¿Listo para los premios Oscar? Escucha a los nominados a mejor soundtrack
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync

¿Listo para los premios Oscar? Escucha a los nominados a mejor soundtrack

Conoce cómo fue el proceso creativo para cada uno de los soundtracks que están nominados a los premios Oscar que se entregan la noche de este domingo 22 de febrero.
Por Francesc Messeguer
22 de febrero, 2015
Comparte
Captura de pantalla 2015-02-22 a la(s) 10

Si Turner es reconocido como uno de los pintores británicos más relevantes para pintar paisajes, Yershon intenta hacer lo mismo con la música para la película. //Foto: Especial

Una hoja de papel que habla de la relación de un padre y su hijo. Un país inexistente que busca tener una identidad sonora. Así fue como comenzaron algunas de las ideas con las que compositores de música cinematográfica como Hans Zimmer y Alexandre Desplat trabajaron para crear las bandas sonoras de películas como Interestelar y El Gran Hotel Budapest.

Este domingo, 22 de febrero, se llevará a cabo la ceremonia de los premios Óscar, y las dos cintas anteriores forman parte del listado de los cinco nominados a mejor soundtrack, la cual se completa con La teoría del todo de Johan Johannsson, El código enigma, también de Alexandre Desplat, y Mr. Turner de Gary Yershon.

La disputa por el Óscar a mejor soundtrack del año no es cosa menor. Apenas en enero pasado, Johann Johannson, compositor de origen islandés, ganó el Globo de Oro a mejor banda sonora por su trabajo en la película que narra la vida del científico británico, Stephen Hawking.

Hans Zimmer ha sido nominado 10 veces al Óscar desde 1989 por su trabajo en películas como El Caballero de la Noche (2008) y El Origen (2010), y en 1994 ganó por la música de El Rey León.

Ésta es la primera nominación al Óscar que recibe el compositor británico Gary Yershon. Y aunque ha distribuido su trabajo como compositor en áreas como el teatro, la televisión y el radio, la única experiencia que Yershon ha tenido en el mundo del cine ha sido a través de su trabajo con el director de Mr. Turner, Mike Leigh.

Además, a pesar de que Alexandre Desplat –quien ha compuesto los scores de películas como El curioso caso de Benjamin Button (2008) y Argo (2012), y ha aparecido un total de seis veces como un candidato a recibir un premio de la Academia por su música– está nominado en la misma categoría por musicalizar dos películas distintas, a decir verdad, el asunto no resulta nada nuevo. En numerosas ocasiones músicos como John Williams (Star Wars, entre muchas otras), Thomas Newmann (Skyfall) y James Horner (Corazón Valiente) han figurado entre los posibles ganadores del Óscar a la mejor música cinematográfica de dos filmes diferentes.

Pero, ¿cómo fue que estos cuatro músicos compusieron las piezas que acompañan a estas películas? Animal Político te lo cuenta:

Interestelar, de Hans Zimmer: La música que respira

Quizás el elemento más característico del soundtrack de Interestelar sea el uso del órgano como uno de los principales protagonistas sonoros de la película. Incluso hay momentos en la cinta en los que parece que este instrumento musical deja de ser tal para convertirse en una suerte de personaje más.

Y eso tiene una razón de ser. Debido a que Interestelar es una película que celebra a la ciencia por sus referencias constantes a la física, Hans Zimmer escogió al órgano como pieza central de la banda sonora, puesto a que en el siglo XIX se trataba del objeto más complejo creado hasta entonces por el hombre –hasta ser desplazado por el teléfono–, lo que remite a uno de los temas principales de la película: las capacidades que nos otorgan la ciencia y la tecnología para explorar cosas fuera de nuestro alcance.

Pero Interestelar no es únicamente una película sobre la ciencia, es una cinta que habla sobre la relación entre un padre y su hija. Y es así, de hecho, como nació toda la música. Christopher Nolan le mando a Hans Zimmer una hoja escrita a máquina de escribir, que contenía algunos diálogos e ideas sobre la película, y le dijo que tenía un día para escribir lo primero que le viniera a la mente.

“Me senté y escribí una pieza sobre lo que se siente ser un padre, sobre lo que se siente tener un hijo”, explica Zimmer en un video donde explica el proceso creativo detrás de Interestelar, que puedes ver aquí:

Cuando el compositor de origen alemán terminó con el encargo, llamó a Christopher Nolan para escuchara la pieza que había creado: un tema profundamente personal. Y fue ahí cuando el director de la trilogía de Batman le contó a Zimmer de qué iba a tratar la película que tenía en mente: la humanidad viaja en el tiempo para encontrar otro planeta en dónde vivir. Por esa razón el órgano representa algo más y a momentos suena tan fuerte en la película: intenta reflejar pura emoción desbordada.

El órgano de pipas con el que fue grabado todo el score se encuentra en una antigua iglesia de Londres, lo que por un lado remite a la búsqueda humana hacia lo que está más allá de nosotros, pero también a una característica que todos los seres humanos compartimos: respirar.

“Hay algo muy humano acerca del órgano, porque sólo puede hacer un sonido a través del aire y necesita respirar. Y en cada nota escuchas la exhalación”, cuenta Zimmer.

Por eso es que Christopher Nolan explica con el órgano “se escucha la presencia humana en cada sonido, y eso era importante mantener en la película”.

Después de esa reunión entre Zimmer y Nolan ambos tenían claro cuál en dónde estaba el corazón de la película. El resto se logró agregando 34 instrumentos de cuerda, 24 de viento, cuatro pianos y un coro de 60 personas.

Aquí puedes escuchar el soundtrack de Interestelar:

El gran hotel Budapest, de Alexandre Desplat: Así suena un país que no existe

De todos los compositores nominados a mejor soundtrack, Alexandre Desplat fue quizás el que más estuvo ocupado durante 2014: musicalizó un total de seis películas, que van desde cintas en la que monstruos gigantes se pelean a muerte en San Francisco, como Godzilla, hasta un drama sobre la Segunda Guerra Mundial, como lo es El código enigma.

En la premiación de este año, Desplat está nominado por haber hecho la música dos películas, y El gran hotel Budapest es una de ellas. Galardonada como la banda sonora del año, según la revista Empire, este soundtrack tuvo como misión crear la identidad musical de un lugar que nunca ha existido: un país llamado Zubrowka.

Por eso, lo principal para Desplat era trabajar con la atmosefera, para crear un ambiente que resultara verosímil para la audiencia. Para lograrlo, el compositor de origen francés, jugó con elementos propios de la música folclórica de los Balcanes y Europa del este, y consiguió que 50 interpretes de balalaikas, un instrumento de cuerdas de origen ruso, tocaran juntos en el score, y crearan los temas de cada uno de los personajes de la película, lo que da la sensación de poder “ver” la película a través de la propia música.

En una entrevista con el sitio web de Billboard, Desplat explicó que lo que intentaba transmitir con la música de El gran hotel Budapest es la sensación de un pasado más elegante que hace mucho tiempo ya perdimos.

Aquí puedes escuchar el soundtrack de El gran hotel Budapest.

La teoría del todo, de Johann Johannsson: una melodía que explique todo

En una de las escenas de La teoría del todo, Stephen Hawking revela a sus profesores de Oxford cuál es el trasfondo de la teoría que la que consigue su doctorado: encontrar una simple ecuación que explique el origen del universo.

Por eso, el compositor de la banda de sonora de la película Johann Johannsson tomo ese principio al momento de escribir el tema principal: “La primera pieza que escribí fue el inicio de la película, que comienza con un piano que está presente durante toda canción y que es una expresión de la ecuación simple para Stephen Hawking”, cuenta el compositor a Billboard. Y en esencia el soundtrack gira en torno a ese tema simple, que suele sufrir algunas variaciones conforme avanza la película.

Sin embargo, el compositor reconoce que haber llegado a esa simpleza le valió pasar dos semanas tratando de encontrar “la esencia de la película para traducirlo a la música”.

Al ser La teoría del todo una película que trata, entre otros temas, a la comunicación, el trabajo de Johannsson resulta interesante cuando tomamos en cuenta que hacia al final de la película el personaje principal no puede comunicarse con su voz ni con su cuerpo, y mucha de esa acción recae en la música. Quizás por eso el propio compositor reconoce que una de las escenas más complicadas de musicalizar fue cuando Stephen sale a festejar con sus amigos y estos lo tienen que cargar. En esa escena, dice Johannsson, hay muchas emociones que convergen en el mismo momento: desde la alegría hasta la melancolía y todo lo que se encuentra en medio.

A diferencia del resto de los nominados, Johannsson tiene una prolífica carrera como músico solista con más de cinco álbumes en su catálogo. Quizás por eso, la banda sonora para esta película fue grabada en un lugar en el que agrupaciones como Pink Floyd y Los Beatles hicieron grandes discos: los estudios de Abbey Road.

Aunque la música de La teoría del todo está primordialmente hecha a base de orquesta, también cuenta con algunos otros elementos, como guitarras, pianos y teclados, que son propios de la música solista de Johannsson, quien ya ganó el Globo de Oro por este trabajo y busca también llevarse el Óscar.

Aquí puedes escuchar la música de La teoría del todo:

El código enigma, de Alexandre Desplat: música hecha a base de capas

Lo primero que se distingue al escuchar el soundtrack de El código enigma es que la estructura es esencialmente distinta a El gran hotel Budapest, a pesar de haber sido compuesto por la misma persona: Alexandre Desplat.

Mientras que en el segundo queda muy clara una distribución sonora a cada elemento importante de la película –todos los personajes tienen un tema que se distingue del otro– en esta otra cinta, la música está hecha a base de capas. Al escuchar la música de la película es común encontrar piezas que comienzan con pianos, a los que paulatinamente se le agregan cuerdas y otros instrumentos.

El propio Desplat lo explica: “La interpretación de Benedict Cumberbatch es extremadamente conmovedora y me pareció que la música debía de acompañar estas emociones. Por supuesto, hay muchas capas: la guerra, la carrera para descifrar el código… El score intenta funcionar lo mejor posible”.

Incluso la instrumentación es diferente a la que utilizó para El gran hotel Budapest, aunque es similar a la de otros trabajos que ha hecho a lo largo de su carrera. Para esta película el compositor francés utilizó una orquesta con 60 músicos para contar la historia de Alan Turing.

Escucha aquí el soundtrack de El código enigma:

Turner, de Gary Yershon: música hecha con pinceladas

Mr. Turner narra la vida de un pintor británico que vivió en los siglos XVIII y XIX. Sin embargo, la banda sonora que Gary Yershon compuso para la película no se parece nada a la música que sonaba en aquellas épocas. Si Turner es reconocido como uno de los pintores británicos más relevantes para pintar paisajes, Yershon intenta hacer lo mismo con la música para la película.

La razón es sencilla: de manera deliberada, el compositor británico decidió utilizar otros instrumentos de manera recurrente, como lo son el saxofón, la guitarra, que están acompañados de un quintetoo de cuerdas y algunas percusiones.

“Al principio, traje a la sesión algunas ideas que sonaban al siglo XIV diciendo: ‘¿no queremos estas ideas, o sí?’. Cuando compuse la primera pieza con saxofón, las demás fueron saliendo de manera similar. Luego, de manera natural, fueron agregándose las cuerdas”, cuenta Yershon en entrevista con Billboard.

El resultado es un soundtrack más bien minimalista y tranquilo, que se construye por capas: las melodías de los instrumentos se mueven como si se tratara de pinceladas en un lienzo en blanco.

Aquí puedes escuchar el score completo de Mr. Turner:

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal

Qué es el Síndrome de Ulises y cómo afecta a los migrantes

La sintomatología de este síndrome que padecen muchos migrantes puede confundirse con depresión o estrés postraumático y no tratarse bien.
6 de agosto, 2022
Comparte

“No debiera arrancarse a la gente de su tierra o país, no a la fuerza”, decía el poeta argentino Juan Gelman.

Sin embargo, en el mundo hay alrededor de 281 millones de migrantes internacionales (el 3.6 % de la población), según los datos de 2020 de la ONU.

Hay quienes emigran porque así lo desean, pero también quienes se ven obligados a ello. A finales de 2019, las personas desplazadas a la fuerza eran más de 79.5 millones según ACNUR.

Sea algo elegido o no, los migrantes, con las raíces a miles de kilómetros, puede que nos sintamos como decía Gelman: como una “planta monstruosa”. Y habrá circunstancias en nuestra llegada a destino que suavizarán esa condición o la empeorarán.

Y esto, sin duda, puede repercutir en nuestra salud mental.

En la frontera entre la salud mental y el trastorno

El psiquiatara español Joseba Achotegui trabaja con temas relacionados con migración en la Asociación Mundial de Psiquiatría, de la que es secretario. A partir de 2002 empezó a ver que algo cambiaba. “Se cerraron las fronteras, empezaron políticas más duras contra la migración, la gente dejó de tener acceso a papeles, había una enorme lucha por la supervivencia”, cuenta a BBC Mundo.

Y esto se reflejó en cómo acudían los pacientes a su consulta: “Estaban indefensos, asustados, sin poder salir adelante”.

En concreto, vio que muchos migrantes que viven situaciones difíciles presentaban “un cuadro reactivo de estrés muy intenso, crónico y múltiple”.

Achotegui le puso nombre: Síndrome de Ulises.

Aclara el psiquiatra que esto no es una patología, ya que “el estrés y el duelo son cosas normales en la vida”, pero sí remarca la peculiaridad del síndrome que deja al migrante, de nuevo, en la frontera. Pero esta vez entre la salud mental y el trastorno.

Duelo migratorio vs. síndrome de Ulises

Normalmente asociamos la palabra “duelo” al sentimiento tras las muerte de un ser querido. Los psicólogos lo relacionan con cualquier pérdida que tenga el ser humano, como dejar un trabajo, la separación de una pareja o cambios en nuestro cuerpo.

“Cada vez que experimentamos un pérdida, tenemos que acostumbrarnos a vivir sin eso que teníamos y adaptarnos a la nueva situación. Es decir, hay que elaborar un duelo”, explica la psicóloga experta en duelo migratorio Celia Arroyo.

Así, el duelo migratorio está asociado a este gran cambio en la vida de una persona. Pero tiene características que lo hacen especial, ya que es un duelo “parcial, recurrente y múltiple”.

Paisaje de Caracas

Getty Images
Se puede sufrir duelo por el habla, las costumbres… O por el paisaje.

Parcial porque no es una pérdida total como ocurre con la muerte de alguien; recurrente porque con cualquier viaje, comunicación con el país o echar un simple vistazo a una fotografía en instagram puede reabrirse; y múltiple porque no es solo una cosa la que se pierde, sino muchas.

Joseba Achotegui agrupó estas pérdidas en 7 categorías. La más evidente suele ser la pérdida de la familia y los seres queridos. También está la pérdida de estatus social, algo que, dice Arroyo, suele pasar por la condición de migrante pero si, además, “el país de origen es xenófobo, supone una gran adversidad”.

Otro duelo que el migrante pasa es el de la pérdida de la tierra. Por ejemplo, extrañar un paisaje montañoso o los días llenos de sol.

Se suma el duelo del idioma, que será más fuerte en la medida en que se migre a un país con otra lengua. Puede ser una verdadera barrera para, por ejemplo, hacer un trámite burocrático y mandar un simple correo electrónico.

Por último, está la pérdida de los códigos culturales, que puede significar algo tan sencillo como no tener con quién “echar un pie” y bailar salsa o con quien compartir un mate.

Y, asociado a esto, y como último duelo, está la pérdida de contacto con el grupo de pertenencia, con aquellos con quien podemos hablar en los mismos códigos, que entenderán nuestros modismos y forma de ver la vida.

El síndrome de Ulises es cuando, además de tener que pasar estos siete duelos normales para un migrante, se hace en condiciones difíciles, explica Achotegui.

Ilustración persona migrante con preocupaciones a su alrededor.

BBC MUNDO
Hay varios detonantes que pueden estresar a una persona en el país de acogida.

Cuáles son los detonantes

“Cuando hay dificultades o se rechaza a la persona en la sociedad de acogida puede darse este síndrome”, explica Guillermo Fauce, profesor de Psicología en la Universidad Complutense de Madrid y presidente de Psicología sin Fronteras.

No es lo mismo llegar a un país nuevo con un trabajo ya estable que sin nada en firme; tener o no un techo y comida asegurados, entrar ya con visa o con un estatus legal por definir. Tener o no ciertas condiciones suma puntos y estrés.

El rechazo que puede tener más impacto es no tener papeles o no poder acceder a determinados recursos”, dice el psicólogo.

A su vez, Achotegui explica que esta situación hace que los migrantes no puedan salir adelante y genera tensión y problemas de supervivencia, otro detonante más.

Al coctel puede sumarse el no tener personas a nuestro alrededor que nos brinden apoyo, no solo material (donde vivir, comer, dormir), sino también emocional. “Muchos migrantes sufren situaciones de soledad, están aislados”, remarca Achotegui.

Fauce señala que también hay un apoyo simbólico que, de no darse, es otro detonante más. Se trata de que el entorno del migrante entienda y reconozca su condición, “que está pasando por un situación complicada, transitando muchos duelos y que se le permita un periodo de transición en la sociedad de acogida”.

Dos hombres en una fiesta.

Getty Images
Los expertos recomiendan hacer lazos con nuestra comunidad pero también con la sociedad de acogida.

A veces puede pensarse que “lo peor” ha pasado tras cruzar una frontera en malas condiciones, pero, en el país de acogida, la sensación de indefensión, de estar sin derechos y los posibles abusos laborales y sexuales pueden dar lugar a un cuarto detonante: el miedo.

Los expertos consultados añaden que esta situación de vulnerabilidad que puede dar lugar al síndrome de Ulises se hace mayor cuando se es mujer.

Qué nos puede pasar y cuándo estar alerta

Los síntomas pueden ser los mismos, dice Achotegui, que podemos tener cuando pasamos una mala época: dormimos mal, nos cuesta relajarnos, dolores musculares o de cabeza, enfado, nerviosismo, tristeza.

Fauce señala que, por un lado, se puede entrar en una suerte de estado depresivo y de tristeza, de encerrarnos en nosotros mismos y, por otro, estar hiperactivos y ansiosos, algo que al final nos va a quitar energía.

Esto puede hacer que el síndrome de Ulises se confunda con otras enfermedades mentales como depresión o estrés postraumático y que trate de medicalizarse.

Pero, en este caso, cuando se solucionan los obstáculos que dieron lugar al síndrome (hay trabajo, cierta estabilidad, menos estrés, etc,), desaparece.

“Si se sigue adelante, se consigue trabajo y hay una cierta estabilidad pero sigue habiendo síntomas, ahí hay algo más que evaluar y hay que intervenir de otra manera, porque puede que haya otra cosa ya del plano psiquiátrico, como un cuadro depresivo”, sostiene Achotegui.

Grupo de mujeres jugando al fútbol.

Getty Images
Hacer ejercicio y juntarse con la comunidad de origen pueden ayudar a bajar el estrés.

Así, cuando el malestar se convierte en permanente o impide que hagamos nuestra vida, hay que prender las alarmas. Otras muestras de alarma que señala Fauce son si aparecen ataques de ira, nuestras relaciones personales se ven afectadas o “se cogen atajos, como consumir drogas, alcohol, hay gastos desmesurados o se hacen deportes de riesgo”.

Qué hacer y qué no hacer

“Es fundamental crear una red de apoyo social, estar en contacto con otros inmigrantes y compartir vivencias”, señala Celia Arroyo. Para esto es bueno buscar migrantes de nuestra nacionalidad o grupos de apoyo específicos donde vivamos.

Al respecto, Achotegui dice que esto hace que haya “menos riesgo de trastorno mental”, pero quedarse muy anclado con nuestra comunidad puede hacer que se prospere menos. “Si no te metes en la sociedad de acogida, costará progresar. Es un equilibrio”.

Al final se trata de mantener “la raíz” con agua, pero no olvidarnos de nuestras hojas, del lugar donde reciben el sol.

También recomienda Achotegui hacer ejercicio y actividades que bajen el estrés.

Fauce remarca que “los cortes radicales no funcionan, ni las decisiones drásticas” ya sea respecto al país de origen o al de acogida y a las relaciones creadas en ambos.

Arroyo señala que, aunque es complicado dar un tiempo preciso, si tres meses después de haber conseguido una estabilidad el sufrimiento que sentimos no ha disminuido, es buen momento para pedir ayuda psicológica.

Qué pueden hacer los demás

La sociedad de acogida juega un papel importante, pero quien no ha vivido esta situación puede que no entienda qué implica el duelo migratorio ni el estrés sostenido que deriva en el síndrome de Ulises. Esto puede hacer que no sepamos cómo ayudar, qué decir o hacer.

Celia Arroyo recomienda que el entorno permita a quien esté esta situación que se exprese libremente y pueda hablar de qué le pasa y cómo se siente.

“Es importante no minimizar su sufrimiento ni generar falsas esperanzas” ante un futuro que es incierto cuando, por ejemplo, hay una visa o un trabajo que no llega.

Como en cualquier duelo, hay que evitar frases del estilo “ya se te pasará”, “no es para tanto”, “eso son miedos tuyos” o “todo saldrá bien”.

Achotegui sugiere ni compadecer ni victimizar: “Hay que acercarse con respeto, incluso con cierta admiración. El migrante es una persona fuerte, alguien que está yendo hacia adelante”.

A la vez, es importante respetar su cultura, mentalidad y cosmovisión.

Si nos cuesta conectar emocionalmente con alguien en esta situación, Fauce recuerda que todos hemos sufrido alguna pérdida y que es un buen ejercicio conectar con la emoción que tuvimos para empatizar con el migrante. Y pensar que, como escribió la uruguaya Cristina Peri Rossi, emigrar, partir al fin, es siempre partirse en dos.


Recuerda que puedes recibir notificaciones de BBC Mundo. Descarga la nueva versión de nuestra app y actívalas para no perderte nuestro mejor contenido.

https://www.youtube.com/watch?v=soZsYTs7niw&t=66s

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.