Seguro Popular cubre enfermedades sólo en el papel
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Seguro Popular cubre enfermedades sólo en el papel

En 2012 el Seguro Popular comenzó a cubrir enfermedades históricamente solicitadas por grupos de pacientes como la hepatitis C o el cáncer de colon, no obstante, el Estado ha garantizado la atención de apenas decenas de casos de estas enfermedades, las cuales llegan a tener más de 4 mil casos anuales.
Por Margarita Vega
19 de noviembre, 2014
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Foto: Cuartoscuro.

Foto: Cuartoscuro.

Hay enfermedades dentro del Seguro Popular que solo se cubren en el papel pues no hay suficientes hospitales acreditados, es decir, validados por la Secretaría de Salud, para garantizar que sus afiliados accedan a la atención en donde lo necesiten.

En 2012 el Seguro Popular comenzó a cubrir enfermedades históricamente solicitadas por grupos de pacientes como la hepatitis C o el cáncer de colon y recto. Para hacerlo se les incluyó dentro del Fondo de Protección contra Gastos Catastróficos dedicado a financiar las enfermedades que por su alto costo son capaces de empobrecer a cualquier familia que las padezca, como el cáncer de mama, el cáncer infantil o el VIH/Sida, entre otras.

Sin embargo, desde entonces ha financiado apenas 14 casos de cáncer de colon y recto, la cual provoca alrededor de 4 mil muertes cada año en México, y cinco de hepatitis C, enfermedad que aumenta en 19 mil 300 casos anualmente, según cifras del Inegi y el Instituto Nacional de Salud Pública, respectivamente.

La principal razón de estas cifras es que para todos los pacientes con cáncer colorrectal el Seguro Popular cuenta solo con tres unidades acreditadas para atenderlos, ubicadas en Chihuahua, Yucatán y Campeche; mientras que para hepatitis C solo dos, en el DF y en Sinaloa. Los pacientes de otros estados del país pueden acudir a hospitales públicos cercanos a su casa, pero al no estar acreditados por el Seguro Popular tendrán que pagar el alto costo del tratamiento, y eso si está disponible.

Para que un usuario del Seguro Popular pueda acceder a cualquier tratamiento, independientemente de la complejidad o el costo que tenga, debe acudir a una unidad médica acreditada por la Secretaría de Salud, quien previamente verifica que el hospital o clínica cuente con estándares mínimos de seguridad, calidad y capacidad para atender a los pacientes.

Jornada de salud del Seguro Popular en Xochimilco. Foto: Cuartoscuro.

Jornada de salud del Seguro Popular en Xochimilco. Foto: Cuartoscuro.

Otras enfermedades tienen un destino similar a las dos mencionadas: aunque el Fondo de Protección contra Gastos Catastróficos también cubre el cáncer de ovario germinal, que afecta a 4 mil mujeres cada año, o el trasplante renal para menores de 18 años, en dos años solo pagó el tratamiento de dos pacientes con estos padecimientos, para los que solo cuenta con tres y cuatro unidades acreditadas en el país, respectivamente.

“Es una manera de distraer el proceso, por un lado el Seguro Popular te dice sí tenemos acceso universal a la salud y ya está incluido tu padecimiento, pero hay una dilación al prestar ese servicio. El ejemplo más claro es con la hepatitis C, este año se devolvió dinero porque no se ocupó el presupuesto porque las unidades no se han acreditado.

“Lo único que hacen es dilatar el proceso de atención, y las personas se siguen muriendo porque no hay acceso igualitario a la salud a pesar de que estás en Fondo (de Protección contra Gastos Catastróficos) no te puedes atender porque no tienes una unidad cercana, tienes que moverte, no tienes recursos para moverte y te mueres. Si eso no es obstaculizar el derecho a la salud, yo no sé qué es”, criticó Luis Adrián Quiroz, integrante de la organización Red de Acceso, dedicada a apoyar a pacientes con enfermedades crónico-degenerativas.

A pregunta expresa, el activista consideró que en el país hay pocos hospitales acreditados debido a que tienen que pasar por un proceso burocrático al que calificó de lento y engorroso.

El Informe de resultados Enero-Junio 2014 del Seguro Popular reconoce que para cubrir las 59 intervenciones del Fondo de Protección contra Gastos catastróficos tiene registrados 319 clínicas y hospitales que han sido acreditados, pero que el 62 por ciento de ellos se concentran en solo 11 estados: Distrito Federal, Estado de México, Guanajuato, Chihuahua, Tamaulipas, Jalisco, Nuevo León, Sinaloa, Veracruz, Aguascalientes y Baja California Sur.

Mientras que la capital del país tiene acreditados 42 clínicas u hospitales, estados como Hidalgo y Colima apenas cuentan con tres unidades para la atención de todas las intervenciones del Fondo.

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"El COVID no es una pandemia": científicos creen que es una sindemia (y qué significa)

El hecho de que la enfermedad se exacerba cuando interactúa con otras condiciones de salud que prevalecen en grupos desfavorecidos social y económicamente ha llevado a algunos científicos a pensar que estamos frente a una sindemia.
10 de octubre, 2020
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Con el correr de los meses, las medidas para evitar la propagación del covid-19 se han ido endureciendo o flexibilizando en distintas partes del mundo según el aumento o disminución de los casos.

Mientras que muchos países en Europa están volviendo a restringir actividades sociales y ordenando cuarentenas después de registrar un número récord de casos, Nueva Zelanda, por ejemplo, pasó a su nivel de alerta más bajo.

Sin embargo, esta estrategia para lidiar con el coronavirus es, en opinión de numerosos científicos, demasiado limitada para detener su avance.

“Todas nuestras intervenciones se han centrado en cortar las vías de transmisión viral, para controlar la propagación del patógeno”, escribió recientemente en un editorial Richard Horton, editor jefe de la prestigiosa revista científica The Lancet.

Pero la historia del covid-19 no es tan sencilla.

Por un lado, dice Horton, está el SARS-CoV-2 (el virus que provoca el covid-19) y por otro, una serie de enfermedades no transmisibles. Y estos dos elementos interactúan en un contexto social y ambiental caracterizado por una profunda inequidad social.

Bangladesh

Getty Images
El contagio es mucho mayor en comunidades empobrecidas que no pueden cumplir con las normas de higiene y distancia social.

Estas condiciones, argumenta Horton, exacerban el impacto de estas enfermedades y por ello debemos considerar al covid-19 no como una pandemia, sino como una sindemia.

No se trata de un simple cambio de terminología: entender la crisis de salud que estamos atravesando desde un marco conceptual más amplio abre el camino para buscar soluciones más adecuadas.

Uno más uno es más que dos

El término sindemia (un neologismo que combina sinergia y pandemia) no es nuevo.

Fue acuñado por el antropólogo médico estadounidense Merrill Singer en los años 90 para explicar una situación en la que “dos o más enfermedades interactúan de forma tal que causan un daño mayor que la mera suma de estas dos enfermedades”.

“El impacto de esta interacción está además facilitado por condiciones sociales y ambientales que juntan de alguna manera a estas dos enfermedades o hacen que la población sea más vulnerable a su impacto”, le explica Singer a BBC Mundo.

La interacción con el aspecto social es lo que hace que no se trate sencillamente de una comorbilidad.

Merrill Singer

Merrill Singer
Singer acuñó el término “sindemia” en los años 90.

El concepto surgió cuando el científico y sus colegas investigaban el uso de drogas en comunidades de bajos ingresos en EE.UU., hace más de dos décadas.

Descubrieron que muchos de quienes se inyectaban drogas sufrían de una cantidad de otras enfermedades (tuberculosis, enfermedades de transmisión sexual, entre otras), y los investigadores se empezaron a preguntar cómo éstas coexistían en el cuerpo, y concluyeron que, en algunos casos, la combinación amplificaba el daño.

En el caso del covid-19, “vemos cómo interactúa con una variedad de condiciones preexistentes (diabetes, cáncer, problemas cardíacos y muchos otros factores), y vemos un índice desproporcionado de resultados adversos en comunidades empobrecidas, de bajos ingresos y minorías étnicas“, explica Singer.

Y enfermedades como la diabetes o la obesidad —que son factores de riesgo para el covid-19— son más comunes en individuos de bajos recursos, añade en conversación con BBC Mundo Tiff-Annie Kenny, investigadora de la Universidad Laval, en Canadá, y quien trabaja en el Ártico con poblaciones afectadas por la inseguridad alimentaria, el cambio climático y condiciones de vivienda que dificultan cumplir con las recomendaciones sanitarias como lavarse las manos o mantener la distancia social.

¿Pero no es el este el caso de la mayoría de enfermedades? ¿No tienen la mayoría de las veces un impacto mayor en los grupos con menos acceso a salud, alimentación, educación e higiene? ¿No se potencian casi siempre cuando se combinan con otra o con una condición médica de base?

En cuanto a la interacción biológica, no es necesariamente siempre así, destaca el científico.

Cementerio en La Paz, Bolivia

Getty Images
La pandemia de covid-19 no se resuelve únicamente por la vía médica, creen los científicos que analizan la situación actual desde el marco conceptual de la sindemia.

“Hay evidencia creciente de que la influenza y el resfriado común son contrasindémicos. Es decir: la situación no empeora. Si una persona está infectada con los dos (virus), una (de las enfermedades) no se desarrolla”.

Y en cuanto al aspecto social, el elemento clave en el caso de una sindemia es que añade la interacción de las enfermedades.

Cambio de estrategia

Analizar la situación a través de la lente de la sindemia, dice Kenny, nos permite pasar de la aproximación de la epidemiología clásica sobre el riesgo de transmisión, a una visión de la persona en su contexto social.

Es una postura compartida por muchos científicos que creen que para frenar el avance y el impacto del coronavirus es crucial poner atención a las condiciones sociales que hacen que ciertos grupos sean más vulnerables a la enfermedad.

“Si realmente queremos acabar con esta pandemia cuyos efectos han sido devastadores en la gente, en la salud, en la economía, o con futuras pandemias de enfermedades infecciosas (hemos visto venir una detrás detrás de otra con cada vez mayor frecuencia: sida, ébola, SARS, zika y ahora covid-19), la lección es que tenemos que abordar las condiciones subyacentes que hacen posible una sindemia”, opina Singer.

“Tenemos que abordar los factores estructurales que hacen que a los pobres les resulte más difícil acceder a la salud o a una dieta adecuada”, agrega.

“El riesgo de no hacerlo es enfrentarnos con otra pandemia como la de covid-19 en el tiempo que tome que una enfermedad existente se escape del mundo animal y pase a los humanos, como ha sido el caso del ébola y el zika, y que continuará ocurriendo a medida que sigamos invadiendo el espacio de las especies salvajes, o a raíz del cambio climático y la deforestación”.

El editor de The Lancet Richard Horton es concluyente: “No importa cuán efectivo sea un tratamiento o cuán protectora una vacuna, la búsqueda de una solución para el covid-19 puramente biomédica fracasará”.

Y concluye: “A menos que los gobiernos diseñen políticas y programas para revertir disparidades profundas, nuestras sociedades nunca estarán verdaderamente seguras frente al covid-19”.


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