6 jóvenes de Mamá Rosa viven con uno de sus colaboradores
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6 jóvenes de Mamá Rosa viven con uno de sus colaboradores

El párroco de un municipio aledaño a Zamora aloja a 6 chicos que llegaron por su propia voluntad. Asisten a la escuela pública y tienen buenas condiciones de vida, aunque no reciben apoyo ni supervisión gubernamental.
Por Majo Siscar
2 de diciembre, 2014
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M. vivió 8 de sus 16 años en el internado de La Gran Familia, que dirigía Rosa Verduzco en Zamora, Michoacán. El 15 de julio, un operativo de la PGR –en coordinación con el Ejército– lo desarticuló. Él era parte de esos 438 niños y 158 adultos que debían ser reubicados en instituciones estatales o con sus familias. M. fue trasladado al albergue Vivan Los Niños, el antiguo Centro Michoacano de Salud Mental que fue acondicionado para alojar a los menores por el Sistema de Desarrollo Integral de la Familia (DIF) estatal.

M. nunca conoció a su madre. Su padre murió hace unos años. Su hermano mayor está preso. Una tía lo reclamó y tres meses después lo mandaron con ella. Prácticamente no la conocía. Estuvo tres días y no aguantó. “Yo no me sentía a gusto, yo la verdad nunca había vivido con ellos, y decidí que podía tener una mejor vida con otra persona y decidí separarme”, cuenta.

Recuerda que lo metieron en La Gran Familia por iniciativa de una vecina que veía a su padre viudo y desbordado por hijos demasiado inquietos. Él era el menor. Al año de estar internado falleció su papá.

En el albergue hizo una pequeña familia con algunos compañeros de su edad. Desde la casa de su tía se comunicó con ellos por redes sociales y descubrió que estaban viviendo con un padre que acudía con frecuencia al albergue. Y decidió unírseles. Llegó a casa del padre José Antonio Torres hace un mes.

Torres es el párroco de una de las iglesias de Tangancícuaro, un municipio a 15 kilómetros de Zamora. Amigo personal de Rosa Verduzco por décadas, acudía regularmente al albergue y los jóvenes lo respetaban.  Sabían que él también había criado niños abandonados. En su casa, aledaña a la parroquia, cuelgan las fotos de graduación de un par de ellos, junto a otras de pequeños.

Antes del operativo, con el padre vivían todavía tres de ellos, ya veinteañeros. Ahora se le sumaron otros seis adolescentes, que crecieron con Rosa Verduzco. Tienen una vivienda digna y estudian la secundaria y la preparatoria en las escuelas públicas del municipio. El padre los acompaña en la mañana a la escuela y les da 30 pesos a cada uno. En la tarde regresan por su propio pie. Aunque tienen reglas aseguran que no distan mucho de las de cualquier adolescente que vive en una familia. El domingo reciben su semanada, otros 40 pesos.

“De estos 6 muchachitos, tres no tienen a donde ir”, explica el sacerdote. Félix tiene 19 años, no tiene familia y sabía que no podía durar mucho en el albergue del DIF. Así que una noche agarró camino junto a R., de 16, quien iba a ser reubicado con su familia que le abandonó en el albergue un octubre de hace 8 años. En el DIF estatal no cuentan que se escaparon, pero ellos aseguran que así lo hicieron. C., tiene 17 años y su madre vive en Zamora. Va a verla regularmente pero asegura que con ella no puede estudiar ni seguir practicando música.  Así que acudió a Torres.

“No era adecuado para ellos, era un centro de enfermos mentales y ahí se quedaron los muchachitos que no fueron reclamados por sus familias”, explica el Padre.  “Pero a los que salieron no los apoyan en nada, debería ser su obligación del DIF pero no lo hace” y explica que él invierte cerca de 20 mil pesos mensuales para mantener a los jóvenes.

El cura ha reportado a cada niño ante el DIF. Le dijeron que estaba cometiendo un delito y acudió con un abogado que le está tramitando un amparo donde los jóvenes, todos mayores de 15 años, afirman que quieren estar con Torres. No quiere la adopción legal, solo “sacarlos adelante”. “No es ningún delito dar hospedaje a una persona que lo necesita. Yo lo que estoy peleando es por que tengan una casa, estudios, una carrera o un oficio y luego ya se casarán o verán que hacen ellos”, asegura el párroco de Tangancícuaro.

Bromean con las muchachas del pueblo. El mayor, Félix, se queja de que ya tiene dos meses viviendo ahí y todavía no tiene novia. En el albergue era bien mujeriego, asegura entre las risas de sus compañeros y del sacerdote, a quién llama apá.

Después de los seis chicos, amigos dentro del albergue, llegaron otros tres más. Un muchacho de 20 años que se había escapado de La Gran Familia antes del operativo. Pero el padre no quiso recibirlo porque “ya estaba maleado”. Llegó una mujer de 36 con hijos y una señora de la tercera edad. Les ofreció llevarlas a un asilo de caridad. No aceptaron. “Yo ya no tengo espacio.  Pero hay muchachos de los de Rosa que no tienen donde ir. Los echaron a la calle a ver qué hacen, sin apoyo”, asevera, y dice que hay otra familia en Zamora que aloja a otros diez jóvenes que estaban el albergue.

Seguimos viendo las mismas deudas del Estado con la infancia que se revelaron al descubrir las condiciones del albergue”, acusa Nashieli Ramírez, Coordinadora de la organización Ririki, que vela por los derechos de la niñez.  Cada uno de los adultos y niños que estaban en el albergue de Mamá Rosa debería haber recibido un diagnóstico individual que revelara sus necesidades y en función de ellas darles el apoyo adecuado ya sea en las instalaciones del DIF o en contextos familiares, según explica la defensora. “No puede ser que haya cuatro personas con discapacidad con Mamá Rosa de nuevo, se sigue sin entender que es una responsabilidad del Estado y no de los particulares. Pero cuando los particulares se hacen cargo tienen que tener el apoyo y la regulación gubernamental”, arguye.

En el DIF estatal de Michoacán solo se están ocupando de los 46 niños que tienen bajo su custodia.

“Sabemos que algunos tuvieron una reintegración muy adecuada, algunos otros no estaban con sus familias por algunas circunstancias y no es lo que más quisieran ellos, pero esa es la situación. Nosotros a los que estamos más enfocados es a los niños que están bajo nuestra custodia”, respondió al cuestionamiento de Animal Político la directora general del sistema michoacano del DIF, Mariana Sosa. Y asegura que los menores alojados en sus albergues ya están recibiendo clases y atención integral. Aunque solicitamos al DIF nacional qué seguimiento están dando a cada uno de los niños que salieron del albergue La Gran Familia, aún no dan una respuesta.

La nueva Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes –que todavía no entra en vigor– estipula que la tutela de los menores sin cuidado parental es del Estado, aun cuando vivan en una institución particular, y establece mecanismos para regular y controlar estos organismos. También homologa el sistema de adopciones a nivel nacional y obliga a priorizar el derecho de los niños a una familia a la vida en una institución.

Por ejemplo, lo que hace el Padre al hacerse cargo de seis jóvenes se entendería legalmente como una familia de acogida. “Ahora lo hace de manera irregular pero podría ser legal con el apoyo y la revisión a la familia que asegure que sea un entorno adecuado”, matiza la defensora de la infancia.

Pero mientras la nueva ley no entre en vigor, los niños como los del albergue de Verduzco siguen siendo hijos de nadie.

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Mutaciones del coronavirus: ¿cómo será su evolución?

Expertos explican la importancia de conocer las mutaciones del SARS-CoV-2 no sólo para hacer una vigilancia genómica de la pandemia, sino también para conocer el impacto que pueda tener la evolución del virus sobre ella.
19 de agosto, 2021
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Las mutaciones de los virus ocurren por errores al azar en la replicación de su genoma cuando se multiplican dentro de la célula. Esos errores generan la diversidad biológica necesaria para que sobre ella actúe la selección natural.

Los virus no tienen voluntad ni controlan sus mutaciones, pero el proceso evolutivo siempre da como resultado una mejor adaptación al medio. En este caso, a nosotros.

¿Cómo actúa la selección natural sobre el SARS-CoV-2? Básicamente de dos formas: o bien hace desaparecer mutaciones que son deletéreas o perjudiciales o bien selecciona mutaciones favorables porque tienen un valor adaptativo.

Conocer las mutaciones del coronavirus SARS-CoV-2 es interesante para realizar una vigilancia genómica de la pandemia, pero también para conocer el impacto que pueda tener la evolución del virus sobre ella.

Evolución del SARS-CoV-2 a lo largo de la pandemia

Desde que el SARS-CoV-2 realizó el salto a nuestra especie ha acumulado más de 12.700 mutaciones. La mayoría no tienen consecuencias biológicas. Otras han dado lugar a nuevas variantes. Algunas de ellas se denominan variante de interés (VOI) o de preocupación (VOC).

  • Variante de interés (VOI): variante del SARS-CoV-2 que porta cambios genéticos que pueden causar una enfermedad más severa, escapar al sistema inmune, afectar al diagnóstico de la enfermedad o a su transmisibilidad, provocando transmisión comunitaria en varios países, aumentando su prevalencia con un impacto notable sobre la salud pública.
  • Variante de preocupación (VOC): es una VOI que haya demostrado una mayor transmisibilidad, peor pronóstico, mayor virulencia o una menor eficacia de las medidas de salud pública, incluidos los tratamientos conocidos y las vacunas.

Al inicio de la pandemia (antes de febrero de 2020), cuando todavía no se tenía un control sobre la transmisión comunitaria del virus, hubo un periodo de rápida diversificación genética del virus coincidente con su transmisión en cada región geográfica.

Ilustración de anticuerpos atacando el SARS CoV-2.

Science Photo Library
Ilustración de anticuerpos atacando el SARS CoV-2.

A partir de marzo de 2020, con la llegada de los confinamientos en casi todo el mundo, ocurrió una extinción masiva y una homogeneización de mutaciones (variantes). Los confinamientos frenaron la expansión de algunas variantes.

Tras la relajación de las restricciones, se produjo una nueva diversificación, esta vez de forma más progresiva. Esta fase de la evolución del coronavirus tuvo un importante componente geográfico, donde la aparición de mutaciones y variantes se agruparon por regiones geográficas.

¿Qué hubiese pasado sin confinamientos? No lo sabemos, pero posiblemente habría ocasionado una mayor y más rápida diversificación de las mutaciones.

Y, por tanto, la aparición de un mayor número de variantes. La evolución del virus se habría acelerado y con ella su adaptación al ser humano. Esto hubiera sucedido con un alto coste en vidas y pérdida de salud para millones de personas.

Selección convergente

Hasta la fecha han aparecido más de 100 mutaciones que dan lugar a cambios en la secuencia de aminoácidos de las proteínas del virus.

Científico

Getty Images

Algo a tener en cuenta es que algunas de estas mutaciones han surgido recurrentemente durante la pandemia en diferentes variantes o linajes a lo largo de todo el planeta de una manera completamente independiente.

Esto indica que hay una fuerte presión selectiva actuando sobre dichas posiciones: es lo que se conoce como convergencia evolutiva. El virus encuentra una y otra vez las mismas soluciones (mutaciones) para adaptarse mejor al ser humano y asegurar su supervivencia.

También pueden ocurrir mutaciones que suponen una desventaja para la supervivencia o replicación del virus. Esto es una selección purificante.

Por ejemplo, una mutación que sea reconocida por determinado tipo de anticuerpo muy prevalente en una población hará que esa variante desaparezca en favor de otras que no la tengan. Esos casos son difíciles de detectar sin una secuenciación de todos los casos de la población.

Hay tres posiciones en el genoma que han sufrido mutaciones claves en la evolución de la pandemia hasta la fecha. La primera es la mutación D614G en la proteína de la espícula. Las otras dos son la R203K y la G204R, que han ocurrido en la proteína de la nucleocápside del virus.

Mutaciones relevantes en la espícula

La espícula del virus es la llave que abre la entrada a la célula humana. Así que no es de extrañar que haya habido una selección positiva en el sitio de unión al receptor, favorecida por aquellas mutaciones que son más eficientes en la infección.

La mutación D614G apareció hacia febrero de 2020. Esta mutación se ha detectado en la variante alfa, contribuyendo a su expansión a otras zonas geográficas, principalmente europeas en su inicio. Pero también surgió en prácticamente todas las variantes de interés como la beta y la delta.

Virus

Getty Images
La mutación D614G se sitúa dentro de la proteína espiga, la que el virus utiliza para penetrar en nuestras células.

Curiosamente, este sitio es más propenso a cambios, y la mutación podría ser debida a múltiples ganancias del aminoácido ácido aspártico, para una posterior pérdida y substitución por la glicina.

Algunas regiones del genoma son más susceptibles a mutaciones que otras. Por ejemplo, en el sitio de unión de la espícula han aparecido otras 31 mutaciones.

Las diferentes variantes se determinan en función de estas mutaciones. Son una huella de selección que aparecen en los diferentes linajes del virus.

Otras mutaciones de la espícula que han aparecido en las VOC son la N501Y y la E484K, que se ha asociado con una disminución de la respuesta de los anticuerpos neutralizantes.

Estas mutaciones indican una rápida adaptación del virus a los humanos, permaneciendo aquellas que facilitan el contagio entre personas, y su entrada en las células humanas.

Mutaciones en la nucleocápside

Si la espícula es la llave de entrada a la célula, la nucleocápside es la armadura que protege su información dentro de la célula y asegura su transcripción.

La región que codifica para la proteína de la nucleocápside parece acumular la mayor proporción de mutaciones positivas en el genoma del SARS-CoV-2, como la R203K y la G204R. Las mutaciones que ayudan a proteger este material genético del virus proporcionan una ventaja evolutiva.

Aunque la nucleocápside ha recibido menos atención que la proteína de la espícula, parece desempeñar un papel fundamental en la evolución del virus y su adaptación para sobrevivir en las células humanas.

Es previsible que se sigan acumulando mutaciones en esta región del genoma a lo largo de la pandemia. Estas mutaciones tendrán como resultado una replicación más eficiente en nuestras células.

Futuro de la evolución del SARS-CoV-2

En el año y medio que ha pasado de pandemia, el SARS-CoV-2 está adaptándose a los humanos, así como a diferentes especies animales. Las principales mutaciones están favoreciendo la transmisibilidad, sobre todo en su rapidez (selección positiva). En menor medida están favoreciendo la resistencia a la inmunidad (selección negativa).

Científicas

Getty Images

La transmisibilidad del virus es alta en comparación con otros virus respiratorios, lo que juega a favor de su supervivencia, al igual que su ventana de contagio relativamente amplia en algunos infectados asintomáticos o presintomáticos. Aunque la mortalidad es relativamente baja en el conjunto global de la población, el virus es capaz de saturar el sistema sanitario y tener una alta letalidad en grupos de edades avanzadas.

Las tasas de letalidad globales del virus no son determinantes en la supervivencia del SARS-CoV-2, ya que las principales tasas de ataque ocurren en estadios menos graves de la enfermedad. Esta circunstancia hace que la evolución del coronavirus no esté determinada por lo que ocurre tras el proceso de infección, en el curso de la enfermedad y la subsiguiente convalecencia en el hospedador.

Por tanto, es poco probable que ocurran mutaciones en el virus que supongan un cambio drástico en su letalidad (mayor o menor). Será cuestión de azar que algunas mutaciones acaben siendo más o menos letales.

Sí que es esperable que surjan nuevas mutaciones que aumenten la capacidad de transmisión del virus. También son posibles las mutaciones que supongan una menor eficacia de las vacunas. Su éxito dependerá de lo rápido que se consiga inmunizar a un elevado porcentaje de la población mundial.

Cortar las cadenas de contagio con las medidas preventivas que conocemos y las vacunas siguen siendo las medidas principales para acabar con la pandemia.

Aunque es pronto para saberlo, no se puede descartar que haya que variar la composición de las vacunas en un futuro para incluir variantes nuevas que puedan inducir una respuesta inmune más eficaz.

*Óscar González-Recio es genetista e investigador Científico del INIA-CSIC, Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaria (INIA)

María de Toro es responsable Plataforma de Genómica y Bioinformática, Centro de Investigación Biomédica de La Rioja (CIBIR)

Miguel Ángel Jiménez Clavero es virólogo y profesor de Investigación, Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaria (INIA)

**Este artículo fue publicado en The Conversation y reproducido aquí bajo la licencia Creative Commons.Haz clic aquí para leer la versión original.


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