“Guerrero Chimalli” costó 30 mdp; tiene una historia similar a la Torre Eiffel, dice autor
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“Guerrero Chimalli” costó 30 mdp; tiene una historia similar a la Torre Eiffel, dice autor

El escultor chihuahuense aseguró que bajó sus pretensiones económicas por “el compromiso” de realizar la obra, y ante las críticas aseguró que monumentos como la Torre Eiffel tienen una historia similar de controversia.
Por Gonzalo Ortuño
18 de diciembre, 2014
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Foto: Notimex

La obra costó 30 millones de pesos, pero su escultor asegura que el precio es aún mayor. La obra está en Chimalhuacán, Estado de México. Foto: Notimex

 

La construcción del “Guerrero Chimalli”, la colosal escultura de Sebastián, hizo que su autor se “apretara el cinturón”. El coloso, que se ve desde cualquier punto del municipio de Chimalhuacán, costó 30 millones de pesos, pero, dijo, su valor es aún mayor. Incluso estuvo dispuesto a recibir menos honorarios porque tenía “el compromiso” de realizar la obra.

Sobre las críticas a esta obra, inaugurada el pasado sábado 13 de diciembre, el escultor chihuahuense asegura que ya está acostumbrado, pues ha hecho todo tipo de obras bajo la controversia. “La Torre Eiffel tiene una historia similar”, remata contundente.

En entrevista telefónica con Animal Político, Sebastián, cuyo nombre real es Enrique Carbajal, aseguró que lo más caro en la realización del Guerrero, de 60 metros de altura, fueron las grúas de 300 toneladas para ensamblar las 33 piezas que le dan forma a esta figura roja que porta en la mano izquierda una maza y en la derecha, un chimal. Escudo, en náhuatl. Ese mismo escudo, según el gobernador del Estado de México, Eruviel Ávila, “protegerá a los habitantes de Chimalhuacán de la pobreza”, según dijo en 2012, cuando anunció la construcción de la enorme escultura, de un peso superior a las 870 toneladas.

Chimalhuacán es uno de los municipios del Estado de México con mayor concentración de carencias. De acuerdo con las últimas cifras a nivel municipal del Consejo Nacional de Evaluación de la Política Social (Coneval), más de la mitad de la población de Chimalhuacán (62.7%) se encontraba en situación de pobreza en 2010 y 13.7% sufría pobreza extrema.

En la inauguración del monumental guerrero en la avenida Bordo de Xochiaca, entre los límites de Chimalhuacán y Nezahualcóyotl, el alcalde del municipio, Telésforo García Carreón, de extracción priista, dijo que el hecho de “embellecer y ennoblecer el espacio público con esta obra”, era un indicativo de que se resolvieron “las necesidades básicas de los habitantes”. No obstante, sus dichos contrastan con las mediciones de la pobreza para la zona y el panorama de casas humildes que rodea a la obra de Sebastián.

El coloso fue solicitado por el gobierno de Chimalhuacán hace casi cuatro años, dice el artista. “Si se hacen cuentas, una obra de esa naturaleza, no se puede construir con 30 millones de pesos. “Esa cantidad es demasiado baja y todos pusimos de nuestra parte para poder hacerla”, dijo. El costo de la obra, agregó, quedó acordado desde el inicio de los trabajos.

Ante las críticas por la forma, la ubicación, el costo y el tamaño del Guerrero, Sebastián se dijo agradecido, porque la controversia “es lo que le da fama a una obra”. Incluso comparó la lluvia de críticas con la que recibieron la Torre Eiffel, el Centro Pompidou de París (construido por los arquitectos Renzo Piano y Richard Rogers), o la pirámide del arquitecto Ieoh Ming Pei, del Museo del Louvre. Monumentos que “siempre fueron rechazados y al final se han convertido en íconos”.

“No tengo resentimiento, ni me voy a amargar por eso, porque ya he hecho muchas esculturas y en todas hay situaciones de controversia. No es fácil que las digieran. En la historia del arte (eso) ha sido continuo.”

Con la construcción del “Guerrero Chimalli”, Sebastián llegó a su obra número 200. El pasado sábado 13 de diciembre, el artista dijo al diario La Jornada que el coloso puede verse “como una alegoría, como una materialización plástica de la ferrea voluntad de los pueblos de los lagos”.

El Guerrero se suma a la lista de “hitos urbanos” que Sebastián ha construído para gobiernos estatales. En 2000, el exgobernador de Jalisco Francisco Javier Ramírez Acuña le encargó la estructura llamada “Los arcos del milenio”. En 2004, construyó el “Monumento al mestizaje mexicano” que le pidió el gobierno de Quintana Roo y hasta ahora está inconcluso por falta de presupuesto. También es autor de monumentos emblemáticos como “La puerta de Monterrey”, “La puerta de Torreón”, el “Caballito”, en la Ciudad de México, entre otros.

En la ceremonia estuvo presente el escultor Sebastián, el diputado federal, Jesús Tolentino Román Bojórquez y Aquiles Córdova Morán, secretario general del Movimiento Antorchista Nacional, grupo que se atribuye el “desarrollo y progreso” del municipio en los últimos 14 años y del cual el presidente municipal Telésforo García es militante.

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Quiénes eran las Panteras Negras, el grupo radical de los años 60 en EU que aún tiene integrantes en prisión

La Corte Suprema de Nueva Jersey anunció esta semana que otorgaba la libertad condicional a Sundiata Acoli, el exintegrante de las Panteras Negras de mayor edad que aún queda en la cárcel. El grupo de izquierda reivindicaba los derechos de la minoría afroestadounidense en los 60.
15 de mayo, 2022
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Por casi medio siglo, ha vivido detrás de la rejas en una prisión de Nueva Jersey. Ahora, a sus 85 años, volverá a respirar la libertad.

La Corte Suprema de ese estado anunció esta semana que decidió liberar a Sundiata Acoli, el exintegrante de mayor edad de las Panteras Negras que aún queda en la cárcel. Se trata del controvertido grupo de izquierda que reivindicaba los derechos de la minoría afroestadounidense a finales de 1960.

Acoli era elegible para libertad condicional desde hace 29 años, pero cada vez que sus abogados la solicitaron, se le negó.

Fue considerado sistemáticamente una “amenaza pública”, pese a que su salud, los años y diversos reportes médicos y psiquiátricos sugerían lo contrario.

Lo habían condenado a cadena perpetua en 1974, luego de un extraño incidente un año antes en el que un policía terminó muerto.

Acoli viajaba con Assata y Malik Shakur, otros dos integrantes de las Panteras Negras, cuando dos oficiales pararon el carro para una inspección rutinaria en la autopista de peaje de Nueva Jersey: llevaban una luz rota.

Lo que siguió después nunca ha quedado claro: hubo un tiroteo, Malik y un policía murieron, Acoli y otro agente resultaron heridos.

Acoli y Assata huyeron, pero fueron detenidos pocos días después y condenados a pasar el resto de su vida tras las rejas.

En una de las fugas más memorables de las cárceles de Estados Unidos, Assata logró escapar y se refugió años después en Cuba, donde se cree que todavía vive (sigue aún en la lista de los más buscados del FBI).

Acoli ha pasado su vida en la cárcel, pero no es el único.

Al menos 12 miembros del movimiento siguen todavía presos, con condenas que se acercan o superan los 50 años de cárcel.

Sus sentencias son todavía el testimonio de una época controvertida de luchas por los derechos civiles en EU y una muestra de la brechas raciales y sociales de la sociedad en que se generó.

Pero, ¿qué fue este grupo y por qué sigue generando polémica más de medio siglo después?

El partido

Boinas negras y chaquetas de cuero negro, puños cerrados y pistolas en mano… las Panteras Negras crearon su propia moda que era, a la vez, su símbolo.

Propugnaban la autodefensa armada, especialmente contra la policía, y se definían como un “partido socialista” en una época en la que el comunismo era visto como el mayor enemigo de EU.

El partido fue creado en 1966 por Huey Newton y Bobby Seale, quienes se habían hecho conocidos unos años antes por protestar en un acto en California que obvió el legado negro en la colonización del oeste americano.

Huey Newton y Bobby Seale

Getty Images
El partido fue creado en 1966 por Huey Newton y Bobby Seale.

Desde entonces, se habían envuelto en el activismo político pero hubo dos hechos que los llevaron a dar un paso más allá.

En febrero de 1965, fue asesinado el líder de los derechos civiles Malcom X y, un año después, la policía de San Francisco mató a tiros a un adolescente negro desarmado: Matthew Johnson.

Fue entonces cuando decidieron crear el Partido Pantera Negra para la Autodefensa, cuyas principales metas en un inicio eran monitorear las actividades policiales contra las comunidades negras en Oakland y otras ciudades.

Su activismo y carisma muy pronto multiplicaron la popularidad del grupo: del monitoreo pasaron a crear programas sociales, incluyendo desayunos gratuitos para niños o personas con anemia, a la vez que se involucraron en actividades políticas.

En un par de años, las filiales del grupo se habían multiplicado en más de 30 estados.

En su libro Black Against Empire: The History and Politics of the Black Panther Party, Joshua Bloom y Waldo E. Martin estiman que para 1969 ya tenía más de 5 mil miembros y sus ideas eran populares tanto en comunidades pequeñas como en grandes ciudades, desde Los Ángeles y Chicago hasta Nueva York o Filadelfia.

A diferencia de otros grupos por los derechos civiles de los afroaestadounidenses, las Panteras Negras portaban armas y defendían el derecho a la autodefensa con ellas.

Bloom y Martin señalan en su libro que era una respuesta activa ante la violencia policial que vivía la población negra y que buscaba “empoderar a la comunidad negra frente a un sistema racista”.

Sin embargo, su desafío a las autoridades y su uso de armas fue visto como desafiante y en ocasiones se les describía como pandillas o grupos violentos, algo que sus líderes negaban.

El peligro marxista

Las Black Panthers eran parte de un grupo todavía mayor, el llamado Black Power, que defendía el orgullo negro y la unidad por los derechos de las minorías raciales.

Sin embargo, Newton y Seale no se conformaron con la ideología de esa organización y se basaron en el marxismo.

Creían fervientemente en la “lucha de clases” y pensaban que la organización representaba “la batalla de la vanguardia proletaria contra el capitalismo”.

Fueron estas ideas en las que basaron su plataforma política, a la que llamaron Programa de Diez Puntos, en el que pedían, entre otras cosas, el fin inmediato de la brutalidad policial, empleos para los afroestadounidenses y mayor acceso a tierra, vivienda y justicia para todos.

Su cercanía al marxismo, el enfoque nacionalista negro y una serie de actos violentos que cometieron entonces los pusieron en la mira de las autoridades, en especial del Buró Federal de Investigaciones (FBI) de Edgar Hoover.

El FBI, de hecho, creó un programa secreto de contrainteligencia, COINTELPRO, solo para seguir de cerca a los miembros de las Panteras Negras.

panteras negras

Getty Images

Fue solo el comienzo.

Para 1969, el FBI los declaró una “organización comunista” y “enemiga del gobierno”, y Hoover llegó incluso a considerarlas “una de las mayores amenazas para la seguridad interna de la nación”.

Las rivalidades con la policía

El libro de Joshua Bloom y Waldo E. Martin cuenta cómo la creciente persecución de las autoridades llevó a una rápida radicalización del grupo.

Los enfrentamientos con la policía se hicieron frecuentes y varios agentes murieron en tiroteos que implicaban a las Panteras Negras. El grupo, sin embargo, siempre aseguró que solo usaban las armas como método de autodefensa y que solo respondían a la policía si esta los agredía.

La organización también se volvió un foco de la violencia policial.

En uno de los casos más sonados, en 1969, la policía de Chicago disparó más de 100 tiros a dos miembros del partido que dormían en su apartamento.

panteras negras

Getty Images

Las autoridades aseguraron que había ocurrido un feroz intercambio de disparos, pero luego se demostró que solo una bala provino del arma de uno de miembros del grupo.

En el libro The Black Panther Party , el historiador Charles E. Jones asegura que fue tanta la persecución a la que se vieron sometidos los miembros del grupo que una especie de paranoia colectiva comenzó también a manifestarse entre sus miembros… y a dividirlos.

Esto llevó no solo a numerosas discusiones y temores, sino que hubo también denuncias de que algunas “panteras negras” asesinaron o golpearon a otros del mismo grupo que creían que eran informantes de la policía.

Ciertas partes del movimiento fueron también asociadas con actividades delictivas y una ruptura interna entre sus principales líderes y organizadores pronto los debilitó como fuerza política.

Para mediados de los 70, las Panteras Negras siguieron perdiendo seguidores y popularidad, aunque hicieron esfuerzos por sobrevivir a la debacle, incluyendo crear una rama armada, el Ejército Negro de Liberación.

En las décadas siguientes, el nombre del grupo pasó a quedar como un asunto para investigaciones académicas y libros de historia, mientras algunos de sus principales activistas morían, escapaban a otros países o consumían sus vidas en la cárcel.


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