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Esclavitud aún en 2015: México tiene el índice más alto en América Latina

Mientras organizaciones civiles denuncian que al menos en 18 estados hay esclavitud laboral, según el Índice Global de esclavitud en el país al menos 266 mil personas que son víctimas.
Por Tania L. Montalvo
30 de marzo, 2015
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Trabajos forzados en las Islas Marías.

Trabajos forzados en las Islas Marías.

México ocupa el primer lugar en América Latina del Índice Global de Esclavitud 2014 con al menos 266 mil 900 personas víctimas y en ese contexto organizaciones civiles denuncian que en al menos 18 estados del país los jornaleros agrícolas trabajan en condiciones de constante violación a sus derechos fundamentales.

La organización Walk Free, con sede en Australia, denunció que la esclavitud sigue siendo una realidad global y que la laboral ocupa un papel privilegiado entre los tipos de esclavitud que todavía se ejercen.

México aparece en el lugar 18 del ranking mundial de esclavitud de entre 166 países. Lo superan India, China, Pakistán, Uzbekistán, Rusia, Nigeria, la República Democrática de Congo, Indonesia, Bangladehs, Tailandia, Sudán, Egipto, Etiopía, Tanzania, Iraq, Irán y Vietnam.

Según el informe con el Índice Global de Esclavitud, en México los sectores formales que más se benefician de ésta son los agrícolas, minero y de turismo.

En ese sentido, la Red de Jornaleros Agrícolas denunciaron el viernes que la explotación laboral de jornaleros alcanza a dos millones de personas que trabajan en campos o fincas de Sinaloa, Sonora, Baja California, Baja California Sur, Chihuahua, Guanajuato, Zacatecas, Jalisco, Nayarit, Colima, San Luis Potosí, Querétaro, Veracruz, Morelos, Hidalgo, Michoacán, Estado de México y Chiapas.

El 90% de los trabajadores de esos campos no cuentan con un contrato formal de trabajo y laboran al menos 15 horas al día, aunque la Ley Federal del Trabajo señala como jornada legal una de hasta ocho horas.

“En promedio, la jornada media laboral de los jornaleros agrícolas es de 57 horas para los hombres y 65 para las mujeres”, denuncian oranizaciones civiles.

Las condiciones de hacinamiento en la que viven estos trabajadores ha provocado que de 2007 a marzo de 2015 al menos 40 niños hayan muerto en campos agrícolas ya sea por accidentes de trabajo, atropellos, picaduras de insecto, desnutrición o falta de atención médica, según un registro del Centro de Derechos Humanos Tlachinollan.

Los datos también muestran que más de la mitad de los trabajadores de esos campos y fincas son originarios de los estados más pobres de México como Guerrero, Oaxaca, Chiapas y Veracruz.

Sobre el papel de las autoridades para combatir la esclavitud laboral en casos como el de jornaleros agrícolas, el Índice de Esclavitud Global señala que México obtiene una calificación ‘B’, en una escala AA-D; pues la respuesta del gobierno todavía no es la adecuada, con tendencia a criminalizar a las víctimas y no apoyarlas.

En México, entre el 21 y 22 de marzo se rescató en Colima a 49 jornaleros indígenas originarios de Guerrero que recibían tres pesos por una cubeta de pepino recolectado, por lo que por más de doce o quince horas de trabajo no alcanzaban a juntar el salario mínimo.

Según el reporte de la Secretaría de Trabajo, los jornaleros vivían en condiciones deplorables sin acceso a agua potable, alimentos, trajes protectores contra pesticidad o fertilizantes; baños o letrinas.

Pero además, en el norte del país, en Baja California, se mantiene una huelga laboral que inició el 17 de marzo pasado cuando los jornaleros del valle de San Quintín exigieron a los empresarios agrícolas sueldos justos por su labor; además de prestaciones como vacaciones, aguinaldo y afiliación al Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS).

La Red de Jornaleros Agrícolas insiste en que las condiciones laborales del Valle de San Quintín es un ejemplo de lo que ocurre en todo el país con el trabajo en el campo y fincas.

“La pobreza y marginación que prevalece en las comunidades campesinas e indígenas es una de las condiciones que propicia la vulnerabilidad de los derechos de las y los Jornaleros Agrícolas migrantes. Esta población debe abandonar sus comunidades de forma estacional, temporal o permanente para buscar empleos en el sector agrícola, dado que es la única oportunidad que les llega. Esta situación es aprovechada por la agroindustria para dar escasas o nulas condiciones sociales y laborales a estos trabajadores”, señala la Red.

Los jornaleros de San Quintín exigen un pago mínimo por jornada de 300 pesos, de los 100 que reciben actualmente. En las mesas de negociación, además de los trabajadores y empresarios agrícolas participan autoridades estatales y locales interesadas en acabar con el conflicto laboral que tiene paralizada la actividad económica de la región.

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Getty Images

Por qué en Los Ángeles hay gente que paga por caminar

El estadounidense Chuck McCarthy empezó a caminar con extraños a cambio de dinero hace tres años. Su iniciativa ha crecido hasta convertirse en una app, lanzada en marzo, con más de 200 "paseadores de personas". ¿Cómo se le ocurrió y por qué la usan?
Getty Images
6 de junio, 2019
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Pagarle a alguien por caminar contigo suena como un servicio que sería viable en Japón o China, países acostumbrados al alquiler de “amigos” o de “padres”.

Pero al otro lado del Pacífico, en el estado de California, hay un hombre al que un día se le ocurrió pasear gente. Y está probando ser exitoso.

Chuck McCarthy tuvo la idea en 2016. Mandó hacer una camiseta, creó una página de Facebook y pegó afiches por todo Los Ángeles promocionando sus servicios como The People Walker (“El paseador de personas”, en español).

Tres años después, McCarthy atrajo a inversionistas que el pasado marzo le ayudaron a lanzar una app móvil del servicio, que cuenta actualmente con más de 200 proveedores, es decir, personas que cobran por caminar con extraños.

Chuck McCarthy
BBC

Chuck McCarthy o, como le conocen en Los Ángeles, “The People Walker”.

La app funciona de forma parecida a Uber o Lyft: creas un perfil, permites que la herramienta utilice tu ubicación geográfica y solicitas la caminata a una hora y en un día específicos. A continuación, aparece un listado de personas que cobran entre US$7 y US$21 por cada media hora de trayecto.

Como es de esperar en la ciudad sede de la industria del entretenimiento y el cultivo a la imagen, muchos de los proveedores son también actores, entrenadores físicos o profesores de yoga.

Aunque también hay psicólogos, profesionales de otras áreas y personas que hablan diferentes idiomas.

Ni McCarthy ni su socio deciden cuánto va a cobrar cada proveedor, sino que establecieron un rango de precios y cada quien elige cuánto vale. Lo que sí es requerido para todos es un chequeo de antecedentes penales.

“Mis amigos están ocupados”

Bob Nankin lleva dos años y medio caminando con McCarthy, aunque aclara que no lo hace porque se sienta solo.

“Mis amigos están ocupados, tienen sus vidas y es difícil coordinar para vernos”, dice.

“Mi motivación es el ejercicio, aunque entiendo que alguien camine por un tema de salud mental o por soledad“, agrega.

No es extraño que este servicio se ofrezca en en una ciudad como Los Ángeles, en la que los centros urbanos están dispersos, el tráfico es infernal y mucha gente trabaja desde casa o con horarios irregulares.

Chuck McCarthy junto a Bob Nankin, uno de sus clientes más antiguos.

Cortesia Chuck McCarthy
Chuck McCarthy junto a Bob Nankin, uno de sus clientes más antiguos.

De hecho, en el condado de Los Ángeles el 24% de las viviendas, casi 785.000, están habitadas por una sola persona, según datos del censo citados en la web Suburban Stats.

En el caso de Nankin, quien está retirado de su empleo en el sector de la salud, caminar es una prioridad a sus 71 años.

“Con Chuck intercambio historias, hablamos de nuestros planes y he conocido diferentes vecindarios gracias a él”, dice.

Los adultos mayores constituyen uno de los públicos más atraídos al servicio, pero no son los únicos.

“No es una broma”

McCarthy dice que ha caminado hasta con adolescentes de 18 años, curiosos de saber si su servicio “era real o una broma”.

Esa percepción ha sido una de sus luchas. “La gente comenta cosas como: ‘¿quién va a pagar por caminar?‘ Y yo les respondo que por qué no, si ya pagamos por estar sentados”.

Dos jóvenes caminando

Facebook People Walker
“The People Walker” tiene más de 200 “caminantes de personas” que prestan el servicio.

Lo dice en referencia a servicios de streaming como Netflix, que popularizaron el llamado binge-watching, es decir, invertir horas en ver toda una serie de una sola sentada.

“Incluso las apps de entrenamiento físico quieren que te sientes lo más rápido posible. Promocionan rutinas de solo 15 minutos o menos”, añade.

Pasar muchas horas sentado fue justamente lo que motivó a McCarthy, quien vive en Los Ángeles desde hace 11 años, para crear The People Walker.

Había decidido abandonar el trabajo de producción de comerciales para convertirse en actor, un oficio que puede llegar a ser bastante solitario.

Una tarjeta de "The People Walker" fijada en una cartelera de un vecindario de Hollywood.

BBC
Por todo Hollywood se pueden ver pósters y anuncios como estos fijados en carteleras.

“Pasaba horas en internet postulándome a trabajos de actuación. Incluso a veces cuando iba a un café a trabajar, no hablaba con nadie“, recuerda.

Así que pensó que podía cobrar por caminar, como un ejercicio físico, para que fuese más seguro y para tener más experiencias humanas.

“Pensé en pasear perros, pero no me gusta recoger caca”, bromea.

Los pósters caseros que fue pegando en varios vecindarios llamaron la atención de más de un medio local. Uno incluso metió a McCarthy en la categoría de “gente con trabajos extraños”.

Pero, según él, “hay gente en esta ciudad que paga US$100 la hora por caminar con entrenadores físicos o con guías turísticos, así que no entiendo qué tiene de raro”.

Así se ve la app de The People Walker

App The People Walker
La app funciona de forma parecida a Uber o Lyft.

McCarthy insiste también en que el servicio no es solo para gente solitaria. “Muchos de nuestros clientes tienen amigos y vida social”, aclara.

Sobre si la app ha sido un éxito, McCarthy se limita a decir que “no nos vamos a hacer multimillonarios con esto”.

“Veo a los extraños como amigos que no he conocido todavía”

Con un trabajo como editora en línea que la mantiene en casa todo el día, CJ Arabia decidió trabajar como “paseadora”.

CJ Arabia

Cortesia CJ Arabia
CJ Arabia se unió a la app como proveedora de caminatas.

La primera vez que lo hizo, recuerda, el cliente le pidió que acelerara el ritmo.

“Estaba muy nerviosa, pero terminó siendo una maravilla”, dice.

Arabia cuenta que el comentario que más recibe de los usuarios es que, de no haber reservado una caminata, se hubiesen quedado encerrados en casa.

“Es ese compromiso de tener una cita, de no fallar, que sirve mucho de motivación”, añade.

Tanto Arabia como McCarthy tienen claro que no son amigos de sus clientes, aunque las caminatas a veces los lleven a compartir información muy personal.

Es un rasgo que parece ser el denominador común de las apps de relaciones sociales: conocerse, pasar un buen rato y mas no profundizar.


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