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Desplazados por violencia en México, un fenómeno ignorado que afecta al menos a 170 mil personas
En la mayor parte del país no se ha podido documentar cuántos mexicanos abandonaron sus hogares por la violencia; los casos conocidos se caracterizan por haber sido ignorados por las autoridades.
Por Tania L. Montalvo
1 de diciembre, 2014
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Los tres niveles de gobierno han ignorado el problema de los desplazados por violencia. Foto: Cuartoscuro

[contextly_sidebar id=”0qQI3AvljpUWHFBYNgQTPkI6slXWj0PO”]En enero de 2012, las familias de la comunidad de Ocurague, Sinaloa, tuvieron que elegir entre abandonar sus hogares, sus tierras, su ganado, sus huertos y todas sus pertenencias o unirse a las filas del crimen organizado.

Ya había pasado más de un año desde que grupos armados —se presume que de la organización de los Beltrán Leyva— se habían apoderado de la sierra. Los vecinos se acostumbraron a pasar la noche escondidos entre matorrales cada que escuchaban “el zumbar” de camionetas y metralletas.

“Ellos patrullaban como si fueran gobierno, nos amenazaban y decían que si no nos íbamos teníamos que ser reclutados a su servicio. El 10 de enero de 2012 asesinaron a un vecino de Ocurague y al día siguiente por la noche a una familia entera. Enloquecidos por el miedo tomamos la decisión de salir, dejarlo todo”, cuenta Esperanza Hernández, habitante de esa región y vocera de al menos 600 familias de 40 comunidades sinaloenses que han sido desplazadas por la violencia del crimen organizado en esa entidad.

Aunque ella misma ha presentado esos casos ante autoridades de los tres niveles de gobierno, el tema de los desplazados por violencia es invisible en el país, coinciden investigadores, organizaciones civiles y defensores de derechos humanos.

“Es un fenómeno ignorado. No tenemos, no existen los mecanismos adecuados para poder medir el fenómeno y por lo tanto atenderlo. Nosotros tenemos evidencia de que por lo menos 30 mil personas han sido desplazadas de Chiapas. Sabemos por el censo de población que ha realizado Doña Esperanza que entre 6 mil y 8 mil personas han sido desplazadas en Sinaloa y es sólo de los municipios donde ella ha estado presente.

“Sabemos que en el Valle de Juárez han sido desplazadas 135 mil personas, pero no tenemos forma de contabilizar desplazados de Tamaulipas, Coahuila, Veracruz, Guerrero, Michoacán, Estado de México y otros estados de la república con problema de desplazamiento.

“Entonces si me preguntan una cifra, no la tengo, no existe, pero tenemos certeza que al menos son 170 mil personas desplazadas por violencia en México”, explica Laura Rubio, investigadora del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) y autora del libro “Desplazamiento interno inducido por la violencia: una experiencia global, una realidad mexicana”, presentado este jueves.

Sin cifras oficiales sobre cuántas personas han sido desplazadas por la violencia en el país, tanto la investigación de Laura Rubio como la del Centro de Vigilancia del Desplazamiento Interno (IDMC, por sus siglas en inglés) coinciden que los estados más afectados por este fenómeno son Baja California, Chihuahua, Coahuila, Durango, Guerrero, Michoacán, San Luis Potosí, Sinaloa, Sonora, Tamaulipas y Veracruz.

Según los testimonios recabados, hasta antes de 2007 el desplazamiento ocurría por la disputa por tierras, conflictos comunales, intolerancia religiosa, la construcción de mega proyectos, catástrofes naturales y en la región de Chiapas y el sureste del país por el conflicto derivado del movimiento zapatista.

Sin embargo, después de ese año y con la implementación de la Estrategia Nacional de Seguridad del presidente Felipe Calderón, las causas principales del desplazamiento son la violencia criminal, la ejecución de operativos de seguridad, la corrupción y las violaciones a derechos humanos.

 Un tema “no atendido”

La autora de la investigación dice que el objetivo de ésta es visibilizar a las víctimas de desplazamiento y llamar la atención del Estado para que se cree un programa de asistencia y se tome en cuenta este fenómeno hoy ignorado.

El ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, José Ramón Cossio, dijo durante la presentación del libro que “el fenómeno de los desplazados sigue sin ser nombrado en México y por tanto es un tema no atendido por el Estado”.

Cossio hizo énfasis en la necesidad de acercarse a las víctimas y no ignorarlas, como ocurrió por años con los desaparecidos y secuestrados.

En su testimonio, Esperanza Hernández no sólo describe cómo la violencia la sacó a ella y a otras 600 familias de sus comunidades, también habla de cómo han sido ignorados por autoridades.

Cuenta que en 2013 se reunió con el gobernador estatal, Mario López Valdez, y que el mandatario, simplemente negó que exista un problema de desplazados por violencia.

“El gobernador lo niega. Tuve una audiencia con él el año pasado pero fue una situación muy fea, yo traté de contarle esto pero ni siquiera me dejó empezar, me dijo que él no estaba interesado en historias”.

“Hemos denunciado los hechos y pedimos ayuda humanitaria, esperanzados de que se iban a tomar acciones y nosotros podríamos regresar a nuestras comunidades. Pero pasó el tiempo y la situación de desplazamiento de nosotros ya va para tres años y ni una sola autoridad ha hecho algo para que eso cambie. Hemos hecho gestiones ante los tres niveles de gobierno, diputados del estado, senadores y no tenemos una respuesta”, dice.

Esperanza es vocera de 600 familias desplazadas de la sierra, pero asegura que hay muchas más.

En 2012, la Secretaría de Desarrollo Social y Humano del Estado de Sinaloa confirmó que en toda la entidad había 1,200 familias desplazadas por la violencia.

La Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos (CMDPDH) —que apoyó la investigación— denuncia que las autoridades mexicanas se han negado a reconocer que existe un problema de desplazados por violencia.

“No existen políticas, planes que aborden el problema, son un grupo vulnerable que no es considerado como tal por las mismas autoridades y por lo tanto no existe un plan para atenderlos”, dijo José Antonio Guevara, director ejecutivo de la CMDPDH.

El caso de Esperanza y los otros testimonios recabados en esta investigación muestran cómo el fenómeno ha crecido en los últimos años sin que haya sido atendido.

“Yo veo que ante la falta de respuesta del gobierno los grupos (criminales) están tomando todo lo que es nuestro mientras que nosotros, los que somos desplazados, estamos en una pérdida absoluta de todo”.

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Día de la Tierra: 4 animales que desaparecieron de América Latina en los últimos 15 años
La cacería, deforestación de su hábitat y el calentamiento global son algunos de los factores que contribuyeron para la extinción de estas especies.
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22 de abril, 2019
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Hay muchas acciones del ser humano que contribuyen a que se extingan los animales.

Esa ave exótica que tienes encerrada en una pequeña jaula o el poco interés en el calentamiento global están contribuyendo a la desaparición de especies en el planeta.

Desde 1992, la Organización de Naciones Unidas (ONU) declaró el 22 de abril como día internacional de la Madre Tierra y este año está enfocado en la preservación de las especies que son afectadas por el impacto ambiental que genera el ser humano en la Tierra.

Distintas organizaciones internacionales han expresado que reforzarán sus programas para proteger a los ejemplares que están en peligro de extinción.

Sin embargo, para algunos animales ya es demasiado tarde y las futuras generaciones solo podrán conocerlos a través de fotografías.

Estos son cuatro animales que vivían en América Latina y que desaparecieron a causa del ser humano.

El guacamayo azul

Sí, esa ave azul que aparecía en la película animada “Río” se extinguió en su hábitat natural en el año 2000, 11 años antes de que se estrenara el filme cuyo tema central era alertar sobre el peligro de extinción de esta guacamaya.

Esta especie endémica de Brasil se extinguió en su forma salvaje a causa de la deforestación en su entorno y la cacería masiva para ser comerciadas como aves exóticas por su peculiar belleza, según reveló en un estudio la organización Bird Life en septiembre de 2018.

El reporte dice que aunque la especie está extinta en la naturaleza, existen entre 60 y 80 guacamayos azules que sobreviven en cautiverio.

La tortuga gigante de Pinta

El último ejemplar de esta especie vivía en las islas Galápagos, en Ecuador, se le conocía como el Solitario George y falleció el 24 de junio de 2012 por desgaste de su propia edad, más de 100 años.

La población de esta especie de tortuga disminuyó hasta llegar a su extinción a causa de la desmedida cacería para comer su carne y comerciar su caparazón.

Durante la época de los piratas y bucaneros del siglo XVIII, se descubrió que las tortugas podían sobrevivir en la bodega de un barco por muchos meses, sin comida o agua.

Los navegantes, especialmente balleneros que frecuentaban las aguas de Galápagos en el siglo XIX, empezaron a extraer grandes cantidades de tortugas vivas y almacenarlas en el fondo de sus barcos como una fuente de carne fresca durante sus largos viajes, informó Linda J. Cayot, miembro de la organización Galapagos Conservancy, dedicada a preservar la vida del Solitario George.

El sapo dorado

Este tipo de anfibio fue víctima del calentamiento global. Para su reproducción se requería cierto nivel de humedad, pero los cambios climáticos en su hábitat alteraron el ecosistema y no se reprodujeron nunca más.

Habitaban en las charcas del bosque nuboso Monteverde en Costa Rica. Estas charcas se secaron debido a un cambio drástico en la temperatura de la zona que evitó que se formara la neblina que las protegía, de acuerdo con el Centro Científico Tropical (CCT) de Costa Rica.

La última vez que se vio este anfibio fue en 1989. En 2008, el CCT hizo una expedición a los bosques para buscar algún sobreviviente y declaró que no hallaron ningún ejemplar, por lo que ya se declara extinto.

La foca monja del Caribe

Este mamífero marino que solía nadar por las corrientes del Golfo de México fue declarado extinto en 2008.

La Administración Nacional Atmosférica Oceánica (NOAA por sus siglas en inglés) señaló que su desaparición se debió a causas humanas.

Esta especie de foca era cazada por la industria pesquera para obtener su piel y grasa y comerciar con ellas.

En este día de la Madre Tierra bajo el lema “Protejamos nuestras especies”, la ONU busca sensibilizar sobre el riesgo que corre la biodiversidad y cómo se ve afectada principalmente por las actividades depredadoras de los seres humanos.


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