#1DMx: la marcha por Ayotzinapa que terminó en vandalismo
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#1DMx: la marcha por Ayotzinapa que terminó en vandalismo

Jóvenes con los rostro cubiertos causaron desmanes al terminar la marcha pacífica para exigir la aparición con vida de los 43 normalistas.
Por Nayeli Roldán
2 de diciembre, 2014
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Foto: Paris Martínez

Foto: Paris Martínez

El bloque de jóvenes encapuchados vestidos de negro avanzaba rápido por Paseo de la Reforma. Apenas les tomaba unos segundos romper los vidrios de los establecimientos con cadenas y palos sin importar que en algunos de ellos hubiera gente dentro; también ignoraban a quienes gritaban que sus formas de protesta desvirtuaba la movilización pacífica lograda este 1 de diciembre de 2014. “Esto no es violencia, esto es resistencia”, gritaban a su paso.

Las antorchas, la gasolina y los petardos les hacían tener el control para amedrentar a quien intentara detenerlos. Un joven con el rostro cubierto recogía un palo del suelo, pero su compañera lo disuadió. “Ese palo no rompe ni madres, ya lo probamos, mejor agarra uno de estos (un cono de tránsito)”. Otra mujer gritaba a los foto reporteros: “Ya medios, ya estuvo con su morbo” y se dirigía a sus compañeros “¡hay que abrir a medios!”.

Esta vez, se invirtió la ruta que siguen las marchas generalmente en la Ciudad de México. Partió del Zócalo y aunque en un inicio los organizadores pretendían llegar hasta Los Pinos, decidieron realizar el mitin en el Ángel de la Independencia “por seguridad”. Parecía que la estrategia funcionaría para no repetir las escenas de violencia como la quema de la puerta de Palacio Nacional el pasado 8 de noviembre. Ni repetir los enfrentamientos del 1 de diciembre de 2012 ocurridos afuera de la Cámara de Diputados cuando Enrique Peña Nieto rendía protesta como presidente.

Sin embargo, mientras miles escuchaban los discursos del mitin, los grupos autodenominados anarquistas que habían acompañado la marcha desde el Zócalo, se retiraban del lugar por la calle de Florencia.

Comenzaron a atacar las sucursales bancarias y a lanzar las bombas molotov contra otros establecimientos hasta llegar a Avenida Chapultepec. Ahí cerraron la circulación durante un minuto y luego decidieron regresar hacia el Ángel de la Independencia a las 17:50 horas, justo cuando el mitin estaba terminando.

A diferencia de los establecimientos del primer cuadro de la Ciudad de México que siempre bajan sus cortinas ante las manifestaciones, en Paseo de la Reforma continuaban dando servicio, lo que fue aprovechado por menos de treinta encapuchados para romper los vidrios a su paso y rociar gasolina para prender fuego a las fachadas de los comercios frente a consumidores que asustados se arrinconaban al fondo de los locales. Mientras otras decenas de embozados, hasta con máscaras antigas, caminaban por la lateral y el carril central de la avenida lanzando petardos o sosteniendo antorchas.

Desde la calle de Florencia y hasta Nápoles, atacaron alrededor de una treintena de sucursales bancarias y establecimientos mercatiles, aunque la Secretaría de Seguridad Pública del Distrito Federal informó en un comunicado que solo fueron 11 los locales vandalizados.

atacar todos los negocios que no tuvieran gente dentro.

Los jóvenes se mantenían por la lateral de Reforma en dirección al norte, pero al rebasar la plaza comercial Reforma 222, un primer cuerpo de granaderos irrumpió desde la calle de Berlín, que cruza la Glorieta de la Palma. Al percatarse, uno de los encapuchados comenzó a gritar: “¡Crúcense, crúcense!” por lo que caminaron por los carriles centrales.

“No se separen. Vamos juntos, compañeros”, se gritaban unos a otros. Detrás de ellos se incorporó un contingente de manifestantes en el que había estudiantes de vocacionales del Instituto Politécnico Nacional (IPN); universitarios de las carreras de Filosofía y Sociología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

En la calle de París, afuera del Senado de la República, policías federales ya habían bloqueado el acceso mientras granaderos hacían un cerco para frenar a los manifestantes. Unas 200 personas quedaron encapsuladas durante 10 minutos aproximadamente y en su intento por salir, hubo empujones con policías.

En este tramo, al menos cinco personas fueron golpeadas, incluyendo a dos mujeres que sufrieron toletazos en la cabeza por parte de los uniformados. Se trató de Lizbeth Gutiérrez, estudiante de la vocacional 9, y Rosa María Rojas, quien no tenía idea del lugar donde recibió la agresión  “sólo sé que fue en una esquina con rejas grises”, relató asustada con una venda sobre la herida.

Además, la Secretaría de Seguridad Pública capitalina informó que tres personas del sexo masculino fueron presentadas ante el Ministerio Público; pero de acuerdo con la organización Comité Cerezo, fueron cinco detenidos: Daniel Armando Arredondo, estudiante del IPN; Demián Reyes, alumno de la UNAM; Guillermo Santos; Óscar Espinoza, del CCH Oriente y Ariel Flores, del IPN.

Unos 2 mil granaderos comenzaron a avanzar sobre Reforma, dejando grupos de al menos 50 uniformados en diferentes puntos. En tanto, observadores de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) intervinieron para evitar actos violentos o detenciones arbitrarias y formaron una valla humana para proteger a los manifestantes que se mantenían encapsulados.

El acompañamiento de este personal se realizó sobre Paseo de la Reforma hasta avenida Hidalgo, una medida que no se había visto en las últimas manifestaciones donde también se habían presentado actos violentos.

Los observadores exhortaba al contingente a retirarse en grupos, pero los manifestantes rechazaron la medida por temor a las detenciones arbitrarias, por lo que decidieron hacerlo en conjunto hacia el Metro Hidalgo, sin embargo este se encontraba cerrado. El personal de la CNDH negoció durante 15 minutos con autoridades capitalinas para que abrieran las instalaciones del metro Hidalgo, así como el resto de las estaciones cercanas a la ruta de la marcha realizada desde las 16:00 horas.

Para garantizar la seguridad de los manifestantes, dicho los observadores formaron un pasillo humano que permitió la entrada de grupos de 20 personas a las que revisaron antes de pasar a las área de taquillas.

Algunos manifestantes reaccionaron negativamente a la propuesta porque la revisión también la realizaba personal de seguridad del metro. “Nos quieren meter a la boca del lobo. Con razón quieren hacer una valla” reclamó una joven quien decidió salir de la estación.

“Dejen de ser protagonistas y ayuden” reprochó otro manifestante en bicicleta. Mientras que el abogado y observador de la CNDH, Juan López Villanueva, explicó que las personas buscaron entrar masivamente, lo que provocó nuevamente el cierre del sistema. “Buscamos hacerlo de la manera más ordenas posible” le dijo a la gente que mantenía tensión en las escaleras del metro Hidalgo.

Fue hasta casi las 10 de la noche que permitieron la entrada por grupos ahora de 40 personas hasta que no quedó casi nadie el contingente cercado.

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La estratégica red de puertos que China controla en el mundo; en México hay cuatro

El gigante asiático le ha dado un fuerte impulso a su Ruta Marítima de la Seda para expandir su influencia por los océanos del mundo. En Latinoamérica, empresas chinas controlan más de 10 megapuertos en siete países.
17 de octubre, 2021
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El puerto griego del Pireo, considerado la gran puerta de entrada de los productos asiáticos a Europa, es uno de los ejemplos de la expansión de las empresas chinas en la red global de puertos.

Después de la Gran Crisis de 2008-2009, Grecia tuvo que llevar a cabo reformas y privatizaciones para pagar sus deudas tras el rescate financiero internacional.

El gigante estatal chino, Cosco, vio una oportunidad para entrar en la industria portuaria de un país en crisis. Fue así como adquirió el 51% del Pireo, bajo un acuerdo que le permitiría hacerse con el 67% cinco años después.

Y eso es lo que acaba de ocurrir a comienzos de octubre.

Con esa operación, ahora Pekín maneja uno de los puertos más importantes del mundo, ubicado en el cruce de Europa, Asia y África.

La misma compañía está en conversaciones para adquirir una participación en el puerto de Hamburgo, Alemania. Si llegara a concretarse, sería la octava mega inversión portuaria de Cosco en Europa.

Y otro de los gigantes chinos, Shanghai International Port Group, se acaba de hacer con el control del puerto israelí de Haifa.

Esos son algunos de los capítulos más recientes de una larga historia de expansión portuaria, que en los últimos años se ha dado en el contexto de la llamada Ruta Marítima de la Seda, iniciativa que forma parte de un plan más amplio de inversión de los capitales chinos en obras de infraestructura alrededor del mundo.

Para conseguir ese objetivo, tener el control de las concesiones portuarias en puntos geoestratégicos es fundamental, señalan analistas consultados por BBC Mundo.

Distintas estimaciones apuntan a que empresas del gigante asiático controlan actualmente cerca de 100 puertos en más de 60 países.

“Los puertos de contenedores con inversión china han experimentado un aumento en su conectividad de transporte marítimo superior a la media”, dice Jan Hoffmann, jefe de la Unidad de Logística Comercial de la Conferencia de Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD, por sus siglas en inglés).

Una ventaja frente a sus competidores que les permite avanzar paso a paso en la industria portuaria.

Ese aumento de la conectividad, le explica a BBC Mundo, se ha dado porque suelen ser inversiones de gran tamaño, o porque las empresas chinas llevan sus propios servicios a los terminales portuarios.

Mostrar músculo

Desde un punto de vista histórico, Sam Beatson, profesor en el Departamento de Finanzas, Riesgo y Banca y en programas de Maestrías en Administración de Empresas de la Escuela de Negocios de la Universidad de Nottingham (NUBS), Reino Unido, sostiene que las élites políticas y empresariales chinas comprendieron que en el pasado habían perdido una oportunidad para explorar y desarrollarse en otras partes del mundo.

Hasta que hace algunos años reaccionaron.

“Por un lado, China quiere expandirse, influir y compensar este tiempo perdido. Por otro lado, por supuesto, hay un deseo de mostrar músculo, pero en mi opinión, no hay ningún deseo de hacerlo de manera amenazante”, argumenta en diálogo con BBC Mundo.

“El elemento clave que impulsa la estrategia portuaria de las empresas chinas es un mayor control y eficiencia en sus negocios marítimos globales, y la búsqueda de oportunidades para participar en proyectos de desarrollo cercanos”, apunta.

Otros investigadores, como James R. Holmes, profesor de Estrategia Marítima en la Escuela de Guerra Naval de Estados Unidos, tienen una perspectiva más confrontacional sobre el avance chino en la red portuaria.

“El objetivo es crear un ciclo autosustentable entre el comercio, el poder militar y la influencia diplomática”, le dice a BBC Mundo.

El acceso a los puertos en el exterior le permite a China desarrollar las redes comerciales y aumentar su riqueza. Luego, explica Holmes, el país reinvierte parte de esos fondos en sus fuerzas navales, terrestres, aéreas y de misiles de apoyo.

Y al tener un mayor poder económico, Pekín consigue “una palanca diplomática para influir en las naciones anfitrionas”, donde funcionan los puertos con capitales chinos, apunta el experto.

Está, por ejemplo, el caso de Yibuti, situado a la entrada del mar Rojo y el Canal de Suez, donde un puerto marítimo se convirtió en la primera base militar de China en el extranjero.

La militarización de ese puerto ha sido vista por algunos analistas como una advertencia frente a los intereses portuarios que China puede tener en otros países como Tanzania, Emiratos Árabes Unidos, Pakistán o Myanmar.

Piedras en el camino

Décadas de crecimiento económico y un fuerte impulso gubernamental le han permitido a China posicionarse en el centro del comercio marítimo mundial, según un análisis del China Power Project, perteneciente al Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS, por sus siglas en inglés), con sede en Washington D.C., titulado “¿Cómo influye China en la conectividad marítima global?”.

Bajo el gobierno de Xi Jinping, las empresas estatales chinas han participado en proyectos de inversión y construcción en docenas de puertos de todo el mundo.

Sin embargo, muchos proyectos respaldados por China no han despegado como se esperaba, sostiene el estudio.

Está el caso del puerto de Gwadar, un componente clave del Corredor Económico China-Pakistán, que pese a los anuncios, ha terminado estando “infrautilizado”.

“El gobierno paquistaní tuvo que tomar medidas desesperadas a principios de 2021 para reactivar el puerto”, señala el análisis del CSIS.

También agrega que algunos proyectos importantes aún no se han materializado por completo, como el puerto de Bagamoyo en Tanzania.

Otro aspecto de las operaciones chinas en la industria portuaria, agrega el documento, tiene relación con los términos de las negociaciones que se llevan a cabo con países endeudados con Pekin.

En ese contexto está el caso del puerto de Hambantota, en Sri Lanka. El país estaba tan endeudado con China que en 2017 le arrendó el puerto por 99 años a cambio de una reducción de la deuda.

La medida generó preocupaciones sobre la influencia económica china, sostiene el CSIS, y los riesgos potenciales para los países más pequeños de firmar costosos acuerdos de desarrollo de infraestructura con el gigante asiático, agrega el análisis.

¿Qué pasa en América Latina y el Caribe?

Eleanor Hadland, analista sénior de terminales portuarios de la consultora internacional Drewry, dice que si bien las operaciones de empresas chinas en Latinoamérica han aumentado, están muy por debajo de lo que ha sido el fenómeno en otras partes del mundo.

“Las terminales de contenedores estuvieron entre la primera ola de privatizaciones de puertos a fines de la década de 1990 y principios de la de 2000”, explica la experta en diálogo con BBC Mundo.

En esos años entró con fuerza Hutchison Ports(subsidiaria de CK Hutchison Ports), la empresa china que actualmente tiene la mayor presencia en la región. Es el gigante chino en los puertos latinoamericanos.

Años después entraron a competir en el mercado Cosco y China Merchants, pero el ritmo de expansión de las empresas chinas fue mucho menor que en el pasado.

Es así como América Latina se ha convertido en un mercado secundario, ya que la Ruta Marítima de la Seda está más centrada en conectar Europa con Asia, y en el desarrollo de proyectos portuarios en África.

Por otro lado, dice la analista, “la oportunidad de que los operadores chinos ingresen al mercado latinoamericano se ve limitada por tasas de crecimiento más bajas“, algo que venía ocurriendo desde antes de que llegara la pandemia de covid-19.

Puerto de Balboa, Panamá

Getty Images
Puerto de Balboa, en Panamá, operado por capitales chinos.

Pero el caso de Brasil, advierte, es diferente.

“Hay una nueva serie de privatizaciones de puertos programadas en Brasil”, donde eventualmente podrían ingresar operadores chinos.

Sin embargo, pueden ganar otros interesados en el desarrollo de proyectos. “Nos imaginamos que las consideraciones geopolíticas serán fundamentales para el gobierno brasileño”, argumenta Hadland.

“Si hay más competencia, ganamos todos”

“Lo mejor que le puede ocurrir a la industria y a los usuarios, es que haya operadores portuarios de talla mundial compitiendo en los puertos de la región”, dice José Antonio Pejovés, profesor de Derecho Marítimo en la Facultad de Derecho de la Universidad de Lima y fundador de Estudio Pejovés Marítimo, una empresa de asesoría legal.

“Si hay más competencia, ganamos todos”. Desde esa perspectiva, el experto sostiene en diálogo con BBC Mundo que la iniciativa de la Ruta de la Seda “es un proyecto fabuloso”.

Pejovés explica que los capitales chinos operan bajo el esquema de concesiones por una cantidad determinada de años. Y son concesiones de uso público, es decir, están obligados a prestar servicios a todos los buques de carga que requieran utilizar su infraestructura.

“No son terminales portuarios dedicados solo a los intereses chinos”, apunta.

Una estrategia “comercial y política”

Evan Ellis, profesor investigador de Estudios Latinoamericanos del Instituto de Estudios Estratégicos de la Escuela de Guerra del Ejército de Estados Unidos, dice que para China es fundamental tener un rol importante en la conectividad global.

Su estrategia más amplia, dice en diálogo con BBC Mundo, es tratar de asegurar su acceso a mercados estratégicos para conseguir materias primas y vender sus productos.

“Las empresas chinas quieren los puertos con la idea de dominar toda la cadena de suministros” y así no depender logísticamente de otras compañías.

Contenedores en el puerto del Pireo.

Getty Images
En Latinoamérica, empresas chinas controlan más de 10 megapuertos en 7 países.

Pero que los objetivos sean principalmente económicos, no los hace menos estratégicos, agrega el investigador.

“La influencia económica te da poder para tener más influencia política y luego usas esa influencia política para conseguir más ventajas económicas. Es un ciclo”.

Desde esa perspectiva, agrega Ellis, “el control de los puertos es parte de una guerra económica y estratégica en la que China usa su poder para conseguir más mercados y ponerle presión a la competencia”.

Grandes proyectos en la región

Uno de los grandes puertos cuya construcción avanza a paso firme es el de Chancay, en Perú.

Operado por la empresa china Cosco, se espera que la inversión total llegue a los US$3.000 millones cuando las obras estén terminadas en 2024.

Entre los grandes puertos con inversiones chinas que operan en la Latinoamérica y el Caribe están los de Ensenada, Manzanillo, Lázaro Cárdenas y Veracruz, en México.

Puerto Lázaro Cárdenas, México.

Getty Images
Lázaro Cárdenas es uno de los cuatro puertos manejados por empresas chinas en México.

En Bahamas, Freeport; en Jamaica, Kingston; en Panamá, Balboa y Colón; en Brasil, Paranaguá; y en Argentina, Buenos Aires.

Junto a ellos, también existen capitales chinos en puertos más pequeños, algunos privados, o en distintos tipos de infraestructura portuaria.

Sin embargo, no todas las iniciativas chinas han prosperado en la región.

Es el caso del megaproyecto impulsado por la firma Asia Pacific Xuanhao, que busca la creación de una zona de libre comercio en el sureste de El Salvador, con accesos a Honduras y Nicaragua.

El desarrollo incluiría, según ha trascendido, la reconstrucción del puerto de La Unión, la creación de un parque industrial, un aeropuerto, y zonas de desarrollo turístico, entre otros.

“Es básicamente convertir El Salvador en una zona para la expansión comercial de China en América Central”, afirma Ellis.

Xi Jinping

Getty Images
Xi Jinping ha promovido la construcción de infraestructura china en el exterior, en el marco de su iniciativa de la nueva Ruta de la Seda.

Aunque Latinoamérica no esté en el centro de la estrategia china de invertir en puertos a nivel global, de todos modos, es un mercado atractivo, coinciden expertos.

Y pese a que la región está más bien dentro del área de influencia de Estados Unidos por su cercanía geográfica, no es un dato menor que el principal socio comercial de Sudamérica sea China.

Por lo pronto, existen varios proyectos portuarios con capitales chinos que están en carpeta para la región, pero las negociaciones suelen tomar años considerando los gigantescos montos involucrados y las consideraciones políticas que cada gobierno sopesa cuando debe firmar un acuerdo.

A final de cuentas, aunque se trata de acuerdos comerciales, el factor estratégico difícilmente queda fuera de la balanza.


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