Chinos sacaron ilegalmente hierro de Michoacán por “descontrol total” de autoridades
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Chinos sacaron ilegalmente hierro de Michoacán por “descontrol total” de autoridades

¿Cómo pudieron llegar en menos de un mes 300 mil toneladas de hierro de procedencia presuntamente ilícita a las bodegas de cuatro barcos chinos? Funcionarios del Puerto de Lázaro Cárdenas explican que, hasta la emisión de normas más restrictivas por parte de la Secretaría de Economía, en México "había un descontrol total" en las exportaciones de hierro, algo que fue aprovechado por el crimen organizado.
Por Manu Ureste
11 de diciembre, 2014
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Elemento de la Marina en el puerto de Lázaro Cárdenas. Foto: Cuartoscuro

Elemento de la Marina en el puerto de Lázaro Cárdenas, en una imagen de archivo//. Foto: Cuartoscuro

El buque Jian Jua es el primero en ser detenido.

Corre el 30 de abril del presente año, y una denuncia anónima alerta a las autoridades que el barco saldrá de Manzanillo con 68 mil 750 toneladas de mineral de hierro de procedencia ilícita. Ante el pitazo, elementos de la Procuraduría General de la República y Aduanas suben al buque que navega con bandera de Hong Kong y lo detienen cuando está a punto de poner rumbo a aguas de China.

Este el primer golpe serio al tráfico ilegal de minerales en Michoacán se apresuran a informar las autoridades, luego que el 19 de marzo el comisionado de seguridad para esta entidad, Alfredo Castillo, revelara que, por encima incluso de la venta de metanfetaminas, el cártel de Los Caballeros Templarios tiene en la venta ilegal de hierro a Asia “su principal fuente de financiamiento”.

El siguiente golpe llega en cinco días, cuando las autoridades detienen también en Manzanillo a los buques chinos Best Vision –que lleva 100 mil toneladas de mineral- y Ben Lun Hai. Mientras que unas semanas más tarde, el 26 de mayo, un cuarto buque chino -el Luyang Eagle-, también es asegurado en el puerto de Lázaro Cárdenas para proceder a la investigación de las 70 mil 200 toneladas de mineral que transporta.

En menos de un mes, resaltó el comisionado Castillo en una rueda de prensa, México decomisó 300 mil toneladas de hierro extraídas de Michoacán, que tenían como destino satisfacer la demanda de China de este mineral, y engordar las ganancias del crimen organizado.

“Hasta hace seis meses había un descontrol total en la exportación de hierro”

Ahora bien, ¿cómo llegaron esas 300 mil toneladas de mineral a las bodegas de estos buques de carga chinos?

Animal Político planteó esta pregunta a funcionarios del Puerto de Lázaro Cárdenas y estos apuntaron que la respuesta está en la conjunción de dos factores: crimen organizado, por un lado; y años de permisividad de las autoridades, por otro.

“Hasta hace seis o siete meses ha habido un descontrol total por parte de las autoridades mexicanas en la exportación de mineral de hierro –señalaron las fuentes-. Y aprovechando ese descontrol, y que el precio del hierro estaba altísimo, los delincuentes vieron que era una muy buena forma de financiarse. Por eso se dedicaron a robar hierro a las minas y a venderlo a China”.

“Es decir, antes no había restricciones a la exportación de hierro para que cualquiera viniera a Michoacán, le pusiera una pistola en la cabeza al ejidatario, se robase 20 toneladas de mineral, y luego las llevase al puerto para hacer un pedimento de exportación y completar así un proceso común y corriente. Y esto es lo que hicieron los Caballeros Templarios en Michoacán durante años. Ellos dominaban este mercado, hasta que la autoridad decidió actuar y estableció una serie de restricciones más duras a la exportación”.

Esas restricciones se materializaron el pasado 11 de marzo, cuando la Secretaría de Economía publicó en el Diario Oficial de la Federación (DOF) la entrada en vigor de “nuevos requisitos para la expedición de permisos previos de importación y exportación”.

Con este acuerdo, además de contar con un permiso emitido por Economía y de estar inscrito en el Padrón Sectorial de Exportación que emita el Servicio de Administración Tributaria, cualquier empresa que quiera exportar mineral de hierro deberá presentar un programa de explotación, estar al corriente de las obligaciones contempladas en la Ley Minera, y nombrar a un ingeniero responsable de las actividades, entre otros requisitos.

“Los chinos llegaban deseosos de fierro y se lo compraban al mejor postor”

Además de endurecer la normativa, a inicios del mes de marzo el gobierno federal también comienza a clausurar todas aquellas minas que no cumplen con los requerimientos de la Secretaría de Economía, debido a que la actividad minera en Michoacán se había disparado en los últimos dos años bajo el manto de impunidad que proporcionaba la presencia del cártel de Los Caballeros Templarios.

De hecho, el descontrol en la explotación de minas llegó a ser de tal magnitud que, de acuerdo con datos de la Secretaría de Economía, de 894 concesiones mineras que hay en Michoacán, sólo 225 son legales para la explotación de hierro. El resto son explotadas directamente o con el permiso y cobro de renta por parte del crimen organizado, particularmente por los Templarios.

“De repente llegaban los chinos deseosos de fierro y se lo compraban al mejor postor y había de lo que quieras, tanto crimen organizado como el que sí estaba actuando bien”, narró el expresidente del Consejo Coordinador Empresarial de Lázaro Cárdenas, Benjamín Rodríguez, en una entrevista que Animal Político hizo a Michoacán en el mes de mayo, cuando cuatro buques chinos fueron detenidos con miles de toneladas de hierro.

“Es decir –detalló Rodríguez-, el crimen organizado facilitaba mucho las cosas, abría las puertas. Y muchas familias empezaron a decir: ‘si el mineral está en mi tierra es mío, aunque haya alguien más que tenga una concesión’. Y es así cómo empiezan a apoyarse en los Templarios para mover el hierro”.

“Incluso, había minas que eran de la siderúrgica del puerto y llegaban ellos (los Templarios) y las extraían, u otras en las que ya estaba el trabajo hecho en los patios y se llevaban el mineral”, reveló por su parte un funcionario de la Administración del Puerto de Lázaro Cárdenas.

Posteriormente, el fierro iba a parar a metalúrgicas nacionales, como la del propio puerto, o se exportaba a China, el principal cliente del fierro mexicano. El flujo habitual eran tres o cuatro buques mensuales hacia este país con las bodegas repletas con una media de 45 mil toneladas de mineral, indicó la fuente.

-¿Los chinos que compraban fierro estaban coludidos con Los Templarios? –se cuestionó al funcionario-.

“Sí, pero no solo los chinos. Cualquiera que tuviera que ver con ese negocio estaba coludido con los Templarios. No había opción, era a fuerza. Ellos no pagaban nada por la extracción del mineral, tampoco por el uso del suelo, ni por el impacto ambiental. Sólo ganaban dinero con el proceso final”.

“Por eso -concluyó la fuente-, la idea ahora es parar, legalizar y volver a trabajar”.

No obstante, Benjamín Rodriguez también apuntó que el endurecimiento de las normas de exportación y el cierre de minas está provocando efectos negativos, como el “estancamiento” de la economía.

Se le está dando un gran ataque a las arcas del crimen, pero finalmente pagan justos por pecadores. Porque sí se paró mucha de la minería ilegal, pero a la par también cesaron la legal. Ahora están en investigaciones, y quienes puedan comprobar la procedencia legal del mineral podrá seguir, pero mientras hay estancamiento”, lamentó Rodríguez.

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La historia detrás de la icónica imagen del hombre cayendo de una de las Torres Gemelas

El fotógrafo Richard Drew, de Associated Press, corrió al World Trade Center la mañana del 11 de septiembre de 2001 y registró la imagen histórica de un hombre saltando hacia su muerte. La identidad del hombre sigue siendo un misterio.
11 de septiembre, 2021
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Por motivos editoriales y por la sensibilidad de la imagen, BBC no muestra la fotografía del hombre que salta al vacío.


Muerte o muerte. En la mañana del 11 de septiembre de 2001, decenas de personas se enfentaron a esta falsa alternativa. Con fuego y humo dentro de los edificios del World Trade Center de Nueva York, las víctimas en los pisos superiores comenzaron a saltar, perdiendo la vida al caer hasta desde 417 metros de altura.

La escena de personas que saltan de los edificios atacados por dos aviones es uno de los aspectos más oscuros y sensibles de la tragedia, de la que se cumplen 20 años este sábado.

La imagen de una de estas personas, un hombre que cae casi en picado, boca abajo y su cuerpo paralelo a las líneas de las Torres Gemelas, se volvió icónica.

El día después de la tragedia, varios periódicos publicaron la foto tomada por Richard Drew, fotógrafo de Associated Press. Han pasado los años y la imagen es para muchos demasiado dolorosa de contemplar. Otros vieron en ella la terrible estética de ese salto a la muerte.

Esta es la historia de la icónica foto de “The Falling Man” (“El Hombre Que Cae”).

“Era un día cualquiera en Nueva York”, comienza Richard Drew, ahora de 74 años.

Fotógrafo desde los 19 años, el experimentado Drew, entonces de 54 años, acababa de cubrir el torneo de tenis del US Open en Queens, Nueva York. Ese martes 11 de septiembre cubriría la Semana de la Moda de Nueva York, más específicamente, el primer desfile de maternidad con modelos embarazadas reales. Drew vio el desfile en Bryant Park, justo en el centro de Manhattan, junto a un camarógrafo de la cadena de televisión CNN.

Humo saliendo de una de las torres

Getty Images

Mientras hablaban, el camarógrafo de CNN dijo: “Hubo una explosión en el World Trade Center. Un avión chocó contra el World Trade Center”.

Al instante sonó el teléfono celular de Drew. Era su editor, quien le ordenó que corriera a la escena. Drew agarró su cámara y corrió a Times Square. Desde allí, tomó el metro hacia las Torres Gemelas.

Cuando salió de las escaleras del metro, vio una imagen inolvidable: las dos torres en llamas. Comenzó a fotografiar a personas conmocionadas por el caos que las rodeaba, el FBI ya en las calles aislando el área.

“Entonces me di cuenta de que el humo soplaba de oeste a este y di la vuelta para evitarlo. Me quedé junto a las ambulancias, entre un socorrista y un policía”, dice a BBC Brasil.


El socorrista fue el primero en darse cuenta. Señalando hacia arriba, gritó: “¡Dios mío, la gente se está tirando del edificio!”, recuerda Drew.

El fotógrafo apuntó con su cámara. “Tomé tantas fotos como pude de personas que se caían del edificio”, dice.

“No sé si saltaron por elección o si se vieron obligados a saltar por el fuego o el humo. No sé por qué hicieron lo que hicieron. Sólo sé que tuve que grabarlo”, cuenta.

Humo saliendo de las Torres Gemelas tras los ataques del 11 de septiembre

Getty Images

El Servicio Forense de la Ciudad de Nueva York declaró más tarde que las personas que saltaban de los edificios no podían ser llamadas “suicidas” porque eran expulsadas del edificio por el humo, el fuego o las explosiones.

La causa de muerte de todos los que perdieron la vida en la caída de las Torres Gemelas, atacadas ese día por al Qaeda, fue catalogada como “asesinato” en los certificados de defunción.

En un informe de 2002, el diario USA Today calculó a través de fotos, videos y entrevistas que 200 personas murieron de esta manera en la tragedia del 11 de septiembre. A partir de las fotos, The New York Times estimó que fueron 50 personas.

Según los relatos de los sobrevivientes, el hecho de que la gente saltara desde el edificio de al lado pudo haber salvado la vida de cientos de personas que, al verlos, se apresuraron a evacuar su lugar de trabajo.

“No fui frío”

Mientras fotografiaba, Drew experimentó algo siniestro: escuchó el ruido de cuerpos golpeando el suelo. “Algunos dicen que fui frío. No es eso. Soy un periodista capacitado. Te sumerges en el momento y simplemente fotografías lo que está sucediendo, en piloto automático”, dice.

Gente alrededor de las Torre Gemelas luego del ataque

Getty Images

“Cuando alguien comenzaba a caer, apuntaba con mi visor. Como trabajaba con una cámara digital, cuando mantenía mi dedo en el botón de la cámara, tomaba varias fotografías. Y, así seguía a la gente que se estaba cayendo del edificio “. A las 9:41, registró para siempre los últimos momentos del “hombre que cae”.

Cuando Drew regresó a la sala de redacción y fue a revisar sus fotos, supo instantáneamente que esta era la más fuerte de todas. “Estaba vertical, con la cabeza gacha, entre las dos torres. Había una simetría allí. Pero solo estuvo así por un momento. Si hubiera sido otro momento, hubiera salido en otra posición”, dice.

Foto “silenciosa”

“A mucha gente no le gusta ver esta foto. Creo que la gente se identifica con ella y tiene miedo de tener que enfrentarse a la misma decisión que ese hombre algún día”, dice Drew.

Para él, la imagen es representativa de lo que sucedió ese día: “Es una de las pocas que muestra a alguien muriendo en el ataque más grave que hemos sufrido en Estados Unidos”, dice. A pesar de ser una foto sobre la muerte, reconoce Drew, es una foto “silenciosa”. “No es como otras fotos violentas de muertes que ocurren en guerras”.

Torres Gemelas

Getty
Hace 20 años, el ataque en Nueva York se cobró la vida de casi 3.000 personas.

Esa noche, Drew regresó a casa con un colega. Se sentaron y hablaron de todo menos de lo que habían visto ese día. Su esposa, dice Drew, se levantó al amanecer con ganas de pasar la aspiradora por toda la casa. “El estrés postraumático viene después”, reconoce. “Hablar de lo que sucedió ayuda. Ese fue un momento en mi historia, al igual que fue un momento en la Historia”.

Otro momento en la Historia y su historia: cuando tenía 21 años y vivía en Los Ángeles, en 1968, Drew fue uno de los cuatro fotógrafos presentes en otro momento histórico: la muerte del senador Bobby Kennedy, hermano del expresidente John F. Kennedy.

“Estaba en el escenario detrás de él para fotografiarlo cuando hablaba. Me dio sed y fui a buscar agua”, dice Drew. “Salió y lo seguí. Cuando lo atacaron, me subí a una mesa junto a él y lo fotografié en el suelo”.

“Solo estaba haciendo mi trabajo, al igual que solo estaba haciendo mi trabajo años después, el 11 de septiembre”, señala.

¿Quién era el hombre que cae?

Drew dice que ha reflexionado sobre quién era el hombre al que registró saltando desde una de las Torres Gemelas, pero nunca de manera “muy profunda”.

“Fue una de las casi 3.000 personas que murieron ese día. No sé su nombre, ni la decisión que tuvo que tomar. Sé que se lanzó de un edificio y yo estaba allí para capturar ese momento”, cuenta.

Pero el misterio que rodea su identidad ha preocupado a otros.

Uno de ellos, el periodista estadounidense Tom Junod. Dos años después del 11 de septiembre, Junod escribió un artículo de portada para la revista “Esquire” en el que acuñó el nombre deEl hombre que cae” para el protagonista de la foto y trató de identificarlo.

Junod dio con dos nombres. Uno, Norberto Hernández, chef del restaurante Windows on the World, que estaba ubicado en el piso 106 de la Torre Norte. Pero la familia de Hernández dijo que no podía ser él por la ropa que llevaba.

El segundo hombre era Jonathan Briley, un ingeniero de sonido de 43 años que también trabajaba en el restaurante. Los hermanos de Briley dijeron que pensaban que, por la ropa y el cuerpo del hombre, podría ser el de la foto.

Es posible que sea él, pero no hay forma de estar seguro.

En 2006, el director estadounidense Henry Singer realizó un documental basado en los informes de Junod y utilizando otras imágenes capturadas ese día.

Avión en Kabul

La elección entre la muerte y la muerte parece haber sido también lo que sucedió hace tres semanas en Afganistán, cuando, desesperados por abandonar el país, unos hombres se colgaron del fuselaje de un avión estadounidense.

Las dos imágenes son como dos finales terribles de esta historia que se unieron 20 años después.

Casi un mes después de los ataques a las Torres Gemelas, el entonces presidente de Estados Unidos, George W. Bush, anunció la guerra contra Afganistán. Estados Unidos sacaría del poder a los talibanes, que daban cobijo a al Qaeda, los perpetradores de los ataques, en el territorio que controlaban.

Afganos esperando para salir del aeropuerto de Kabul el 16 de agosto de 2021.

AFP
Cientos de afganos corrieron al aeropuerto de Kabul y se aferraron a un avión con la esperanza de salir del país.

Después de 20 años, cuando el presidente Joe Biden llevó a Estados Unidos a poner fin a la guerra al retirar a las tropas estadounidenses de Afganistán, los talibanes regresaron al poder.

Fue la desesperación de permanecer en un país nuevamente controlado por los talibanes lo que hizo que los afganos se aferraran a las alas y al fuselaje de un avión.

El avión despega y los cuerpos caen en picado hacia la nada, tal como lo hicieron el 11 de septiembre. Un joven futbolista de 19 años, Zaki Anwari, murió tratando de escapar de esta manera.

El fotógrafo de “El hombre que cae” se negó a comentar sobre Afganistán o la política actual. Hoy, Drew fotografía la emoción de los “corredores” de la Bolsa de Valores de Nueva York, justo al lado de donde alguna vez estuvieron las Torres Gemelas y donde ahora hay un monumento a las víctimas del 11 de septiembre.


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