El país donde las calles "te enseñan a tener miedo por ser mujer"
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El país donde las calles "te enseñan a tener miedo por ser mujer"

Miles de mujeres turcas se movilizaron contra los abusos tras el intento de violación y muerte de una joven estudiante de 20 años, Özgecan Aslan.
Por BBCMundo
20 de febrero, 2015
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Niñas turcas

Rengin Arslan creció en la región de Anatolia y viajó a Estambul para ir a la universidad.

Esta semana, miles de mujeres turcas se movilizaron contra los abusos tras el intento de violación y muerte de una joven estudiante de 20 años, Özgecan Aslan.

La periodista de la BBC en Turquía, Rengin Arslan, escribió un relato en primera persona sobre los retos a los que se enfrentan las mujeres turcas.

Esta es su experiencia.

————————————————————–

Crecí en una pequeña ciudad de Anatolia y llegué a Estambul para estudiar en la universidad hace 16 años.

Con el paso de los años, cada vez que camino por las calles o viajo al campo, la sociedad me recuerda qué significa ser mujer.

Créanme, no es fácil.

Cuando era niña, no tenía miedo. Cuando ahora lo pienso, creo que mis padres nos educaron a mi hermana y a mi con sabiduría.

No nos impusieron ninguna idea que nos llevase a pensar que teníamos que tener cuidado y preocuparnos simplemente porque éramos chicas.

Aunque, estoy segura, tenían sus propias formas de protegernos.

Otros padres lo hacían de una forma muy distinta. Yo solo tenía 10 años. Jugar con niños era un problema en mi barrio.

Cuando supe, por primera vez, que mi mejor amiga ya no podía jugar más con niños, me sentí confundida.

Fui a preguntarle sobre ello a mi madre.

Todavía recuerdo su respuesta: “Son hermanos y hermanas y son todos seres humanos. No te van a hacer daño”.

Estambul

Desde entonces, gracias a mi madre, la idea de la igualdad fluía por mi sangre.

Pero sus preocupaciones también acabaron por aflorar. Ella sabía muy bien en qué tipo de sociedad vivía.

Cuando tenía 17 años, aprobé mis exámenes y fui aceptada en una universidad de Estambul. Iba a vivir en la ciudad más grande de Turquía, yo sola.

Mi madre no podía parar de llorar, pero no eran lágrimas de alegría. No paraba de decir, “¿Y si le pasa algo? Solo tiene 17 años. ¡No puede protegerse sola!”. Lloró durante días y noches.

Ignoré sus preocupaciones. No tenía miedo. Por aquel entonces, aunque ella no lo sabía, ya tenía más que una idea de que era ese “algo” a lo que ella se refería, y estaba segura de que podría protegerme a mí misma.

Tenía 16 años. Tras ver una obra en el teatro, estaba caminando de vuelta a casa con una amiga cuando nos dimos cuenta de que un hombre nos seguía.

Nos escondimos en un edificio y permanecimos así durante más de media hora.

Manifestantes
Mujeres se manifestaron en muchas ciudades del país para pedir al gobierno que actúe.

A pesar de las preocupaciones de mi madre, vine a Estambul. La ciudad era increíblemente bonita. Había muchísimo por explorar.

Pero un año en Estambul fue suficiente para que me diera cuenta de que podía explorar la ciudad solo durante las seguras horas del día, o cuando las calles estaban llenas de gente.

Si no, podían pasar muchas cosas y lo de menos era una agresión verbal, el pitido de los autos al pasar o algo por el estilo.

Aprendes a caminar más rápido. Quieres llegar a casa lo antes posible.

Puede ser que la calle en la que vivas no sea segura. Yo vivía en un pequeño departamento en un barrio histórico de Estambul cuando estaba en la universidad.

No era posible apreciar la nostalgia en esas calles estrechas y oscuras una vez se hacía de noche.

Al poco de mudarme recuerdo que un grupo de hombres jóvenes que estaban fuera de mi casa empezaron a gritarme algo.

No les presté atención, era mejor ignorar sus comentarios. No tenía la valentía para enfrentarme a cinco o seis hombres, así que me fui.

Con este conocimiento, siempre he sido muy precavida. Soy muy cauta en mi forma de vestir. El problema es que no importa para nada cómo te vistas.

Indignación

Özgecan Aslan era una estudiante de 20 años que volvía a su casa en un autobús. Parece que el conductor intentó violarla y que ella se defendió con espray pimienta, pero fue acuchillada hasta morir.

También la golpearon en la cabeza con una tubería de hierro. La policía encontró su cuerpo quemado en el lecho de un río, y detuvo a tres hombres en relación con la muerte: el conductor del minibús, su padre y un amigo.

Miles de mujeres se lanzaron a la calle para protestar por el asesinato.

En la protesta, una estudiante de secundaria que llevaba velo en la cabeza me dijo que las calles le habían enseñado a tener miedo.

Una frase muy sencilla e impactante, pensé. Luego miré atrás, a mi propio pasado. Y vi que tenía razón: las calles nos enseñan a tener miedo, a estar preocupadas, a ser cautelosas.

Si no fuera así, ¿por qué llevaba Özgecan un espray de pimienta en el bolso?

Mientras escribo esta pieza, recuerdo cosas que hace tiempo había olvidado.

Me doy cuenta de que siendo mujer en Turquía interiorizamos el abuso diario, se vuelve algo normal, rutinario.

Nuestros instintos de supervivencia nos ayudan a encontrar tácticas para evitar los peligros.

Para mí, esto significa vestir pantalones tejanos casi siempre, no ponerme demasiado maquillaje y caminar como si nunca hubiera tenido miedo de nada en mi vida.

En las calles, en la escuela, en un bar, en casa, el abuso verbal y físico es parte de nuestra vida diaria, una situación sobre la que no se hablaba hasta ahora. Autoridades prometieron que los culpables serán castigados.

Unos días después del asesinato, las mujeres empezaron a contar en Twitter sus propias experiencias de agresión sexual.

El hashtag utilizado (#tellyourstory, explica tu historia) fue tuiteado 700 mil veces en dos días.

Cientos de experiencias individuales se han descrito y la mía es solo una mínima perspectiva en este mar de experiencia.

Y si te preguntas cuál es la reacción de mi madre a mis recuerdos personales descritos aquí, todavía no lo sé.

Nunca le he contado nada de mis experiencias.

Pero ahora puedo explicarlo. Tras la muerte de Özgecan, llamé a mi madre.

En una corta conversación telefónica hablamos de lo que significa ser una mujer en Turquía en términos muy generales. Las dos lloramos.

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¿Por qué Irán ejecuta a más mujeres que cualquier otro país?

La BBC habló con activistas de derechos humanos dentro y fuera de Irán sobre las razones que explican esta situación.
10 de agosto, 2022
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Advertencia: este artículo contiene imágenes que pueden resultar perturbadoras.

Los grupos de derechos humanos dicen que Irán vive una ola de ejecuciones. Solo en la última semana de julio, 32 personas fueron ejecutadas, incluidas tres mujeres que fueron ahorcadas por asesinar a sus maridos.

“No hay pena de prisión por asesinato . O perdonas o ejecutas“, dice Roya Boroumand, directora ejecutiva de la organización iraní de derechos humanos Centro Abdorrahman Boroumand, con sede en Estados Unidos.

Mientras que otros países ejecutan a más personas que Irán, ningún otro ejecuta a más mujeres, según las cifras anuales de Amnistía Internacional.

¿Por qué Irán ejecuta a más mujeres?

Pena de muerte

Además de las tres mujeres ejecutadas afines de julio, otras seis murieron en los primeros seis meses del año, según el Centro Abdorrahman Boroumand.

Agentes preparan una soga de ahorcamiento en Irán.

Getty Images
Los activistas acusan a las autoridades iraníes de ocultar el número real de ejecuciones.

Es cierto que la gran mayoría de ejecuciones en el país son de hombres, pero estas 9 mujeres se suman a un total creciente.

“Entre 2000 y 2022, hemos registrado las ejecuciones de al menos 233 mujeres”, dijo Boroumand a la BBC.

106 mujeres fueron ejecutadas por asesinato y 96 por presuntos delitos de drogas”, agregó.

Se cree que un número menor fue condenado a muerte por tener relaciones sexuales fuera del matrimonio.

Boroumand dijo que solo alrededor del 15% de estos casos se anunciaron oficialmente. Se conocen otros de presos políticos o de funcionarios que se filtran sin la aprobación de las autoridades.

El alto número de ejecuciones se debe en parte a la falta de flexibilidad, aseguró Boroumand. Según el sistema legal del país, el Estado no puede conmutar una sentencia de muerte por asesinato. La decisión de perdonar recae en la familia de la víctima.

Sin ayuda

La activista iraní Atena Daemi trató de obtener un indulto de última hora para Sanubar Jalali, una mujer afgana de 40 años que finalmente fue ejecutada la semana pasada por matar a su esposo.

La madre de Abdolah Hosseinzadeh, quien fue asesinado en 2007, remueve la soga del cuello de Balal, quien mató a su hijo.

Getty Images
En un extraño acto de compasión, los padres de un joven asesinado perdonaron al asesino después de que fuera llevado a la horca.

Daemi esperaba negociar el perdón con la familia del esposo de Jalali.

“Tratamos de encontrar a la familia de la víctima para suplicarles, pero las autoridades penitenciarias no ayudaron. Nos dieron el número de teléfono de su abogado asignado por el Estado, pero ignoró nuestras solicitudes”, dijo Daemi a la BBC.

“Las autoridades penitenciarias a veces ayudan a que la familia acepte dinero y perdone, pero no siempre”.

Sin embargo, Boroumand puede contar algunos éxitos: trabajando con otros activistas, aseguró haber salvado a dos personas de la ejecución y a otras ocho de la amputación de una parte del cuerpo.

De las otras dos mujeres que fueron ahorcadas el mismo día que Jalali, una era una niña casada a la edad de 15 años. La otra había sido arrestada por matar a su esposo hace más de cinco años.

Defensa débil

Daemi ha pasado siete años en prisión por su activismo. Ella dijo que las prisiones para mujeres carecen de instalaciones básicas y que a veces las reclusas son golpeadas.

Atena Daemi

Atena Daemi
Atena Daemi dice que el sesgo de género en el sistema judicial dificulta la absolución de una mujer acusada de asesinato.

Los procedimientos judiciales a menudo se inclinan contra las mujeres, ya que solo los hombres pueden ser jueces y la mayoría de los abogados también son hombres, señaló.

Los tribunales iraníes deben proporcionar un abogado defensor, pero Daemi aseguró que no brindan suficiente apoyo legal ya que “muchos de estos abogados asignados son exjueces o fiscales”.

“Probar la inocencia no es fácil en los casos de asesinato. En esos casos, las palabras de los familiares de la víctima tienen más peso que las del acusado”, indicó Daemi.

Sistema sexista

La periodista iraní Asieh Amini, que ahora vive en Noruega, ha seguido de cerca los casos en que las mujeres son condenadas a muerte. Ella considera que la raíz del problema es el propio sistema legal.

Una mujer iraní detenida en prisión.

Getty Images
Muchas familias cortan vínculos con las mujeres que son acusadas judicialmente, explican los activistas.

“Según la ley, el padre y el abuelo paterno son el cabeza de familia y pueden decidir el destino de las hijas, incluido el matrimonio”, explicó Amini a la BBC.

Esto significa que las niñas que se ven obligadas a casarse pueden enfrentar graves problemas, incluida la violencia doméstica, y les resultará casi imposible divorciarse en los tribunales iraníes, añade.

Las mujeres condenadas a muerte a menudo pierden incluso el apoyo de sus padres, quienes pueden desear defender lo que consideran el “honor de la familia“.

“En esta condición, algunas mujeres siguen siendo víctimas de la violencia para siempre”, dice Amini.

Otras consideran matar a sus maridos.

“Algunas de estas mujeres confesaron que ellas mismas cometieron el asesinato o alguien las ayudó. Casi todas enfatizaron en que si hubiera habido una manera de apoyarlas contra la violencia que estaban soportando, no habrían cometido el crimen”, afirmó.

Asieh Amini

Javad Montazeri
Asieh Amini atribuye la ejecución de mujeres en Irán a las leyes religiosas y a la sociedad patriarcal.

Ejecuciones de menores

Amini citó como ejemplo de cómo los tribunales tratan a algunas mujeres el caso de una niña de 16 años, Atefeh Sahaleh, quien fue abusada sexualmente por varios hombres.

En lugar de buscar justicia para la adolescente, los jueces dictaminaron en 2004 que había tenido relaciones sexuales fuera del matrimonio.

“Fue condenada a muerte por confesar haber tenido relaciones sexuales con unos hombres, cuando en realidad fue violada”, explicó Amini.

Aseguró que, según el Código Penal Islámico de Irán, si una persona soltera confiesa haber tenido relaciones sexuales fuera del matrimonio, será sentenciada a 100 latigazos. Y si este acto se repite tres veces, pueden ser condenadas a muerte.

“Pero en el caso de Atefeh, ni siquiera se aplicó esta ley inhumana, porque descubrí que le dieron 100 latigazos solo dos veces antes de que el juez dictaminara que tenía que ser ejecutada”, dijo Amini.

“Por cuarta vez, este mismo juez, cuyo nombre era Haji Rezaei, puso la cuerda alrededor del cuello de Atefeh“.

El entusiasmo por la retribución no termina ahí. La activista contra la pena de muerte Narges Mohammadi publicó un video donde describe una ejecución en la que el hijo de una mujer condenada por asesinar a su esposo pateó el taburete de debajo de los pies de su madre en la horca.

Reclusas iraníes sentadas en su celda en la cárcel de Evin.

Getty Images
Atena Daemi dice que las cárceles de mujeres a menudo carecen incluso de las necesidades básicas

Mohammadi cree que la familia del marido asesinado ejerció mucha presión sobre el hijo y sus parientes para restaurar el “honor familiar”.

Herramienta de intimidación

Amini lamenta que la discriminación en la ley, los tribunales y las tradiciones “jueguen un papel en llevar a estas mujeres a un callejón sin salida, convirtiéndolas en criminales o en víctimas”. Sin embargo, no está segura de qué hacer con esta serie de ejecuciones.

“Realmente nunca entendí durante los años que seguí estos casos de prisión en prisión, cómo el gobierno de Irán se beneficia de un castigo tan brutal“, dijo.

No obstante, Boroumand tiene una teoría.

Una mujer parada en la horca en Irán.

Getty Images
En el exterior ha habido muchas protestas contra el uso de la pena capital por parte de Irán.

Las prisiones de Irán ahora están abarrotadas de presos políticos y consumidores de drogas, y para aliviar la presión sobre las cárceles, cree que los funcionarios obligan a los familiares de las personas asesinadas a acelerar su decisión: clemencia o muerte.

Boroumand teme que esto lleve a que muchos más sean enviados a la horca.

Ella también sospecha que las autoridades tienen un motivo oculto para el castigo extremo.

“Recientemente le amputaron la mano a un hombre en Teherán. Están trayendo prisioneros de otras ciudades para realizar las amputaciones”, aseguró.

“No lo están anunciando, pero lo hacen de tal manera que la información sobre el castigo se filtrará en la sociedad en general y creará miedo entre los activistas”.

El gobierno iraní no responde a las solicitudes de comentarios de la BBC, pero el poder judicial ha dicho previamente que las ejecuciones son legales y no violan las obligaciones internacionales (tratados firmados por Irán). El gobierno iraní ha negado repetidamente los informes de tortura y confesiones forzadas.


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