Cómics que divulgan ciencia y demuestran lo poco que tiene de aburrida
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Imagen tomada de Yorokobu.

Cómics que divulgan ciencia y demuestran lo poco que tiene de aburrida

Pelopantón nació sin otras pretensiones que la de divulgar conocimientos científicos mediante sus cómics e ilustraciones. "No tenemos mucha idea de ciencia, pero entendemos que a través del cómic y el desenfado se puede crear cultura científica de calidad".
Imagen tomada de Yorokobu.
Por Yorokobu.es
19 de enero, 2015
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Anita y Resi admiten que, en su día, padecieron del síndrome de ‘falta de perspectiva’ que, no por común, deja de ser pernicioso. En su caso, afectó a su visión de la Ciencia. «Cuando la estudiábamos nos parecía una materia mecánica y estática». Por suerte con el tiempo ‘se curaron’ y cayeron en su error: «Los científicos no paran de experimentar, abrir nuevos caminos, curiosear, también se equivocan y rectifican constantemente. ¿No es acaso un proceso creativo?».

Así fue cómo la atracción por el universo científico empezó a crecer en los dos ilustradores gráficos. Comenzaron a codearse con personas relacionadas con la Ciencia y a trabajar temas relacionados con la disciplina. «Empezamos maquetando tesis para alumnos de doctorado». Y siguieron realizando nuevos proyectos alentados por el entusiasmo de sus nuevas amistades ‘científicas’. «Les encantaba ver su trabajo desde nuestro punto de vista»-

Pelopantón nacía sin otras pretensiones que la de divulgar conocimientos científicos mediante sus cómics e ilustraciones. «No tenemos mucha idea de ciencia, pero entendemos que a través del cómic y el desenfado se puede crear cultura científica de calidad».

Porque en España aquella no abunda. «La verdad, es desmoralizador… Un hecho muy significativo de la poca ‘culturilla’ general científica existente es la desaparición de un ministerio dedicado a la ciencia y la tecnología». Y si los esfuerzos públicos dedicados a la investigación escasean, no digamos los dedicados a la divulgación de los hallazgos: «Es fundamental que las personas conozcan el trabajo de los científicos para que puedan valorarlo».

Con sus lápices, cuadernos, una ‘distorsionada’ cámara fotográfica y un par de ordenadores con nombre propio (Macarena y Macario), Pelopantón acerca el mundo científico a todo tipo de públicos. Lo de ‘ilustrar ciencia’ no es algo nuevo. Se lleva haciendo desde hace siglos, aunque en su caso, dicen, su compromiso va más allá de reproducir de forma fidedigna aquellos conocimientos: «La divulgación conlleva además un compromiso social y creemos que la ilustración es un lenguaje muy apreciado por las personas».

Lo comprobaron con la recreación ilustrada de un cazador europeo de hace 7.000 años que realizaron para el investigador del CSIC Carles Lalueza-Fox. «La ilustración dio la vuelta al mundo poniendo ‘nerviosas’ a muchas mujeres y hombres, ¡si hasta fue considerado #HottieOfTheWeek! Ahora muchas personas conocen la historia de La Braña 1».

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Desde entonces siguen tratando de mejorar su método de divulgación científica mediante dibujos y cómics porque tienen claro que surte efecto. Aunque, por suerte, no es el único que funciona. «La tecnología está cada vez más presente en nuestro día a día. Nos acomodamos en el sofá y preparamos palomitas para ver series de televisión comoThe Big Bang Theory, Breaking bad o Black mirror. Este interés es mayor en UK o EE UU donde series de divulgación científica como COSMOS están compitiendo con las grandessitcom. En nuestro país se percibe cierto aumento de espacios de ciencia en los medios: Órbita Laika (TVE), Materia (El País), Quo, Naukas, Ciencia al cubo (RNE), etc. Hasta la moda de los monólogos se ha rendido a la ciencia con The Big Van Theory»-

«LA DIVULGACIÓN CONLLEVA UN COMPROMISO SOCIAL Y CREEMOS QUE LA ILUSTRACIÓN ES UN LENGUAJE MUY APRECIADO POR LAS PERSONAS»

Hasta los propios miembros de Pelopantón confiesan haberse dejado embaucar por el encanto de los medios: «Tuvimos un pequeño espacio veraniego en Balears fa Ciència de IB3 Radio».

Aunque lo suyo, reconocen, sigue siendo el dibujo. De entre todos sus proyectos no pueden dejar de citar el cómic de la Expedición Malaspina, «tanto la de hace 200 años como la contemporánea, que en 2010 dio la vuelta al mundo en el buque oceanográfico Hespérides recogiendo muestras de todos los océanos para su estudio». Pelopantón se embarcó para documentar la aventura a través de viñetas y demostrar a niños y adolescentes que de aburrida la Ciencia no tiene nada.

«También tenemos especial cariño por nuestros Planet Defenders, una serie de ilustraciones en las que destacamos a esas mujeres y hombres comprometidos con un mundo más justo, sostenible, libre… Algunos incluso pagaron ese compromiso con su vida. Nuestro favorito es Carl Sagan porque nos ha hecho viajar por todo el cosmos».

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SeaBirdstagram es el proyecto en el que trabajan actualmente. «Estamos creando junto con una bióloga una revista dirigida principalmente a pescadores para facilitar las relaciones entre Ciencia y pesca, tan necesarias para el estudio de fórmulas que nos acerquen a una explotación del medio marino más sostenible». El objetivo, el de siempre: que el trabajo de los científicos llegue a la mayor cantidad de gente posible para reconocer la importancia de la Ciencia en nuestro planeta y en nuestro día a día. Porque «sin ciencia no hay futuro».

BBC. 

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Cómo se vive la pandemia en la Antártica, el único continente que no ha registrado contagios de covid-19

El virus aún no ha llegado al "continente blanco", pero sus pocos habitantes ya están tomando medidas preventivas estrictas.
13 de abril, 2020
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Miembro de un equipo científico en la Antártica

Getty Images
Los que viven en Antártica están acostumbrados al aislamiento, explica Valenzuela Peña.

Mientras el nuevo coronavirus avanza de forma acelerada por el mundo, dejando miles de muertes a su paso, hasta ahora hay un continente libre de contagios: la Antártida.

En esta tierra cubierta de hielo, donde el clima frío, seco y ventoso no da tregua, sus pocos habitantes están tomando todas las medidas necesarias para evitar que la pandemia los golpee.

Y es que, en un lugar tan inhóspito y aislado como este, que cuenta con un solo hospital para atender necesidades básicas, un brote de covid-19 podría ser fatal.

En BBC Mundo quisimos saber cómo se vive la pandemia desde un lugar que ha quedado aún más aislado, por miedo al contagio.

Al teléfono desde uno de los puntos más australes de la Tierra, el capitán de fragata de la armada de Chile, Alejandro Valenzuela Peña, nos lo contó desde su punto de vista.

Aislamiento total

Bahía Fildes

Alejandro Valenzuela Peña
En la estación marítima de bahía Fildes conviven unas 170 personas.

La estación marítima de bahía Fildes, ubicada en el extremo suroeste de la isla Rey Jorge (también denominada 25 de Mayo por los argentinos), es una de las “puertas de entrada” a la Antártica.

Aquí conviven todo el año unas 170 personas en bases pertenecientes a distintos países, entre ellos, Chile, Uruguay, Rusia y China.

Rara vez la temperatura supera los 0°C en verano y, en invierno, el promedio es de -12°C.

Los pingüinos se ven por doquier y su rica fauna marina es el atractivo para los científicos que viajan periódicamente al conocido como “continente blanco” con el fin de realizar exhaustivos estudios.

Pero hace ya algunas semanas no se ven investigadores por estas tierras.

Cuando el coronavirus que causa el covid-19 comenzó a propagarse por China, en enero pasado, la base de este país cerró sus puertas.

Base de China en Antártida

Getty Images
China cerró su base en enero.

Sucesivamente, el resto de las naciones hicieron lo mismo.

Y hoy, la mayoría de ellas se encuentran completamente aisladas.

El último buque de pasajeros de la armada de Chile llegó a la bahía el 3 de marzo. Y el último vuelo el 26 de ese mismo mes, y se llevó a todas las personas que trabajaban de forma temporal en la Antártica (entre ellos, los científicos).

Estamos viviendo el aislamiento total. Un aislamiento dentro del aislamiento, dice Alejandro Valenzuela Peña.

“Aquí la pandemia se ha vivido de cerca, las bases estamos tomando las mismas medidas que cada país determina”, añade.

Así, por ejemplo, la representación chilena debe apegarse a las instrucciones del gobierno central de ese país, siguiendo indicaciones como el distanciamiento social, el uso mascarillas o el regular lavado de manos.

También se cancelaron todos los eventos deportivos y los horarios de comida ahora son diferidos para evitar aglomeraciones.

Hoy ya no hay contacto entre los que convivimos en la Antártica. No se está realizando ninguna actividad, ni celebraciones entre instituciones, ni contacto con bases extranjeras, que es lo que más afecta porque en este continente hay mucho de camaradería y cooperación entre las distintas bases”, dice Valenzuela Peña.

“Estamos viviendo la misma realidad que muchos países, porque tenemos que cuidarnos entre todos. Más aún pensando en que estamos en un lugar tan alejado donde todo se dificulta a la hora de que una persona resultara, ni Dios quiera, contagiada, agrega.

Alejandro Valenzuela Peña

Alejandro Valenzuela Peña
Alejandro Valenzuela Peña llegó a vivir a la Antártida el 18 de noviembre pasado.

¿Cómo se podría responder ante una emergencia?

En la Antártica, los recursos sanitarios son limitados.

Según explica el capitán de fragata de la armada de Chile, solo hay “un pequeño hospital donde trabaja un médico general y un par de enfermeros.

Ni hablar de camas para casos críticos, respiradores artificiales u otras instalaciones que son claves para combatir el covid-19.

“Si tuviésemos a una persona infectada, lógicamente la acción inmediata tendría que ser evacuarla del continente, dice.

El gran problema, explica, es que eso implicaría el movimiento de aeronaves o buques.

Y, si el clima no acompaña, la tarea sería muy compleja.

“Todo dependerá de cuán congelada esté la bahía para el ingreso de nuestros buques”, apunta Valenzuela Peña.

Un avión aterrizando en la base chilena de la Antártica

Getty Images
La llegada o salida de aviones se complica si las condiciones climatológicas son extremas.

Tampoco cuentan con las pruebas para comprobar si una persona contrajo el coronavirus.

“De presentarse un caso, tendríamos que evaluarlo con los medios disponibles y su confirmación tendría que hacerse en la ciudad de Punta Arenas (en el sur de Chile)”, dice.

Por lo mismo, ante estas dificultades, además de las medidas de distanciamiento social, el abastecimiento de la comida para sus habitantes está siendo vigilado de cerca por las autoridades locales.

Si bien el último gran suministro fue a fines de marzo -donde se llevó comida no perecedera como arroz, harina, tallarines y legumbres para el resto del año-, se continúan ejecutando algunos vuelos que llevan alimentos frescos.

Estos, sin embargo, deben ser minuciosamente revisados y desinfectados.

“Todos los alimentos que llegan aquí tienen que ser verificados”, explica el capitán de fragata.

Preparados para el aislamiento

Hielo en la Antártida

Getty Images

Alejandro Valenzuela Peña llegó a vivir a la Antártica el 18 de noviembre, mientras su familia se quedó en la ciudad chilena de Viña del Mar.

Al otro lado del teléfono -donde la sensación térmica es de -2.4°C en este jueves 9 de abril-, el capitán dice que intenta comunicarse con su familia lo más posible.

“Tener una videollamada, aunque sea precaria y no con muy buena señal, es un golpe anímico importante para la familia y para nosotros mismos, dice.

“Es un poco extraño estar enviando abrazos y mensajes de ánimo hacia otros continentes cuando uno está en la Antártica… Somos los únicos que no estamos infectados a nivel mundial y eso es bastante relevante”, añade.

El miembro de la armada asegura que, por ahora, está “tranquilo”.

“Nuestras familias están bien y pienso que estamos en una condición bastante favorable en comparación al resto de los países”.

Además, afirma que, a diferencia de mucha gente alrededor del mundo, los que viven en la Antártica están preparados y mentalizados para el aislamiento.

“Nosotros venimos aquí con la mentalidad de aislarnos entonces estamos preparados; estamos mentalizados para vivir este período de aislamiento, concluye.


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