Una app para controlar el gasto de los gobernantes mexicanos
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Una app para controlar el gasto de los gobernantes mexicanos

¿Quién compró? es una aplicación en desarrollo que pretende sacar papel y pluma para anotar, con cifras y comas, cada uno de los desembolsos de los gobernantes mexicanos.
Por Yorokobu.es
6 de noviembre, 2014
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Foto: Cuartoscuro.

Foto: Cuartoscuro.

La presentación de gasto legislativo de cualquier gobierno, así en suma total, no es demasiado interpretable. La cifra ya se vuelve completamente abstracta en el caso de países como México, donde habitan 120 millones de personas. «Sin embargo, si sabemos en qué se gasta, cuánto se gasta, y quién lo gasta, podemos identificar si se está usando correctamente el dinero», dicen los ideólogos de ¿Quién compró?, una app en desarrollo que pretende sacar papel y pluma para anotar, con cifras y comas, cada uno de los desembolsos de los gobernantes mexicanos.

La intención social de este cuarteto capitaneados por el periodista Héctor Viña es transparentar «todos los gastos, absolutamente todos, que tenga el poder legislativo», esgrime el creador. Su propósito digital es que la app represente a toda la nación en el reto Desarrollando LATAM 2014, una convención que reúne a emprendedores de toda Latinoamérica para desarrollar herramientas tecnológicas que ayuden a resolver problemas sociales en el continente.

La idea es tan sencilla como difícil es llegar a ponerla en marcha. Según denuncian, la opacidad con la que muchos de los organismos e instituciones púbicas mexicanas trabajan, y la falta de accesibilidad a sus páginas web, hacen de la labor de este equipo una tarea «demasiado complicada», esgrimen. «Y si a nosotros, que estamos investigando esto, nos cuesta, imagina a los ciudadanos que quieren llegar a obtener ese tipo de información por ellos mismos».

Su proceso de trabajo empieza por pedir información al IFAI sobre los gastos de la Cámara de Diputados y la Cámara de Senadores, solicitar todas las facturas generadas, escanearlas, y trasladar todos la información a una base de datos ordenada y clasificada. «Solo así se podría generar una noción real de las cosas en las que se están gastando realmente el dinero público», esgrimen, «y quién o quiénes están detrás de esas derramas».

Entre las facturas ya recopiladas, tienen algunas en las que algún representante del legislativo ha presentado gastos que se han realizado en bares a altas horas de la madrugada, entre otros desmanes que hasta ahora habían pasado a engrosar los libros de gastos públicos sin el más mínimo pudor ni control externo. «¿Por qué se creen con derecho a derrochar nuestro dinero?», se queja Viña. «¿Vamos a seguir dejándoles que lo hagan?»

La plataforma tendrá tres funciones esenciales: Por un lado, proporcionará a los usuarios la información detallada de los gastos del legislativo. Por otro, se podrán hacer búsquedas de un tema, como por ejemplo: ‘transporte’, y la aplicación proporcionará todas las facturas relacionadas con esta cuestión, añadiendo detalles como el cuándo, el dónde y el quién gastó la plata. Por último, quien esté interesado, también podrá encontrar en ¿Quién compró? las facturas originales escaneadas en PDF para ser partícipe, papel en mano, del control de la gestión del gobierno.

«Actualmente, para lograr obtener información, los ciudadanos tienen que hacer solicitudes de información que a menudo nunca llegan, o regresan con una respuesta que no saca a nadie de dudas», esgrime el creador, «lo que hay que conseguir es que nadie tenga que pedir nada, que la transparencia sea completa. Sabemos que nuestra tarea va a ser muy dura porque el gobierno no está por la labor de crear datasets para estas cosas, por eso el objetivo es crearlas nosotros».

Dicen que necesitan ayuda técnica para terminar de darle forma a sus intenciones digitales. Aunque por el momento han empezado su control sólo por el ámbito legislativo, sus intenciones son que algún día «cualquier gasto público», de cualquier tipo y para cualquier finalidad, pueda quedar reflejado en su app. Por eso invitan a los internautas a participar en su proyecto a través de la página Codeando México y están abiertos a que les contacten con el objetivo común de capturar información acerca de estos asuntos.

«No se trata de un trabajo de espías», defiende el emprendedor su idea, «es que esa información nos pertenece a todos y nunca quieren dárnosla. Por eso nosotros la vamos a buscar».

**Nota publicada el 4 de noviembre.

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Vacuna contra COVID: por qué algunas dosis acaban en la basura y qué se puede hacer para evitarlo

El mundo vive una carrera por hacerse con las escasas vacunas disponibles contra la COVID. ¿Por qué algunas acaban en la basura o se vacuna a personas no prioritarias?
5 de febrero, 2021
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Enfermeras cargan dosis de la vacuna en Nantes, Francia.

Reuters
Muchos países se enfrentan al reto de administrar las vacunas antes de que se estropeen.

Golpeado por la pandemia de covid, el mundo se enfrentó primero al reto de desarrollar en tiempo récord una vacuna. Ahora, al de distribuirla a escala planetaria sin malgastar una sola de las preciadas dosis.

Con la oferta de vacunas disponibles lejos aún de cubrir la ingente demanda mundial, los gobiernos han establecido rigurosos planes de vacunación que establecen los colectivos que deben ser vacunados primero: generalmente, personas mayores, enfermos crónicos y trabajadores de los servicios de salud.

Sin embargo, no han tardado en aparecer las noticias de personas no pertenecientes a estos grupos prioritarios que recibían la vacuna, o, algo más sorprendente aún, de dosis que acababan en el cubo de la basura.

En la ciudad de Trelew, en la Patagonia argentina, la prensa local informó de que hubo que desechar 140 dosis de la vacuna rusa Sputnik-V porque se había roto la cadena de frío en su conservación.

En España, el general al mando de las Fuerzas Armadas tuvo que dimitir después de que se hiciera público que había recibido la vacuna, pese a que algunos de sus colaboradores les dijeron a los medios españoles que lo había hecho precisamente para evitar que se echaran a perder las dosis sobrantes en su departamento tras vacunar a las personas prioritarias.

En México, el presidente, Andrés Manuel López Obrador, condenó por “inmoral” al médico que vacunó a dos familiares después de un error en el sistema de citas del hospital en el que trabaja.

Son solo algunos ejemplos de noticias que han provocado malestar y críticas en muchos países cuando la mayoría de la gente sigue a la espera y en muchos casos aún sujeta a distintos grados de confinamiento.

El desafío de optimizar las vacunas

Lo cierto es que los sanitarios se pueden ver a veces ante un incómodo dilema, ya que las vacunas requieren condiciones especiales de conservación y, en algunos casos, sobre todo en pequeñas localidades o lugares alejados, no pueden cumplirse a rajatabla los estrictos criterios fijados por los gobiernos.

La vacuna fabricada por Pfizer, por ejemplo, debe conservarse a temperaturas muy bajas y, una vez descongelada, ha de usarse antes de 5 días.

La Sputnik-V se comercializa en ampollas de cinco dosis, por lo que si se quiere evitar malgastar ninguna, debe haber un número igual de pacientes listos para recibir el pinchazo.

Una profesional de la salud recibe la vacuna en un hospital de Ciudad Juárez, México.

Reuters
Los trabajadores sanitarios figuran entre los colectivos prioritarios en la mayoría de países.

Como explicó en conversación con BBC Mundo el doctor Pablo Bonvehí, jefe de la sección Infectología y Control de Infecciones del CEMIC, un centro de investigación médica de Buenos Aires, “la prioridad es no desperdiciar la vacuna“.

“Una campaña de vacunación, y más una como esta, es siempre un gran desafío de ingeniería”, indica el experto. Y no siempre es posible acomodar la disponibilidad de vacunas con el número de pacientes dispuestos a ponérsela, su disponibilidad para acercarse a los centros de vacunación a recibirla y las necesidades de espacio para mantener la distancia social en ellos.

A esto se suma el problema de los pacientes que no acuden a las citas programadas, sea porque no pueden desplazarse o porque, como los seguidores del movimiento antivacunas, rechazan la inmunización o desconfían de los gobiernos y los fabricantes de medicamentos.

¿Qué hacer entonces con la dosis sobrante cuando ya se ha cubierto el cupo de pacientes prioritarios agendados para el día?

Contenedores de residuos sanitarios en Manchester, Inglaterra.

Getty Images
En algunos países ya ha habido noticias de vacunas que acaban en la basura.

En Estados Unidos ya ha habido centros sanitarios que han empezado a convocar por la emisora de emergencias a los paramédicos que quieran vacunarse una vez cubierto el cupo diario para evitar que se echen a perder las dosis sobrantes.

Y un equipo médico del estado de Oregón que quedó atrapado en una congestión de tráfico comenzó a vacunar a otros automovilistas retenidos ante la imposibilidad de volver a refrigerar a tiempo las dosis que llevaban consigo.

Mejor en un brazo que en el cubo de la basura

Ante la emergencia sanitaria global, los centros médicos a nivel local se enfrentan al desafío de vacunar a la mayor cantidad de gente en el menor tiempo posible, conservando adecuadamente las vacunas y priorizando a los grupos de población de riesgo establecidos por las autoridades nacionales.

En esa tarea titánica, han encontrado una inesperada colaboración en los grupos de espontáneos que hacen fila junto a las clínicas y los centros de vacunación a la espera de que se les administre alguna de las dosis no utilizadas, una imagen cada vez más frecuente en Estados Unidos y en Israel, el país que lidera la frenética carrera global por la vacunación.

“A todas las dificultades se suma la de la incertidumbre acerca de las dosis que se van recibir y cuándo”, señala el doctor Bonvehí.

Para los dispensarios locales se complica aún más llevar una planificación adecuada de la vacunación ya que en muchos casos los gobiernos tampoco han podido ofrecer un calendario claro de vacunación y son ellos quienes centralizan la adquisición de los medicamentos.

Un hombre carga una bombona de oxígeno en Manaos, Brasil.

Reuters
América Latina es una de las regiones más golpeadas por la pandemia y muchos países aún no han podido comenzar a vacunar.

Para los países de renta media, como la mayoría de los de América Latina, que se encuentran detrás de los más ricos en la lista de espera global por recibir la vacuna en la cantidad y con la regularidad suficientes, hacer un uso óptimo de las que llegan se hace más crítico si cabe.

Bonvehí propone que “en las citas se llame a pacientes suplentes, para que, si alguien no se presenta, no haya que desperdiciar ninguna dosis”.

Y la Organización Mundial de la Salud ha pedido que los países más prósperos, que han comprado muchas más dosis de las necesarias para vacunar a toda su población, envíen las que no usen a los países en desarrollo.

Todo, porque, como le dijo Amesh Adalja, especialista en enfermedades infecciosas de la Johns Hopkins University, a la cadena NPR, “una vacuna en un brazo siempre va a ser mejor que una vacuna en el cubo de la basura”.


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