Cómo Tabaré Vázquez quiere superar la pesada herencia de Mujica en Uruguay
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Cómo Tabaré Vázquez quiere superar la pesada herencia de Mujica en Uruguay

El presidente electo de Uruguay asumirá por segunda vez en marzo de 2015 y buscará la continuidad de José Mujica
1 de diciembre, 2014
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Tabaré Vázquez, candidato presidencial del gobernante Frente Amplio, deposita su voto durante la segunda vuelta electoral el domingo 30 de noviembre de 2014, en Montevideo, Uruguay. Foto: AP.

Tabaré Vázquez, candidato presidencial del gobernante Frente Amplio, deposita su voto durante la segunda vuelta electoral el domingo 30 de noviembre de 2014, en Montevideo, Uruguay. Foto: AP.

El presidente electo de Uruguay, Tabaré Vázquez, ya sabe lo que es recibir la banda presidencial, pues fue mandatario desde 2005 hasta 2010. Pero ésta es la primera vez que sucederá a un jefe de Estado de su propio partido.

Vázquez, que venció al candidato del Partido Nacional, Luis Lacalle Pou, con un 53% de los votos, asumirá por segunda vez como presidente en marzo de 2015.

Hasta entonces tendrá tiempo para reflexionar sobre la herencia que le deja su compañero del Frente Amplio, José Mujica, el legado positivo y las deudas pendientes en el balance.

Muy probablemente Vázquez se sentirá aliviado por recibir una economía en buen estado de salud, con un crecimiento anual en torno al 3%, desempleo del 6,7% y 11 años seguidos de expansión.

Además, su país está en boca de muchos en el resto del mundo. Uruguay se ha convertido en el estado de moda para muchas publicaciones extranjeras, como la revista británica The Economist o el popular sitio online Buzzfeed, sobre todo por la atracción que el exterior ha sentido por el estilo sencillo y poco dado al protocolo de José “Pepe” Mujica.

Pero también por leyes que han llamado la atención fuera, como la que regula el mercado de la marihuana, la del aborto o la del matrimonio entre personas del mismo sexo, que hicieron que muchos rebautizaran a Uruguay como “el país más progresista” de América Latina.

En la parte positiva del balance, Vázquez también se encontrará con una nueva universidad pública en el interior –la UTEC, que echará a andar previsiblemente bajo su mandato- y con acuerdos de estado para fomentar las energías renovables y reducir la dependencia energética de Uruguay.

Pero no todo son regalos. Vázquez también tendrá que desarrollar algunas políticas aprobadas por su antecesor, algunas polémicas, pero que aún no han quedado resueltas.

1. Educación y Seguridad

Estas son las principales preocupaciones de los uruguayos y los temas que dominaron la campaña electoral.

Por un lado, los resultados de Uruguay en la última prueba PISA, una evaluación de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) que mide los niveles educativos de jóvenes de 15 años en 65 países, fueron los peores desde 2003.

El país ha sufrido en los últimos años paros docentes y altas cifras de repetición, que en algunos colegios secundarios alcanzaron más del 57,4% de alumnos no promovidos.

Hasta el punto que el propio Mujica ha reconocido que éste fue uno de los fracasos de su gestión.

Para reflotar el antaño prestigioso sistema educativo uruguayo Vázquez propone “becas o bonos” que permitan a los alumnos de colegios administrados por el Estado continuar su escolarización en establecimientos gestionados por privados.

Además, propone sistemas de apoyo para los alumnos, fortalecer la autoridad del Ministerio de Educación y dar mayor asistencia en la transición de la Primaria a la Secundaria.

Por otro lado, en el país existe una creciente sensación de inseguridad, aunque las estadísticas sugieren que Uruguay se mantiene como uno de los países más seguros de Sudamérica.

La tasa de homicidios es de ocho por cada 100.000 habitantes y el número de asesinatos se redujo en el último año, según el gobierno de Mujica. Eso sí, está entre los cinco países con más robos, según datos de Naciones Unidas, y éstos aumentaron en un 10% en el último año en la capital.

El presidente electo apuesta por seguir las políticas del actual gobierno en materia de seguridad, “tratando de dignificar la función de la policía, la reducción del hacinamiento carcelario y el apoyo a las víctimas”.

2. Llegada de presos de Guantánamo

El todavía presidente de Uruguay, José Mujica, anunció en marzo que su país acogerá temporalmente a cinco presos que serán enviados desde la prisión de la base estadounidense de Guántanamo, en la isla de Cuba.

El anuncio tomó por sorpresa al país. La llegada de los presos está prevista para los próximos meses, aunque Mujica aseguró que no tomaría una decisión al respecto hasta pasado el balotaje.

Se trata de una medida polémica y cuestionada por la oposición, que la interpreta como una sumisión al gobierno de Estados Unidos.

Por otro lado, Tabaré Vázquez aseguró que entiende a quienes se oponen a la llegada de presos, pero no comparte el temor de quienes creen que podría poner en peligro a los uruguayos.

“Tienen preocupaciones lógicas. Yo las tuve y las pude evacuar. La seguridad que me dio la embajadora es que no son personas de peligro”, aseguró.

3. Juicio con Phillip Morris

Tabaré Vázquez, médico oncólogo de profesión, hizo de la lucha contra el tabaquismo una de sus banderas durante su primer mandato.

Tanto que en 2006 entró en vigor bajo su mandato una prohibición para fumar en espacios públicos cerrados, con lo que Uruguay se convirtió en el quinto país del mundo “libre de humo”.

También ese año aparecieron las primeras y llamativas advertencias sanitarias sobre las consecuencias de fumar.

En 2009 estas advertencias llegaron a cubrir por ley el 80% de los paquetes, más que en ningún otro país. Y desaparecieron de las cajas palabras como “light” o “mentolado” o “gold”, dejando una sóla presentación por marca de tabaco.

Pero estas dos últimas medidas enfrentaron al estado uruguayo con el gigante tabaquero Philip Morris, que las considera un ataque a los inversionistas y que llevó el caso hasta el Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones (o CIADI), un organismo dependiente del Banco Mundial, se declaró competente para decidir sobre una demanda presentada en 2010 por la empresa.

Se espera que en 2015 haya novedades sobre el litigio.

4. Ley de la marihuana

Una de las apuestas políticas de Mujica que más controversia causó dentro y fuera del país fue la de la regulación del cultivo, distribución y venta de la marihuana, aprobada en diciembre de 2013 aún con la oposición de la mayoría de los uruguayos.

Casi un año después de que se sancionara la norma, aún no se conocen algunos aspectos de su aplicación, como los puntos de venta de la marihuana.

Tabaré Vázquez se ha mostrado poco receptivo a la idea original de ofrecerla en farmacias.

“Es increíble, pero si la ley lo autoriza así será”, dijo.

“Vamos a ver muy atentamente qué resultados da eso. Va a haber una evaluación muy estricta y muy de cerca sobre el impacto que tenga en la sociedad esta ley. Lo vamos a analizar con mucho cuidado. Y si en algún momento vemos que no funciona, no dudaremos un instante en hacer las correcciones necesarias”, añadió.

Sin embargo, se mostró dispuesto a buscar alternativas a la tradicional guerra a las drogas llevada a cabo en otros países de América Latina:

“La ley está ahí y habrá que manejarse con ella. No hay que perder de vista que las políticas que se aplicaron en todo el mundo para enfrentar al narcotráfico fracasaron. Hay que intentar alguna cosa”.

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Por qué Nueva España se disgregó en tantos países tras la independencia de México y Centroamérica hace 200 años

El 2021 marca los 200 años del fin de la Nueva España, un extenso territorio dominado por la corona española que intentó mantenerse unido pero al final se fragmentó en múltiples países. ¿Cómo se dio tal transformación?
16 de septiembre, 2021
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Este septiembre es bicentenario para seis naciones de América Latina.

En ese mes, pero del año 1821, se dieron declaraciones de Independencia sobre la corona española que, después de varios experimentos políticos, concluyeron con el nacimiento de seis países que hoy conocemos: México, Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica.

Incluso los territorios de Chiapas, Yucatán y Texas tuvieron una corta vida independiente.

Todos ellos emanaron de la Nueva España, uno de los vastos territorios en América que el imperio español creó y administró durante tres siglos.

Pero ¿por qué uno de los mayores imperios del milenio pasado perdió el control de su más extensa posesión y su territorio terminó tan fragmentado?

Para responderlo hay que mirar a qué ocurría a comienzos del XIX.

¿Cómo era la Nueva España?

La Nueva España era una de las naciones más grandes de su época.

Se extendía por más de 7 millones de kilómetros cuadrados, desde regiones del suroeste y sureste del actual Estados Unidos hasta el noroeste de Panamá.

El territorio actual de España cabría 14 veces tan solo en la Nueva España (más aún en sus otros virreinatos y territorios de América, África y Asia).

Su conformación territorial era diversa: había reinos como el de México y Nueva Galicia en la región central. (Los siguientes mapas muestran las extensiones territoriales con base en los límites actuales de países y estados locales).

Nueva España central

BBC

Al norte, estaban las provincias internas del oriente, como Nuevo León o Nueva Extremadura, y las provincias internas del occidente, entre ellas las Californias, Nueva Navarra o Nueva Vizcaya.

Nueva España norte

BBC

Hacia el sur, estaban las capitanías generales de Yucatán y Guatemala.

Esta última también se subdividía en provincias: Chiapas (actual estado de México), Guatemala (incluyendo el actual Belice), San Salvador (actual El Salvador), Nicaragua y Costa Rica (entonces una sola unidad) y Comayagua (actual Honduras).

Nueva España sur

BBC

La capital era Ciudad de México, pero Ciudad de Guatemala actuaba como una segunda capital en términos de gobierno.

“Era un empalme jurisdiccional muy complicado, pero en términos prácticos sí había mucha independencia de las provincias centroamericanas respecto a México, pero también había algunas funciones en las cuales dependían de México”, dice a BBC Mundo el historiador Alfredo Ávila.

En materia económica, de religión y de justicia a través de la Santa Inquisición, el gobierno de Ciudad de México tenía el control sobre la Nueva España entera. Pero en el resto de cuestiones, como la fuerza armada, la Capitanía de Guatemala o Yucatán tenían su autonomía.

“En Centroamérica no había un virreinato en términos generales, sino una audiencia, con un jefe político, una capitanía general”, continúa Ávila, académico del Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

“Y es muy difícil hablar de identidades. Una persona que nació en San Salvador era guatemalteca, porque dependía de la Audiencia de Guatemala. Pero si era hijo de españoles, era español”, apunta.

https://www.youtube.com/watch?v=W3yHdmZ_rF8&t=358s

Todo eso tuvo un papel importante en lo que ocurriría alrededor de 1810.

El ocaso de un enorme imperio

Las élites ligadas al poder político, comercial y religioso fueron exponiendo sus discrepancias con España luego de tres siglos de convivencia.

A partir de 1808, el descontento de la clase gobernante en América llevó al surgimiento de varios movimientos de independencia que se fueron fortaleciendo al tiempo que la corona española atravesaba sus propios conflictos bélicos en Europa con Inglaterra y Francia.

Eso dejó a la corona española muy debilitada para hacer frente a las rebeliones en América. Incluso el gobierno de Ciudad de México había perdido el control militar en sus dominios.

“El virrey de México no mandaba en la comandancia de Guadalajara o en Monterrey”, explica Ávila. Ahí los jefes militares eran los que “tenían tanta fuerza que el virrey ya no tenía influencia sobre ellos”.

“Ahí empezó un proceso de desarticulación virreinal que alcanzó a Centroamérica”, señala.

Capitulación de Madrid, Antoine-Jean Gros

Museo de Historia de Francia
El cambio de monarquía en el trono español fomentó los movimientos de independencia en las colonias.

El gran estallido en la Nueva España es el de la madrugada del 16 de septiembre de 1810, cuando una conjura independentista se vio descubierta y el cura Miguel Hidalgo llamó al pueblo mexicano a alzarse en armas en el famoso Grito de Dolores.

La guerra de independencia mexicana culminó 11 años después, el 27 de septiembre de 1821.

Por su parte, la Capitanía de Guatemala tuvo un proceso relativamente pacífico en el que la determinación independentista se dio en una asamblea con miembros de las provincias el 15 de septiembre de 1821.

Aunque esas son las fechas más recordadas, en los hechos hubo un momento que semanas antes fue determinante para la Nueva España.

Los Tratados de Córdoba

Cuando México y las provincias de Centroamérica declararon su independencia, ya tenían un plan en marcha: conformar un imperio.

La idea fue plasmada en los Tratados de Córdoba, que fueron firmados entre los independentistas mexicanos y autoridades de la Nueva España el 24 de agosto de 1821. Tenían como objetivo final la fundación del Imperio Mexicano.

Los españoles sabían que no podían contener más el movimiento de independencia, pero querían rescatar las valiosas vías de comercio.

El documento “reconocía la independencia de México, pero buscaba mantener la relación comercial de ambos lados. Y una parte de la élite de Guatemala quería aprovechar eso”, explica Ávila.

Chiapas -que era parte de la Capitanía de Guatemala- fue la primera provincia centroamericana en unirse al imperio, seguido poco después por la Capitanía de Yucatán.

“Y la discusión de los centroamericanos entonces fue qué convenía más: permanecer independientes de España o unirse a alguna de las dos grandes potencias limítrofes, Colombia o el Imperio Mexicano”, señala el historiador.

“Claramente por vínculos históricos tenía más sentido unirse al Imperio Mexicano”.

Panamá, que hoy es parte de Centroamérica, quedó en la Gran Colombia.

Reunión del Ejército Trigarante

Getty Images
El ejército de Iturbide ayudó a reprimir a los opositores a la unión con el imperio de San Salvador.

Bajo el nuevo imperio se delimitaron 24 provincias, muchas de las cuales conservan sus nombres en México y Estados Unidos (Texas, Nuevo México, California) hasta la actualidad.

Por lo que respecta a Centroamérica, se dio la delimitación casi actual: Guatemala (incluyendo a Belice), El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica (estas dos últimas ya no eran una sola).

La fragmentación final

No obstante, el Imperio Mexicano duró poco.

La inestabilidad política que persistía desde la asunción del emperador Agustín de Iturbide condujo a un golpe de Estado en febrero de 1823, el cual llevó a la disolución del Imperio Mexicano un año después.

Las provincias mexicanas, a las que se integró Chiapas, conformaron la primera República Federal Mexicana, mientras que las provincias del sur crearon la República Federal de Centroamérica.

Pero aquel intento de mantener la unión de tan diversos territorios no se pudo sostener. Las razones no solo eran por los acuerdos políticos del momento, sino históricas.

Mapa de Centroamérica

iStock
Centroamérica intentó mantenerse unida, pero a partir de la década de 1830 inició su separación.

En Centroamérica no se alcanzó a construir una identidad más amplia. De un millón, la mitad vivía en Guatemala. Otra buena parte en Chiapas. El resto de las provincias estaban muy poco pobladas y casi no tenían contacto entre sí”, explica Ávila.

“Y había un cierto rechazo a Guatemala, porque se veía como la ciudad que cobraba impuestos, que mandaba tropas, que era un poco opresora”, añade.

En la década de 1930 hubo diversos conflictos que derivaron en la disolución de la unión de las provincias que buscaban tener mayor autodeterminación.

Fue entonces que nacieron cinco repúblicas independientes: Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica.

https://www.youtube.com/watch?v=BKNQNzyRydw&feature=emb_title

Y en el caso mexicano, en la década de 1830 y 1840, México perdió importantes territorios ante Estados Unidos: Texas, la Alta California y Nuevo México.

Incluso Yucatán declaró su independencia durante ocho años, pero volvió a la unión mexicana.

Fue así que los más de siete millones de kilómetros cuadrados quedaron divididos en las naciones que este año celebran dos siglos de independencia.


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