El festival judío que celebra el pueblo sin judíos
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El festival judío que celebra el pueblo sin judíos

Niños de todas las escuelas de la localidad polaca de Kutno realizaron un festival de música judía a pesar de que ahí no habita ningún judío.
Por BBCMundo
7 de diciembre, 2014
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Entre los 50.000 habitantes de la localidad polaca de Kutno no hay un solo judío; sin embargo, allí se llevó a cabo el que haya sido posiblemente el más impresionante concierto de música judía que jamás haya escuchado.

Los intérpretes eran todos niños de escuelas de la ciudad, algunos de no más de seis o siete años.

Cantaban a todo pulmón viejos éxitos en yidis y hebreo con una fluidez y presencia escénica que pocos adultos podrían igualar.

El concierto era el gran final de un ambicioso festival de cultura judía que la ciudad lleva a cabo desde 1993.

¿Por qué comenzó esta tradición? La respuesta, en pocas palabras, es que mi bisabuelo nació allí.

Hay una respuesta más larga también, pero ya llegaremos a ella.

Mi bisabuelo, Sholem Asch, nació en Kutno en 1880, en una casa de madera repleta de niños y un jardín lleno de ganado, con el que su padre comerciaba.

Se mudó a Varsovia, luego a París y Nueva York, y se convirtió en uno de los más famosos escritores de los 20 y los 30.

Dejó Kutno, pero la comunidad judía en la que había crecido, con sus mendigos, comerciantes, carniceros, rabinos, prostitutas y una mezcla de maquinadores y soñadores, todos ellos fueron de algún modo inmortalizados en sus historias y obras de teatro.

Ese mundo fue arrasado por la Segunda Guerra Mundial.

Una ciudad con un hueco

El caso de Kutno es típico: un día toda su comunidad judía, 8.000 personas, fue obligada a punta de pistola a ir hacia las instalaciones de una fábrica abandonada en las afueras de la ciudad.

Sholem Ash, bisabuelo del autor, nació en Kutno en 1880.

Pasaron dos años abarrotados en condiciones inmundas, muchos murieron por enfermedades, hambre y frío, antes de ser asesinados en cámaras de gas en el campo de Chelmno.

Cuando la guerra terminó, Kutno, al igual que muchos otros pueblos y ciudades de Polonia, básicamente arrancó de nuevo y aprendió a operar sin sus sastres, zapateros, abogados y comerciantes judíos.

Una ciudad con un hueco en su corazón.

La relación de los polacos con el pasado judío de su país es compleja. Hay mucho de un persistente antisemitismo, hay una suerte de nostalgia de parque de diversiones, hay orgullo por los polacos que salvaron judíos durante la guerra y hay culpa por los que colaboraron con los nazis.

Para complicar aún más las cosas, hay una profundamente enraizada convicción de que los polacos mismos son víctimas de una turbulenta historia.

Pero esa no es toda la historia.

En el cementerio

Algo más emergió en los últimos 20 años: hay un creciente número de polacos que se sienten una profunda pérdida por la nación judía que desapareció de su medio.

Lea también: La vida judía regresa poco a poco a Polonia

Me crucé con algunos de ellos caminando por el enorme cementerio judío de Varsovia.

Estaban comprando faroles coloridos como recordatorios para colocar sobre las tumbas de personas con las que no tienen ningún vínculo personal, pero a quienes quieren honrar y recordar.

Tumba del escritor yidis Yitskhok Leybush Peretz en el cementerio judío de Varsovia.

De pie ante el enorme mausoleo dedicado a Yitskhok Leybush Peretz, un gigante de la literatura yidis, noté a una atractiva pareja mirándolo.

Ella tenía altas botas de cuero, labios de color carmesí y una elegante capa.

Él, unos pómulos que podían rivalizar con los de Rudolf Nureyev, un pulcro pañuelo de seda al cuello y una boina a la moda.

“¿Saben quién está enterrado aquí?”, pregunté.

“Somos polacos, por supuesto que sabemos acerca de Peretz”, respondieron.

“Simplemente no podemos leer las palabras en yidis de la tumba”.

Honestidad y talento

Ese profundo respecto por una cultura que se ha desvanecido también trajo como resultado el establecimiento de un museo de primera categoría que acaba de abrir en el corazón de lo que era el barrio judío de Varsovia.

Una estructura de resplandeciente vidrio que cuenta, con honestidad y talento, la agridulce historia del romance de los judíos con Polonia.

Esos sentimientos de curiosidad, pérdida y afinidad llevaron a un puñado de personas en Kutno a establecer un festival judío en la época en que Polonia salía del comunismo, a comienzos de los 90.

Una réplica de una sinagoga de madera dentro del nuevo museo.

A medida que comenzaban a abrir sus puertas los primeros cafés y tiendas privadas, la ciudad anunció su primer festival de Sholem Asch, un indicio de que Kutno estaba mirando hacia Occidente y vinculándose a la cultura europea.

La ciudad ha recorrido un largo camino desde entonces.

Su nuevo polígono industrial está atrayendo a empresas estadounidenses, alemanas y chinas; da empleo a más de 6.000 personas del lugar.

Más que un esfuerzo simbólico

El festival de Sholem Asch también ha recorrido un largo camino.

Incluye un concurso literario sobre un tema judío que atrae a cientos de participantes de toda Polonia.

Hay un grupo local de bailes judíos, obras de teatro y nuevas traducciones al polaco de las obras de mi bisabuelo.

El redescubrimiento polaco de su pasado judío comenzó en Varsovia y Cracovia, donde las comunidades judías reemergieron al finalizar la guerra.

Ahora se ha expandido más allá de las grandes ciudades y crece año a año.

No será un movimiento masivo, pero como saben en Kutno es más que solo un esfuerzo simbólico.

Y en un mundo donde amargos conflictos sectarios ocupan la mayoría de los titulares, un festival judío en un pueblo sin judíos es seguramente algo para celebrar.

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500 años de la Conquista México- Tenochtitlan: ¿una traición indígena?

La caída de México-Tenochtitlan, ocurrida justo este viernes hace 500 años, el 13 de agosto de 1521, cambió todo en el mundo prehispánico. ¿Cómo se fraguó y por qué dejó a una facción como "traidora"?
13 de agosto, 2021
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Hace 500 años ocurrió uno de los episodios más transformadores de la historia de México.

El 13 de agosto de 1521, hace justo ahora 500 años, la ciudad indígena de México-Tenochtitlan -hoy Ciudad de México- fue capturada luego de un estado de sitio y batallas encarnizadas que se prolongaron durante tres meses.

Era la conquista de México, la cual fue protagonizada por miles de guerreros con rostro y color de piel familiar para los mexicas que gobernaban aquella imponente urbe.

Y es que tal hazaña fue obra de un ejército 99% indígena.

El otro 1% era un contingente de hispanos, esclavos africanos e indígenas caribeños encabezados por un hombre, el español Hernán Cortés.

“Lo que los une es un enemigo común, los de México-Tenochtitlan”, dice a BBC Mundo el historiador Miguel Pastrana, un investigador sobre el periodo indígena-colonial de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Cortés fue el gran articulador de una alianza que los indígenas en ese momento, subraya Pastrana, entendieron de otra manera. Entonces desconocían que desembocaría en el poder hispano en América.

“Hasta la caída de Tenochtitlan, los indígenas ven a los españoles como un grupo más de tantos. No concibieron la magnitud del cambio que se avecinaba. No son del todo conscientes de las implicaciones de la presencia española”, advierte el investigador.

Una ilustración de Tenochtitlan

DEA PICTURE LIBRARY/De Agostini via Getty Images
Hernán Cortés describió Tenochtitlan como una urbe palaciega. Esta ilustración, del año 1900 aprox., muestra la plaza central y el Templo Mayor en el siglo XVI.

Eso ha dejado a pueblos mexicanos con origen indígena, como Tlaxcala, bajo el estigma de “traición”.

Pero una revisión fiel de los hechos muestra que lo ocurrido hace 500 años no fue ni una gesta épica de los hispanos ni una traición indígena, sino el producto de una alianza muy pragmática.

Los indígenas no eran un pueblo único

Una cosa hay que tener clara para comprender lo que ocurrió, explican los historiadores: los pueblos indígenas de la región eran muchos y cada uno actuaba conforme a sus propios intereses.

Había señoríos, los atépetl, cada uno de las cuales tenía su propio gobernante (tlatoani), su pueblo y su territorio.

Altépelt, o ciudad-Estado. La organización política de aquella época estaba conformada por los "altépetl", o ciudad-Estado [ México-Tenochtitlan Era la principal ciudad-Estado de la Triple Alianza, junto a los señoríos de Texcoco y Tacuba. ],[ Tlaxcallan Era la unión de cuatro altépetl: Tepeticpac, Tizatlán, Ocotelulco y Quiahuiztlán. Se aliaron con los europeos. ] , Source: Fuente: UNAM, Image: Códice Osuna.

En la práctica funcionaban como ciudad-Estado, cada uno de los cuales construía alianzas para expandirse y defenderse.

La más poderosa era la Triple Alianza, conformada por los señoríos de México-Tenochtitlan, Texcoco y Tacuba, que controlaban a decenas de pueblos de los alrededores, en algún momento más de 50.

Los señoríos bajo su dominio debían pagar tributo y servirles de apoyo militar, administrativo y hasta religioso, explica Pastrana.

Y había pueblos rivales de los mexicas, como la Confederación de Tlaxcallan (donde hoy se ubica el estado de Tlaxcala), con quienes tuvieron guerras y conflictos mucho antes de la llegada de los europeos.

“Hay muchos pueblos que estaban resentidos con los mexicas por la política expansionista y las reformas de Moctezuma”, el gobernante de la Triple Alianza.

Hernán Cortés y Moctezuma II

Getty Images
La diplomacia entre Hernán Cortés y el rey Moctezuma II duró muy poco tiempo.

Los hispanos habían tenido un primer encuentro con Moctezuma en 1519, pero en junio del año siguiente fueron expulsados de la ciudad tras el enfrentamiento de la “Noche Triste”.

Entonces vino una recomposición de fuerzas que dio fin al dominio mexica un año después.

Cortés se dio cuenta de que debía regresar con una gran alianza indígena para avanzar sobre un objetivo común: la poderosa Triple Alianza.

“Lo que los une es un enemigo común, los tenochcas, y la mutua necesidad”, enfatiza Pastrana.

Los pueblos que se aliaron con Cortés

La alianza que establecieron los pueblos indígenas con los hispanos fue clave para asediar entre mayo y agosto de 1521 a la ciudad de México-Tenochtitlan, la cual vivía momentos de debilidad.

Además de contar con un número de combatientes a caballo y armamento europeo, la fuerza principal del ejército invasor eran los miles de indígenas -principalmente tlaxcaltecas– para combatir la resistencia mexica.

Pero también había fuerza indígena de muchos otros pueblos: Cempoala, Quiahuiztlan, Texcoco, Chalco, Xochimilco, Azcapotzalco y Mixquic.

Una ilustración de la expedición de Cortés

Getty Images
Las fuerzas de Cortés tenían apoyo militar y logístico de los pueblos indígenas, incluso traductores.

“Era un ejército enorme e imponente, con muchísimos efectivos, sobre todo indígenas. Por cada español habría 10 o 15 indígenas, además de las fuerzas de apoyo”, explica Pastrana.

La victoria hispano-indígena fue gradual, con avances y retrocesos jornada tras jornada a partir de mayo de 1521.

Los españoles mandaron construir 13 bergantines, unas embarcaciones que fueron clave para vencer a las canoas que los mexicas usaron exitosamente en el pasado para defender el lago que rodeaba a México-Tenochtitlan.

Luego de varios enfrentamientos, se lograron posicionar en tres de las calzadas que contactaban la isla de Tenochtitlan y su ciudad hermana, Tlatelolco, con tierra firme, cortando así todo suministro de comida y apoyo militar.

Cuadro de Tomás J. Filsinger,

Cortesía de Tomás J. Filsinger
La ciudad de México-Tenochtitlan era una isla conectada por canales a los pueblos vecinos. Cortés huyó hacia Tacuba.

También cortaron el agua potable, haciendo que lentamente cayeran las bajas -calculadas en decenas de miles- y la moral de la ciudad mexica.

Los mexicas tuvieron algunas victorias en las que capturaron españoles a los que les dieron muerte y colocaron sus cabezas en sitios notorios para intimidar a los enemigos, según el relato del cronista Bernardino de Sahagún.

La caída de Cuahtémoc y la Triple Alianza

Cansados del lento avance, y las bajas producto de las pequeñas batallas que ganaban los mexicas, las huestes de Cortés exigieron un ataque final.

Aun dubitativo, el líder del ejército hispano-indígena optó entonces por una ofensiva devastadora y desmoralizante contra el enemigo.

“Para minar la confianza de los mexicas nuevamente, que ahora ya sabían la forma de combatir de los españoles, consideró que debía mostrar una crueldad nunca antes vista“, explica el historiador Julio Arriaga en “La Caída de Tlatelolco”.

En la calzada de Iztapalapa, según relató el propio Cortés en sus “Cartas de Relación”, encontró a mujeres y niños buscando comida.

“Casi sin dudarlo, se lanzó sobre ellos junto con los tlaxcaltecas, matándolos en cantidades que, según él mismo, superaron el número de ochocientos”, señala Arriaga.

La defensa del Templo Mayor

Getty Images
Los mexicas no pudieron defender durante mucho tiempo su ciudad.

Primero cayó Tenochtitlan. Después los españoles avanzaron hasta Tlatelolco, el último reducto donde estaba Cuauhtémoc, el último gobernante mexica.

El 13 de agosto de 1521, el tlatoani fue capturado y llevado ante Cortés.

“Cuauhtémoc le pide al conquistador que lo mate con su daga, a lo que Cortés se muestra compasivo y lo perdona”, señala Arriaga.

“Y allí, en esa fecha tan importante para el mundo mesoamericano, el 13 de agosto de 1521 (…), la Triple Alianza es capturada por Cortés y sus aliados tlaxcaltecas”.

¿Una traición indígena?

Los pueblos indígenas que se aliaron a los europeos han cargado con el señalamiento de traición desde que la toma de México-Tenochtitlan se cuenta desde el punto de vista nacionalista mexicano.

Pero los historiadores señalan por qué es erróneo pensar que había una causa indígena que fue traicionada.

“No había una idea de ‘lo indígena’ como tal. Esa idea es producto de la conquista, no es anterior a ella”, explica Pastrana.

“Definitivamente no se puede hablar de una traición porque no eran pueblos amigos. No eran grupos que tuvieran una alianza pacífica, una relación de iguales. Tenían una serie de conflictos. No puede hablarse en ningún sentido de traición”, sostiene el historiador.

La Malinche junto a Hernán Cortes en un códice

Getty Images
Indígenas como “La Malinche” (mujer al centro), una traductora de las filas de Cortés, han sido denostadas durante siglos como traidores.

De hecho, la alianza originalmente fue una propuesta de los indígenas de Cempoala y Quiahuiztlan, reforzada por los tlaxcaltecas, pero la entendían en distintos términos.

“Para Cortés, los pueblos indígenas se dan por vasallos a la Iglesia católica por intermedio de él. Para los indígenas, es una relación entre iguales, entre amigos que establecen un pacto de mutuo apoyo político-militar. Ellos no saben qué es un rey ni mucho menos qué es ser católico”, continúa.

La historia muestra que al apoyar la conquista hispana, los indígenasperdieron todo podercon el establecimiento de la colonia española.

Pero eso no lo podían saber en ese momento, subraya Pastrana.

“Los indígenas vieron a un grupo de gente rara que podría ayudarle a sus intereses. Pero no eran conscientes de lo que venía. Nadie podría haberlo estado”, sostiene el historiador.

“En la política de ayer y de hoy, todo plan se hace con malicia. No lo veamos en términos morales, veámoslo en términos culturales. Los españoles de esa época no tenían que ser hermanas de la caridad, ni los indígenas, que eran explotadores”.

Una ilustración de la casta mestiza

INAH/Museo Nacional del Virreinato
Con el tiempo se estableció todo un sistema jerárquico social en la que los indígenas ocupaban los estratos inferiores.

El 13 de agosto de 1521 terminó la era de la Triple Alianza en el poder, pero no ocurrió un cambio de la noche a la mañana.

Pasaron décadas para que se consolidara un nuevo orden de la vida en el territorio de dominio mexica que pasó a ser el de la Nueva España.

“No es solo la sustitución de un grupo de poder por otro: fue un cambio cultural, político, económico, lingüístico, biológico radical“, explica Pastrana.

A partir de la captura de México-Tenochtitlan, la empresa hispana en América se extendería hacia una enorme expansión por Centro y Sudamérica en las décadas siguientes.

“El 13 de agosto de 1521 fue el primer gran capítulo de la construcción del mundo moderno“, considera Pastrana

“Los pueblos de la región de Mesoamérica -a la que pertenecía México-Tenochtitlan- no acaban en 1521, sino que empiezan a transformarse. Y es el inicio de una enorme experiencia cultural que es Nueva España”, concluye.


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