigir el retorno de los estudiantes, fue agredido de palabra y hecho por algunos de los manifestantes.

Lea: ¿Son los 43 estudiantes desaparecidos la peor crisis de la izquierda de México?

Vaso desbordado

Foto Getty Images
Los padres de los jóvenes insisten en que no cejarán en su clamor de que regresen con vida. Foto Getty Images

El caso de los normalistas no sólo desbordó el vaso de Cuauhtémoc Cárdenas, sino el de muchos en México.

Como lo dijo a la BBC el historiador y analista Lorenzo Meyer: “Hace bastante que la sociedad mexicana empezó a dudar de su gobierno, de su clase política. Casi cada día hay un incidente, grande o chico, de corrupción, abuso del poder, impunidad”.

“Es la acumulación de problemas por parte de una clase política que los mexicanos ven como más interesada en su propio enriquecimiento y en sus carreras política individuales que en el bienestar de la nación”, agregó.

La crisis es la peor que ha enfrentado el presidente Enrique Peña Nieto desde que asumió el poder, en diciembre de 2012 (algunos dicen que la peor de toda su carrera política).

Lea: La crisis que divide la presidencia de Peña Nieto en un antes y un después

Y el Movimiento de Renovación Nacional (Morena izquierda), el partido que era percibido como la verdadera oposición luego de que el PRD se uniera al pacto político convocado por Peña Nieto para impulsar sus reformas, también resultó salpicado.

Además de las implicaciones personales de su líder, Andrés Manuel López Obrador (supuestamente se le entregó en 2012 un informe sobre las andanzas de Abarca), el precandidato de Morena a la gobernación de Guerrero era Lázaro Mazón, padrino político del ahora detenido exalcalde.

El único partido de importancia que no ha sido afectado es el Partido Acción Nacional (PAN, derecha) que sin embargo ha sufrido otros escándalos recientemente y salió muy golpeado y disminuido de la presidencia de Felipe Calderón.

Al menos desde 1994 -con el levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional y el posterior asesinato de Luis Donaldo Colossio, candidato del PRI y casi seguro presidente- el país no vivía una crisis de tales proporciones.

Crisis política

Foto Getty Images
Hasta ahora, el momento cúlmen del movimiento para exigir justicia para los normalistas ha sido la marcha del 20 de noviembre en Ciudad de México, en la que participaron decenas de miles de personas. Foto Getty Images.

“Esta es una crisis no solamente de la izquierda, sino de la política, del sistema de partidos y de representación” asevera a BBC Mundo el analista y economista Jorge Alcocer.

Quizás por eso, ningún partido -y menos un líder- ha podido canalizar el descontento social manifestado en los últimos dos meses, que alcanzó su momento cúlmen el jueves pasado, cuando decenas de miles de personas marcharon por las calles de Ciudad de México para exigir justicia y respuestas por el caso de los normalistas desaparecidos.

¿Quién puede aglutinar ese descontento? “Ese aglutinamiento no hay que esperarlo por la vía partidista. Este es un movimiento de protesta social que desborda a los partidos políticos y veo imposible que alguno de los partidos de ahora, empezado por los de izquierda, pueda servir como canalizador de esa protesta”, dice Alcocer.

Si no hay quien articule de una manera organizada las exigencias que se han cristalizado en torno a las protestas por los 43 jóvenes secuestrados -y probablemente asesinados- en Iguala, ¿se desvanecerá este movimiento como ocurrió con Occupy Wall Street o con el de “Que se vayan todos” de Argentina a principios de este siglo?

¿Surgirá un grupo como Podemos en España que -aunque por ahora sólo cuenta con intenciones de voto- parece reflejar los sentimientos del movimiento de los Indignados?

Son preguntas para el futuro. Por lo pronto, Alcocer cree que si este movimiento al menos puede obtener respuestas estatales -y no coyunturales- a algunos problemas que aquejan al país, su contribución será muy valiosa.

“Lo primero es que se esclarezca completamente el asunto de Ayotzinapa, pero también que se establezcan medidas que corrijan el rumbo. En ese sentido el movimiento, más allá de que no tenga líderes visibles, como colectivo social habrá dado una gran contribución al país, porque habrá provocado una reflexión de fondo y una autocrítica con respecto de lo que no está funcionando”.

Desde presidencia se indicó que, este jueves, el presidente Enrique Peña Nieto hará un importante anuncio sobre seguridad y justicia. Ahí se empezará ver si realmente ya empezó un proceso de autocrítica.

BBC. 

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Por qué el año no termina realmente a la medianoche del 31 diciembre (y no siempre dura lo mismo)

La fecha en la que comienza y termina un año no tiene su base en la ciencia, sino que es un sistema, a la larga, "inventado".
31 de diciembre, 2020
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año nuevo Nuevo

Getty Images
El momento en que comienza y termina el año es una convención.

Brindis y uvas, bailes, resoluciones y rituales… la medianoche del 31 de diciembre es un momento de festejo, esperanza y recuento para millones de personas en todo el planeta.

Un año “termina” y otro “comienza” y, con él, las aspiraciones de un mejor tiempo y de innumerables propósitos y nuevas metas.

Es el último día del calendario gregoriano, el patrón de 365 días (más uno en bisiesto, como 2020) que ha regido en Occidente desde que se dejó de usar el calendario juliano en 1582.

Su paso celebra el fin de un ciclo que ha marcado las cuentas del tiempo para diversas culturas desde hace milenios: una vuelta completa de la Tierra alrededor de su estrella.

“Lo que entendemos tradicionalmente por año, tanto en astronomía como en muchas culturas, es ese lapso que tarda nuestro planeta en darle la vuelta al Sol”, indica el astrónomo y académico Eduard Larrañaga, del Observatorio Astronómico Nacional de la Universidad Nacional de Colombia.

Sin embargo, según explica el también físico teórico a BBC Mundo, la fecha en la que comienza y termina un año no tiene su base en la ciencia, sino que es una convención, o sea un sistema, a la larga, “inventado”.

“Asumir que el año termina a la medianoche del 31 de diciembre y empieza el 1 de enero es una construcción social, una definición que se hizo en un momento de la historia”, dice.

De acuerdo con Larrañaga, dado que la base para la medición de un año es el tiempo que tarda la Tierra en darle la vuelta al Sol, el conteo de cuándo empieza y termina ese ciclo puede ocurrir, en la práctica, en cualquier momento.

“Desde el punto de vista astronómico, no ocurre nada especial el 31 de diciembre para decir que es ahí donde termina el año ni ocurre nada especial el 1 de enero para decir que ahí es cuando comienza“, señala.

“En realidad, a lo largo de la órbita de la Tierra no hay nada especial ni fuera de lo común que ocurra para marcar el cambio de un año”, agrega.

Pero no termina ahí.

La duración exacta que le damos al año de 365 días (o 366 en los bisiestos) es otra convención social.

“En realidad, hay muchas formas de medir la duración de un año” y si se hace de una u otra forma, la duración no es la misma, indica Larrañaga.

Pero ¿cómo es posible?

La duración del año

Desde que fue introducido por el emperador Julio César en el año 46 a. C., el calendario juliano sirvió para contar el paso de los años y la historia en Europa hasta finales del siglo XVI.

Sin embargo, desde entrada la Edad Media, varios astrónomos se dieron cuenta de que con esa manera de medir el tiempo se producía un error acumulado de aproximadamente 11 minutos y 14 segundos cada año.

Fue entonces cuando en 1582 el papa Gregorio XIII promovió la reforma del calendario que usamos hasta el día de hoy e introdujo los bisiestos para corregir los errores de cálculo del calendario juliano.

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Getty Images
Millones de personas celebran el cambio de año este 31 de diciembre.

Larrañaga explica que, desde el punto de vista de la astronomía, base para la definición de lo que es un año, no existe una única unidad de medida, sino al menos cuatro para contar el tiempo que tarda la Tierra en darle una vuelta al Sol.

  • Año juliano o calendario: “Es una convención y se usa en astronomía como una unidad de medida en la que se considera que la Tierra le da la vuelta al Sol en 365,25 días”.
  • Año sideral: “Es el que tarda la Tierra en dar una vuelta al Sol respecto a un sistema de referencia fijo. En este caso, se toma como referencia el grupo de las estrellas fijas y ese año tiene una duración de 365,25636”.
  • Año trópico medio: “En este se toma en cuenta longitud de la eclíptica del Sol, es decir, la trayectoria del Sol en el cielo con respecto a la Tierra a lo largo del año, principalmente en los equinoccios. Y este dura un poco menos que el año sideral, 365,242189 días”.
  • Año anomalístico: “La Tierra, al igual que los otros planetas, se mueve en elipsis. Esa elipsis hace que el Sol en algunas ocasiones esté más cerca y más lejos de la Tierra. Pero hay un punto donde ambos están lo más cerca posible, el llamado perihelio”. Y el año anomalístico es el tiempo transcurrido entre dos pasos consecutivos de la Tierra por su perihelio. Dura 365,2596 días”.

Si bien Larrañaga señala que todos están sobre el orden de los 365 días, asumir que este es el periodo exacto de la duración de un año se vuelve una simplificación.

Pero además, no tiene en cuenta otro factor.

“Hay otra cuestión, y es que, aunque tenemos esos cálculos, no todos los años duran lo mismo, no tienen la misma duración cada vez“, dice.

El largo de los años

De acuerdo con el experto, si bien los astrónomos han tratado de calcular con precisión a través de los siglos el tiempo que tarda la Tierra en darle una vuelta al Sol, existe un problema básico que les impide obtener un número definitivo.

“Hay que tener en cuenta que la duración de los años nunca es igual debido a que en el Sistema Solar todo cambia. Tomemos el año anomalístico: mientras la Tierra se mueve alrededor del Sol, el perihelio cambia como resultado de la acción gravitatoria de otros planetas, como Júpiter”, dice.

año nuevo

Getty Images
La influencia gravitatoria de los planetas y el movimiento de la Tierra hacen que la duración del año no sea igual siempre.

El físico teórico señala que algo similar ocurre con el llamado año trópico medio, que mide el intervalo de tiempo entre dos pasos consecutivos del Sol por el punto Aries o equinoccio de primavera, o con el sideral.

“El año trópico medio también cambia, dado que depende del eje de la Tierra, que está torcido. Es como un trompo que va balanceándose. Entonces, la fecha y el momento del equinoccio también es diferente”, dice.

“Y si comparamos cuánto duraba el año sideral en 2020 con cuánto duró en el 1300 seguramente notaremos una diferencia. Siempre estaría en torno a los 365 días, pero no sería la misma duración exacta, porque el movimiento de la Tierra no es siempre el mismo”, agrega.


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