¿Quién está a cargo de la policía capitalina?
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¿Quién está a cargo de la policía capitalina?

Luis Rosales Gamboa, conocido entre la policía capitalina como “El jefe Apolo”, tomó el cargo de director de la Policía del DF tras la renuncia de Jesús Rodríguez Almeida.
Por Nayeli Roldán
9 de diciembre, 2014
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Foto: Cuartoscuro/Archivo

Foto: Cuartoscuro/Archivo

Luis Rosales Gamboa, conocido entre la policía capitalina como “El jefe Apolo”, ha visto pasar a jefes de Gobierno y secretarios de Seguridad del Distrito Federal en los últimos 42 años. Aunque ha participado en los fallidos operativos que terminaron en decesos, detenciones arbitrarias o violencia incontrolable, nunca ha sido amonestado o destituido. Su carrera solo ha ido en ascenso.

Tras la renuncia de Jesús Rodríguez Almeida a la Seguridad Pública del Distrito Federal el viernes cinco de diciembre, Rosales quedará al mando de la dependencia hasta que el Ejecutivo Federal apruebe al nuevo titular, propuesto por el jefe de Gobierno, como lo establece la legislación.

El policía moreno de gesto serio se le ve caminar en los operativos con radio en mano organizando a los uniformados. Cuando en la frecuencia se escucha a Rosales, los policías saben que sus órdenes son inobjetables. Su cargo como subsecretario de Operación Policial, es tan imponente como elindicativo que escogió: “Apolo”, nombre de un dios griego que desde la distancia era capaz de castigar a una población entera por los pecados de su gobernante.

Rosales inició su carrera como policía en 1972, un año después del Halconazo. Los primeros puestos de mando que alcanzó fueron en el oriente de la Ciudad de México, como jefe del Sector Lindavista, coordinador de la policía sectorial en la delegación Gustavo A. Madero y director ejecutivo de la Región Seis, Gustavo A. Madero-Azcapotzalco.

Una zona de la ciudad que conoció muy bien, y a la que años después regresó bajo un contexto inédito. El 20 de junio de 2008, la Secretaría de Seguridad Pública del DF y la Procuraduría General de Justicia capitalina, realizaron un operativo de verificación administrativa en la discoteca News Divine, ubicada en la colonia Nueva Atzacolaco de la delegación Gustavo A. Madero, que terminó en la muerte de 12 personas y decenas de lesionados. Entonces Rosales era subsecretario de la Secretaría.

El “Informe Especial sobre violaciones a los Derechos Humanos en el caso News Divine”  de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal (CDHDF), concluye que “de la violación de derechos son responsables, el director Ejecutivo Regional VI en GAM, Guillermo Zayas, quien diseñó y ejecutó el operativo, y el Subsecretario de Seguridad Pública, Luis Rosales Gamboa, quien lo aprobó”.

El informe advierte que el operativo no previó escenario de riesgos y el uso de la fuerza fue desproporcionada. Además, mientras los jóvenes intentaban salir, los policías cerraron las puertas del lugar lo que “creó las condiciones para generar una trampa mortal”.

“El operativo que se ejecutó conforme a las instrucciones que cada uno de los mandos tenía, y que la consecuencia fatal se derivó más bien en de un incremento en la intensidad con la que se llevó a cabo. No solo no se reaccionó adecuadamente ante la contingencia que se estaba presentando, sino que la acción de la propia policía al tratar de cumplir con el objetivo de asegurar a las y los jóvenes, agravó la situación”, agrega.

“La muerte de las víctimas del News Divine no puede ser explicada como un ‘concierto de errores’, debe reconocerse que se trató de una consecuencia previsible del riesgo producido por el modo concertado en el que actuaron las autoridades involucradas”, establece el informe de casi 300 cuartillas.

Por este operativo fallido, fueron destituidos el titular de la SSPDF, Joel Ortega, y el procurador capitalino, Rodolfo Félix Cárdenas y Guillermo Zayas enfrentó un proceso penal por el delito de asesinato culposo contra 12 personas, mientras que Luis Rosales se mantuvo en el cargo y cinco meses después ocupó la jefatura del Estado Mayor Policial.

El activista y abogado, Jesús Robles Maloof, criticó en 2011 que el entonces jefe de Gobierno, Marcelo Ebrard, mantuviera en su administración a Luis Rosales sin importar que “para las familias de quienes murieron constituye una afrenta y una herida permanente”.

Dos años antes, en 2006, Rosales era director de la policía sectorial, pero ascendido a la subsecretaría, que era ocupada por Gabriel Regino, cuando este se separó del cargo tras un operativo en San Juan Ixtayopan Tláhuac, que terminó en el linchamiento de tres elementos de la Policía Federal Preventiva.

Regino advierte que Rosales es un hombre “entregado a su labor. Trabaja casi las 24 horas”. Además, su conocimiento sobre la ciudad es incuestionable. Puede hacerse cargo de cualquier problema vial. De ahí que en 2011 fue nombrado como subsecretario de Control de Tránsito.

En 2012, cuando el presidente Enrique Peña Nieto, rendía protesta en el Palacio Legislativo de San Lázaro, decenas de jóvenes protagonizaron una de las manifestaciones más violentas en la Ciudad de México de los últimos años.

Rosales se encargó de la coordinación y supervisión de las acciones policiales para la toma presidencial con un dispositivo policial de 5 mil 172 elementos. Sin embargo, los autodenominados anarquistas atacaron a los uniformados con bombas molotov y recorrieron desde San Lázaro hasta Reforma causando desmanes a su paso con una policía que pareció disminuida y poco pudo hacer para detenerlos.

Después de los destrozos de los anarquistas, los granaderos incurrieron en la detención arbitraria de 102 personas, por lo que la CDHDF emitió la recomendación 7/2013, en la que concluyó que “las autoridades de la ciudad de México involucradas en los hechos de ese día, actuaron de manera desorganizada y reaccionaron de manera notoriamente desproporcionada”.

La policía demostró “desorganización pues no logró detener a quienes realizaron actos vandálicos en comercios y monumentos del centro de la capital, pero mostró una actitud desproporcionada con la detención de más de 100 personas, de las cuales 99 fueron de manera arbitraria, sin vinculación con los hechos imputados”, explicó entonces el ombudsman capitalino, Luis González Placencia.

Después de ello, el jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera, nombró al “jefe Apolo” como subsecretario de Operación Policial. En este cargo, Rosales es el responsable de todos los operativos que se realizan en el Distrito Federal.

Ya sea en el terreno o desde el C4, donde observa los operativos desde las cámaras de vigilancia, dirige a sus elementos como en juego de ajedrez, aunque siempre espera las órdenes de sus superiores, en este caso, del Secretario de Seguridad Pública o el Jefe de Gobierno.

Sin embargo, lo que ocurrió el 1 de diciembre de 2012 se repitió en las manifestaciones posteriores donde aparecen los autodenominados anarquistas, como el 2 de octubre y 10 de junio de 2013.

Los más recientes operativos tienen el mismo sello: primero, el ataque de los jóvenes vandalizando, como ocurrió el 8 de noviembre cuando incendiaron la puerta de Palacio Nacional tras una protesta pacífica en apoyo a los normalistas de Ayotzinapa. Después, la actuación de policías deteniendo a gente de manera arbitraria que son liberados horas después al no encontrar elementos para culparlos. Patrón que se repitió también el 20 de noviembre y el 1 de diciembre pasado.

El ex secretario, Jesús Rodríguez Almeida, estaba tan satisfecho de la labor de sus subordinados que el 24 de noviembre felicitó a su personal “por el trabajo demostrado, por el gran valor, gallardía, responsabilidad y sobre todo porque restablecieron el orden público, le guste a quien le guste”.

Aunque el funcionario renunció 11 días después de esta declaración, Rosales sigue en la dependencia. Se ha mantenido con una lealtad absoluta a sus superiores y al mismo tiempo manteniendo a sus subordinados alineados, sin importar cuán alto grite o sea altanero, según afirman personas que han trabajado con él.

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"Pasé 20 años en prisión. Hoy alimento a miles de personas en Estados Unidos"

El californiano Manny Flores estuvo involucrado en la violencia de pandillas y cumplió 20 años de condena por atentado de homicidio. Hoy dirige uno de los bancos de alimentos más importantes de California.
15 de octubre, 2021
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Manny Flores sabe que lo vienen a matar.

Es el líder de una de las facciones carceleras más poderosas de California, pero alguien más quiere su puesto.

En sus planes no está quedarse quieto mientras conspiran contra él. Así que se adelanta, agarra a su verdugo y lo apuñala 18 veces.

Flores cumple una condena de 20 años en prisión, pero está convencido que tras apuñalar a su enemigo le darán cadena perpetua.

“Pensé que más nunca vería a mis padres”, dice.

“Gracias a Dios”, añade este californiano de padres latinos, el apuñalado sobrevivió y jamás lo acusó formalmente.

Fue como si el destino le diera otra oportunidad. Así que Flores cerró su primera vida: la pandillera, criminal y peligrosa.

Hoy es otro hombre.

Veintisiete años después de entrar en una de las cárceles más peligrosas de California por su actividades como pandillero, Flores devuelve a su comunidad como bien todo el mal del pasado.

Actualmente es el director del North Valley Caring Services (NVCS), una organización sin ánimo de lucro que alimenta, apoya, educa y protege a miles de familias desamparadas en la zona del Valle de San Fernando en el condado de Los Ángeles.

Vista aérea de parte del Valle de San Fernando.

Getty Images
La zona del Valle de San Fernando en Los Ángeles es sede de corporaciones gigantes como Walt Disney, CBS o Warner Bros.

Porque detrás de la fachada de Silicon Valley, el glamour de Hollywood, las playas de surf, el sol y la riqueza, Flores asegura que el riesgo de mendicidad está fuera de control en este estado del país más poderoso del mundo.

“No sé si alguna vez pueda reparar a mi comunidad todo el daño que hice, pero hasta donde yo pueda, quiero trabajar duro, ser honesto y dedicar mi vida al bien”, afirma.

La labor de Flores es ejemplo de superación y conversión para toda su comunidad.

Un camino nada fácil que, hoy con 50 años, comparte con BBC Mundo.

Auxilio para los desamparados

El Valle de San Fernando se encuentra en el norte del condado de Los Ángeles.

Esta zona, sede de corporaciones gigantes como Walt Disney y Warner Bros, también acusa la grave crisis de mendicidad que azota a todo Los Ángeles y al estado de California.

“La realidad es que el costo de la vida está fuera de control. Eso está empujando a mucha gente a la mendicidad”, comenta Flores.

Manny Flores junto a algunas de las personas sin techo que ayuda.

Manny Flores
Flores asiste a unas 4.500 familias en el Valle de San Fernando en Los Ángeles. La mayoría son personas sin techo, víctimas de la grave crisis de mendicidad que afecta a la ciudad y al estado de California.

Según el último reporte anual de Los Angeles Homeless Services Authority, de 2019 a 2020 el número de “sin techo” en el condado de Los Ángeles ascendió a 66.433 personas, uno de los peores registros del país.

La mayoría que necesita ayuda son familias de ingreso medio. Ellos son quienes peor lo están pasando ahorita, los más frágiles”.

Entre esas decenas de miles se encuentran muchos de los que Flores se ha propuesto devolverles cada día como bien el mal que dice haberles hecho en el pasado.

“Alimentamos cada semana a un total de 4.500 familias. Desde nuestra agencia atendemos unas 1.500. Luego, a través de iglesias y centros de distribución, completamos la cifra”.

“Yo le hice mucho daño a mi ciudad, Los Ángeles. Es mi deber servir y usar todo lo malo que viví para bien”.

Camino torcido

El Flores de antes de prisión dista mucho de la persona con la que hablo por teléfono.

Se le nota conmovido cada vez que menciona lo mal que lo está pasando su comunidad.

Pero hace más de dos décadas sus motivaciones eran muy diferentes.

“No sé cómo me torcí. Era hijo único y mi casa jamás fue problemática o abusiva”.

Manny Flores adolescente.

Manny Flores
Siendo apenas un adolescente, Flores comenzó a involucrarse en el crimen y la violencia de pandillas en Los Ángeles.

“Crecí en una familia donde me inculcaron principios de valor, amor, respeto hacia el prójimo, las propiedades y el sistema”.

Como muchos angelinos, los padres de Flores son latinos. Su mamá vino de Cuba y su papá de México.

En los años 80, en plena adolescencia, Flores empieza a “ensuciarse” con las pandillas que rondaban su vecindario.

Dice que las malas influencias lo cambiaron, que adoptó un estilo de vida diferente.

En aquellos años, el día a día de Flores era vender drogas, robar, extorsionar, portar armas, dispararlas contra las bandas rivales.

Y no fue un pandillero cualquiera.

Cuerpo tapado víctima de un tiroteo en el sur de Los Ángeles.

Getty Images
Manny Fores estuvo involucrado en la intensa violencia pandillera que sacudió Los Ángeles entre los 80 y los 90.

“Yo era un personaje de alto grado. Contaban conmigo para la logística de la pandilla. Movía dinero, manipulaba a la gente y reclutaba jóvenes”.

A los 22 años, Flores ya había estado envuelto en múltiples apuñalamientos y tiroteos.

Con 23 años, sin embargo, se propuso llevar un estilo de vida más pacífico. Se casó. Tenía dos hijos.

Pero todo volvió a torcerse.

“Intentaron asesinarme y fui a cobrármelas. Busqué a quienes me dispararon, disparé contra ellos y le di a una persona”.

Fue el último periplo criminal de Flores en la calle. La policía lo agarró y la justicia le impuso 20 años de cárcel por intento de homicidio.

La vida en prisión

A Flores lo enviaron a una de las prisiones más violentas del estado.

Como en la vida pandillera, en las prisiones californianas manda la ley del más fuerte. Un juego de poder en el que este joven de 23 años no quiso quedarse atrás.

“Me asocié en prisión con la mafia mexicana, pero había otras facciones, como los afroamericanos, los estadounidenses blancos, los skinhead o los de la Nación Aria”.

Vista aérea de la prisión de San Quentin en California.

Getty Images
Manny Flores asegura que en las prisiones de California varias facciones compiten por el poder y control.

Dentro de la mafia mexicana, Flores vuelve a erigirse como líder.

Estaba a cargo de unos 200 hombres dentro del centro penitenciario. Decide las políticas de prisión, con quién se pelean, qué drogas entran. Lo supervisa todo.

“Alguien quería mi posición y lo mandaron a apuñalarme. Me avisaron que pasaría, pero no podía dejar que pasara. Tuve que enseñar que era un hombre y que mis problemas los arreglo yo solo”.

Entonces Flores fue y le clavó 18 veces el puñal a quien lo quería atacar.

“Pensé que me darían cadena perpetua, pero el tipo sobrevivió y nunca me acusó. Es muy raro que eso pase“.

La conversión

En medio de la condena, las autoridades mandaron a Flores a una celda aislada, para donde van los más peligrosos.

“Me controlaban las 24 horas del día. No veía el sol, no tenía visitas, ni contactos ni acceso al teléfono. La gente allí se vuelve loca”.

Pero la soledad, el aislamiento y “un encuentro con Dios” cambiaronn a Flores. Tenía tiempo para pensar.

Manny Flores junto a su madre y su padre.

Manny Flores
Flores aprovechó el aislamiento en prisión para reflexionar sobre por qué y cómo se alejó de las enseñanzas de su familia.

Comprende que sus errores y crímenes del pasado responden a una baja autoestima, a una necesidad de ser aceptado a través de imponer miedo y respeto.

“Fue la primera vez que fui honesto conmigo mismo. Muchas de las cosas que hice fueron por puro miedo y no porque fuese el más bravo. Es curioso, porque le ha sucedido igual a otros en la misma situación”.

Flores aprovechó el aislamiento para estudiar, formarse, y prepararse para una nueva vida fuera de prisión.

Manny Flores junto a su madre.

Manny Flores
Tras salir de prisión, Flores demostró a sus padres que podía cambiar y aplicar todas las buenas enseñanzas que le inculcaron de niño.

Reinserción complicada

Cuando Flores sale de la cárcel en 2014, empieza a tocar puertas.

Una de las primeras fue las de la iglesia que le ayudó en su conversión dentro de la cárcel.

“No me aceptaron. Tenían miedo por mi pasado. Pensaron que quizás mi conversión no era real y que podría hacerles daño. Me dieron a entender que buscara otra iglesia”.

Flores vivió en primera persona las dificultades por las que puede pasar un exconvicto para reinsertarse en la sociedad.

“Cuando estaba en prisión, todos me pedían que cambiara. Pero cuando cambié y salí, uno se da cuenta de muchas cosas. La gente, tu familia, tu comunidad, tu iglesia, quieren que cambies, pero cuando tienen que darte una oportunidad las cosas son muy diferentes”.

Manny Flores rezando en Navidad.

Manny Flores
Manny Flores no lo tuvo fácil para reinsertarse en la sociedad y muchas puertas que parecían abiertas se le cerraron.

“Es difícil encontrar oportunidades para personas como yo. Con antecedentes es muy difícil tener un trabajo significativo“.

Fue entonces cuando la pequeña organización North Valley Caring Services (NVCS) apareció en su camino.

La directora en ese tiempo tenía un amigo en común con Flores. Le concedieron una entrevista y luego le ofrecieron un trabajo.

Cinco años más tarde, a Flores lo nombraron director tras implementar un programa de comida que de a poco comenzó a impactar la vida de muchos.

“Estoy muy agradecido. Yo no tenía ninguna experiencia, solo mi educación en prisión y lo que aprendí en la calle”.

Manny Flores junto al alcalde de Los Ángeles, Eric Garcetti.

Manny Flores
La tarea de Manny Flores al frente de NVCS ha trascendido por toda la ciudad. En esta foto posa junto al alcalde de Los Ángeles, Eric Garceti.

Mucho más que un banco de alimentos

Repartir comida es solo uno de los programas que actualmente maneja el NVCS bajo la dirección de Flores.

Proporcionan aparcamientos para las familias que viven en sus carros, ofrecen seguridad, alimentos, ducha.

También asisten a los que viven en estaciones de trenes.

El centro, además, educa a niños y les enseña a usar computadores y navegar en internet.

“Muchas familias que llegan al país no saben cómo usar las computadoras y no pueden ayudar a sus hijos con las tareas. Así que establecimos un salón donde ofrecemos ayuda“.

Manny Flores en una de las jornadas de distribución de alimentos.

Manny Flores

El NVCS también enseña habilidades de emprendimiento para individuos. Fomenta la creación de microempresas e inculca conceptos de negocios.

Luego les busca un sitio donde puedan vender sus artículos y quedarse con el 100% de las ganancias.

“Varias personas han conseguido buenos contratos y ahora se encuentran en otro nivel económico. Por medio de nuestros programas, hemos conseguido impactar a un 20% de las personas del área de San Fernando“.

“Nuestro objetivo es crear un sistema colectivo y cooperativo donde logremos que la comunidad entienda la fuerza que tiene cuando trabajamos juntos”, dice Flores.

Satisfacción personal y familiar

Flores se ha vuelto a casar. Su actual esposa es la primera mujer con la que dice que fue completamente honesto.

“Le expliqué mis circunstancias y me presenté cómo soy. Me aceptó con todo”.

Flores le agradece a Dios y a la vida el haber tenido la oportunidad de enmendar su camino.

Le emociona que su papá y su mamá hayan podido ver el cambio en su vida y todo lo que hace por su comunidad.

Manny Flores junto a su padre.

Manny Flores
Manny Flores se siente agradecido a Dios y a la vida por permitir que su padre viera cómo cambió y aplicó sus enseñanzas.

“Mi papá falleció hace un mes, pero tuve el privilegio de que me viera reflejando todas las enseñanzas que él me inculcó. No sé si lo que hago podrá reparar el daño que hice, pero trabajaré muy duro para intentarlo”.

A Flores le gustaría ver más modelos de organizaciones como NVCS, que con un presupuesto limitado está haciendo un gran cambio en el barrio.

“Ya nos han invitado a abrir más agencias en dos ciudades cercanas. Estamos muy cerca de lograrlo“, cuenta ilusionado.


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