Solo cuatro entidades del país aplican la reforma penal aprobada en 2008
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Solo cuatro entidades del país aplican la reforma penal aprobada en 2008

Aunque las entidades tienen como plazo constitucional el 18 de junio de 2016 para reformar sus sistemas de justicia, de seguir con el mismo ritmo de avance existe el riesgo de incumplimiento, señala un estudio elaborado por el Centro de Investigación para el Desarrollo (CIDAC).
Por Nayeli Roldán
22 de noviembre, 2014
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Reos dentro de una prisión de alta seguridad en México. Foto: Cuartoscuro

Reos dentro de una prisión de alta seguridad en México. Foto: Cuartoscuro

A seis años de la Reforma Constitucional en materia Penal, sólo Yucatán, Estado de México, Chihuahua y Morelos han instrumentado en su totalidad el nuevo sistema penal acusatorio, mientras que en siete estados y el Distrito Federal ni siquiera está operando y en 20 entidades lo han hecho de manera parcial.

Así lo revela el “Reporte de hallazgos para el seguimiento y la evaluación de la implementación y operación del nuevo Sistema de Justicia Penal en México”, realizado por segundo año consecutivo por el Centro de Investigación para el Desarrollo (CIDAC).

Aunque las entidades tienen como plazo constitucional el 18 de junio de 2016 para reformar sus sistemas de justicia, de seguir con el mismo ritmo de avance existe el riesgo de incumplimiento o que el resultado sea una implementación deficiente, sostiene el informe.

Este es uno de los puntos más preocupantes, pues “el mayor riesgo de la reforma penal es terminar teniendo viejas prácticas con nuevos nombres; lo esencial, a estas alturas, es atender los puntos críticos institucionales que garanticen que el cambio se construya sobre cimientos firmes”, concluye el documento.

Muestra de ello es que aunque entidades como el Estado de México logró implementar un nuevo sistema penal, opera de “muy deficiente” pues no están poniendo en funcionamiento medidas como las salidas alternativas restaurativas ni han cambiado sus modelos de trabajo a la oralidad, que es uno de los cambios clave en la reforma.

“Siguen trabajando como si estuvieran integrando averiguaciones previas y eso se ve en las audiencias porque tenemos a ministerios públicos que están leyendo, en lugar de hacer uso de la oralidad. Por eso no logramos ver los beneficios que debía traer este nuevo sistema de justicia”, dice en entrevista, María Novoa, directora del proyecto.

Para ser considerado como un estado en operatividad total, su nuevo sistema de justicia debe estar funcionando en todo su territorio y para todos los delitos, por lo que hasta el momento solo cuatro han cumplido con estos criterios.

La investigadora Novoa afirma que la publicación del Código Nacional de Procedimientos Penales publicado por el Ejecutivo en marzo pasado abonará a una efectiva aplicación, pues este reemplaza a los 32 códigos procesales locales y al código procesal federal, con lo que logra la homologación de la procuración y la administración de justicia en el país.

Pero si bien son cambios normativos positivos, “resultan insuficientes”, toda vez que no existen planes específicamente diseñados para guiar la transición entre los códigos procesales vigentes. Además, aún falta que se armonicen leyes secundarias, tanto en el ámbito estatal como en el Federal.

También es urgente elaborar protocolos y manuales que permitan aterrizar en la gestión diaria de las instituciones los preceptos establecidos en las leyes nacionales. “Por ende, armonización normativa tanto por los Congresos como al interior de las instituciones es la tarea impostergable”, dice el informe.

¿Quién es quién en materia de justicia?

El estudio del CIDAC incluye el análisis comparativo entre las entidades de todo el país bajo cuatro criterios de avance: coordinación y flujo de información, simetría institucional, ritmos de la implementación y participación ciudadana.

Aquí tomaron en cuenta el avance eficaz de los procesos del nuevo sistema de justicia penal, aunque no hayan concluido. De ahí que, incluso, aquellos estados que ya están operando completamente lo han hecho de manera deficiente, como es el caso del Estado de México y Morelos, por lo que no figuran entre los primeros lugares del ranking.

Para evaluar a todas las entidades se elaboró un índice con la comparación de cada entidad federativa frente a ella misma respecto de los resultados obtenidos en el Reporte del año pasado, también con el resto de las entidades y contra un estándar objetivo esperado de avance (referencia respecto de un nivel de desarrollo ideal u óptimo para esta etapa de la implementación, de acuerdo a los recursos e incentivos aplicados).

Así se pudieron encontrar impactos positivos en los estados en diferentes aspectos, por ejemplo, el porcentaje de judicialización de casos atendidos por la Defensoría Pública en Nuevo León es considerablemente menor (6.3%) que el resto de las entidades, lo cual se atribuye a la organización especializada de la institución, pues cada dirección brinda servicios durante una etapa procesal específica.

Además, las unidades de Orientación y Atención Temprana y la unidad de Justicia Alternativa en Baja California muestran un impacto positivo en la determinación de asuntos logrando el descongestionamiento del sistema y un 96% de acuerdos satisfactorios.

Este es el ranking por estado:

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Con base en esta misma metodología, CIDAC realizó también un ranking de las cinco instituciones federales involucradas en el proceso de reforma del sistema de justicia pena, respecto con los “condicionantes de la implementación”. Se trata de la Procuraduría General de la República (PGR), Poder Judicial de la Federación (PJF), Policía Federal (PF), Órgano Administrativo Desconcentrado Prevención y Readaptación Social (OADPRS) y el Instituto Federal de Defensoría Pública (IFSP).

Para ello se estableció un estándar de 730 puntos, que se establece como la referencia realista respecto de un nivel de desarrollo óptimo.
“El estándar para las instituciones federales se definió a partir del estándar fijado para las 32 entidades federativas, en razón de que se debería esperar avance similar, debido a que el proceso de implementación formalmente comenzó al mismo tiempo, tanto en el fuero federal como local”, explica el estudio.

Fuente: Cidac

Fuente: Cidac

El Código de Procedimientos Penales publicado hace ocho meses delimita la actuación de cada uno de los implicados en el sistema de justicia: víctimas, acusados, fiscales, abogados defensores, los testigos, la policía, los peritos, el juez e incluso los medios de comunicación y el público en general.

Los policías, por ejemplo, deberán investigar con mayores técnicas profesionales y el juzgamiento de los delitos se desarrollan en distintos tipos de audiencias: la inicial en la que se verifica la legalidad de la imputación; la intermedia en la que se determina si es juicio oral o justicia alternativa; la del Juicio y debate y audiencia de sanciones.

Los encargados de aplicar de manera efectiva estas reglas, son los funcionarios públicos que deben aprender una nueva forma de hacer su trabajo. Sin embargo, hasta el momento, 59.8% del personal ha sido capacitado durante los últimos tres años, por lo que existe el reto de capacitar al 40.2% restante hasta junio de 2016.

Otro reto, dice Novoa, es la aplicación efectiva de recursos, tan sólo para 2014, la Federación destinó a los estados cinco mil millones de pesos para la implementación del Sistema de Justicia Penal, pero “sin una metodología para la asignación efectiva”, lo que debería corregirse para los próximos dos años.

Aquí puedes leer el informe completo:

Informe Reforma Penal Cidac

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NOOA

La Niña está de regreso: qué es y qué significa para el clima en América Latina

El fenómeno climático responsable de crudos inviernos y grandes sequías en todo el mundo ha llegado nuevamente y sus efectos se sentirán por varios meses.
NOOA
18 de octubre, 2021
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La Niña está de vuelta por segundo año consecutivo.

La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos anunció el jueves que el fenómeno climático responsable de crudos inviernos y grandes sequías en todo el mundo ha llegado nuevamente y hará sentir sus efectos por varios meses.

Según la NOAA, tras un periodo de relativo equilibrio atmosférico desde inicios de año, La Niña se intensificará durante las próximas semanas y no comenzará a debilitarse hasta la primavera de 2022, lo que puede tener un impacto en las lluvias, el final de la temporada de huracanes y la intensidad del próximo invierno boreal.

“Las condiciones de La Niña se han desarrollado y se espera que continúen con un 87% de probabilidad entre diciembre de 2021 y febrero de 2022“, indicó la agencia.

De acuerdo con el comunicado, los expertos comenzaron a notar que el evento climático se aproximaba en el último mes, cuando detectaron varios factores que apuntaban a su desarrollo entre ellos:

  • temperaturas de la superficie del mar por debajo del promedio en el Pacífico ecuatorial
  • anomalías térmicas en la mayor parte del Océano Pacífico central y oriental
  • anomalías en vientos del este en niveles bajos y en los vientos del oeste en los niveles superiores de la atmósfera.

Aunque generalmente los signos de su activación comienzan a detectarse en el verano boreal, ahora, como ocurrió en 2017, La Niña comenzó a manifestarse entrado el otoño.

“Nuestros científicos han estado rastreando el desarrollo potencial de La Niña desde este verano, y fue un factor en el pronóstico de la temporada de huracanes por encima de lo normal que hemos visto desarrollarse”, dijo Mike Halpert, subdirector del Centro de Predicción del Clima de la NOAA.

Pero ¿qué es la Niña y cómo afecta al clima de nuestro planeta y a América Latina?

La Niña

Para entender qué es La Niña es preciso explicar el fenómeno más general en el que se engloba: el llamado evento ENOS o El Niño-Oscilación del Sur.

El Niño es un patrón climático que causa un debilitamiento de los vientos alisios en el hemisferio sur del Pacífico.

Esos vientos, cuando son normales, arrastran las aguas superficiales desde las costas hacia el océano y esto provoca que las aguas frías de las profundidades surjan allí.

Cuando El Niño está activo, el agua del océano en la zona ecuatorial está más caliente.

BBC
Cuando El Niño está activo, el agua del océano en la zona ecuatorial está más caliente.

Esa agua fría es lo normal en la zona ecuatorial de la costa de Sudamérica.

Cuando esos vientos alisios se debilitan cesa ese proceso, al agua caliente se acumula y se produce un aumento de la superficie del mar en la costa de Perú y Ecuador, principalmente.

Ahora bien, cuando los alisios son muy fuertes y se refuerza la subida de esa agua fría en la zona ecuatorial y la temperatura del mar está por debajo de lo normal, comienza a manifestarse el fenómeno de La Niña, que viene a ser un patrón climático opuesto a las condiciones de El Niño.

Generalmente, entre las dos fases, ocurre un periodo llamado “zona neutra” (en la que nos encontrábamos hasta hace poco) en la que ninguno de los dos eventos están notablemente activos y las temperaturas están sobre el promedio.

¿Cuáles son sus efectos?

Los efectos de La Niña y el Niño, que van desde sequías a inundaciones, de lluvias intensas a huracanes, dependen siempre de la zona de la oscilación: puede producir indistintamente sequías en Latinoamérica, nevadas intensas en la zona norte de Estados Unidos o sequías en Australia o en las islas del Pacífico.

Y aunque siguen patrones, esto no implica que cada vez que se activen las condiciones se manifiesten de la misma manera: ningún evento de La Niña es como otro.

Aunque los pronósticos más certeros para la actual temporada se conocerán a finales de este mes, la NOAA y otras organizaciones meteorológicas de América Latina prevén “una La Niña de intensidad moderada“.

Esto, sin embargo, no predice por sí mismo las condiciones en las que se manifestará dado que datos históricos revelan que ha habido casos de sequías más severas en eventos débiles o moderados de La Niña que en eventos fuertes a intensos.

En años anteriores, el fenómeno se ha manifestado muy débil, aunque desde 2020 se comenzaron a experimentar síntomas de un potencial fortalecimiento como fue la larga temporada de huracanes del Atlántico, condiciones de sequía en América del Sur y fuertes lluvias en Centroamérica y el norte de Suramérica.

Cómo afectará a América Latina

Generalmente, La Niña se manifiesta en dos formas totalmente diferentes en América Latina: lluvias intensas y abundantes, aumento del caudal de los ríos y posteriores inundaciones en Colombia, Ecuador y el norte de Brasil; y en condiciones de sequía en Perú, Bolivia, el sur de Brasil, Argentina y Chile.

Varios de estos últimos países viven desde el pasado año una intensa sequía, que ha afectado los cultivos, ha secado ríos e impactado la generación hidroeléctrica.

Ahora se teme que La Niña retrase aún más la temporada de lluvias en el Cono Sur y haga de 2022 un año aún más seco.

Mientras, en el noreste de América del Sur han ocurridos deslaves en varios países y en otros, como en Colombia, las represas se encuentran en un 86% de capacidad, casi el doble de los niveles de hace un año, lo que es considerado históricamente alto.

Río Paraná

Getty Images
La sequía ha afectado a varios países de América Latina y ha “secado” ríos como el Paraná.

La NOAA ha señalado que La Niña puede influir en los últimos meses de la actual temporada ciclónica en el Atlántico, que ha sido particularmente activa.

En México, las autoridades meteorológicas indicaron que una nueva activación del evento podría traducirse en una extensión del periodo de lluvias hasta finales de noviembre, así como precipitaciones intensas en algunas partes del país en las que no son frecuentes y luego, un invierno más seco.

En Centroamérica, por su parte, el Comité Regional de Recursos Hidráulicos había pronosticado desde el verano que La Niña podría traer a la región “condiciones más lluviosas que lo normal”, principalmente en la frontera de México con Guatemala, el sur de El Salvador; la parte central de Honduras y en el Pacífico de Costa Rica y Panamá.

La Niña anterior ocurrió durante el invierno de 2020-2021 y con anterioridad, entre 2017 y 2018.

El último evento El Niño tuvo lugar entre 2018 y 2019.


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