Él es Moisés Sánchez, el reportero asesinado en Veracruz
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Cortesía Familia de Moisés Sánchez

Él es Moisés Sánchez, el reportero asesinado en Veracruz

En conferencia de prensa este 25 de enero, el procurador general de justicia del estado de Veracruz, Luis Ángel Bravo Contreras, dijo que el periodista Moisés Sánchez fue asesinado por las personas que lo sustrajeron de su domicilio.
Cortesía Familia de Moisés Sánchez
Por Manu Ureste
26 de enero, 2015
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El periodista veracruzano Moisés Sánchez fue sustraído de su domicilio por un grupo de personas armadas, el pasado 2 de enero. //Foto: proporcionada por la familia de Moisés Sánchez

El periodista veracruzano Moisés Sánchez fue sustraído de su domicilio por un grupo de personas armadas, el pasado 2 de enero. //Foto: proporcionada por la familia de Moisés Sánchez

Al otro lado del hilo telefónico la voz de Jorge Sánchez suena relajada, liviana. “Ya salimos de dudas”, dice con un suspiro y como si acabara de quitarse del pecho un enorme peso, aún cuando su padre, el periodista veracruzano Moisés Sánchez y director del semanario La Unión, llevaba desaparecido desde el 2 de enero; día en el que un grupo armado entró a su casa y se lo llevó en una camioneta. Este domingo 25 de enero autoridades confirmaron su asesinato.

A continuación traga saliva, y con un ritmo de plática entrecortado por las interferencias de la línea explica que acaba de salir de la Unidad de Servicios Periciales, en Xalapa, donde se realizaron pruebas de ADN a tres cuerpos encontrados en Soledad de Doblado el pasado lunes 5 de enero.

“Hubo un rumor fuerte aquí en Veracruz, de que ya habían encontrado a mi papá y que estaba muerto. Pero acabo de ver los cadáveres en la morgue y no es él –vuelve a suspirar, aliviado-. Así que seguimos con la esperanza puesta en Dios de que pronto aparecerá vivo”.

A pesar de la esperanza, los resultados de la investigación por parte de las autoridades de Veracruz son prácticamente nulos –13 policías arraigados mientras se realizan las pesquisas es todo el balance hasta ahora-. Y a once días de la desaparición forzada del periodista, aún no hay responsables por lo sucedido ese 2 de enero en el municipio de Medellín de Bravo.

Aquel día, sobre las siete y media de la tarde, Jorge cuenta que su padre estaba durmiendo cuando cuatro vehículos –dos coches blancos, otro rojo, y una camioneta negra- llegaron a la calle donde la familia tiene su domicilio en Medellín, ubicado a menos de 20 kilómetros de la zona conurbada Veracruz-Boca del Río.

“Eran por lo menos nueve personas con el rostro tapado –relata el hijo del comunicador y también activista social-. Entraron rompiendo puertas y armados con metralletas. Revisaron papeles, cogieron algunas cosas, y preguntaron a mi madre que dónde estaba Moisés. Pero en ese momento ella estaba en shock y no pudo decir nada”.

Finalmente, los encapuchados encuentran al periodista en su habitación.

Todo transcurre rápido.

En plena tarde, con vecinos aún en las calles, y con una impunidad que insulta.

“Sólo lo agarraron y se lo llevaron”, lamenta Jorge, que denuncia que a pesar de las llamadas la policía de Medellín tardó horas en llegar en auxilio de su padre, y que cuando lo hizo fue para informar a la familia que “ya no podían hacer nada” al respecto.

Moisés sale a la calle sin gritos, sin oponer resistencia. Sabe que un error en ese momento puede resultar peor para él y su mujer. “Cuando se lo llevaron –cuenta Jorge-, mi madre dice que lo único que mi padre alcanzó a decir fue que no le hicieran daño a la familia. Nada más”.

Junto con el periodista, los encapuchados también se llevan su cámara fotográfica, su laptop, su celular, y su tablet. Algo que la familia apunta como “un claro indicio” de que tras la desaparición forzosa del periodista está la mano del alcalde de Medellín, el panista Omar Cruz Reyes, quien habría amenazado al comunicador tres días antes de los hechos, según denuncian la organización defensora de la libertad de expresión, Artículo 19, la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), y el propio Jorge Sánchez.

“Mi padre nos dijo que hubo una amenaza. Que un amigo suyo le avisó que estuvo presente en una reunión donde el alcalde se jactaba de que le iba a dar un susto porque no le parecía las cosas que publicaba. Y tres días después, Moisés desaparece. Por eso creemos que el alcalde está involucrado en todo esto, aunque eso ya lo decidirá un juez”, señala el hijo del periodista, luego que la procuraduría del estado “invitara” a Omar Cruz a declarar ante un Ministerio Público, lo cual hizo ayer lunes 12 de enero.

 

Video: Artículo 19

“Moisés publicaba su periódico del sueldo que le daba el taxi”

La mañana del sábado 3 de enero, un día después de la desaparición forzada de Moisés Sánchez, el gobernador de Veracruz habla ante los micrófonos de diversos medios de comunicación. El mandatario comienza a decir generalidades sobre los buenos deseos del año nuevo, cuando varias reporteras aprovechan una pausa en su discurso y le lanzan al unísono la misma pregunta: “¿Qué información hay sobre la desaparición del reportero Moisés Sánchez, de Medellín?”

A Duarte –que gobierna una entidad en la que Artículo 19 ha documentado el asesinato de 15 periodistas desde el año 2000, diez de los cuales se han producido desde que comenzara su mandato en el verano de 2010-, la pregunta le hace ruido, lo incomoda.

“No es reportero –corrige de inmediato a la periodista-. Es conductor de taxi y activista social”, puntualiza.

A continuación, asegura que su gobierno está haciendo todo lo posible por localizarlo, y pide que se deje a las autoridades hacer su trabajo. Sin embargo, cuando otra reportera le pregunta si no cree que con sus declaraciones “está demeritando” la labor del director del semanario La Unión, Duarte eleva de nuevo el tono.

“No, yo nunca he dicho que se demerita. Simplemente hay que decir las cosas como son. Y así son las cosas. Punto”, da por zanjado el asunto.

Ante estas declaraciones, tanto la familia del comunicador, como organizaciones civiles y periodistas veracruzanos, salieron indignados en defensa de la labor del reportero, y coincidieron en resaltar que el hecho de que Moisés también trabaje manejando un taxi no le resta importancia a su labor periodística. Al contrario, alegan, gracias a ese otro trabajo, Moisés podía publicar su semanario La Unión.

“Es muy conocido que Moisés siempre iba con su taxi por Medellín y las comunidades aledañas”, apunta Félix Márquez, fotoperiodista veracruzano. “Él podía ir con su pasaje, y si pasaba por un colonia y veía que las luminarias no funcionaban, dejaba a los clientes y regresaba al lugar para preguntar a la gente cuánto tiempo llevaban sin luz –agrega-. O si pasaba con el taxi por otra colonia donde se había prometido pavimentación y el piso estaba en mal estado, se bajaba del carro, tomaba fotos, y luego lo denunciaba en su periódico. En definitiva, Moisés hacía un periodismo comunitario, un periodismo social”.

Por su parte, Ángel Ramos, periodista que conoce a Moisés Sánchez desde el año 2012, explica que a pesar de la cercanía de Medellín con la zona conurbada Veracruz-Boca del Río, éste “no es un municipio que los medios cubran habitualmente”. De ahí que el papel de Moisés como comunicador sea “fundamental” para “dar voz a quienes viven en su comunidad”.

“En su gacetilla, Moi informaba de las carencias sociales que aquejan al municipio, de la violencia, y de la corrupción en el gobierno municipal, y de los malos manejos”, expone Ramos, que define al respecto a Moisés Sánchez como “un periodista incómodo para el poder”, el cual, a pesar de no dedicarse a la nota roja, sí informaba abiertamente “de la escalada de violencia” que se produjo en Medellín en los últimos meses de 2014.

Moi llevaba muchos años informando lo que pasa en Medellín y naturalmente también empezó a reportear estas cosas; los asesinatos, los secuestros, las extorsiones, y comenzó a pasar información a los periodistas del Puerto de Veracruz para que los diéramos a conocer”, apunta Ramos, que también plantea la faceta de activista del comunicador como otro factor por el que resultaba “muy incómodo” a las autoridades.

“Por esa misma oleada de asaltos, los vecinos estaban cansados y empezaron a hacer una guardia vecinal de las colonias. Y Moi estaba participando dando difusión al problema, y contactando a otros reporteros de la zona conurbada para que fueran a ver lo que estaba pasando. Y eso también pudo haber incomodado a mucha gente, por ser parte visible de una organización de vecinos que están cansados de la inseguridad”.

En cuanto a las declaraciones del Gobernador sobre la faceta de taxista de Moisés Sánchez, el periodista veracruzano lamenta, en la misma línea que la organización civil Artículo 19, que el ejecutivo estatal trate “una vez más” de desvirtuar la labor de los comunicadores que son agredidos en la entidad, como ya pasó recientemente con los casos de los periodistas asesinados Gregorio Jiménez y Regina Martínez, cuando las autoridades se apresuraron a decir que perdieron la vida por causas ajenas a su profesión periodística.

“Las declaraciones de Duarte diciendo que Moi era sólo un taxista son lamentables –critica el reportero-. Efectivamente, Moi también es taxista. Y es de ahí precisamente de donde obtiene sus recursos para hacer periodismo. Y por eso para mí él es un ejemplo como periodista, porque muchos hacemos este trabajo a cambio de un pago económico, pero a Moisés el periodismo sólo le generaba gastos, porque él no vendía su periódico, lo regalaba”.

Así lo corrobora también su hijo, Jorge Sánchez.

“Mi padre saca el periódico con el sueldo del taxi -enfatiza varias veces-. Y todo lo que publica, los mil o mil 500 ejemplares o lo que vaya a imprimir, sale de su bolsa. Nunca ha cobrado ni un peso para sacar una nota o para callar algo –concluye el joven hablando de su padre siempre en presente-. Él es una persona recta, un apasionado del periodismo”.

**Nota publicada el 13 de enero.

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"Pasé 20 años en prisión. Hoy alimento a miles de personas en Estados Unidos"

El californiano Manny Flores estuvo involucrado en la violencia de pandillas y cumplió 20 años de condena por atentado de homicidio. Hoy dirige uno de los bancos de alimentos más importantes de California.
15 de octubre, 2021
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Manny Flores sabe que lo vienen a matar.

Es el líder de una de las facciones carceleras más poderosas de California, pero alguien más quiere su puesto.

En sus planes no está quedarse quieto mientras conspiran contra él. Así que se adelanta, agarra a su verdugo y lo apuñala 18 veces.

Flores cumple una condena de 20 años en prisión, pero está convencido que tras apuñalar a su enemigo le darán cadena perpetua.

“Pensé que más nunca vería a mis padres”, dice.

“Gracias a Dios”, añade este californiano de padres latinos, el apuñalado sobrevivió y jamás lo acusó formalmente.

Fue como si el destino le diera otra oportunidad. Así que Flores cerró su primera vida: la pandillera, criminal y peligrosa.

Hoy es otro hombre.

Veintisiete años después de entrar en una de las cárceles más peligrosas de California por su actividades como pandillero, Flores devuelve a su comunidad como bien todo el mal del pasado.

Actualmente es el director del North Valley Caring Services (NVCS), una organización sin ánimo de lucro que alimenta, apoya, educa y protege a miles de familias desamparadas en la zona del Valle de San Fernando en el condado de Los Ángeles.

Vista aérea de parte del Valle de San Fernando.

Getty Images
La zona del Valle de San Fernando en Los Ángeles es sede de corporaciones gigantes como Walt Disney, CBS o Warner Bros.

Porque detrás de la fachada de Silicon Valley, el glamour de Hollywood, las playas de surf, el sol y la riqueza, Flores asegura que el riesgo de mendicidad está fuera de control en este estado del país más poderoso del mundo.

“No sé si alguna vez pueda reparar a mi comunidad todo el daño que hice, pero hasta donde yo pueda, quiero trabajar duro, ser honesto y dedicar mi vida al bien”, afirma.

La labor de Flores es ejemplo de superación y conversión para toda su comunidad.

Un camino nada fácil que, hoy con 50 años, comparte con BBC Mundo.

Auxilio para los desamparados

El Valle de San Fernando se encuentra en el norte del condado de Los Ángeles.

Esta zona, sede de corporaciones gigantes como Walt Disney y Warner Bros, también acusa la grave crisis de mendicidad que azota a todo Los Ángeles y al estado de California.

“La realidad es que el costo de la vida está fuera de control. Eso está empujando a mucha gente a la mendicidad”, comenta Flores.

Manny Flores junto a algunas de las personas sin techo que ayuda.

Manny Flores
Flores asiste a unas 4.500 familias en el Valle de San Fernando en Los Ángeles. La mayoría son personas sin techo, víctimas de la grave crisis de mendicidad que afecta a la ciudad y al estado de California.

Según el último reporte anual de Los Angeles Homeless Services Authority, de 2019 a 2020 el número de “sin techo” en el condado de Los Ángeles ascendió a 66.433 personas, uno de los peores registros del país.

La mayoría que necesita ayuda son familias de ingreso medio. Ellos son quienes peor lo están pasando ahorita, los más frágiles”.

Entre esas decenas de miles se encuentran muchos de los que Flores se ha propuesto devolverles cada día como bien el mal que dice haberles hecho en el pasado.

“Alimentamos cada semana a un total de 4.500 familias. Desde nuestra agencia atendemos unas 1.500. Luego, a través de iglesias y centros de distribución, completamos la cifra”.

“Yo le hice mucho daño a mi ciudad, Los Ángeles. Es mi deber servir y usar todo lo malo que viví para bien”.

Camino torcido

El Flores de antes de prisión dista mucho de la persona con la que hablo por teléfono.

Se le nota conmovido cada vez que menciona lo mal que lo está pasando su comunidad.

Pero hace más de dos décadas sus motivaciones eran muy diferentes.

“No sé cómo me torcí. Era hijo único y mi casa jamás fue problemática o abusiva”.

Manny Flores adolescente.

Manny Flores
Siendo apenas un adolescente, Flores comenzó a involucrarse en el crimen y la violencia de pandillas en Los Ángeles.

“Crecí en una familia donde me inculcaron principios de valor, amor, respeto hacia el prójimo, las propiedades y el sistema”.

Como muchos angelinos, los padres de Flores son latinos. Su mamá vino de Cuba y su papá de México.

En los años 80, en plena adolescencia, Flores empieza a “ensuciarse” con las pandillas que rondaban su vecindario.

Dice que las malas influencias lo cambiaron, que adoptó un estilo de vida diferente.

En aquellos años, el día a día de Flores era vender drogas, robar, extorsionar, portar armas, dispararlas contra las bandas rivales.

Y no fue un pandillero cualquiera.

Cuerpo tapado víctima de un tiroteo en el sur de Los Ángeles.

Getty Images
Manny Fores estuvo involucrado en la intensa violencia pandillera que sacudió Los Ángeles entre los 80 y los 90.

“Yo era un personaje de alto grado. Contaban conmigo para la logística de la pandilla. Movía dinero, manipulaba a la gente y reclutaba jóvenes”.

A los 22 años, Flores ya había estado envuelto en múltiples apuñalamientos y tiroteos.

Con 23 años, sin embargo, se propuso llevar un estilo de vida más pacífico. Se casó. Tenía dos hijos.

Pero todo volvió a torcerse.

“Intentaron asesinarme y fui a cobrármelas. Busqué a quienes me dispararon, disparé contra ellos y le di a una persona”.

Fue el último periplo criminal de Flores en la calle. La policía lo agarró y la justicia le impuso 20 años de cárcel por intento de homicidio.

La vida en prisión

A Flores lo enviaron a una de las prisiones más violentas del estado.

Como en la vida pandillera, en las prisiones californianas manda la ley del más fuerte. Un juego de poder en el que este joven de 23 años no quiso quedarse atrás.

“Me asocié en prisión con la mafia mexicana, pero había otras facciones, como los afroamericanos, los estadounidenses blancos, los skinhead o los de la Nación Aria”.

Vista aérea de la prisión de San Quentin en California.

Getty Images
Manny Flores asegura que en las prisiones de California varias facciones compiten por el poder y control.

Dentro de la mafia mexicana, Flores vuelve a erigirse como líder.

Estaba a cargo de unos 200 hombres dentro del centro penitenciario. Decide las políticas de prisión, con quién se pelean, qué drogas entran. Lo supervisa todo.

“Alguien quería mi posición y lo mandaron a apuñalarme. Me avisaron que pasaría, pero no podía dejar que pasara. Tuve que enseñar que era un hombre y que mis problemas los arreglo yo solo”.

Entonces Flores fue y le clavó 18 veces el puñal a quien lo quería atacar.

“Pensé que me darían cadena perpetua, pero el tipo sobrevivió y nunca me acusó. Es muy raro que eso pase“.

La conversión

En medio de la condena, las autoridades mandaron a Flores a una celda aislada, para donde van los más peligrosos.

“Me controlaban las 24 horas del día. No veía el sol, no tenía visitas, ni contactos ni acceso al teléfono. La gente allí se vuelve loca”.

Pero la soledad, el aislamiento y “un encuentro con Dios” cambiaronn a Flores. Tenía tiempo para pensar.

Manny Flores junto a su madre y su padre.

Manny Flores
Flores aprovechó el aislamiento en prisión para reflexionar sobre por qué y cómo se alejó de las enseñanzas de su familia.

Comprende que sus errores y crímenes del pasado responden a una baja autoestima, a una necesidad de ser aceptado a través de imponer miedo y respeto.

“Fue la primera vez que fui honesto conmigo mismo. Muchas de las cosas que hice fueron por puro miedo y no porque fuese el más bravo. Es curioso, porque le ha sucedido igual a otros en la misma situación”.

Flores aprovechó el aislamiento para estudiar, formarse, y prepararse para una nueva vida fuera de prisión.

Manny Flores junto a su madre.

Manny Flores
Tras salir de prisión, Flores demostró a sus padres que podía cambiar y aplicar todas las buenas enseñanzas que le inculcaron de niño.

Reinserción complicada

Cuando Flores sale de la cárcel en 2014, empieza a tocar puertas.

Una de las primeras fue las de la iglesia que le ayudó en su conversión dentro de la cárcel.

“No me aceptaron. Tenían miedo por mi pasado. Pensaron que quizás mi conversión no era real y que podría hacerles daño. Me dieron a entender que buscara otra iglesia”.

Flores vivió en primera persona las dificultades por las que puede pasar un exconvicto para reinsertarse en la sociedad.

“Cuando estaba en prisión, todos me pedían que cambiara. Pero cuando cambié y salí, uno se da cuenta de muchas cosas. La gente, tu familia, tu comunidad, tu iglesia, quieren que cambies, pero cuando tienen que darte una oportunidad las cosas son muy diferentes”.

Manny Flores rezando en Navidad.

Manny Flores
Manny Flores no lo tuvo fácil para reinsertarse en la sociedad y muchas puertas que parecían abiertas se le cerraron.

“Es difícil encontrar oportunidades para personas como yo. Con antecedentes es muy difícil tener un trabajo significativo“.

Fue entonces cuando la pequeña organización North Valley Caring Services (NVCS) apareció en su camino.

La directora en ese tiempo tenía un amigo en común con Flores. Le concedieron una entrevista y luego le ofrecieron un trabajo.

Cinco años más tarde, a Flores lo nombraron director tras implementar un programa de comida que de a poco comenzó a impactar la vida de muchos.

“Estoy muy agradecido. Yo no tenía ninguna experiencia, solo mi educación en prisión y lo que aprendí en la calle”.

Manny Flores junto al alcalde de Los Ángeles, Eric Garcetti.

Manny Flores
La tarea de Manny Flores al frente de NVCS ha trascendido por toda la ciudad. En esta foto posa junto al alcalde de Los Ángeles, Eric Garceti.

Mucho más que un banco de alimentos

Repartir comida es solo uno de los programas que actualmente maneja el NVCS bajo la dirección de Flores.

Proporcionan aparcamientos para las familias que viven en sus carros, ofrecen seguridad, alimentos, ducha.

También asisten a los que viven en estaciones de trenes.

El centro, además, educa a niños y les enseña a usar computadores y navegar en internet.

“Muchas familias que llegan al país no saben cómo usar las computadoras y no pueden ayudar a sus hijos con las tareas. Así que establecimos un salón donde ofrecemos ayuda“.

Manny Flores en una de las jornadas de distribución de alimentos.

Manny Flores

El NVCS también enseña habilidades de emprendimiento para individuos. Fomenta la creación de microempresas e inculca conceptos de negocios.

Luego les busca un sitio donde puedan vender sus artículos y quedarse con el 100% de las ganancias.

“Varias personas han conseguido buenos contratos y ahora se encuentran en otro nivel económico. Por medio de nuestros programas, hemos conseguido impactar a un 20% de las personas del área de San Fernando“.

“Nuestro objetivo es crear un sistema colectivo y cooperativo donde logremos que la comunidad entienda la fuerza que tiene cuando trabajamos juntos”, dice Flores.

Satisfacción personal y familiar

Flores se ha vuelto a casar. Su actual esposa es la primera mujer con la que dice que fue completamente honesto.

“Le expliqué mis circunstancias y me presenté cómo soy. Me aceptó con todo”.

Flores le agradece a Dios y a la vida el haber tenido la oportunidad de enmendar su camino.

Le emociona que su papá y su mamá hayan podido ver el cambio en su vida y todo lo que hace por su comunidad.

Manny Flores junto a su padre.

Manny Flores
Manny Flores se siente agradecido a Dios y a la vida por permitir que su padre viera cómo cambió y aplicó sus enseñanzas.

“Mi papá falleció hace un mes, pero tuve el privilegio de que me viera reflejando todas las enseñanzas que él me inculcó. No sé si lo que hago podrá reparar el daño que hice, pero trabajaré muy duro para intentarlo”.

A Flores le gustaría ver más modelos de organizaciones como NVCS, que con un presupuesto limitado está haciendo un gran cambio en el barrio.

“Ya nos han invitado a abrir más agencias en dos ciudades cercanas. Estamos muy cerca de lograrlo“, cuenta ilusionado.


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