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La CIDH inicia investigación sobre Ayotzinapa: estas son las 4 claves de su plan

Los cinco expertos de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos se reunirán este lunes 2 de marzo con padres de los normalistas desaparecidos de Ayotzinapa.
Cuartoscuro
Por Nayeli Roldán
2 de marzo, 2015
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Padres de los normalistas marcharon el pasado 26 de febrero en la Ciudad de México a cinco meses de la desaparición de los estudiantes de Ayotzinapa. // Foto: Cuartoscuro.

Padres de los normalistas marcharon el pasado 26 de febrero en la Ciudad de México a cinco meses de la desaparición de los estudiantes de Ayotzinapa. // Foto: Cuartoscuro.

Este lunes 2 de marzo, los cinco expertos elegidos por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) iniciarán los trabajos de investigación sobre el caso Ayotzinapa con un encuentro con los padres de familia de los 43 estudiantes normalistas desaparecidos el 26 y 27 de septiembre pasado.

La reunión será en Ayotzinapa, Guerrero, donde también participará el abogado de las familias, Vidulfo Rosales, integrante del Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan, quien informará la posición de las víctimas a cinco meses del ataque contra los jóvenes normalistas perpetrado por policías municipales del municipio de Iguala.

Luego de su primer encuentro el pasado 12 de febrero, los expertos delinearon su plan de trabajo para los seis meses que durará la investigación, el cual incluye entrevistas con autoridades del Estado, expertos implicados o que puedan tener información relevante. 

El Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) integrado por Carlos Martín Beristain (España), Ángela María Buitrago (Colombia), Francisco Cox (Chile) Alejandro Valencia (Colombia) y Claudia Paz y Paz (Guatemala), realizará las investigaciones en cuatro áreas:

  • Evaluación de las acciones realizadas por el Estado y el apoyo en la elaboración de planes de búsqueda de las personas desaparecidas, incluyendo la evaluación de las medidas técnicas implementadas e investigación de los hechos.
  • Análisis de las acciones llevadas a cabo en la investigación, así como hacer recomendaciones y presentar nuestras conclusiones sobre las líneas de investigación para determinar responsabilidades penales.
  • Evaluar las demandas y necesidades de las víctimas, las respuestas que se han dado hasta ahora y hacer recomendaciones sobre el plan integral de atención a víctimas.
  • Emitir recomendaciones sobre las políticas de búsqueda de todas las personas desaparecidas en México y atención a las víctimas, que contribuyan a enfrentar de forma estructural el drama de derechos humanos que vive el país.

La intervención internacional

Tras el ataque realizado por policías de Iguala, Guerrero, y presuntos delincuentes contra estudiantes de la normal rural de Ayotzinapa, durante el cual desaparecieron 43 jóvenes, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) pidió al Estado mexicano la adopción de medidas cautelares desde el pasado 3 de octubre.

Como parte de la recomendación, los representantes del Estado mexicano, los padres de los desaparecidos y la CIDH firmaron un acuerdo para la incorporación de la asistencia técnica por parte del órgano interamericano el 18 de octubre. Un mes después se informó el nombre de los expertos.

El grupo contará con un millón de dólares para su trabajo, depositado por el Estado Mexicano y que será administrado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en México, según se explica en un comunicado emitido por la Secretaría de Relaciones Exteriores el pasado 16 de enero.

Ellos son los cinco expertos reconocidos por su labor en el derecho humanitario y la procuración de justicia a través de su participación en diversos casos de violación a los derechos humanos:

  • Carlos Martín Beristain: 

El psicólogo originario de Euskadi, España, ha sido perito para la evaluación psicosocial y médica de varios casos ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y asesor de las comisiones de la verdad de Paraguay, Ecuador, Perú y Guatemala.

Entre sus participaciones destacadas está la coordinación del informe “Guatemala nunca más”, que analizó los testimonios sobre violaciones a los derechos humanos ocurridas durante los 36 años de guerra civil.

El informe determina la responsabilidad del ejército guatemalteco en la mayor parte de las violaciones a derechos humanos y el número de víctimas (150 mil fallecidos, 50 mil desaparecidos; un millón de refugiados, 200 mil niños huérfanos y 40 mil viudas).

Desde 1989 ha trabajado en la atención a las víctimas, salud mental y derechos humanos en América Latina y África. Fue asesor de salud mental y coordinador del área de apoyo a las víctimas en Brigadas Internacionales de Paz, en El Salvador, Guatemala y Colombia entre 1989 y 2004.

Es autor del Informe técnico de evaluación del impacto psicosocial de las explotaciones de petróleo de la empresa Texaco en Ecuador en las comunidades amazónicas del Ecuador, 2008, y del Informe de respuesta al equipo de expertos de la empresa Texaco.

Ha escrito más de una veintena de libros enfocados a la salud mental de las poblaciones en zonas de conflicto, la verdad, justicia y reparación de daño hacia las víctimas.

  • Claudia Paz y Paz 

La jueza con más de 18 años de experiencia es originaria de Guatemala y fue la primera mujer en su país en ser electa como fiscal general. Durante su administración, de 2010 a 2014, redujo los niveles de impunidad en Guatemala de 98% a 72% y logró encarcelar a centenas de integrantes de los Mara Salvatrucha, el Barrio 18 y Zetas.

Por primera vez en su país, logró llevar a juicio a un ex jefe de Estado: Efraín Ríos Montt y su antiguo jefe de Inteligencia Militar, José Rodríguez Sánchez, acusados de genocidio contra mil 771 indígenas de la etnia ixil, ocurrido entre marzo de 1982 y agosto de 1983.

Fue candidata al premio Nobel de la Paz en 2013 y en agosto de 2012 la revista Fobes la incluyó en la lista de las mujeres más poderosas que están cambiando el mundo en política.

 

  • Ángela María Buitrago 

Originaria de Colombia, es abogada y ha encabezado los casos para sancionar actos de corrupción en su país. Llevó a juicio a Guillermo León Valencia Cossío por sus supuestos nexos con el narcotraficante Daniel Rendón Herrera conocido como Don Mario.

Participó en la acusación al ex gobernador del Departamento del Casanare, Miguel Ángel Pérez, por enriquecimiento ilícito y lideró la condena contra el ex gobernador del Departamento de Meta, Edilberto Castro, por el homicidio de tres dirigentes políticos y la celebración indebida de contratos.

Participó en la estrategia legal del caso de la toma del Palacio de Justicia de Colombia el 6 y 7 de noviembre de 1985 por parte del grupo guerrillero M-19, donde fueron condenados los generales Jesús Armando Arias e Iván Ramírez y el coronel Alfonso Plazas Vega. Y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos declaró como responsable al Estado colombiano por graves violaciones a los derechos humanos que incluyó desaparición forzada de personas, tortura, tratos crueles y degradantes y privación del derecho a la vida.

 

  • Francisco Cox

El abogado chileno fue parte del equipo legal que trabajó en la extradición del general Pinochet a España. Fue asesor principal del director ejecutivo del Instituto Interamericano de Derechos Humanos.

Asesoró a la CIDH en los casos de Villagrán Morales en Guatemala, donde se acusó al Estado por el secuestro, tortura y muerte de cuatro menores y por el asesinato de otro menor en 1990 por parte de miembros de las fuerzas de seguridad y por la omisión estatal en brindar una adecuada protección judicial a las familias de las víctimas.

También asesoró en el caso de Castillo Páez, un estudiante desaparecido en 1990, por el cual la CIDH determinó la responsabilidad del Estado peruano de violaciones a los derechos humanos.

Es representante legal del Centro por la Justicia y el Derecho Internacional en Chile (CEJIL).

  • Alejandro Valencia

Desde hace 26 años, el abogado colombiano se ha dedicado a la promoción y defensa de los Derechos Humanos en América Latina. Fue asesor general de la Comisión de la Verdad del Ecuador, consultor de la Comisión de la Verdad y Justicia del Paraguay y de la Comisión de la Verdad y Reconciliación del Perú.

Encabezó el Equipo Especial de Investigaciones de la Comisión de Esclarecimiento Histórico de Guatemala. 

Es consultor de la Oficina en Colombia del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos e investigador en derecho humanitario del Centro de Estudios Internacionales de la Universidad de los Andes en Colombia.

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#YoSoyAnimal
Foto: Cortesía José Reyes

Las razones por las que muchos latinos no hablan español en EU

Muchos estadounidenses de origen mexicano que crecieron en EU durante la década de 1960 fueron discriminados e incluso castigados por hablar español en las aulas de clase, lo que hizo que muchos abandonaran el idioma para siempre. José Reyes vivió uno de estos traumas pero decidió luchar por ser bilingüe.
Foto: Cortesía José Reyes
4 de noviembre, 2019
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El español ha tenido una fuerte presencia en Estados Unidos desde hace siglos, pero no siempre ha sido bienvenido.

Pese a que el país norteamericano no tiene designado el inglés como idioma oficial, este ha dominado en las escuelas públicas, instituciones y demás ámbitos de la sociedad.

Y aunque el español es el segundo idioma más hablado en el país, en diferentes épocas su uso ha sido marginado y sus hablantes discriminados por su acento y apariencia.

En el caso de José Reyes, incluso llegó a ser castigado en el aula de clases.

Reyes vivió una serie de traumas en torno a su idioma nativo en la década de 1960 y decidió transformarlas en experiencias constructivas que lo llevaron a convertirse en profesor bilingüe.

Esta es su historia.


La foto escolar

Cortesia Jose Reyes
Reyes, el primer niño en la segunda fila de izquierda a derecha, no sabía inglés cuando entró a la escuela primaria.

Nací en Estados Unidos en julio de 1959, en un pequeño pueblo llamado Ysleta, en la frontera con México.

Mi madre es de Jalisco y mi padre de Parral, Chihuahua. Por alguna fortuna se conocieron en Ciudad Juárez en 1956 y mi padre, siendo persistente, la conquistó.

Inmediatamente después de nacer nos mudamos a Juárez de nuevo y viví allí hasta los 3 años. Cuando mi padre perdió a su madre, decidieron volver a Estados Unidos y como en 1962 llegamos de nuevo aquí.

Alquilamos y nos movimos entre casas de parientes hasta finalmente tener nuestra propia casa en El Paso.

El Paso era un lugar amigable, donde la frontera no nos separaba ni nos marcaba.

Creo que el ambiente era más tolerante porque el que hablaba español o venía de México venía a trabajar, a servir. Mi abuela cuidaba una casa y mi padre hacía trabajos en una cocina.

Mi madre se quedaba en casa cuidando de mí y mis otros cinco hermanos.

Mapa de Ysleta, El Paso, Texas

BBC
Reyes se crió en Ysleta, en la ciudad tejana de El Paso.

A los 5 años, alguien le puso a mi mamá en la cabeza que yo ya necesitaba ir a la escuela así que me inscribieron en un programa especial de verano.

Fue una experiencia muy positiva. Mi abuela materna iba por mí, me compraba mi soda y mi helado, íbamos a su casa y luego ya me regresaban a mi casa.

En el otoño del 65, entré en primer grado en la escuela Houston. Me tocó una maestra muy bonita llamada Ms. Love.

Mis padres me decían que tenía que ser obediente y respetarla mucho.

Pero pronto aprendí que el lenguaje no era el mío y no me sentía muy a gusto. Batallaba mucho porque el inglés era un idioma que no conocía.

En esa época, no había tolerancia con el español.

En el aula teníamos grupos de lectura y a los que sabían leer les llamaban los yellowbirds y bluebirds (azulejos).

Los que no sabíamos leer íbamos al grupo de los blackbirds, es decir, los buitres.

Nos dijeron en la escuela que no podíamos hablar español. No Spanish, repetían.

La boleta escolar de José Reyes

Cortesia Jose Reyes
Reyes obtuvo la calificación de “insatisfactorio” en su boleta de notas del primer grado.

Y nos advirtieron que si nos pillaban hablando español, habría consecuencias.

A muchos de los estudiantes incluso les ponían a escribir planas con la frase I will not speak Spanish (“No hablaré español”).

A otros compañeros los castigaban poniéndolos aparte.

Una vez el castigo me tocó a mí después de que hablé español.

Ms. Love me llevó al lavabo, abrió la llave, tomó una toalla de papel y la embarró con un jabón muy áspero que se llamaba Borax.

Empezó a lavarme la boca.

Creo que pensó que, simbólicamente, así borraría el español de mí.

De ahí en adelante me convertí en un estudiante muy silencioso y avergonzado. Tenía unos 6 o 7 años.

La familia Reyes

Cortesia Jose Reyes
Reyes (abajo a la izq) junto a sus hermanos.

Les platicaron a mis padres del incidente y ellos me dijeron que debía acatar.

Me sentí defraudado, fuera de lugar. Lo bueno es que mi abuela y mi tía me invitaban a leer con ellas en español y vivía momentos muy tiernos a su lado.

Durante el segundo año de la escuela, nos tocó una maestra nueva llamada Ms. Justice que nos tenía bien disciplinados.

Nos tenía sentenciados en cuanto al uso del español y exigía que fuésemos eficaces con el inglés.

Mi relación positiva con el inglés vino a través de lo que veía en la televisión. Caricaturas, el programa de Johnny Carson… lo que pudiese consumir.

También aterrizamos en la biblioteca de la escuela con un compañero y entre él y yo empezamos a descubrir la literatura infantil en inglés.

Ya en el cuarto grado, cuando tenía unos 11 años, me tocó una maestra hispana por primera vez, la señora De la Torre.

Ella era inclusiva y nos ayudaba, nos enseñaba en inglés y en español.

El profesor José Reyes

Cortesia Jose Reyes
José Reyes ha sido maestro bilingüe en Texas y Nuevo México durante décadas.

Teníamos un libro de texto llamado “Paco en el Perú” y leyéndolo me fui dando cuenta de cómo mis amigos americanos empezaban a jugar con el idioma.

“Hola, Paco, qué tal are you?”, decían.

Me fascinaba que si ellos podían manipular el español, entonces yo podía hacer lo mismo con el inglés.

El gran dilema de nuestro tiempo es que había un gran anhelo por parte de los padres de que los niños dominaran el inglés.

Mi padre me tenía como su intérprete; muchas veces me ponía a traducirle el correo y eso me daba gran frustración.

Ni de aquí ni de allá

Luego vino el trauma de recibir el apodo de “pocho” que usan para llamar a los que no somos ni de aquí ni de allá, los semilingües, los que mezclan idiomas.

Nuestros familiares en Juárez se burlaban de mi forma de hablar y eso hizo que quisiera dejar de ir.

La experiencia me hizo pensar en mi identidad como algo que siempre estaba en proceso.

Pasaron los años y llegué al high school, donde me tocó un gran maestro de español, un cura que nos pidió que rezáramos el Padre Nuestro.

Ponía a la derecha a los que no sabían español y pensé que me pondría en el lado opuesto.

Graduación de la universidad de José Reyes

Cortesia Jose Reyes
Reyes se graduó como profesor bilingüe en 1981.

Pues no. Al ver que recitaba un Padre Nuestro obsoleto que me enseñó mi abuela, se dio cuenta de que era pocho.

Nos dijo que hablábamos español pero no leíamos ni escribíamos, entonces quería desarrollar nuestro conocimiento de gramática y sintaxis.

De ahí empecé a forjar la idea de convertirme en maestro.

Me enteré que se habían firmado las leyes de derechos civiles y aprendí que como estudiante tenía algunos derechos. Y que en la universidad existía una certificación de maestro bilingüe.

Me gradué de la universidad en 1981 y de ahí empecé a trabajar como maestro de inglés como segundo idioma y luego como maestro bilingüe en Nuevo México.

Después di clases de noche durante 29 años en El Paso. Decidí enseñar de noche por justicia a mi padre, que asistió a escuelas de inglés para adultos y luchó por aprender.

Mi historia no es para causar pena. De hecho, todavía aprecio mucho a Ms. Love y Ms. Justice.

El que se sintió oprimido por un sistema puede reconciliarse con la idea de que mucho de eso se hizo por ignorancia.

En la actualidad, seguimos peleando un idioma sobre otro y no nos preguntamos por qué no podemos tener dos o más o por qué nos limitamos solo a uno.

Como maestro, lucho con algunos padres que vienen a inscribir a sus hijos y ya vienen con una idea preconcebida de que el inglés es mejor que el español.

Pero el español tiene su lugar en Estados Unidos, ¿por qué no celebrarlo?


https://www.facebook.com/BBCnewsMundo/posts/10158129017419665


*Esta nota es parte de la serie “¿Hablas español?”, un viaje de BBC Mundo por Estados Unidos para mostrar el poder de nuestro idioma en la era de Trump.


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