Olvidados en la frontera: los niños migrantes mexicanos que nadie escucha
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Olvidados en la frontera: los niños migrantes mexicanos que nadie escucha

La organización civil estadounidense WOLA denuncia que, a diferencia de los menores de origen centroamericano, los niños mexicanos que son detenidos por la Patrulla Fronteriza no tienen las mismas oportunidades para acceder a la justicia de este país, ni para solicitar protección cuando son víctimas de trata, violencia, o abusos.
AP
Por Manu Ureste
26 de enero, 2015
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Niños migrantes en Nogales, Arizona, EU.  Foto: AP.

Niños migrantes en Nogales, Arizona, EU. Foto: AP.

De los 15 mil jóvenes mexicanos que, en promedio, son detenidos al año por la Patrulla Fronteriza, hasta un 60% refiere que intentó migrar a Estados Unidos para huir de la violencia. Sin embargo, de acuerdo con un informe de la ACNUR, sólo un 5% de esos jóvenes tienen la oportunidad de exponer su caso ante un juez de migración estadounidense, para determinar si tienen derecho a protección en los Estados Unidos, y eviten así la deportación a los lugares de los que huyeron.

Ante esta situación, la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA, por sus siglas en inglés) elaboró un informe y un mini-documental, en el que a través de entrevistas realizadas con niños migrantes, la Patrulla Fronteriza, autoridades mexicanas y expertos en el tema, muestran que, a menos que los niños mexicanos puedan demostrar a un agente de la Patrulla Fronteriza que enfrentan un riesgo creíble de ser víctimas de persecución o trata de personas, éstos son enviados directamente a su país de origen, sin oportunidad de ser escuchados y sin un debido proceso.

En contraste, la organización civil WOLA expone que, según la ley estadounidense, los menores migrantes de otros países —que no sean de México y Canadá—, sí tienen derecho a una audiencia migratoria.

“Hicimos este proyecto para llamar la atención sobre algo que nos parece una injusticia en cuanto a la protección de los niños y el derecho a la infancia”, expone en entrevista con Animal Político Maureen Meyer, coordinadora principal del programa México y derechos de los Migrantes de WOLA, que recuerda que en el año 2008 en Estados Unidos se aprobó una ley que tenía como finalidad dar una mayor protección a los menores. Sin embargo, en esa ley se quedaron fuera los jóvenes de nacionalidad mexicana o canadiense, por ser países fronterizos con Estados Unidos.

“Hay una diferencia clave entre los niños mexicanos y el resto –expone Meyer-. Y es que si un menor centroamericano es detenido por la patrulla fronteriza en su intento de entrar a Estados Unidos, lo van a llevar a un centro de refugiados y luego lo mandarán a la casa de un familiar, donde esperará a que se cumpla su derecho de comparecer ante un juez para que se estudie su caso y se analice si acceden a darle protección y asilo”.

“En cambio, en cuanto a los niños mexicanos, parece que la tendencia es asumir que éstos son para deportarlos directamente, y que la mayoría vienen por motivos diferentes a los de trata de personas, violencia, o persecución. Pero nosotros, viendo la situación de inseguridad que hay en México, pensamos que estos niños merecen la misma protección que cualquier otro de Centroamérica”, señala Mayer.

Asimismo, en el mini-documental de WOLA, en el que se narran diferentes historias de menores migrantes mexicanos, se muestra que la Patrulla Fronteriza no está capacitada ni equipada adecuadamente para evaluar si los jóvenes deben ser referidos a otra entidad para una revisión adicional de su caso.

“Se supone que la Patrulla Fronteriza tiene un cuestionario, y que deben preguntarles a los menores mexicanos una serie de cosas para asegurarse que éstos no están huyendo de la violencia, o que no son víctimas de persecución, ni de trata. Pero creemos que en muchos casos no les hacen estas preguntas”, indica la coordinadora principal del programa México de WOLA.

En este sentido, en el informe elaborado por WOLA, en el que se hace una serie de recomendaciones a los gobiernos de México y Estados Unidos, se hace hincapié en que EU tiene una responsabilidad para asegurar que se evalúe adecuadamente a estos menores y se les dé una protección adecuada.

“Todos los niños tienen derecho a ser protegidos contra la violencia. Como mínimo, la Patrulla Fronteriza debe recibir mejor capacitación para evaluar a estos niños e identificar a víctimas de trata, persecución, u otro tipo de abuso”, insiste Meyer, que critica que ambos países “están incumpliendo con ayudar y proteger a estos niños que huyen de la violencia, y a menudo los devuelven a entornos que pueden poner sus vidas en riesgo”.

Ve aquí el mini-documental:

Lee el informe completo: ‘Cómo pueden los gobiernos de los EU y México proteger mejor a los niños mexicanos no acompañados que huyen de la violencia’

Y aquí el reportaje: Olvidados en la frontera: Los niños mexicanos que huyen de la violencia rara vez son escuchados

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El caso del hombre con superanticuerpos contra la COVID (y por qué da esperanza a los científicos)

Los anticuerpos de John Hollis son tan potentes que es inmune incluso a las variantes recién descubiertas de la COVID-19.
18 de marzo, 2021
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John Hollis

BBC
Se podrían diluir los anticuerpos de John Hollis al uno por mil y seguirían matando el 99% de los virus, aseguran los expertos.

El escritor estadounidense John Hollis, de 54 años, pensó que iba a contraer la covid-19 cuando un amigo con el que compartía casa se infectó y enfermó gravemente en abril de 2020.

“Fueron dos semanas en las que sentí mucho miedo”, dice John Hollis. “Durante dos semanas esperé que la enfermedad me golpeara, pero nunca ocurrió”.

Hollis simplemente pensó que había tenido suerte por no contraer la enfermedad.

Pero en julio de 2020, de manera absolutamente casual, Hollis mencionó esa convivencia con una persona muy enferma en una conversación con el médico Lance Liotta, profesor de la Universidad George Mason, en Estados Unidos, donde Hollis trabaja en tareas de comunicación.

Liotta, quien investiga formas de combatir el coronavirus, invitó a Hollis a participar como voluntario en un estudio científico sobre el virus que se estaba desarrollando en la universidad.

De este modo, Hollis descubrió que no sólo había contraído la covid-19, sino que su cuerpo tenía superanticuerpos que le hacían permanentemente inmune a la enfermedad, es decir, que los virus entraban en su cuerpo, pero no lograban infectar sus células y hacerle enfermar.

“Esta ha sido una de las experiencias más surrealistas de mi vida”, reconoce Hollis.

“Una mina de oro”

“Recogimos la sangre de Hollis en diferentes momentos y ahora es una mina de oro para estudiar diferentes formas de atacar el virus”, explica Liotta.

En la mayoría de las personas, los anticuerpos que se generan para combatir el virus atacan las proteínas de las espículas del coronavirus, formaciones puntiagudas en la superficie del Sars-Cov-2 que le ayudan a infectar las células humanas.

virus

Getty Images
Los anticuerpos de Hollis son distintos: atacan varias partes del virus y lo eliminan rápidamente.

“Los anticuerpos del paciente se adhieren a las espículas y el virus no puede pegarse a las células e infectarlas”, indica Liotta.

El problema es que cuando una persona entra en contacto con el virus por primera vez, su organismo tarda en producir estos anticuerpos específicos, lo que permite la propagación del virus.

Pero los anticuerpos de Hollis son distintos: atacan varias partes del virus y lo eliminan rápidamente.

Son tan potentes que Hollis es inmune incluso a las nuevas variantes del coronavirus.

“Podrías diluir sus anticuerpos al uno por mil y seguirían matando el 99% del virus”, asevera Liotta.

Los científicos están estudiando estos superanticuerpos de Hollis y de algunos otros pacientes como él con la esperanza de aprender a mejorar las vacunas contra la enfermedad.

“Sé que no soy la única persona que tiene anticuerpos de este tipo, sólo soy una de las pocas personas a quien se le han descubierto“, opina Hollis.

Experimento

BBC
La población negra es poco proclive a participar en estudios por escándalos como el de Tuskegee, una investigación sobre la sífilis en pacientes negros que los tuvo sin tratamiento durante décadas aunque existía el remedio.

Prejuicios raciales en las investigaciones

Sin embargo, este tipo de descubrimientos no suceden algunas veces debido a un sesgo racial en las investigaciones científicas: la mayor parte se realizan con pacientes blancos.

La participación de los individuos negros en los estudios suele ser mucho menor que su representación en la sociedad.

“Hay una larga historia de explotación (de pacientes negros) que hace que la comunidad afroamericana desconfíe a la hora de participar en las investigaciones”, revela Jeff Kahn, profesor del Instituto de Bioética de la Universidad John Hopkins.

“Es comprensible que exista esa desconfianza”, reconoce.

Uno de los experimentos más conocidos en el que participaron afroamericanos es el estudio de la sífilis de Tuskegee: durante más de 40 años, científicos financiados por el gobierno estadounidense estudiaron a hombres negros que tenían sífilis en Alabama sin proporcionarles medicamentos para la enfermedad.

“A lo largo de los años, durante la elaboración del estudio, los antibióticos se volvieron un remedio ampliamente disponible y no se les ofrecieron a estas personas”, relata.

“Los investigadores mintieron sobre lo que se les hacía y se les negó el tratamiento en nombre de la investigación”, sentencia Kahn.

“Cuando el estudio de Tuskegee salió a la luz, se establecieron normas y regulaciones para la investigación con seres humanos, que están en vigor desde los años 70”.

Esta historia es una de las razones por las que un segmento de la población, el cual se ha visto muy afectado por la pandemia, suele ser reacio a participar en los estudios o a vacunarse.

Poblacion negra

Getty Images
La población negra está siendo muy afectada por el coronavirus y hay que asegurarse de que reciban “los beneficios de las innovaciones que se están desarrollando”, consideran los expertos.

“Queremos asegurarnos de que las comunidades más afectadas reciban los beneficios de las innovaciones que se están desarrollando”, afirma Kahn.

“Y para ello, esas poblaciones también deben formar parte de los estudios”.

“Debemos honrar a esas personas, a las víctimas del estudio de Tuskegee, iniciando un proceso para asegurarnos de que eso no vuelva a ocurrir. Y también para salvar vidas, especialmente en la comunidad afroamericana, que se ha visto muy afectada por la pandemia”, sostiene Hollis.

“Protegernos los unos a los otros es un deber para con nosotros mismos y para con las personas que amamos”, zanja el escritor.


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