El #1DMX frena la solución del conflicto politécnico
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El #1DMX frena la solución del conflicto politécnico

Los estudiantes pidieron al director del IPN pronunciarse a favor del alumno del Poli detenido, pero éste calificó el hecho como una petición "autoritaria".
Por Nayeli Roldán
3 de diciembre, 2014
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Esta fue la segunda vez que el conflicto estudiantil del Politécnico estaba cerca de encontrar la solución y por segunda vez no se concretó. Los estudiantes condicionaron el avance de la octava mesa de diálogo a la liberación de los tres detenidos durante la protesta del 1 de diciembre, lo que fue calificado por la Secretaría de Educación Pública (SEP) como “intransigencia”.

Al retomar el encuentro con los funcionarios federales una semana después de haber suspendido la mesa, el martes 2 de diciembre, los estudiantes rechazaron firmar los acuerdos como se tenía previsto –lo que permitiría levantar el paro– hasta que sus compañeros quedaran en libertad pues es “más triste ver a estudiantes tras las rejas” que fuera de las aulas, aseguró el representante estudiantil, César López.

Se trata de Ariel Flores, alumno del Centro de Estudios Científicos y Tecnológicos número 9; Oscar Espinoza Trigueros, estudiante del Colegio de Ciencias y Humanidades Oriente y Demián Reyes, de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, acusados de los delitos de ataques a la paz pública, ultrajes a la autoridad y portación de objetos aptos para agredir.

Al iniciar el encuentro en el auditorio Alejo Peralta de la unidad Zacatenco del IPN, los alumnos leyeron un posicionamiento sobre las detenciones “arbitrarias” tras los disturbios protagonizados por encapuchados la noche del lunes.

Exigieron en varias ocasiones que el director, Enrique Fernández Fassnacht, “se pronunciara” a favor del estudiante politécnico, lo mismo que el rector de la UNAM, José Narro Robles.

El funcionario respondió que esa petición era “autoritaria”, pues no era correcto creer “ciegamente” solo en dichos, sino más bien buscar que se garantice el debido proceso para deslindar responsabilidades.

Los estudiantes, en cambio, sentenciaron: “No vamos a avanzar (en el diálogo) hasta que sean liberados y que el director de pronuncie a favor de la liberación”, dijo César López. El estudiante Pedro Cruz, incluso aseguró que dichas detenciones era una muestra del “incumplimiento” a la promesa de “no represalias” contra el movimiento, lo que fue refutado inmediatamente por el subsecretario de Educación Superior, Fernando Serrano Migallón porque ambas cosas no tenían relación.

Efrén rojas, funcionario de la Secretaría de Gobernación, explicó que de acuerdo a la legislación, se trata de delitos del fuero común y no federal, por lo que los representantes gubernamentales no tenían injerencia. En este caso, lo único que podían hacer es instruir al equipo jurídico de la Secretaría de Educación Pública y de Gobernación a intervenir en la defensa.

Durante una hora, los estudiantes dijeron que no firmarían los ocho acuerdos a los que han llegado después de siete mesas de diálogo, cuando el conflicto suma ya dos meses. “Este triunfo no va a ser completo si ellos no están aquí”, dijo Kaleb Mondragón, representante estudiantil.

Tampoco funcionó el llamado del funcionario de la SEP, César Becker, para que este tema no “entorpezca la mesa de diálogo ni obstruya las soluciones por esta preocupaciones que pueden hacerse simultáneamente”.

Alejandro Osuna, funcionario de la SEP, insistió en que este “es un tema ajeno a la mesa porque ninguna de las instancias aquí presentes estuvo involucrada en los sucesos de ayer”. En tanto, los estudiantes insistían en que los jóvenes detenidos no eran responsables de los delitos que se les acusaba, por lo que pidieron también la intervención del jefe de Gobierno del Distrito Federal, Miguel Ángel Mancera.

Con estos argumentos versaron los primeros 60 minutos del encuentro, por ello los funcionarios pidieron un receso que duró poco más de dos horas; tiempo en el cual se retiraron de las instalaciones educativas y la SEP envió un comunicado de prensa en el que acusaron una “evidente intransigencia” por parte de los representantes de la Asamblea General Politécnica.

“Durante la reunión los estudiantes rompieron las reglas acordadas de no hacer manifestaciones o pronunciamientos políticos contrarios a la civilidad del dialogo (…) Mantuvieron una posición inflexible”, por lo que, explicaron, se retiraron de la mesa.

En el documento hicieron un llamado a los representantes de la AGP “a la reflexión que permita modificar actitudes y concretar los acuerdos para reanudar inmediatamente las clases”.

Pasadas las 18:00 horas, solo regresaron a la mesa los estudiantes visiblemente molestos por la salida de los funcionarios. Froylán Juárez, integrante de la mesa diálogo, dijo que no estarían dispuestos a “tener un ‘diálogo cerrado’”, por lo que se declaraban en sesión permanente hasta que los representantes gubernamentales dieran una postura sobre la petición.

César López matizó que aunque los representantes gubernamentales se hubieran ido, el diálogo no estaba roto; pero reiteró la petición inicial de retomar la mesa hasta que los tres estudiantes fuesen liberados.

Durante la madrugada de este 3 de diciembre, el Ministerio Público fijó una fianza por 18 mil 666 pesos por cada uno para que los tres jóvenes quedaran en libertad. Dicha notificación llegó más de 12 horas después de que la defensa había solicitado el derecho a la libertad bajo caución al tratarse de delitos no graves.

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¿Cómo contarán la pandemia de COVID los libros de historia?

Por muy tentador que sea predecir un vuelco total del comportamiento social, las lecciones del pasado sugieren que es poco probable.
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6 de septiembre, 2021
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Después de casi dos años -y de un extraordinario parón mundial cuyo impacto aún no está claro- es inevitable que muchos escriban sobre la COVID-19 durante las próximas décadas.

Ahora que entramos en un largo período de reflexión, los estudiosos de las artes y las humanidades tienen mucho que ofrecer, especialmente una vez que la intensidad de la cobertura científica y médica ha empezado a disminuir.

Al principio, cuando muchos de nosotros nos confinábamos y nos preocupábamos por cómo íbamos a salir de la pandemia, el único capítulo de cualquier libro sobre la COVID que cualquiera de nosotros quería leer era el de la vacuna.

¿Habría una y funcionaría? Pero la descripción técnica de esta preciosa intervención médica en las próximas publicaciones será concisa y breve. La historia más completa está en otra parte.

Lo que verdaderamente importa

La historia médica de las plagas es fascinante, pero rara vez es la cuestión crítica. No sabemos con certeza qué fue la epidemia ateniense del siglo V a. e. c., ni la devastadora del siglo II y III e. c.

La peste de los siglos VI a VIII e. c. en el imperio romano es objeto de discusión, pero probablemente se trataba de varias infecciones diferentes. Sabemos cómo se propagó la peste negra, pero eso no es lo más interesante.

Lo más interesante es cómo reacciona la gente ante las epidemias y cómo los escritores describen sus reacciones.

Vacuna contra la covid-19

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Hoy estamos centrados sobre todo en el aspecto científico de la pandemia, pero seguramente esto perderá importancia en el futuro.

El relato del historiador y general griego Tucídides (460-400 a. e. c.) sobre cómo respondieron los atenienses a la virulenta plaga del siglo V influyó directa o indirectamente en la forma en que muchos historiadores posteriores las describieron.

Estableció la pauta para una narración de los síntomas junto con el impacto social.

Atenas y la peste

Atenas estaba en el segundo año de lo que se convertiría en más de 20 años de conflicto con su rival Esparta.

La peste se extendió rápidamente y mató con rapidez: los síntomas comenzaban con fiebre y se extendían por todo el cuerpo.

Pericles

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Tucídides dijo que la pérdida de su gran estadista Pericles (495-429 a. e. c.) a causa de la peste alteró la naturaleza de su liderazgo.

Algunos atenienses fueron diligentes en el cuidado de los demás, lo que normalmente les llevó a la muerte, pero muchos simplemente se rindieron, o ignoraron a la familia y a los muertos, o persiguieron los placeres en el tiempo que les quedaba.

Es discutible hasta qué punto la peste cambió a Atenas: no detuvo la guerra ni afectó a su prosperidad.

Lo que sí dice Tucídides es que la pérdida de su gran estadista Pericles (495-429 a. e. c.) a causa de la peste alteró la naturaleza de su liderazgo y eliminó algunos de sus rasgos moderadores.

Queda implícito que los atenienses pueden haber abandonado su tradicional piedad y respeto por las normas sociales.

Esta fue la generación que produciría el cuestionamiento más radical del papel y la naturaleza de los dioses, de lo que sabemos del mundo y de cómo debemos vivir.

Pero también condujo a un renovado sentido del militarismo y a una eventual catástrofe: la derrota de Atenas ante Esparta y la pérdida de su imperio.

Las pandemias y su impacto

La tentación es decir que las pandemias lo cambian todo.

El historiador bizantino Procopio (500-570 e. c.), que sobrevivió a la aparición de la peste en el siglo VI, estaba al tanto de esto.

Niña en una clase virtual

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Es tentador decir que todo ha cambiado a causa de la pandemia, ¿pero es realmente así?

Todo el mundo se volvió muy religioso durante un tiempo, pero luego, en cuanto se sintió libre, volvió a su antiguo comportamiento.

La peste fue un símbolo evidente de la decadencia del sistema, pero la gente se adapta.

¿Estaba el mundo bizantino tan fatalmente debilitado por la peste y su resurgimiento que fue incapaz de resistir la embestida de los árabes en el siglo VII?

Esto puede ser cierto en parte, pero la peste precedió significativamente a la conquista árabe, hubo tanta continuidad como alteración visible en su cultura y en la vida de las ciudades. Además, el mundo árabe tuvo sus propias pestes. La historia no es tan sencilla.

¿Y qué hay de nuestra pandemia? Por muy tentador que sea predecir un vuelco total del comportamiento social, las lecciones del pasado sugieren que es poco probable.

Los fuertes lazos de la sociedad han sobrevivido bien.

Quizá la peor consecuencia sea el retroceso en el progreso de los países en desarrollo.

Eso y las repercusiones a largo plazo sobre la salud mental y la educación en todo el mundo son excepcionalmente difíciles de calibrar, aunque esta será la pandemia más estudiada de nuestra historia. Y serán los estudiosos de las artes y las humanidades y los científicos sociales quienes realicen gran parte de este incisivo trabajo, y ya lo están haciendo.

La ciencia de la pandemia

Entonces, ¿qué nos dice la historia que sería lo útil? Que hay que investigar más y profundizar en el conocimiento.

Niña con mascarilla

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La historia de la COVID no será solo la descripción del virus. Será la complejísima historia de cómo esta enfermedad se cruzó con nuestro comportamiento social y cómo decidimos responder ante ello.

Por eso la historia de la COVID no será solo la descripción del virus y la vacuna, o el misterio de si vino de un murciélago o de un laboratorio.

Será la complejísima historia de cómo esta enfermedad se cruzó con nuestro comportamiento social y cómo decidimos responder como individuos y familias, comunidades y políticos, naciones y organismos mundiales.

Lo que los mejores historiadores desde Tucídides nos han dicho es que la biología de la enfermedad es inseparable de la construcción social de la enfermedad y la salud.

Y también vemos que los humanos somos muy malos a la hora de pensar en las consecuencias.

Una de las consecuencias potenciales más interesantes de esta pandemia es la relación entre la política y la ciencia.

Investigadores en el laboratorio

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La ciencia no habla con una sola voz, rara vez ofrece respuestas fáciles o inequívocas y se resiste al corto plazo.

La peste ateniense puede haber impulsado a los pensadores a ser más radicales al cuestionar las visiones tradicionales de la vida, la muerte y el papel de los dioses.

Y la Peste Negra se considera a menudo como un cambio de juego en términos de religión y filosofía, y que fomentó cambios en la ética médica y mejoras en la atención social.

Incluso cambió la balanza sobre el valor del trabajo, pero todavía tenemos que ver si nuestra pandemia ha hecho incursiones duraderas en los patrones de trabajo en las oficinas o virtualmente.

Esta última pandemia ha mostrado lo mejor y más esencial de la ciencia, pero también la ha colocado incómodamente en el centro de la toma de decisiones políticas.

Junto con la crisis climática, mucho más peligrosa, la pandemia ha animado a los políticos a afirmar que “siguen la ciencia”.

Pero la ciencia no habla con una sola voz, rara vez ofrece respuestas fáciles o inequívocas y se resiste al corto plazo.

Cómo se desarrolle la conversación entre la política y la ciencia, y cuáles sean sus consecuencias, podría ser una de las sorpresas de este momento tan extraño.

A largo plazo, la comprensión de las repercusiones de este virus -y de los retos culturales, sociales y económicos más amplios en los que se inserta- requerirá que despleguemos una visión más generosa y holística de la ciencia.

Sólo así podremos escribir el relato de esta pandemia que su fuerza disruptiva exige.

*Christopher Smith es director ejecutivo del Consejo de Investigación de Artes y Humanidades, Escuela de Clásicos, Universidad de St. Andrews, Reino Unido.

*Este artículo fue publicado en The Conversation y reproducido aquí bajo la licencia Creative Commons. Haz clic aquí para leer la versión original.


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