Las 12 actividades cotidianas que los mexicanos dejaron de hacer por la inseguridad
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Las 12 actividades cotidianas que los mexicanos dejaron de hacer por la inseguridad

De acuerdo con la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública, impedir a los niños salir a la calle es la principal medida de prevención adoptada por 69% de la población.
Por Nayeli Roldán
23 de enero, 2015
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Foto: Cuartoscuro.

Foto: Cuartoscuro.

Debido a la inseguridad, los mexicanos dejaron de realizar al menos 12 actividades cotidianas como salir a divertirse, visitar amigos, caminar en la calle por la noche o viajar por carretera  para evitar ser víctimas de algún delito.

De acuerdo con la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública, realizada desde hace cuatro años, las rutinas han cambiado. Los datos más recientes, correspondientes a 2014, revelan que impedir a los niños salir a la calle es la principal medida de prevención adoptada por 69% de la población.

Ésta es la primera vez que se registra este resultado, pues la medida más recurrente durante 2012 y 2013 fue dejar de usar joyas con 63 y 65%, respectivamente. Este año, esta medida se ubicó en segundo lugar, con 67%.

En tanto, 53% no sale de noche, 52% ya no lleva dinero en efectivo y 42% prefiere no llevar la tarjeta de crédito o débito. En tanto, 34% eliminó de su rutina salir a caminar por la noche, 33% dejó de visitar a amigos y familiares y 31% no usa taxi.

Para evitar ser víctima de algún delito, los mexicanos también renunciaron a la recreación y la cultura, pues 29% evita salir a comer o cenar, 29% ya no va al cine ni al teatro, 27% dejó de ir al estadio y 22% no viaja por carretera a otro estado o municipio.

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Este tipo de decisiones puede explicarse con otro indicador referente a la poca confianza que los mexicanos tienen hacia los servidores públicos. Entre septiembre de 2013 y diciembre de 2014 la percepción sobre la “poca o nada” efectividad de la policía fue en aumento al pasar de 66 hasta 70%.

En la encuesta de 2014, solo 28% de la población mayor de 18 años aseguró que percibió el desempeño de la policía como “muy o algo efectivo”.

Durante diciembre de 2014, 73% de los encuestados consideró que “en términos de delincuencia, vivir en su ciudad es inseguro”. Esto también representa un aumento con respecto a los años anteriores, cuando en 2011 fue de 69%, el año siguiente aumentó a 66% y en 2013 fue de 72%.

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La percepción sobre la seguridad se alimenta de las situaciones que los ciudadanos padecen a su alrededor, como lo revelan los datos de la encuesta, donde aseguraron que las conductas delictivas o antisociales de mayor frecuencia que han escuchado o han visto en los alrededores de su vivienda en los últimos tres meses fueron el consumo de alcohol en las calles (68%), robos o asaltos (67%) y vandalismo (60%); mientras que las de menor frecuencia fueron: venta o consumo de drogas (41%), bandas violentas o pandillerismo (36%) y disparos frecuentes con armas (27%).

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La ENVIPE estima 22.5 millones de víctimas mayores de 18 años, “lo cual representa una tasa de 28 mil 224 víctimas por cada cien mil habitantes durante 2013, cifra estadísticamente diferente a la estimada para 2012”, cuando se registró una tasa de 27 mil 337 víctimas. También esta cifra representó un aumento en comparación con 2011 cuando hubo una tasa de 24 mil 317 víctimas.

Con estos datos, 58% de los ciudadanos entrevistados considera que la inseguridad y delincuencia es el principal problema en su entidad federativa, seguido del desempleo (46%) y el aumento de precios con 37% e incluso la pobreza (30%). 

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La novela escrita hace 100 años que retrata la vida en cuarentena de 2020

En 1909, E.M. Forster escribió una asombrosa novela corta con un relato que parece actual en muchos aspectos, escribe el editor de arte de la BBC Will Gompertz.
5 de julio, 2020
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Mi esposa estaba escuchando un programa de radio el otro día y oyó a un hombre hablar sobre inteligencia artificial.

Mencionó una novela corta de ciencia ficción escrita por E.M. Forster llamada The machine stops (“La máquina se detiene”), publicada en 1909, y dijo que era profética.

Nosotros no sabíamos de su existencia. Sinceramente, no teníamos a Forster por un novelista de ciencia ficción, más bien lo recordamos por las adaptaciones al cine de la productora Merchant Ivory protagonizadas por Helena Bonham Carter y sus elegantes vestidos victorianos.

Compramos un ejemplar.

“¡DIOS MÍO!”, como no hubiera dicho Forster.

“La máquina se detiene” no es simplemente profética; es una increíble, impactante y asombrosamente precisa descripción literaria de la vida en cuarentena en 2020.

Si se hubiera escrito hoy, seguiría siendo excelente; el hecho de que haya sido escrita hace más de un siglo la hace sorprendente.

"La máquina se detiene" fue publicada en 1909 y fue reeditada en 2013, más de un siglo después de su lanzamiento, lo cual refleja su calidad duradera.

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“La máquina se detiene” fue publicada en 1909 y fue reeditada en 2013, más de un siglo después de su lanzamiento, lo cual refleja su calidad duradera.

El breve relato se desarrolla en lo que debió de ser un mundo futurista para Forster, pero no lo será para ti.

Las personas vivían solas en casas idénticas (globalización) en donde escogían el aislamiento (él usa esa palabra), enviaban mensajes por correo neumático (una especie de email o WhatsApp) y chateaban en internet a través de una interfaz de video increíblemente similar a Zoom o Skype.

El burdo sistema de encuentros públicos había sido abandonado hacía mucho tiempo”, junto con el contacto con extraños (“la costumbre se había vuelto obsoleta”), ahora prohibido en una nueva civilización en la que los humanos viven en células bajo tierra con computadoras tipo Alexa al servicio de todos sus caprichos.

Si ya suena espeluznantemente cercano como para causarte preocupación, no te tranquilizará saber que los miembros de esta sociedad conocen a miles de personas a través de redes sociales controladas por máquinas que alientan a los usuarios a recibir e impartir las ideas de otros.

“En cierto sentido, las relaciones humanas habían avanzado enormemente”, escribe con ironía el visionario autor, antes de añadir:

“Pero la humanidad, en su búsqueda del bienestar material, había ido demasiado lejos. Habían explotado en exceso las riquezas de la naturaleza, y el progreso había llegado a significar el progreso de la máquina”.

FOTO 3- FORSTER EN 1924.

Hulton-Deutsch Collection/ Corbis via Getty Images
E.M. Forster comenzó a escribir ficción en el King’s College de Cambridge, donde primero estudió Literatura Clásica y luego Historia (1897-1901).

No se me pasa por alto que estás leyendo esto en internet, en un dispositivo artificial sobre el cual todavía creemos que ejercemos dominio. No por mucho tiempo, según la historia de Forster ni, sospecho, según algunos de los cerebritos detrás de la inteligencia artificial de hoy día.

Estamos en el territorio de monstruoso de Frankenstein, otra advertencia literaria que probablemente no deberíamos ignorar.

No hay una manifestación física aterradora similar en Forster que indique que la ciencia va mal en “La máquina se detiene” (el título lo dice todo), pero eso la hace todavía más inquietante.

Los dos protagonistas de la historia, Vashti y su hijo Kuno, son gente normal, como tú o yo. Ella vive en el hemisferio sur, él vive en el norte.

Kuno quiere que su madre le visite. Ella no está dispuesta.

“¡Pero puedo verte!”, exclama ella. “¿Qué más quieres?”

“Quiero verte, pero no a través de la Máquina”, dice Kuno. “Quiero hablar contigo, y no a través de la fastidiosa Máquina”.

“¡Ay, cállate!”, dice su madre, vagamente sorprendida. “No deberías decir nada contra la Máquina”.

Yvonne Mitchell

BBC
Yvonne Mitchell interpretó el papel de la madre, Vashti, en esta adaptación televisiva de 1966 de The machine stops (“La máquina se detiene”), como parte de una serie de ciencia ficción de la BBC llamada Out of the unknown (“Fuera de lo desconocido”).

Ella prefiere el distanciamiento social y dar su conferencia en internet sobre Música Durante el Período Australiano a una audiencia invisible en el sillón de sus casas que acumula información histórica abstracta sin relevancia alguna para sus vidas subterráneas reales, más allá de ser una distracción ilusoria de su vacía existencia (no muy diferente a los cursos durante el confinamiento, tal vez).

No diré nada más sobre lo que ocurre – es una historia muy corta que leerás en menos de una hora – salvo mencionar que es, básicamente, una versión en la era de las máquinas de la Alegoría de la Caverna de Platón.

En la Caverna de Platón hay dos grupos de filósofos que están separados por un muro, pero en un acalorado debate.

CONSEJO DE ADMINISTRACIÓN DEL MUSEO BRITÁNICO
En la Caverna de Platón hay dos grupos de filósofos que están separados por un muro, pero en un acalorado debate.

La Máquina (internet, para nosotros) es la cueva solitaria, sin aire y sin sol en la que existimos, la información que imparten las sombras en la pared.

E.M. Forster publicó el cuento entre A room with a view (“Una habitación con vistas”, 1908) y Howard’s End (“La mansión, 1910), dos novelas en las que explora temas filosóficos similares en torno a mundos internos y externos, verdad y pretensión.

“La máquina se detiene” apareció por primera vez en la revista británica Oxford and Cambridge Review el mismo año en que Filippo Tommaso Marinetti publicó su furioso “Manifiesto futurista” en el periódico Le Figaro.

El poeta italiano argumentó lo opuesto a la parábola profética de Forster.

Marinetti abrazó a la máquina, argumentando que un automóvil veloz era mucho más hermoso que una escultura griega antigua. El pasado era un peso muerto que necesitaba ser destruido para dar paso al futuro.

Aunque el "Manifiesto futurista" de Filippo Tommaso Marinetti también se publicó en 1909, celebró la maquinaria como una fuerza para el bien, a diferencia de Forster

Getty Images
Aunque el “Manifiesto futurista” de Filippo Tommaso Marinetti también se publicó en 1909, celebró la maquinaria como una fuerza para el bien, a diferencia de Forster

Le habría caído bien Vashti, quien, cuando viajaba en una aeronave para ver a Kuno, bajaba la persiana sobre Grecia porque ese no era el lugar para encontrar ideas: una broma irónica de Forster, dado que la idea para su cuento, vino de la Atenas de Platón.

Eso es todo en cuanto a bromas en una novela donde realmente no existen cosas como la comunidad o la experiencia directa, y es imposible alejarse del constante zumbido de la máquina sin pedirle al Comité Central un permiso para salir al exterior.

En ese momento, te colocas un respirador y te aventuras en el mundo real.

Como dijo el hombre de la radio, es profética. Y muy, muy buena.


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