“No tendremos paz hasta hallar a nuestros hijos” (historias de la caravana de madres migrantes)
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Foto: Manu Ureste (@ManuVpC)

“No tendremos paz hasta hallar a nuestros hijos” (historias de la caravana de madres migrantes)

El Movimiento Migrante Mesoamericano denunció que, a pesar de que los estudios alertan que en México hay entre 70 mil y 150 mil migrantes desaparecidos, las autoridades aún no hayan creado un mecanismo de búsqueda, ni una base de datos para tener registros oficiales de los casos de desaparición.
Foto: Manu Ureste (@ManuVpC)
Por Manu Ureste
1 de diciembre, 2014
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La caravana de Madres Migrantes ‘Puentes de Esperanza’ denunció a su paso por el Distrito Federal que en México se está viviendo un “holocausto migrante”, debido a los miles de centroamericanos que han desaparecido en este país.

En este sentido, Martha Sánchez, del Movimiento Migrante Mesoamericano, señaló que, a pesar de que las cifras de académicos estiman que en México hay entre 70 mil y 150 mil migrantes desaparecidos, las autoridades no hayan establecido aún un mecanismo oficial de búsqueda a 10 años de que inició la Caravana. .

“En México la puerta de entrada para investigar una denuncia de desaparición es la PGR. Nosotros le comentamos a uno de los funcionarios de la PGR que cómo se imaginaban que 70 mil familias de migrantes, usando la cifra más baja, vinieran hasta México a hacer una denuncia oficial ante un Ministerio Público, para que eso genere un proceso de búsqueda. Es absurdo”, apuntó Sánchez en rueda de prensa.

“Tenemos que pensar más allá de estos parámetros ridículos de la burocracia. Hay que pensar otras formas para crear un sistema de búsqueda”, agregó la activista.

Cuestionada si el Movimiento Migrante Mesoamericano se ha reunido con las autoridades para tratar este tema, Martha Sánchez dijo que no han buscado esa reunión debido a que en anteriores ocasiones han mantenido encuentros sin que las autoridades hayan ofrecido un resultado concreto.

“No nos hemos reunido con las autoridades porque tenemos 10 años escuchando lo mismo: nos dicen que ya van a empezar a buscar, que ya cambiaron tal regla, que ahora sí, que ya tienen el principio de una base de datos. Pero la realidad es que esto los rebasó y llevan 10 años de retraso. Aparentemente, hay una voluntad de muchos. Pero no hay cambios reales”, lamentó.

Asimismo, desde que comenzó la caravana, la defensora de derechos humanos detalló que han encontrado a 200 personas migrantes, de los cuales solo dos estaban muertas. “La gente logra sobrevivir -resaltó-. Y entre los que encontramos, muchos son de los que tenían más tiempo desaparecidos. Por eso seguimos buscando. Hay mil razones para hacerlo”.

A continuación, Animal Político presenta algunas de las historias de las 43 personas que integran la décima Caravana de Madres Centroamericanas.

 

“Mi hijo se fue de Honduras por la presión de las pandillas”

Vilma busca a su hijo Jesús Sánchez. La última vez que supo de él estaba en Monterrey. //Foto: Manu Ureste

Vilma busca a su hijo Jesús Sánchez. La última vez que supo de él estaba en Monterrey. //Foto: Manu Ureste

Jesús Sánchez tiene 19 años el día que, con la angustia contenida en el rostro, platica con su madre y le pide que por favor lo deje marchar para el Norte porque ya no aguanta más la presión de los pandilleros.

“Él se fue de casa por las amenazas, porque allá en mi país los pandilleros y los narcos exigen que los jóvenes se unan a ellos. Y si no lo hacen, entonces nos destruyen la vida matando a nuestros hijos y también a nosotros”, explica Vilma Maldonado que, como Jesús, es de Honduras; país que, de acuerdo con un estudio del Observatorio Casa Alianza, sólo en el año 2013 contabilizó el asesinato de mil 013 niños, niñas y menores de 23 años a manos de las dos principales pandillas que operan en Triángulo Norte de Centroamérica: la Mara Salvatrucha –MS13- y el Barrio 18.

“Antes de entrar a esa vida de las pandillas Jesús prefirió irse para Estados Unidos. Yo viví con él esa angustia –añade Vilma, que lleva colgado del cuello un retrato en blanco y negro con la fotografía de su hijo, en la que se observa a un muchacho de mirada limpia, tez morena y el pelo negro rapado a la moda-. Yo le dije que sí, que se fuera de Honduras. Y que le ayudaría a buscar los medios económicos para que se marchara”.

En septiembre del 2011, Vilma consiguió al fin reunir algo de dinero y Jesús se despidió de ella. Por la puerta, recuerda la hondureña a tres años de su marcha, salía un muchacho “muy alegre”, “con excelentes calificaciones en Matemáticas”, y sobre todo –añade la madre con una sonrisa en los labios- “muy querido por sus amigos y muy apetecido por las amigas”.

A pesar de los riesgos que implica viajar arriba del ferrocarril al que llaman ‘La Bestia’, el camino por México transcurre sin problemas. A los días de su marcha, Jesús llama a su casa y le asegura a su madre que ya está cerca de cumplir su sueño, que unos kilómetros al norte de Monterrey ya asoman los Estados Unidos.

“La última vez que me comuniqué con él me dijo que estaba buscando los medios para cruzar la frontera, porque tenía que pagar a un pollero que lo iba a ayudar. Yo le dije que se esperara un poco, que tomara su tiempo para cruzar porque allá es muy peligroso”, cuenta Vilma.

Así pasaron los días.

A veces, Jesús llama a su madre para contarle cómo se siente lejos de casa, en un país extraño, y cuánto extraña a su hijo Alexander, un bebé de dos años por aquel entonces. Y en otras ocasiones es ella quien marca al celular de su hijo para escuchar su voz y asegurarse de que está bien.

“Teníamos una comunicación constante, hasta que… -la voz de la madre se rompe al llegar a este punto de la narración-. Hasta que un día volví a marcar a ese mismo número de teléfono y otra persona me contestó la llamada”.

“Esa persona me dijo que había marcado un número equivocado -lamenta Vilma-. Y eso es lo último que sé de mi hijo”.

 

“Tranquila, nada me va a pasar en el camino”

Foto: Manu Ureste

Suyapa del Socorro busca a su hermana Diana Maribel Rivera Muñoz, de Nicaragua. //Foto: Manu Ureste

“Vení hermana, quiero hacer un pacto con vos”.

Es una noche cálida del año 2004, en Chinandega, Nicaragua.

“Hermana, no me está llegando el dinero del trabajo. Yo ya estoy aburrida de esta vida. Voy a viajar para ‘los Estados’, para ya salir de esta pobreza y que nunca más nadie nos humille”.

Al recordar aquella última plática, Suyapa del Socorro Muñoz, de 52 años, no puede evitar que las lágrimas le broten de los ojos y le resbalen por las mejillas, mientras sus manos agrietadas se aferran a un cuadro con la fotografía de una joven que luce un vestido azul, los labios pintados de rojo, un poco de maquillaje de tono azulado entre las cejas perfiladas y los párpados, y que esboza una sonrisa a la cámara que la retrata.

“Mi hermana se llama Diana Maribel Rivera Muñoz. Tenía 35 años cuando salió, y ahora acaba de cumplir los 45 -alcanza a explicar la centroamericana tras recobrar momentáneamente el aliento-. Desde que se fue de Nicaragua no hemos vuelto a hablar con ella. Esto es una angustia. Si al menos supiéramos qué ha pasado con su vida… pero no sabemos nada”.

Al regresar a aquella noche de hace diez años, Suyapa cuenta que insistió varias veces a su hermana para que no se marchara de migrante a Estados Unidos, y que, incluso, intentó persuadirla con la autoridad de quien la crió como una madre desde que, hace años, un compañero de su mamá intentara abusar sexualmente de ella y decidiera llevarse a Diana lejos de esa pesadilla.

“Esa noche yo estaba sentada debajo de unos palitos. Diana llegó y me dijo que ya se iba, pero que antes quería que hiciéramos un pacto de hermanas”.

El pacto, cuenta la nicaragüense, consistía en que Suyapa se hiciera cargo de sus niños, en caso de que algo llegara a sucederle en el camino hacia el Norte.

“Yo le insistí. Le dije, pero si estamos bien aquí. No te vayas Diana, por favor. Como quiera, al menos comemos tortilla con sal. Pero ella me contestó: ‘no hermana. Mirá cuánto tiempo tenemos acá y solo estamos rodando y rodando. Yo quiero viajar, irme primero rumbo a Guatemala, luego para México, y al final para los Estados Unidos’”.

La decisión ya está tomada.

Diana parte a la mañana siguiente, no sin antes tratar de consolar a su hermana.

“Estate tranquila –le dice, cariñosa-. Nada me va a pasar en el camino”.

 

“Hace 4 años que no sabemos nada de mi hijo”

Foto: Manu Ureste

José Aníbal busca a su hijo Darwin Aníbal Villatoro. //Foto: Manu Ureste

 

La última vez que José Aníbal y su mujer Antonia supieron de su hijo, éste se encontraba en Nuevo Laredo, Tamaulipas, a unos pasos de cruzar la frontera con Estados Unidos.

“Hace cuatro años que mi hijo, Darwin Aníbal Villatoro, salió de mi casa, y que no sabemos nadita de él”, lamenta el padre de familia hondureño que, ante la frágil salud de su esposa, decidió tomar su lugar en esta Caravana de Madres Centroamericanas ‘Puentes de Esperanza’, para recorrer México en busca de alguna pista.

“Nosotros vivimos en Valle, que es una de las zonas más pobres de Honduras –detalla José Aníbal-. Y mi hijo estudiaba y también trabajaba en la maquila. Pero ganaba muy poco dinero, como mil 300 pesos a la semana. Y con ese dinero no se puede vivir en mi país, es muy poco”.

Por eso, recuerda el hondureño, un día su hijo llegó ante él y le habló de frente. Le dijo que tenía “el sueño de irse para Estados Unidos” en busca de más y mejores oportunidades, y que ya con 22 años cumplidos era un buen momento para intentarlo.

José Aníbal no objetó nada y su hijo partió con una mochila como lo hacen miles de centroamericanos que, a diario, parten de sus países para internarse en México y cruzar a suelo estadounidense por algunos de los poros que deja la frontera en el norte.

“La última vez que supimos de él fue en Nuevo Laredo, en Tamaulipas. Darwin llamó ese día a una hermana mía que vive en Estados Unidos y le dijo que estaba ahí esperando porque se había quedado sin dinero. Mi hermana le dijo que buscara un lugar para quedarse unos días, mientras veíamos la manera de hacerle llegar ese dinero para cruzar la frontera. Pero ya nunca más volvimos a hablar con él. Esa fue la última comunicación con Darwin. Desde entonces –José Anibal deja un espacio para el silencio -, desde entonces no sabemos nada de mi hijo. Nada de nada”.

A continuación, el hondureño mete ambas manos en los bolsillos del pantalón y agacha la mirada para ver la cartulina amarilla donde lleva pegada la fotografía de su hijo –que viste pantalón de mezclilla, un polo naranja, y una gorra azul-. La observa detenidamente durante unos segundos y levanta de nuevo la vista para dirigirla al resto de madres que, con el gesto serio y aferradas a sus desaparecidos, se mantienen en pie.

-¿Cree que su hijo aún está en México? –se le cuestiona-.

José Darwin encoge los hombros.

-Sólo Dios sabe eso –contesta tras meditarlo unos instantes-. Pero la caravana va a llegar hasta donde sea necesario con tal de saber de nuestros hijos. Porque hasta que sepamos algo de ellos, no vamos a tener paz en nuestro corazón.

**Nota publicada el 29 de noviembre.

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Qué tan diferente será la toma de posesión de Biden en EU y cómo será el dispositivo de seguridad

Este año la tradicional transmisión de mando será muy atípica debido a la crisis política que vive Estados Unidos y a las medidas de precaución exigidas para hacer frente a la pandemia.
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18 de enero, 2021
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La toma de posesión de Joe Biden como 46º presidente de Estados Unidos parece haber estado destinada a ser atípica.

Desde hace tiempo ya se sabía que los planes para este acto, previsto para el 20 de enero, tendrían que ser distintos para incorporar los protocolos sanitarios exigidos por la lucha contra el covid-19.

Pero a esa previsión se le han sumado tres circunstancias adicionales:

  1. La pandemia registra su momento más severo en Estados Unidos, con cifras récord de nuevos contagios confirmados y muertes.
  2. La crisis política desatada tras el asalto al Capitolio realizado el 6 de enero por partidarios del presidente Donald Trump, quien ahora debe enfrentar un juicio político por esos hechos y aún se niega a reconocer los resultados de las elecciones presidenciales del 3 de noviembre.
  3. La alerta de los cuerpos de seguridad ante la potencial amenaza de que se produzcan protestas o actos de violencia no solamente en Washington DC sino también en los capitolios de los estados.

La transferencia de mando ha sido considerada tradicionalmente en Estados Unidos como una fiesta democrática, con una asistencia multitudinaria. Esta vez las cosas serán diferentes.

BBC Mundo te cuenta los detalles.

¿Qué es la toma de posesión?

La toma de posesión es la ceremonia formal que marca el inicio de una nueva presidencia y tiene lugar en la capital del país.

Chapa conmemorativa de la toma de posesión de 2021.

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Históricamente, la toma de posesión es considerada como una fiesta de la democracia en EE.UU.

El único requisito de la ceremonia es que el mandatario electo recite el juramento presidencial: “Juro solemnemente que ejerceré fielmente el cargo de presidente de Estados Unidos y que, hasta el límite de mis capacidades, preservaré, protegeré y defenderé la Constitución de Estados Unidos”.

Una vez que pronuncie estas palabras, Biden ocupará su lugar como presidente número 46 y la toma de posesión estará completa (pero eso no es todo, luego siguen las celebraciones).

Kamala Harris se convertirá en vicepresidenta una vez que preste juramento en el cargo, lo que generalmente ocurre justo antes de que el presidente tome posesión.

¿Cuándo ocurrirá la ceremonia?

Por ley, el día de la toma de posesión es el 20 de enero.

Este año, los discursos de apertura generalmente están programados para alrededor de las 11:30 hora local (16:30 GMT), y Joe Biden y Kamala Harris tomarán posesión al mediodía.

Más tarde ese día, Biden se mudará a la Casa Blanca, donde residirá durante los próximos cuatro años.

Ronald y Nancy Reagan .

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La tradición de hacer la juramentación al aire libre se inició con Ronald Reagan.

La toma de posesión no siempre ocurrió en enero. Inicialmente, la Constitución establecía el 4 de marzo como el día para que los nuevos líderes presten juramento.

Seleccionar una fecha a cuatro meses de las elecciones generales de noviembre tenía sentido en ese momento dado el tiempo que tardaban los votos de todo el país en llegar a la capital.

Con el tiempo, a medida que los avances modernos facilitaron el recuento y el informe de los votos, se modificó este largo plazo.

La 20ª Enmienda, ratificada en 1933, estableció que el nuevo presidente tomaría posesión el 20 de enero.

¿Cómo será el dispositivo de seguridad?

Por lo general, las tomas de posesión presidenciales requieren grandes despliegues de seguridad.

Esa exigencia se hace más importante ahora, después de que una turba de seguidores de Trump irrumpieron en el Capitolio el 6 de enero.

El Buró Federal de Investigaciones (FBI, por sus siglas en inglés) advirtió sobre protestas armadas en los capitolios de los estados y en Washington DC en los días previos a la ceremonia, lo que llevó a los funcionarios a aumentar la seguridad y cerrar grandes sectores de la ciudad.

En una evaluación conjunta realizada por esa agencia y por el Departamento de Seguridad Nacional se justifica el aumento de medidas para evitar ataques de terroristas internos, quienes “suponen la amenaza más probable” a la toma de posesión.

Partidarios de Trump dentro del Capitolio de EE.UU.

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El asalto al Capitolio ejecutado por los seguidores de Trump obligó a elevar el nivel de alerta de seguridad.

Estos extremistas “siguen siendo una preocupación debido a su capacidad para actuar con poca o sin ninguna advertencia, su disposición a atacar civiles y blancos fáciles; y su habilidad para causar un número significativo de víctimas con el uso de armas que no requieren de conocimiento especializado”, señalaron estas autoridades en un documento citado por The New York Times.

Este viernes, el Pentágono anunció un incremento hasta 25.000 en el número de efectivos de la Guardia Nacional que podrán ser desplegados para la toma de posesión de Biden, unos 4.000 más de los que habían sido autorizados el jueves.

Efectivos de la Guardia Nacional en Washington DC.

Getty Images
Hasta 25.000 efectivos de la Guardia Nacional podrán ser desplegados con motivo de la toma de posesión.

Un ensayo de la ceremonia que estaba previsto para el domingo fue pospuesto y reprogramado para el lunes debido a preocupaciones de seguridad, según informó el sitio web Politico.

Mientras tanto, un viaje en tren de 90 minutos planeado por Biden y su equipo desde sus oficinas en Delaware a Washington previsto para el lunes también ha sido suspendido por los mismos motivos, informó Associated Press.

Biden pidió a Lisa Monaco, la asesora contra el terrorismo del expresidente Barack Obama, que trabaje como asesora temporal sobre la seguridad para la toma de posesión.

La capital estadounidense se encuentra en estado de emergencia, por una orden que emitió la alcaldesa Muriel Bowser ante los disturbios en el Capitolio, y permanecerá así hasta la toma de posesión

Bowser advirtió este viernes que el sitio donde se realizará la ceremonia no es el único lugar que ha sido objeto de amenazas en línea.

El Servicio Secreto ha tomado el mando de los planes de seguridad, respaldado por la Guardia Nacional y de policías.

El agente Matt Miller, quien lidera el esfuerzo de seguridad en nombre del Servicio Secreto, dijo a los reporteros el viernes que la planificación del evento ha estado en marcha durante más de un año.

Y aunque Biden ha insistido en prestar juramento en un espacio abierto, como es tradición, la asistencia se reducirá.

¿Asistirá Trump a la ceremonia?

Es una costumbre que el presidente saliente presencie la juramentación de su sucesor, lo que en ocasiones puede hacer de la ceremonia algo incómodo.

Donald Trump y Barack Obama

Getty Images
Barack Obama acudió a la toma de posesión de Donald Trump.

Este año, será una incomodidad distinta: el presidente saliente no se presentará.

“Para todos los que han preguntado, no iré a la toma de posesión el 20 de enero“, tuiteó Trump el 8 de enero.

El mensaje fue divulgado poco después de que el mandatario se comprometiera con una transición de poder “ordenada” a un “nuevo gobierno” y eso es lo más cerca que ha estado de reconocer públicamente el triunfo de Biden.

Algunos de sus partidarios ya habían dado un paso más, planeando una “segunda toma de posesión” virtual para Trump el mismo día (y hora) en que Biden asume el cargo. Más de 68.000 personas han dicho en Facebook que asistirán al evento en línea para mostrar su apoyo a Trump.

El vicepresidente Mike Pence, sin embargo, ha dicho que sí asistirá a la ceremonia oficial.

Mike Pence.

Getty Images
Mike Pence, vicepresidente de Trump, sí acudirá a la ceremonia.

Cuando Trump prestó juramento en 2017, Hillary Clinton acudió junto a su esposo, el expresidente Bill Clinton, a la toma de posesión, solo dos meses después de su derrota electoral y de una dura campaña contra Trump.

Solo tres presidentes -John Adams, John Quincy Adams y Andrew Johnson- han optado activamente por no participar en la juramentación de sus sucesores, algo que no ha hecho ningún mandatario en el último siglo.

¿Cómo afectará la pandemia la ceremonia de este año?

En circunstancias normales, Washington DC vería a cientos de miles de personas acudir en masa a la ciudad para presenciar la toma de posesión, inundando el National Mall y ocupando todas las habitaciones disponibles de los hoteles.

Toma de posesión de Barack Obama

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Se estima que unos dos millones de personas acudieron a las celebraciones por la toma de posesión de Barack Obama en 2009.

Se estima dos millones de visitantes llegaron a la capital estadounidense cuando el presidente Obama asumió su primer mandato en 2009.

Pero este año, el tamaño de la celebración será “extremadamente limitado”, según ha dicho el equipo de Biden, que ha instado a los estadounidenses a evitar viajar a la capital.

Biden y Harris seguirán prestando juramento frente al Capitolio, en un lugar con vista a la icónica explanada del National Mall (una tradición que comenzó con el presidente Ronald Reagan en 1981), pero los puestos para observar la ceremonia que se habían instalado a lo largo de la ruta del desfile están siendo retirados.

Gran parte del parque del National Mall de 3,2 km de largo también estará cerrado al público.

En el pasado, había hasta 200.000 entradas disponibles para asistir a la ceremonia oficial pero este año, con las infecciones que siguen aumentando en EE.UU., solo estarán disponibles alrededor de 1.000 boletos.

Este año todavía habrá una versión de la tradicional ceremonia en la que el nuevo comandante en jefe inspecciona las tropas, pero en lugar del habitual desfile por la avenida Pennsylvania hasta la Casa Blanca, los organizadores dicen que organizarán un “desfile virtual”.

¿Cuáles artistas estarán invitados?

En los últimos años, los presidentes entrantes han agregado algunos de los artistas más queridos del país al programa del día. A pesar de la pandemia, este año no será diferente.

A Biden y a Harris se les unirá Lady Gaga, una acérrima defensora del presidente entrante que hizo campaña con él en los días previos a las elecciones.

Lady Gaga.

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Lady Gaga hizo campaña por Biden y ahora actuará en su toma de posesión.

Lady Gaga cantará el himno nacional y Jennifer López cantará durante la actuación musical de la ceremonia.

Después de que Biden preste juramento, el actor Tom Hanks hará de presentador de un programa de televisión en horario estelar que durará 90 minutos, un reemplazo compatible con la situación de pandemia de las celebraciones que normalmente se realizan en persona.

Contará con Jon Bon Jovi, Demi Lovato y Justin Timberlake, y se transmitirá en todas las principales redes y plataformas de EE.UU., con la excepción de Fox News, una red conservadora que ha apoyado a Trump durante su presidencia.

En 2009, Aretha Franklin cantó en la toma de posesión de Barack Obama, interpretando el tema “My Country ‘Tis of Thee”. Beyoncé también estuvo presente, cantando “At Last” para la pareja presidencial en el baile inaugural de su presidencia.

En su segunda toma de posesión en 2013, Obama pidió a Kelly Clarkson y a Jennifer Hudson que hicieran los honores. Beyoncé volvió de nuevo, esta vez para cantar el himno nacional.

Beyonce canta el himno nacional de EE.UU. en la toma de posesión de Obama en 2013.

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Beyonce participó en las dos tomas de posesión de Barack Obama.

Según la prensa estadounidense, Donald Trump tuvo más problemas para contratar artistas. Elton John rechazó la oferta para actuar y circularon informaciones según las cuales Celine Dion, Kiss y Garth Brooks hicieron lo mismo.

Al final, a la toma de posesión del mandatario republicano asistieron las Rockettes, el artista country Lee Greenwood y la banda 3 Doors Down.


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