Contra grafitis mal escritos, ortografía de guerrilla

Hace unas semanas aparecieron en redes sociales y algunos medios como BBC Mundo las acciones de unos «héroes anónimos» que se lanzaron a corregir grafitis en Ecuador. Se hacían llamar Acción Ortográfica Quito y despertaron la atención del gran público porque, sobre todo, se dedicaron a enmendarles la plana a otros tantos «poetas anónimos» que llenaban los muros de la ciudad con sus versos.

Contra grafitis mal escritos, ortografía de guerrilla
Acción Ortográfica Quito. Foto: tomada de Facebook
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Acción Ortográfica Quito. Foto: tomada de Facebook
Acción Ortográfica Quito. Foto: tomada de Facebook
Cuando las musas bajan del Olimpo y te dan una palmadita en el hombro, no es raro que te sientas poeta en ese momento. O creas versos o los copias, pero la poesía te arrebata. Te lanzas a declamar como si te poseyera el espíritu de Bécquer y te sientes Neruda por un ratito. Hasta ahí bien. Lo malo es cuando te lanzas a escribir versos en una pared. Y te chocas de frente con la Ortografía. ¡Zas, en toda la córnea!

Hace unas semanas aparecieron en redes sociales y algunos medios como BBC Mundo las acciones de unos «héroes anónimos» que se lanzaron a corregir grafitis en Ecuador. Se hacían llamar Acción Ortográfica Quito y despertaron la atención del gran público porque, sobre todo, se dedicaron a enmendarles la plana a otros tantos «poetas anónimos» que llenaban los muros de la ciudad con sus versos.

No hay datos de quiénes están detrás de esa iniciativa ni ellos mismos quieren identificarse. Aunque en una entrevista concedida a la revista Colours, afirman ser tres treintañeros. Tampoco gustan mucho de hablar. Prefieren obrar. Sus primeras acciones y por las que han llamado la atención del gran público son las correcciones hechas sobre los grafitis de Acción Poética.

Estas correcciones, lejos de molestar, gustan al colectivo fundado y coordinado por el poeta de Monterrey , Nuevo León, Armando Alanis. «Una de las reglas de Acción Poética es tener excelente ortografía»,  explica por chat. «Hay muchos grupos y espero que todos cumplan esa regla». A juzgar por algunos de los grafitis corregidos, no parece haberse cumplido siempre. Si bien Alanis sospecha que en el caso de alguna de las fotografías colgadas por Acción Ortográfica Quito, el autor y el corrector de la pintada son el mismo.

Sin embargo, este afán corrector no es nuevo. En 2009, un joven publicitario español afincado en México, Pablo Zulaica Parra, junto a sus compañeros de agencia, estaba cansado de ver que sus clientes les exigían siempre «perfección en los mensajes» en todas sus campañas. Sin embargo, no parecían mostrar «mucho respeto por las letras». Así, pensando en la responsabilidad que las grandes marcas comerciales y las Instituciones tenían en la transmisión de la importancia de escribir correctamente, surgió el proyecto Acentos Perdidos como defensa de la buena ortografía. Zulaica y sus seguidores recorrían las calles de Ciudad de México colocando una pegatina con forma de acento allí donde encontraban una falta de ortografía. Como él mismo explica en su conferencia del TEDxCuauhtémoc de 2014, solían pedir permiso antes de realizar cualquier acción, cosa que no les libró de alguna que otra multa.

La intención estaba clara: las faltas ortográficas devalúan el mensaje. Lo empobrecen. Lo afean. Es algo así como llevar un traje de Armani lleno de lamparones. La iniciativa ecuatoriana de Quito no conocía este proyecto mexicano. Sin embargo, de alguna manera, parece haber recogido ahora el testigo. El mismo afán educativo y aleccionador está detrás de cada salida de Acción Ortográfica Quito. Consideran su tarea como «una obligación moral y nos ha llevado a tomar la decisión de no doblegar ante esta problemática».

«Consideramos que, a través de esta noble tarea, brindamos un servicio social dirigido a promover el uso correcto del lenguaje y, de tal forma, librar a la sociedad de la confusión, frustración, angustia y malentendidos ocasionados por el vandalismo mal escrito», siguen explicando en su perfil de Facebook.

Los textos firmados por seguidores de Acción Poética no son los únicos corregidos. «Salimos por la ciudad en busca de graffitis (sic) mal escritos, los encontramos y entramos en acción ortográfica; aclarando que únicamente nos limitamos a corregir textos que han sido previamente realizados, pero que adolecen (sic) de una correcta ortografía», comentan desde su página estos adalides ortográficos de la capital de Ecuador.

De las paredes han saltado ya a Twitter, atreviéndose incluso a corregir la ortografía de los mensajes del presidente Rafael Correa. La cosa, pues, parece seria.

 

Acción Ortográfica Quito. Foto: tomada de Yorokobu
Acción Ortográfica Quito. Foto: tomada de Yorokobu

La guerrilla ortográfica de los ecuatorianos se va extendiendo a otros países de habla hispana. En España ya ha surgido el grupo Acción Ortográfica de Madrid. Su foto de portada en su página de Facebook le enmienda la ortografía al Ayuntamiento de la capital en su homenaje al dramaturgo José Zorrilla, en la calle Huertas.

Los madrileños, desde su perfil de Facebook, reconocen estar inspirados en sus compañeros ecuatorianos  y se definen como «un grupo desordenado de personas que ayudamos a otros a comunicarse mejor». «Queremos demostrar que los ortográfilos (sic) somos una minoría, pero violentamente dulce y activa».

Para Acción Ortográfica Madrid, cualquier método es válido. «Nos gusta que la gente se comunique bien, y estamos dispuestos a ayudar con lo que sea: rotuladores, aerosoles, cinceles, y bofetadas, si es preciso».

Por el momento, no son muchas las acciones ortográficas callejeras que los madrileños exhiben en su muro. Pero acaban de nacer, como quien dice, y aún no son muy conocidos. Además, las leyes de la Comunidad de Madrid, que prohíben los grafitis en la capital excepto en espacios públicos cedidos por el Consistorio destinados a tal fin, tampoco ayudan mucho a lanzarse a usar el aerosol corrector.

La guerrilla ortográfica, en cualquier caso, amenaza con seguir creciendo. Y es un reflejo más de que la ortografía importa, al menos a una minoría que se revuelve contra las ofensas al diccionario.

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